Capítulo 4 - ¿Es lo mejor que tienes?

La verdad secreta

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No pudieron darle más relevancia al asunto, pues todos tenían tareas más importantes que atender.
La policía debía continuar su trabajo, Arlet debía buscar unos libros en la academia y, al estar próximos a las 4 pm, Yeik y Yésika debían dirigirse allí también, para practicar magnen dentro del gran gimnasio. Sin embargo, debido a la anterior situación vivida, el par de amigos se ofreció a acompañar a Arlet, quien no dudó en aceptar.
Mientras Yeik y Yésika iban conversando tranquilamente, ella solo los observaba ¿Cómo era posible que después de tal situación estén tan tranquilos? Sin embargo, se contestó la pregunta ella sola al dejar fluir sus pensamientos. Tanto la chica como el chico habían dado un gigantesco salto por sobre aquel muro, sumado a que los movimientos de cada uno también habían sido extremadamente coordinados y veloces. Tan veloces que ninguna de las matonas pudo siquiera reaccionar. Y ella sabía que esa aptutid física no era posible en ninguna persona corriente, salvo para aquellos que practicaran magnen.
Eso era lo que los mantenía tranquilos: eran combatientes, ya estaban preparados para esas situaciones.
Al llegar a la entrada de la academia estatal de Gaudiúminis, Arlet despidió a Yeik y a Yésika para que continuaran con sus respectivas obligaciones. No obstante, la pequeña muchachita de pelo oscuro se detuvo antes de sumergirse en los pasillos del gran edificio en búsqueda de la biblioteca. Observó cómo el par que la había rescatado se dirigía apresuradamente al gimnasio.
Entonces, no pudo evitar recordar la reciente situación vivida y lo indefensa que era. Debía hacer algo al respecto.
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—Hasta el próximo mes no quiero volver a verlos juntos. No me interesa si son mejores amigos o lo que sea ¿Acaso piensan que siempre van a pelear con el mismo rival? —les dijo el entrenador en tono muy elevado, mientras buscaba a alguien por el salón—. ¡Tú! ¡Loena! Vas con Yésika.
—¡Sí, maestro! —respondió una voz femenina.
—Y tú, Yeik, vas a ir con el nuevo. —El entrenador inmediatamente después de sus palabras, dirigió su dedo índice en dirección a las escaleras del gimnasio, en las que se encontraba sentado el ya conocido Rai Apraiz, que parecía haber estado mirándo la situación desde hace rato, aunque con una expresión despreocupada. Luego de que su maestro se alejara, Yeik dejó escapar un suspiro.
—¡Bueno! Parece que hoy será una entretenida tarde —dijo sin perder su característico optimismo que siempre lo acompañaba.
Él comenzó a caminar hacia las escaleras cuando repentinamente las palabras de Yésika le recordaron algo: Rai era un chico con mucha fuerza. Y teniendo esto en cuenta, Yeik fue a buscar un brazalete de defensa en la utilería del gimnasio.
Por las dudas.
Ya en el segundo piso del gimnasio, encontró a Rai echado en un asiento de una pequeña tribuna mientras veía fijamente a un reloj que colgaba en una pared.
—¿Rai? —preguntó el de pelo azul sin obtener respuesta alguna—. Ey ¿Te la vas a pasar descansando ahí toda la clase?
Siguió sin conseguir más que silencio. Pero cuando estaba ya por levantar la voz, lo interrumpió:
—¿Por qué te pusiste el brazalete? —dijo el chico de pelo celeste, que dejó totalmente asombrado a su retador—. Tú no usas defensa para pelear, Yeik.
—¿Qué? ¿Hay algún problema en que la use?
Rai, como si Yeik hubiese dicho una tontería, dio un suspiro y se levantó perezosamente de la tribuna.
—No importa. Vayamos a pelear. Ya es el momento.
Finalmente ambos entraron al círculo de batalla con sus respectivas armas. La figura geométrica marcada en el suelo contaba con aproximadamente 20 metros de diámetro. Ambos se pararon en el centro a 4 metros de distancia entre ellos, pauta reglamentada para comenzar la pelea en magnen. Pero mientras el combatiente de pelo azul desenvainaba su espada, el de pelo celeste solo lo observaba con una leve pero notable mueca de sonrisa.
—¿Y? ¿Vas a pelear o no? —insitió Yeik nuevamente.
—¿Por qué no vino Gache?
—¿Importa?
— Fue divertido pelear con él ¿Qué le pasó?
—Está enfermo, no vendrá ¿Podrías...?
—Je —soltó Rai en una carcajada—. Enfermedad le dicen ahora.
—¿Vas a comenzar algún día o qué?
