Capítulo 6 - Sinceros

La verdad secreta

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1 am.
Gache se encontraba en ese momento en el enorme taller de su casa. Estaba en total oscuridad a excepción de un foco que iluminaba de manera encandilante su escritorio. Mientras volteaba la mirada a su cuaderno una y otra vez, éste iba realizando maniobras con un destornillador y una pequeña soldadora.
Estaba trabajando sobre una especie de guante largo y blanco.
Más allá de practicar magnen, Gache tenía otras peculiaridades –además de su acento particular de Verumis, su ciudad de origen-. Él era alguien muy inteligente, y a esto se le sumaba su extrema fascinación por experimentar.
Sin embargo, mientras seguía trabajando sobre aquel bulto blanco, sintió una presencia detrás de él. Sabía con una especie de sexto sentido que alguien lo estaba observando desde atrás y que no iba a detenerse. Entonces, en un movimiento fugaz, Gache volteó la copa de la lámpara hacia sus espaldas y giró rápidamente mientras apuntaba al intruso con su puntiagudo soldador.
Como era de esperarse, la persona en cuestión no era más que el joven Yeik Lix, que quedó tan inmóvil como una piedra.
—La próxima vez que entrés sin avisarme, este soldador quedará incrustado en tu ojo ¿Entendido?
—Lo siento —respondió el de pelo azul con una gran y nerviosa sonrisa en su rostro.
—Ya, podés mover los músculos si querés —dijo Gache con alegría mientras bajaba su herramienta y le tendía la mano para saludarlo. Sin embargo, al tener arremangada la manga de su buzo, dejó el brazo totalmente al descubierto, mostrando una serie de grandes moretones que Yeik no pudo evitar ver:
—¡Gache! ¿Qué te pasó?
—¿Qué? —dijo extrañado— ¿Qué co...?
Gache había olvidado el estado de su brazo. Y cuando lo vio se quedó inmóvil. Lo habían agarrado con las manos en la masa y su compañero se había dado cuenta:
—Muéstrame el otro brazo.
El canoso dudó unos instantes, pero no pudo contra su propio orgullo. No podía ocultarle la verdad a su propio amigo, por lo que levantó el otro brazo, también arremangado.
—¡Estás lleno de moretones!
Gache mantenía su silencio, resignado. Yeik iba a preguntarle por qué sus extremidades estaban en tal condición, hasta que repentinamente vinieron varias imágenes a su mente: cuanto Rai le preguntó a Gache por sus brazos, cuando le resfregó en la cara que no había podido ganar ni una sola ronda y cuando él mismo conversó con él.
~
—Está enfermo, no vendrá ¿Podrías...?
—Je, enfermedad le dicen ahora.
~
—¿Entonces no estabas enfermo? —dijo sorprendido el de pelo azul—. ¿Rai te hizo eso?
—No lo nombrés a ese pelotudo. Está prohibido en esta casa... o en este taller por lo menos— dijo el canoso medio en broma, medio en serio.
—Tranquilo —respondió Yeik con una pequeña mueca sonriente—. Comparto tu mismo sentimiento. Hoy ese idiota me ha metido en un problema de los buenos.
—¿Qué? ¿Has estado con él hoy? ¿Qué te hizo?
—¿No te enteraste? Probablemente me sancionen del magnen por un año por partirle la cabeza.
Gache enmudeció. Por un momento entrecerró los ojos y avanzó un poco su cabeza hacia su compinche.
—Perdón, creo que no escuché bien ¿Qué djiste? —preguntó el delgado chico con mucho énfasis.
—Que me van a sancionar del magnen por partirle la cabeza a Rai.
Ambos sintieron que el silencio se hacía cada vez más profundo en aquél lugar.
—Vos me estás cargando —contestó Gache, todavía incrédulo.
—No. De verdad.
—¿De verdad?
—De verdad.
