Capítulo 17: "Secretos familiares"

Soy un temerario mi amor ©

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Como había dicho antes, me había acomodado a un costado de la carretera para poder escuchar la voz de quien me llamaba. En un comienzo, noté una respiración agitada, pero ni siquiera me faltó oír el resto de sus palabras, ya que la primera letra que entonó en un intento forzado de hablar apresuradamente, dejó expuesta a la persona, ¿y quién más podría ser?, Lili por supuesto. Mi corazón se descarriló con obvio entusiasmo, ¿con qué motivo se animaba a llamarme?, la verdad es que no lo sé, pero eso me hacía emocionar aún más. Entonces me llegaron a mi mente las palabras de Louis, “¿Sabes quién se está esforzando?”, y entre mis desvaríos que buscaban el porqué de esta situación, me di cuenta de que no le estaba contestando, y que peor aún era que no me animé a confirmarle que estaba del otro lado de la línea.
 
—¿Hay alguien ahí? —preguntó con nerviosismo. Quizás pensaba que le había colgado, por eso me apresuré a hablar.
 
—¡Estoy aquí!, disculpa, es que me sorprendiste —me rasqué la nunca en señal de nerviosismo, mis mejillas se coloraron, y mis músculos se tensaron. Las señales de estar enamorado son algo problemáticas, y te hacen sentir a veces como un idiota, por eso, y para disimularlo, coloqué el teléfono en mi hombro y presioné de lado con mi cabeza, de esa forma pude tomar el manubrio y empezar a caminar con mi moto a un lado.
 
—¿Dalton? No, yo lo siento, tendría que haberte dicho algo por lo de ayer, lamento el mal tragó que te hizo pasar Gael, él no es tan malo como parece —me quiso convencer de eso, pero estaba seguro que no compartíamos la misma opinión.
 
—No creo que pensemos igual respecto a él. Por otro lado, no deberías disculparte por eso, sí en verdad está arrepentido por lo que hizo, entonces tendría que venir de su parte —le dije tratando de sonar lo más amable posible, pero entendía bien que seguramente mis palabras estaban mezcladas con una inevitable pizca de desagrado. No quería escucharme de esa manera, pero ese tipo realmente no me agradaba.
 
—Tienes razón… disculpa —en ese momento no pensé que tan pesadas podrían haber llegado a ser mis palabras, pues estaba tratando de serle sincero, más no quería acorralar a mi princesa.
 
—Perdona yo no quería… —me vi interrumpido por ella.
 
—Espera, no es lo que piensas, no te llamé sólo por eso —esa respuesta me dejó sin aliento, y a continuación un ligero silencio se plantó, pero como si el viento pudiera arrastrarlo, así desapareció ante sus planteos—. Es, por la carta —mencionó de una forma pausada, y eso me hizo sonreír.
 
—No deberías preocuparte, ni tener que disculparte por ello, es decir, ya no se puede leer —le respondí entre suaves risas.
 
—Sí se puede leer, tomé los trozos y los pegué con cinta adhesiva —eso me tomó desprevenido, no llegué a pensar que ella pudiera hacer tal cosa, pero allí caí en la cuenta de lo que me dijo su hermano. ¿Acaso se había quedado toda la noche reconstruyéndola?
 
—¿Te quedaste todo este tiempo pegando los trozos? —le pregunté.
 
—Sí, sé que suena un poco tonto pero… no quería que se desperdiciara algo a lo que le habías dedicado tanto tiempo. Te veías tan decidido a dármela, aparte, tus ojos brillaban cuando estiraste tú mano para entregármela —parecía hablar con cierta vergüenza con respecto a lo que me decía. Hasta ese momento, ella no me había dicho algo tan lindo. ¿Mis ojos brillaban?, no, más importante que eso, era que ella me había mirado a los ojos sin que me diera cuenta, y seguro que pasó eso por lo apresurado que estaba.
 
—¿Me miraste a los ojos? —y casi como si lo notará, casi como si lo viera, supe en aquel momento que después de hacer esa pregunta, sus mejillas se encendieron con fervor, ¿cómo no me iba a dar un salto el corazón? Elevé mi rostro al cielo y sostuve el teléfono antes de que se me cayera por el movimiento, y, finalmente, le dediqué una gran sonrisa a las nubes. Mi ángel me estaba viendo. No importaba si lo que pensaba me lo estaba imaginando, pero lo que realmente me interesaba era eso, que ella me estaba ahora viendo.
 
—Sí… admito que sí —dijo suavemente y con esa respuesta me bastó para hacerme apresurar el paso con entusiasmo.
 
—Entiendo, ¿y qué dice la carta? —le interrogué; al ritmo que iba, seguro que llegaría más rápido a mi hogar.
 
—Pues no entendí mucho, verás… aquí dice, “Tu vida será de color ámbar…” —aunque estaba agradecido por el esfuerzo enorme que había hecho ella, no podía negar que estaba más que equivocada.
 
—No, no, no, no es de esa manera —le aclaré.
 
—¿Entonces como empieza? —resopló—. Y yo que me había esforzado por pegar la carta —no pude evitar reír suavemente y luego le animé.
 
—No te preocupes, por lo menos has hecho el intento. Y ahora mismo te la relataré, me la sé de memoria.
 
—¿De verdad? —dijo ella sorprendida.
 