En ese momento, si Rai tenía alguna mueca en el rostro, la perdió en el instante. Acto seguido, empuñó su espada y atacó a Yeik con un veloz movimiento barrido de su arma hacia adelante. Por suerte, el de pelo azul tuvo la suficiente reacción para cubrirse del golpe con el brazalete que había conseguido, pero la potencia del golpe de Rai lo sacó fuera del círculo inmediatamente. La muñequera del combatiente quedó abollada en su antebrazo.
—¡Ey! ¡¿Qué te sucede?! —reclamó el de pelo azul, ya fuera del círculo.
—¿Acaso no querías pelear?
—¡Sabes perfectamente que tienes que avisar que estás listo!
—Sabes... Si realmente supieras usar el brazalete de defensa intentarías desviar el golpe, no recibirlo de lleno ¿Por qué te lo pusiste?
Revisando su protección abollada, decidió que Rai tenía razón. Además, la deformación que se había formado le producía gran incomodidad, por lo que decidió sacárselo.
—Tu amigo albino se hubiese defendido mejor.
—¿Por qué te interesa tanto saber algo sobre Gache? —elevó Yeik el tono de voz. Pero a cambio, recibió otro silencio de parte del rival—. ¿Qué? ¿Ya no quieres hablar?
—Querías que me calle ¿no?
No hubo respuesta. Solo emitió un pequeño bufido y se dirigió nuevamente al círculo de combate.
—Ya saliste del límite permitido —dijo Rai en tono desafiante—. Vamos 1 a 0.
Ya listo para seguir con el combate, Yeik se posicionó para preparar su ataque.
Luego de unos segundos de pensar su movimiento, se abalanzó velozmente hacia su oponente con su ligera espada por sobre su costado. A pesar de eso, Rai la contrarrestó con mucha facilidad aprovechando su tremenda fuerza para golpear con su arma a la de Yeik, prácticamente rechazando su ataque para la dirección contraria a la que venía.
Pero nuestro combatiente tenía un plan "B". Siempre lo tenía. Utilizando la inercia de su espada, dio un giro completo y prosiguió su ataque por el otro costado de su contrincante, que esta vez solo pudo reaccionar atrapando la muñeca de su atacante.
Aún así, su movimiento aún no terminaba. Cuando Rai quiso realizar algún movimiento con su arma, Yeik tomó inmediatamente la muñeca de su rival y, quedando ambos aparentemente inmóviles, ocurrió un movimiento sorpresa: el de pelo azul se trepó con los pies al pecho de Rai y lo empujó fuertemente hacia atrás, impulsándolo hacia el borde de la línea límite del círculo mientras Yeik, haciendo una pirueta en el aire, cayó perfectamente sobre el suelo.
Ambos se encontraban ya a más de 4 metros de distancia, lo que significaba que el ataque de Yeik había concluido.
—Bien —dijo con cierta gracia—. Me toca.
Así, Rai comenzó su embestida con un ataque muy similar al de su oponente, a diferencia que él cargó el arma blanca con ambas manos para encestar el mismo golpe con aún más potencia, lo que volvía imposible defenderse con un bloqueo efectivo. Sin embargo, si había algo que el de pelo azul no tenía (por lo menos en el magnen) era lentitud; leyó rápidamente el movimiento de su rival, lo anticipó totalmente con un salto sobre su cabeza y, evidentemente desprotegido, quiso propiciarle una patada frontal directamente a la cara de Rai para desestabilizarlo y volver a tomar la iniciativa del combate.
Pero no ocurrió. El chico de pelo celeste era lo suficientemente astuto como para dejar todo a merced de un solo golpe y Yeik había caído redondo en su plan. Rai soltó una de las manos que empuñaba su espada, tomó el pie de su agresor y lo empujó hacia arriba para que diera una vuelta en el aire. No obstante, antes de que pudiera dar el primer giro, éste recibió una violenta patada en la zona baja de la espalda y salió expulsado sin tapujos del círculo de combate.
La ronda había terminado. Yeik quedó tendido en el suelo y los alumnos que estaban practicando a sus alrededores comenzaron a mirar expectantes.
—Buen intento, pero no —dijo rotundamente el nuevo alumno mientras escuchaba toser a su contrincante—. Bueno, 2 a 0 ¿Continuamos?
—¡¿Qué diablos te pasa?! —le respondió irritado el combatiente derribado. Y aunque a los alrededores sí se encontraban alarmados ante el grito, Rai se limitó a contestar con serenidad y altanería.
—¿Qué? ¿Sucede algo?
—No era necesario realizar un golpe tan agresivo como ese ¡Y lo sabes!
—Ey, esto es magnen —respondió Rai encogiéndose de hombros—. Si no aguantas los golpes quizás este deporte no es lo tuyo. Ve a hacer otra cosa.
—Podías haberme dejado fuera del círculo sin necesidad de un golpe así —siguió insistiendo el de cabello azul—. ¡Esto es solo un entrenamiento, idiota! ¡No lo olvides!