Yeik no lograba convencer a su amigo aún, quien llevó su mano al mentón y entrecerró aún más sus ojos. Entonces, preguntó para reconfirmar la noticia:
—¿Del magnen?
—Sí, del magnen
El silencio volvió a apoderarse del taller. Gache aún un poquitín desconcertado, se volteó a buscar una botella de agua que estaba en su escritorio, la abrió y bebió un poco para comenzar a hacer buches
—Gache ¿se puede saber qué...?
Sin embargo, su amigo lo interrumpió con una seña, indicándole que debía esperar. Entonces, mientras seguía haciendo buches, miró el techo, puso su mano en su quijada demostrando grandes signos de razonamiento y, finalmente, escupió el agua hacia un costado.
—¿¡Le partiste la cabeza a Rai!? ¿Cómo es posible que la única vez que no vaya a practicar pasen cosas como estas?
—Gache, no es divertido ¿No escuchaste que van a sancionarme por un año?
Ignorándolo, Gache tomó una silla y se sentó. Acto seguido, tomó otra que estaba cercana a él y la ubicó al frente suyo.
—Sentate Yeik —dijo dándole palmaditas al asiento—. Contame todos los detalles.
—¿Es necesario que me siente?
—Si no querés, no. Mejor para mí —dijo levantando sus pies y apoyándolos en aquella silla—. Bueno ¿Qué pasó?
—¡Pasó que Rai es un imbécil! —explotó nuevamente el de pelo azul—. Lo único que hace es hablarte y...
—Provocarte, sí —contestó Gache, adelantándose a las palabras—. ¿Qué te dijo?
Mientras el joven Yeik caminaba de un lado a otro, su compañero que reposaba cómodamente en la silla notó cómo los puños de Yeik comenzaron a tensarse.
—Ya sé —se dispuso a arriesgar el canoso— ¿Yésika?
—¡Sí! ¿Cómo lo sabías?
—Bueno, en realidad no estaba muy seguro. Pero supuse que la razón por la que te hizo enojar fue bastante parecida a la mía.
—¿Cómo? —respondió asombrado el joven Yeik—. ¿Qué fue lo que te dijo a ti?
Antes de comenzar a hablar, Gache dio un profundo suspiro y cambió la posición de sus piernas mientras ponía los dedos sobre su quijada, preparándose para decir algo importante:
—Emmm... digamos que me habló del innombrable.
Yeik inclinó la cabeza hacia un costado. Pero repasando un poco sus recuerdos, tomó conciencia de quién estaba hablando
—Momento, no me estarás hablando de... —comenzó a decir mientras Gache, adivinando sus pensamientos, realizó un movimiento afirmativo con su cabeza—. ¿¡Rai te habló de tu antiguo mejor amigo!?
—¡¡¡SHHHH!!! —hizo en un movimiento brusco y casi desesperado de llevarse el dedo índice a la boca. Luego comenzó a susurrar—. No lo nombres, lo vas a invocar.
—¿Cómo diablos supo Rai qué fue lo que pasó con él?
Gache simplemente se encogió de hombros.
—Cuando comenzó a decirlo intenté no prestarle tanta atención. Pero el siguió y siguió... y en un momento dado no lo soporté más. —Antes de continuar, bajó los pies de la silla, cruzó los brazos y volteó la mirada hacia otro lado—. Lo peor fue que no importaba lo que hiciera. No importaba si estaba furioso, o si golpeaba más fuerte o más rápido. No pude hacer nada. No pude ganarle ni una sola vez, Yeik. Ni una sola.
Luego de sus palabras, el canoso se tomó los antebrazos, sin disimular la molestia que cada moretón le producía.
—Ni siquiera con mi mejor defensa me pude cubrir... —concluyó con un suspiro y cambió los ánimos—. Así que bueno, por lo menos vos pudiste hacer algo al respecto, aunque te sancionaran por el resto del año.