—Sí, escucha con atención —tomé algo de aire y empecé a relatar la carta.
 
Para mi Ángel:
 
¿Sabes cuan maravilloso fue nuestro encuentro?, eso me ha cambiado la vida, ha hecho que un nuevo mundo se inauguré en las puertas de mi corazón, un mundo que posee tú nombre, sólo tú nombre. Te preguntarás que será lo qué principalmente pude distinguir de ti, pues yo sé bien la respuesta, quizás no lo recuerdes, pero yo tengo plasmados en mi alma aquellos hermosos ojos color ámbar. Esos orbes me persiguen cada noche y me recuerdan que no estás a mi lado, me relatan deseos mezclados con algunos ruegos de que vuelva a estar a tu lado. Quizás suene extraño, pero así yo lo siento, así yo me doblego, me derribo a tus pies, y me revuelco en un mar de anhelos. Quizás lo siguiente que diga sonará egoísta, pero en realidad ansió que me ames. Por eso… ¿sería un pecado muy grande decir que me lo entregues ahora?
 
—Creo que todo aquello que te he dedicado, deja en evidencia mis sentimientos por ti, Lili —le aseguré luego de terminar de narrar. Sin embargo, lo curioso vino después, pues ella no me estaba contestando, ¿acaso me había colgado?—. ¿Hola? —repetí unas cuantas veces hasta que por fin tuve respuesta.
 
—¡Sí, sí, lo siento! —se le escuchó un poco inquieta.
 
—No, está bien —me pareció realmente raro que ella se expresará con cierta inseguridad, así que le inquirí lo siguiente—. ¿Qué te ha parecido lo que he escrito?
 
—Me parece muy lindo, no dejas de sorprenderme con lo que escribes, además… es diferente escucharlo que estarlo leyendo —parecía que su voz temblaba ligeramente, pero al mismo tiempo, creo, que estaba empezando a recuperar su confianza. Esta situación en particular me hizo darme cuenta que tenía una curiosa oportunidad, una en un millón, y debía aprovecharla, pero claro, tenía que ser cuidadoso, y no dejarme engullir por mis sensaciones, las cuales de por si eran liberales.
 
—Creo que tienes razón, le da un significado completamente diferente. Probablemente es porque el corazón graba mejor las palabras que el papel —embocé una sonrisa, pues yo mismo me sorprendía de lo que decía.
 
—¡Sí, concuerdo con eso! —exclamó más emocionada, casi parecía como si en verdad no me hubiera desvelado—. ¿Cómo es que aprendiste a escribir así de bien? —me interrogó sutilmente.
 
—Bueno… me parece que fue cuando te conocí. Algo me dice que no necesitas ser un poeta para escribir cuando estás teniendo la inspiración de la persona a la que amas —le aseguré. En ese momento se enmudeció por unos segundos, y casi dudando la oí decir.
 
—¿Me amas? —su tonó era tan dulce… no podía simplemente describirlo, pero podría compararlo con lo siguiente: era como cuando un niño pequeño le rogaba a su madre, pero de una forma única y, con tal inocencia que ocultaba toda intención con ternura, de igual manera, eso también estaba envuelto por la vergüenza y la esperanza, ya que sabemos a veces que queremos tomar algo por puro capricho, pero aun así lo preguntamos con la esperanza de tener una aprobación de ello; con esa dulzura lo decía.
 
—Lo hago, y lo haré siempre; te amaré por siempre —antes de que ella me contestará tuve un mal presentimiento, así que me apresuré a contestarle antes de que ella dijera cualquier cosa—. ¿Qué tal si salimos este fin de semana? Prometo regalarte más de esas palabras que cantan mi corazón, sólo dame la oportunidad de hacerlo —le mencioné, y en lo que esperaba su respuesta ya me estaba dando cuenta de que me encontraba a unos pocos metros de mi casa, además, en la puerta, parecía que mi padre estaba junto a mi madre recibiendo a alguien, no podía distinguir bien quién era, por eso estiré el cuello en lo que prestaba al mismo tiempo atención a lo que ella me estaba diciendo, es decir, Lili.
 
—No lo sé —sabía que estaba algo confundida pero no iba a echar en saco roto esta oportunidad, así que insistí.
 
—Vamos, podemos hacer una simple caminata entre los dos, un simple encuentro, tómalo como un comienzo para conocernos —le planté mi idea, pero a los pocos metros me detuve en secó al darme cuenta de lo que estaba sucediendo en frente de mi casa, y más aún, al discernir al dichoso sujeto.
 
—Bueno, entonces está bien —finalmente ella se decidió, pero yo no pude festejar mi victoria, pues estaba concentrado en lo que estaba viviendo, así que no hice más que hablarle apresuradamente, y creo que terminé por ser algo descortés a pesar de que hice mi mejor esfuerzo.
 
—Lo siento Lili, me ha surgido un asunto, más tarde te llamaré, ¿de acuerdo? —le dije en un tonó agradable y corté sin esperar a que ella se despidiera; sí, no fue hermoso de mi parte tratarla de ese modo, pero no pude evitarlo. Al llegar a la entrada, quedamos uno al frente del otro, e inevitablemente nuestras miradas se toparon, y mis ojos esmeralda chocaron contra sus punzantes orbes color ceniza.  

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