El gran salón quedó en silencio luego de los llamativos gritos del combatiente, que atrayeron las atentas miradas de todo el gimnasio. Y cuando Yeik comenzaba a reicorporarse, su adversario aprovechó para contestar.
—Bueno... ¿Quieres que sea menos intenso? Seré menos intenso.
—Espero que así sea... o lo vas a lamentar —dijo nuestro combatiente poniéndose de pie.
—Je... ¿Amenaza?
—Ya deja de hablar y sigamos con lo nuestro.
—¿Entonces qué esperas? —respondió Rai sin abandonar su tono burlón—. Te toca atacar a ti
—¡Entonces alístate!
A pesar del reclamo, el de pelo celeste y ojos azules bajó la guardia de su arma y comenzó a avanzar lentamente hacia Yeik Lix, que no comprendía lo que estaba sucediendo.
—¿Qué estás haciendo?
—¿Por qué no le dices la verdad?
El de pelo azul no pudo evitar fruncir el ceño con molestia y confusión.
—¿De qué diablos me estás hablando?
—Hablo de Yésika, Yeik ¿Por qué no le dices la verdad?
—Sigo sin entenderte, Rai. Y no sé qué tiene que ver Yésika en esto.
—Ah ¿No entiendes? Déjame entonces que te lo diga más de cerca.
Entonces, sin bajar la guardia, dejó que un susurro venenoso llegara a sus oídos:
—¿Por qué no le dices a Yésika que te metiste con Arlet a la casilla del baño?
De manera casi impulsiva, Yeik no dudó en atinarle un rodillazo al estómago a su rival. Y luego de inmovilizarlo, lo tomó por uno de sus brazos y lo lanzó afuera del círculo.
Rai quedó tendido en el suelo por unos segundos.
—No sé quién te dijo eso —respondió el combatiente a los susurros que había escuchado—. Pero no debes hablar de lo que no tienes idea.
El chico robusto no demoró más de lo debido para reincorporarse y, casi a modo de burla, volvió a sonreirle.
—¿A eso le llamas combate limpio?
—Vamos 2 a 1, Rai. Si no cierras la boca y no comienzas a tomarte la pelea en serio no recibirás amabilidad de mi parte. Sabes muy bien que debes respetar a tu oponente y no voy a dejarme pasar por encima por alguien como tú.
Las miradas seguían aumentando su número a medida que el tiempo transcurría. Luego de un corto silencio, el nuevo alumno se encogió nuevamente de hombros con actitud despreocupada.
—Está bien.
— Te toca atacar. No pierdas el tiempo.
De tal manera, Rai no demoró en iniciar nuevamente la ronda y ambos comenzaron una veloz ráfaga de golpes. Estuvieron así unos interminables minutos, ambos estaban muy parejos. Pero a pesar de eso Yeik logró desviar, en cierto instante, la espada de su contrincante hacia arriba para descubrir su abdomen y atinarle una buena patada. Aún así, su fuerza no fue suficiente y Rai no estuvo ni cerca de salir del círculo.
Estaban a 4 metros de distancia. Turno del combatiente de pelo azul para atacar.
Sin perder ni un segundo, éste fue a embestir con gran velocidad al enemigo con sus golpes destacadamente rápidos. No obstante, la potencia de Rai era demasiada para él, y cada vez que intentaba un ataque, el de pelo celeste lo contrarrestaba con el doble de fuerza, de tal manera que poco a poco dejó de estar a la ofensiva para estar a la defensiva.
Y no duró mucho.
Sin saber cómo, el oponente tomó sus dos muñecas, las separó lo más que pudo y, sin soltarlas, comenzó a patear repetidamente su estómago. Finalmente, para cerrar la combinación, juntó ambos pies y los estrelló nuevamente en el mismo lugar, lo que permitió dejar al atacante fuera de la figura geométrica que estaba marcada en el suelo, otra vez.
El combatiente de pelo azul quedó tendido en el suelo nuevamente y mientras presentía la nueva idea de que los golpes que recibía se volvían cada vez más agresivos. Sentía que cada vez le resultaba más difícil recuperarse del dolor.
—¿Ahí está bien? —dijo Rai sin abandonar su altivez.
—Hijo... de... perra...
—¿Sabes algo? —se adelantó—. Espero que cuando pelee con Yésika sepa aguantar mejor los golpes que tú.
Otra vez Yésika ¿Por qué volvía a nombrarla? Yeik no podía comprenderlo, pero si su plan era sacarlo de las casillas, lo estaba logrando a la perfección. Dejó su dolor de lado, decidió incorporarse por orgullo propio y se adentró serio a la figura geométrica del suelo.
—No entiendo por qué metes a ella en esto.