Gache soltó una pequeña risa a modo de consuelo, por más que Yeik no le estuviera prestando mucha atención. Él estaba recordando un par de sucesos que le habían parecido particularmente extraños.
—Hablando de defensa... —dijo de manera pensativa, midiendo sus palabras—. Cuando peleé con Rai, me acordé que Yésika me habían advertido sobre su fuerza...
—Y... ¿Qué pasa con eso? —dijo el canoso con el ceño fruncido. No había logrado captar el mensaje.
—Bueno... —continuó cuidadosamente el de pelo azul, ordenando las ideas que brotaban de su cabeza—. Pasó que luego fui a buscar un brazalete para tener más cobertura. Pero cuando Rai me vio con eso en el antebrazo, se percató inmediatamente de que yo jamás lo usaba. También me pareció raro el hecho de que me haya hablado sobre Yésika ¡Y más porque me amenazó con asfixiarla! ¡¿Por qué diablos lo hizo?!
Al escuchar eso, Gache quedó notablemente asombrado. No obstante, volvió rápidamente a su pensamiento lógico.
—Quizá te vio pasar mucho tiempo con ella. Luego intentó provocarte con eso y casualmente dio en el blanco.
—¡Pero igual es extraño! —dijo Yeik, alterado—. ¿Acaso no te parece extraño el hecho de que un chico que apenas llegó hace unos días a la academia sepa sobre un incidente con tu amigo que ocurrió hace años?
Gache no sabía que contestar. Sabía que Yeik tenía razón en su cuestionamiento.
—Además de eso... —siguió el de pelo azul—...sabe también lo que pasó en el baño con Arlet
—¿Qué? ¿Cómo carajos se enteró?
—¡Ahora dime que no es extraño! —le retrucó Yeik, quien comenzó a caminar de un lado hacia otro—. Haz de cuenta que Arlet, por alguna razón extraña, le dijo algo a Rai... ¿Y el resto cómo lo supo? ¿Acaso Arlet le dijo algo sobre tu amigo? ¡No! Y que Rai sepa más que nosotros que nosotros de él no es bueno. Yésika podría estar en peligro.
—Tranquilizate, che —contestó Gache—. Hay muchos en el aula. No te creas que Rai solo vino a joderle la vida a Yésika y a...
—¡Los demás no me importan! —interfirió Yeik con un grito—. ¡No puedo dejar que ese estúpido le haga nada a ella!
Un alarido se escuchó por las afueras del taller. Yeik supo que había sido el de la madre del canoso, que exigía enfadada que bajaran el volumen para poder dormir. El joven Lix, avergonzado, disminuyó las revoluciones de su mente hasta hacerlas nulas, demostrándolo con la cabeza gacha y los brazos colgantes. En tanto, Gache solo lo observaba con cierta gracia. Él sabía lo que seguía luego de esos gestos.
—¿Sacas los pies de la silla? —dijo el de pelo azul.
—Claro, cómo no.
Cuando la silla quedó libre, se sentó, puso ambos pies sobre el asiento y se acurrucó como si fuese un bebé. Y mientras él ponía la frente sobre sus rodillas, Gache solo esbozaba una sonrisa divertida.
—Tranquilo, Yeik. Es temprano para preocuparse —lo consoló—. Solo hay que vigilar un poco más a Rai y advertirle a Yésika sobre él. Acordate que ella puede cuidarse sola.
—Pero acabo de tratarla muy mal —respondió Yeik sin levantar la cabeza—. No va a escucharme, está enojada conmigo. Y sabes cómo es ella cuando se enoja.
—Tranquilo, se lo voy a decir yo. Vos no te preocupés
El de pelo azul se acurrucó más y quedó inmóvil, acentuando su posición fetal. Sin embargo, como un buen amigo se preocupa de otro, Gache se dispuso a levantarle los ánimos. Entonces, desvió la línea de conversación:
—¿No trajiste la espada?
—N... no —respondió Yeik, inseguro—. ¿Por qué?
