Capítulo 9 - Tropezar con la misma piedra

La verdad secreta

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Como era la costumbre, Yeik, Yésika y Gache se reunían en la ya conocida casa del árbol luego de clases. Sin embargo, Gache no participó esta vez. Según lo que le dijo a Yeik, lo mejor era que pasara tiempo a solas con su amiga y terminaran de calmar las aguas entre ellos.
De esa forma, solamente el de cabellera azul y la de melena puntiaguda se encontraban ahí echados en unos enormes almohadones mientras "realizaban las tareas".
—Al final ¿Qué te dijo el entrenador? —preguntó Yésika, intrigada.
—Me dijo que la única manera de que no me pongan las sanciones es trabajando.
—¿Trabajando? —dijo, inclinando la cabeza—. ¿De qué?
—Debo enseñarles magnen a los de nivel más bajo.
A pesar de que Yeik lo dijo luego de un suspiro, la joven pensó que era una gran noticia, de manera que no pudo resistirse al impulso de tomar un almohadón que tenía cerca y abrazarlo.
—¡Owww! ¡Que ternura! ¿Significa que estarás con los más pequeños?
—No lo sé exactamente. Creo que cualquiera de ese nivel. El entrenador me dijo que esa será la manera de aprender a tratar bien a los combatientes nuevos.
A Yésika, entonces, le volvió nuevamente una pregunta que se había hecho con anterioridad al respecto ¿Cómo es que alguien tan alegre y optimista como Yeik pudo alterarse tan fácil con un recién llegado? En última instancia, los nuevos terminaban enojándose con él debido a sus pesadas bromas, pero no al revés. Por tal razón, y aprovechando que ambos estaban calmados, decidió hacer la pregunta de la cual no había tenido una respueta concreta.
—Yeik, hablando de combatientes nuevos... perdón que vuelva a insistir pero ¿Qué pasó ayer con Rai?
El chico, rememorando la pelea y buscando las palabras adecuadas, tomó un poco de aire antes de hablar.
—Solo... fue una pelea bastante desagradable. Me refiero a que he peleado con tipos que hablan tonterías cuando te enfrentan. Pero lo de Rai fue diferente. Cuando te habla...
—¿Qué fue lo que te dijo?
El chico enmudeció. Las palabras de Rai se metían en su cabeza como lo primero que recordaba de su rival y lo último que su compañera debía saber.
—Ey —interrumpió Yésika— ¿Estás ahí? ¿Qué sucede?
—Perdón, es que... no puedo. No puedo decírtelo.
—¿Cómo dices? —insistió la muchacha— ¿Por qué no?
—Simplemente creo que es mejor que no lo sepas. Fue... algo muy desagradable.
—¡Oh, vamos Yeik! ¿Desde cuándo no puedes decirme algo? —elevó la voz, impaciente—. ¡Soy tu mejor amiga! Sabes que puedes confiar en mí.
—¡No es eso Yess! Confío en ti, pero...
—¿"Pero" qué?
El de pelo azul intentó decir algo, pero todas las posibilidades que se le ocurrían no lograban ocultar lo extraño, vergonzoso e incómodo que podría resultar la noticia. Entonces, bajó la mirada y mantuvo el silencio, el cual Yésika tomó con total desagrado.
—Me estás ocultando algo.
—¿Qué? —dijo sorprendido el joven Lix.
—Me estás ocultando algo ¡Por eso no quieres decirme!
—No, Yess. Tampoco es eso.
—¿Entonces? ¿Por qué no me lo dices y ya?
—No es tan fácil.
Luego hubo silencio. Silencio que a la muchacha no le agradaba para absolutamente nada y tampoco iba a resignarse a no tener una respuesta al respecto. Por ende, recordando las palabras del nuevo compañero, prosiguió a otra estrategia para sacarle información a su amigo. Puso una mano al frente suyo y comenzó a mirarse las uñas.
—¿Sabes algo? Rai me dijo que no te llevaste bien con él en la pelea. Ah, y que también intentaste romperle una costilla ¿Eso es cierto?
A Yeik se le congeló el alma, no solo por lo que sabía Yésika, sino por quién había transmitido el mensaje.
—Un momento ¿Estuviste hablando con Rai?
—¿Por qué? ¿Algún problema?—dijo la chica, levantando una ceja.
—No debes acercarte a él por lo que más quieras —advirtió Yeik de manera muy severa, mirándo a su compañera fijamente a los ojos—. Rai no tuvo buenas intenciones con Gache, ni conmigo y no va a ser diferente contigo.
—Pues lamento informarte que estoy totalmente en desacuerdo con lo que piensan ustedes dos. Rai me parece un buen chico y jamás me ha tocado un pelo hasta ahora.
—¡Pero no es un buen chico!
—¿Y tú cómo lo sabes?
—¡Lo sé porque él me lo dijo! ¿¡Sí!? ¡El me dijo que te iba a...!
Y se detuvo. La combatiente dejó de mirarse las uñas inmediatamente y clavó los ojos en Yeik. Él había sedido ante su impulso agresivo y había elevado el tono de la voz lo suficiente para liberar un grito.
Y él lo sabía. Sabía que le había dicho que no iba a gritarle otra vez y que no había cumplido.
—Mejor... mejor me voy a la academia antes de que llegue tarde —dijo con la mirada baja—. Creo que sabes que los principiantes comienzan antes que nosotros.
—Yeik...
—Y por cierto, gracias de nuevo... por evitar que me sancionen.
El chico no dio lugar a que su amiga contestara. Se dirigió al borde de la puerta y saltó hacia la base del árbol para emprender camino hacia la academia. Yésika, en su lugar y con una gran incertidumbre, se echó completamente sobre el gran almohadón donde estaba sentada y quedó mirando el techo:
—Qué diablos habrá pasado.
 
 
 
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