Rai se mantenía callado mientras esbozaba su burlona sonrisa. Sin embargo, cuando rompió el silencio, su mueca pasó a tener un aspecto bastante sinisestro.
—Porque no pienso golpearla más despacio de lo que estoy golpeándote ahora.
Nuevamente sin avisar y ya en su turno, Rai prosiguió a acometer contra Yeik sin éste aún estar listo. Y aunque él tuvo los reflejos suficientes para detener uno de sus golpes, el atacante no detuvo su carrera y se lo llevó por delante, de manera que comenzaron a rodar por el suelo hasta llegar al borde del límite permitido. Una vez allí, el agresor de pelo celeste quedó encima de su víctima y tomó sus dos brazos, dejándolo totalmente inmóvil.
—Dejaré a Yésika igual que tú...
Agregado al aspecto sinisestro de su sonrisa, se le sumó una mirada espeluznante cuando Rai comenzó a darle rodillazos contra su abdomen violentamente.
—...y la golpearé y la golpearé hasta que su cara quede morada y fría de la asfixia.
—¡¡¡Cállate!!!
Sin poder soportarlo más, Yeik le dio un cabezazo certero en la nariz, lo que provocó que su contrincante se tomara la cara y liberara una de sus extremidades. Inmediatamente con esa ventaja disponible, tomó a Rai por el cuello y lo volteó violentamente contra el suelo, golpeando su cabeza y librándose finalmente de su fuerza.
Pero no era suficiente. Su ira se encontraba a flor de piel y no iba a contenerse ni siquiera un poco; con un brutal golpetazo del mango de su espada sobre el pecho de su oponente, logró obtener el impulso suficiente para ponerse de pie y, sin pensarlo dos veces, pateó sus costillas despiadadamente y lo expulsó del círculo de combate.
La situación había quedado más tensa en ese momento. Con Rai en el suelo y con mucha dificultad para moverse, los alrededores veían con asombro y hasta con pánico lo que estaba sucediendo.
—No vuelvas a nombrarla ¿Me escuchaste?
A Yeik se le notaba un severo tono de voz que indicaba que no estaba jugando. Y a pesar de ver que Rai repentinamente había perdido toda la fuerza, el combatiente de pelo azul no pensaba seder ni un poco de su furia.
—3 a 2 sigues ganando, Rai. A menos que no puedas seguir.
El nuevo alumno ahora se incorporaba con mucha dificultad. Se tambaleaba de un lado para otro y se movía de manera muy rígida mientras la mano desarmada sostenía el costado de su torso, probablemente por alguna costilla rota.
A pesar de eso, por alguna razón que Yeik comenzó a detestar, Rai aún mantenía su sonrisa en el rostro.
—¿Sabes? Discúlpame...—dijo seguidamente de un tosido—. Yo no sería capaz de hacerle nada a Yésika...
Y sin poder evitar sacarle los ojos de encima a esa maldita mueca que no dejaba de burlarlse de él, el de pelo azul pudo ver cómo ésta volvía a recuperar su aspecto siniestro.
—...si ella es... tan... dulce...
—¡Ya tuve suficiente!
Tomó la determinación de que eso se acabaría allí mismo. Fue inmediatamente hacia Rai para darle el golpe final y terminar la pelea de una vez. Pero a unos metros antes de llegar a él, sintió cómo un grupo de tres o cuatro personas se abalanzaban sobre él y comenzaban a inmovilizar sus extremidades.
Y no iba a permitirlo. Debía terminar con Rai de una vez por todas.
—¿¡Qué mierda les sucede a ustedes!? ¡Suéltenme, imbéciles!
—¡Yeik! ¡Basta, por favor!
Su ira sesó casi de manera instantánea cuando aquella voz le dijo en forma de súplica que debía retomar el control de sí mismo. Entonces, tomando más conciencia de lo que pasaba a su alrededor, pudo notar la verdadera situación que lo rodeaba: Yésika, la voz que lo había calmado, se encontraba junto con otros tres compañeros de magnen inmovilizando sus brazos y sus piernas, a su vez que intentaban reducirlo en el suelo. Además de eso, decenas de alumnos lo observaban con espanto mientras iban apartándose para dejar camino libre al maestro, quien tomaría medidas al respecto.
—Mierda. No, no puede ser.
Finalmente, lo último de lo que pudo tomar conciencia fue de una mancha roja que se había formado en el cabello de Rai Apraiz, quien sostenía su cuerpo con sus últimas fuerzas y, como hasta entonces, con una sonrisa en el rostro. Una sonrisa que pronunció sus palabras de victoria:
—Estás... en... problemas...
Sin más resistencia, el de pelo celeste calló al suelo desmayado. Inmediatamente después, Yeik notó cómo la sangre que provenía de la cabeza de Rai, comenzaba a esparcirse lentamente por el suelo del círculo de combate.
La pelea había terminado.
 

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