Gache se levantó de la silla y se dirigió a su escritorio. Luego de agarrar ese bulto blanco con el que estaba trabajando, tomó un brazalete que estaba sobre el estante de una repisa y lo introdujo adentro del objeto blanco, como si lo estuviera metiendo dentro de una bolsa de tela. Yeik comenzó a mirar extrañado.
—Gache ¿Qué es eso?
—¿Te acordás de ese último invento que anotaba en mi cuaderno? ¿Uno de los tantos que Yésika y vos nunca quieren escuchar?
El delgado compañero, como si ya lo hubiese ensayado mil veces, apagó la luz de su escritorio y dejó todo el taller a oscuras, para generar más suspenso. Y luego de que Yeik escuchara pequeños ruidos sordos provocados por maniobras de su compañero, pudo notar que la habitación entera quedaba encandilada de un color verde neón. Entonces, cuando los ojos del joven Lix pudieron acostumbrarse a la luz, notó la silueta oscura de Gache, el cual levantaba su brazo en lo más alto.
Tenía la mano totalmente abierta y enfundada por un extenso guante de color blanco que llegaba a cubrir todo su antebrazo. Y la luz verdosa que llegaba a sus ojos partía de miles de circuitos internos que se unían en conjunto a una especie de círculo que cubría toda la palma de la mano.
El combatiente de pelo blanco había fabricado una nueva arma para utilizarla adentro de los círculos de pelea de magnen, y estas consistían en la unión de unos guantes blancos junto con los brazaletes de defensa que normalmente se utilizaba para defensa.
 
 
       
Yeik estaba impresionado. Su mirada reflejaba que aquello que tenía en frente jamás lo había visto antes.
—¿Y? —preguntó el canoso— ¿Qué te parece?
—¡Gache! ¡Eso es fantástico! —respondió el de pelo azul sin ocultar su emoción. Sin embargo, luego de un corto silencio, no pudo evitar tener una duda—. Pero... ¿Qué hace?
—Vamos al cuarto de práctica y te muestro —dijo señalando hacia la puerta de salida—. Te presto una espada que tengo por ahí y peleamos. De paso te relajás un poco ¿Te parece?
—¡Me parece una excelente idea!
Yeik comenzó a relajar sus músculos, los cuales habían estado tensos hasta entonces, solo que sus emociones no le permitían reparar en ello. Y de hecho, ahora se sentía con menos carga encima. No solo por descargar todo su enojo en la conversación, sino también porque ahora sabía que no era algo que lo molestaba solo a él. Ahora sabía que no estaba solo en el problema.
En tanto el de pelo azul esperaba en la puerta a Gache, quien estaba preparando su otro guante, comenzó a pensar en lo que él le había dicho sobre su incidente con Rai. Y a pesar de que Yeik solía decir que el canoso ya se había deshecho del pasado, sabía que era una herida que siempre le generaba tristeza.
—Gache, por cierto... —dijo el de pelo azul mientras su amigo le devolvía la mirada—. Sé que ya pasó, pero lamento lo de tu antiguo amigo. Fueron muchos años de amistad que tuviste con él, más que los que tuviste conmigo y con Yésika. Sea lo que sea que Rai te haya dicho, no le hagas caso.
Gache, luego de ponerse el otro par en su mano, sonrió. Le alegraba que aún se preocupara por aquel tema.
—Tranquilo. Ya aprenderé algún día a ser inmune a los pelotudos.
Se rieron a carcajadas mientras iba saliendo por la puerta.Sin embargo, antes de retirarse del taller, el canoso tuvo una duda existencial:
— Ahora que me acuerdo... ¿Tu madre no te habían encerrado en tu cuarto?
—Oh... sí, es que... emmm... volveré pronto, no te preocupes.
—¡Después no sabes por qué siempre estás en problemas!-. Contestó riéndose mientras finalmente abandonaban la habitación.
 

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