Capítulo 15: "Entre las garras del enemigo"

Soy un temerario mi amor ©

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De toda la gente que conozco, y de todos los que he tenido que tratar en este planeta, ¿por qué tuve que toparme con un idiota tan creído como lo es el amigo de Lili?, y aún peor, ¿por qué me tuvo que tocar como único apoyo a este mequetrefe que ahora está descansando su mano sobre mi hombro?; vaya suerte con la que me he topado.
 
Me removí con la intención de quitarme de encima la mano de Louis, luego de eso lo miré irritado. ¿Qué se creía que estaba haciendo?, además, estaba demasiado cerca, así que por obviedad me aleje de él.
 
—No te acerques tanto —le reproché sin ocultar mi molestia.
 
—Lo siento —se disculpó amablemente el rubio.
 
—En verdad sí que son muy cercanos —volvió a decir con cierto desagrado. Quizás su expresión estaba dedicada a lo que acaba de pasar entre el hermano de Lili y yo, como si eso me importara, o tal vez podría ser que le molestó que Louis evitara una posible confrontación entre los dos; quizás lo hizo para que yo no quedará mal frente a su hermana, si era eso, entonces debería agradecerle—. ¿Dónde dejo esto? —preguntó Gael levantando un poco una bandeja con tazas de té; el contenido parecía que era chocolate, aunque hacía mucho calor como para tomar esa cosa, no obstante lo bebería de todas formas, pero sólo si lo hizo Lili.
 
—Puede parecerte lo que quieras, no me importa —dije, y luego agregué—¿Quién preparo el chocolate?
 
—Fui yo —aclaró el pelinegro.
 
—Entonces no lo quiero, no sea cosa que me envenenes —recalqué mientras lo miraba entre cerrando los ojos.
 
—Mira quién lo dice, el que es un completo psicópata —me respondió con el ceño fruncido, y en ese momento cuando las cosas parecían salirse de control, el supuesto agente secreto se levantó con ambas manos al frente haciendo ademanes de que nos calmáramos.
 
—Chicos, chicos, no hay motivos para pelear, recuerden la razón del porqué están aquí —nos recordó. Y esas palabras lograron que volviera a este mundo, sí, vine por este sujeto, pero no sólo por él, sino también por ella, y la carta. ¿Estaría bien dársela ahora que estamos todos juntos?, quizás sería una buena idea, y por lo que a mí respecta evitaría un rechazo de su parte, así que aprovechando el leve silencio empecé a buscar el sobre entre mis bolsillos.
 
—Es verdad. Tengo algo para ti Lili —anuncié, y saqué lo que había escrito de entre mis ropas con la intención de entregárselo.
 
—¿Qué es eso? —preguntó con curiosidad mientras se inclinaba un poco hacia delante.
 
—Lo he escrito yo —mencioné mientras le alcanzaba la carta a mi ángel, pero antes de que ella la tomará con sus suaves manos, el bastardo de Gael me la arrebató. Logró hacerlo con mucha facilidad ya que la sostenía demasiado relajado; fue mi error, había olvidado por un instante que ese maldito estaba ahí—. ¿Qué haces? ¡Regrésamela! —exclamé en lo que me levantaba violentamente apretando mis puños.
 
—Lo siento, no llegué a escucharte —Canturreo él.
 
—¡Gael! —al parecer no fui el único que le llamó la atención, pues también el amor de mi vida lo regañó llamándolo por su nombre.
 
—¿Qué? ¿No eras tú la que dijo que le incomodaba su comportamiento? —mencioné él, lo cual me hizo fruncir el ceño. ¿En verdad mi rosa blanca diría algo como aquello?, por lo mismo no pude evitar mirarla.
 
—¡Eso no es lo que quise decir! —dijo alarmada, y antes de que me diera cuenta, mis sentimientos estaban siendo desgarrados, literalmente lo estaban siendo, pues escuché un sonido similar a cuando cortas papel. Al girarme hacia el de ojos mateados, note como los fragmentos de papel picado caían al suelo y Lili dejó escuchar un chillido a continuación. Aquello no llegaba a ser un grito por el horror de lo que ese supuesto amigo había hecho, en cambio yo apenas lo vi terminar de destrozar lo que cree sólo para ella, mi mirada cambió a una asesina.
 
—De esta no te salvas —le dije, y esta vez no me iba a frenar nadie.
 
—¿A sí? —me desafió, y antes de que pudiera mediar otra palabra hice que se comiera un gran puñetazo de mi parte; eso logró derribarlo. Louis había intentado agarrarme pero me zafé y entonces me le fui otra vez encima, esta vez me senté sobre sus caderas y le quise dar otro puñetazo, pero él me detuvo con una de sus manos—. Esto demuestra lo salvaje que eres… ¡Eres muy peligroso para ella! —en cuanto me dijo eso, me hizo recordar a mis amigos, lo cual hizo que bajará mi guardia y en ese instante me empujó con sus piernas haciendo que me chocara contra la mesa de la sala, ese sí que fue un golpe un tanto doloroso, pues ahí no pude levantarme.
 
—¡Ya basta Gael! —se le escuchó vociferar a Lili quién se interpuso entre los dos deteniendo la salvaje pelea, y por parte del otro allí presente fue a socorrerme.
 
—¡Ah! ¿Por qué diablos lo apoyas? ¡Él me golpeó! —declaró el desgraciado, quien antes de decir esto se limpió la sangre que le bajaba por el labio, sí, al parecer le había dado bastante fuerte.
 
—¡Pero tú empezaste! No debiste hacer eso con la carta de Dalton —le reclamó, y a continuación el morocho se puso de pie. Pensando que iba a hacerle algo, me iba a levantar también, pero esta vez el rubio se aseguró de que no me moviera. Por otro lado, la situación me parecía un tanto familiar. ¿A qué me estaba recordando?
 
—Maldita sea. Bien. ¡Haz lo que quieras! —menospreció a Lili y soltó las últimas piezas de papel que tenía entre sus manos, las cuales observé con impotencia como hacían una pila junto a las demás—. Me voy. Vendré otro día —anunció y se dio media vuelta dejando todo ese desorden ahí, y vaya que se había comportado como todo un patán. Sin dudas tenía una buena razón para evitar que aquel sujeto se acercara a ella, ya que era un ser despreciable después de todo.
 
—Sí que se ha armado una terrible pelea entre ustedes dos —comentó Louis en lo que se incorporaba y yo hice lo mismo, sin embargo, me llevé una mano al rostro cubriendo la mitad de éste con el dorso, pues había descubierto que también yo me comporté como un idiota.
 
—Yo también me iré —declaré con desgané y mirando hacia otro lado, pero no antes de percatarme de que Lili parecía encontrarse juntando los despojos de lo que había sido aquel escrito, y entonces sin preguntar siquiera, me di la media vuelta y empecé a caminar con rapidez. Creí escuchar la voz de aquel sujeto elegante, pero ni siquiera me giré, sólo grité— ¡No me hables! —y desaparecí en la angosta calle en la que se empezaba a oscurecer tempranamente entre esas fechas.
 
En un estado de completa angustia, me introduje entre senderos que ni conocía, y pronto me vi abrumado por los sentimientos más negativos que pudieron haber invadido mi mente. Hasta ahora no había experimentado pena alguna, pero esto que ahora regía mi pecho me abrumaba, hacía que mis sentidos desvanecieran, que mi alma se desasiera en una completa nada y que de cierta forma deseara morir. Me sentía completamente solo, las palabras de Gael al fin de cuentas me hicieron entender que estar solo era más duro de lo que parecía. En ese instante miré lo que Louis me había entregado, ese papel y el pequeño aparato. ¿En verdad podría confiar en ese loco que decía ser parte de una mafia?, quizás no tendría motivos para mentirme viendo todo lo que hizo por ayudarme con su hermana, y probablemente si podía confiar en él.
 
Cerré mi puño con el papel y el objeto en mano, para entonces decidir que era mejor regresar a casa, debido a que mañana tendría que pensar en muchas cosas, aunque antes que nada necesitaba una nueva computadora, pues, sin ella no podría escribir mis poemas y cartas de amor a mi damisela, así que tenía que apresurarme, no quería que me faltará ni un día, bueno, aunque hoy ha sido la excepción por culpa de ese sujeto. Me encogí de hombros deteniéndome un momento en medio de la calle, y allí algunas cálidas lágrimas cayeron por mis mejillas.
 
—Me pregunto que hubieran hecho ellos —traté de desviarme de lo que sentía al pensar en aquellos ideales banales, pero creo que mi tristeza el día de hoy me superaba, así que medité que lo ideal era irme a dormir temprano, de todas formas no tenía hambre, aparte, más que nada andaba cansado.
 
Llegué a mi hogar y lo primero que hice fue ignorar a mi madre que estaba preparando la cena, no la escuché, y si hablo, pues no le hice caso. Ojalá no vaya hoy  a mi habitación, pero como es de esperarse, seguramente lo haría, y como lo anticipe, a los cinco minutos tocó la puerta de mi cuarto.
 
—Hola hijo, ¿estás bien? —me preguntó.
 
—Sí, sólo que hoy no tengo ganas de comer; voy a dormir temprano —dije echándome sobre mi cama haciendo que ésta crujiera.
 
—Entiendo, dejaré tú parte en el refrigerador si tienes hambre, así puedes ir a buscarlo cuando quieras —me respondió con mucha calma.
 
Aunque no se notara, mi madre y yo nos llevábamos muy bien, lo mismo pasaba con mi padre, eso, a pesar de que casi no congeniábamos en lo que eran sus horarios con los míos, podría decir que es una gran familia la que tengo, pero, deseo también tener una segunda, y eso lo lograré con mi amada Lili.

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