4. Visiones que matan

Obscuridad (Sombras y Fantasmas #1)

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            Lissie miró hacia todos lados. Eso era lo último que podía pasarle. Su suerte no podía ser tan mala.
            —¿Piensas que ese hombre tiene algo que ver? —preguntó Mathias presionando cada uno de los botones.          
—Estoy segura de que es el culpable.
«Era curioso ver que estaba bloqueando su mente cuando no es un clarividente activo» pensó para sí misma. Algo raro había en todo ese misterio.
            —Hay que encontrar la manera de salir de este elevador.
            Lissie se acercó hasta la puerta del elevador y colocó ambas manos sobre ella. Su plano astral viajo por las espesas nieblas hasta la pequeña oficina del hombre. Lo vio hablando por celular y se encontraba bastante alterado. Su mirada corrió por derredor en la oficina encontrándose con una mujer rubia poniéndose la ropa con lentitud.
            Agradeció no haber tenido que verlos desnudos. Intentó concentrarse en la conversación. Pero regresó a su realidad más rápido de lo que esperaba.
            Dejó caer sus manos.
            —No escucho nada de lo que habla. Parecía haber tenido un polvo y nada más. Estaba enfadado, más no se ve como un hombre que recién acaba de manipular las luces de un hotel. 
            —Quizás eso es justo lo que quiere que pienses.
            —Puede ser —admitió ella cansada—. No tenemos muchas opciones.
            —¿Que sugieres hacer, Lissie? Tú eres el genio aquí.
            —Gracias por meter presión sobre mis hombros —respondió.
            Mathias negó mientras se acercaba. Tomó su rostro entre sus manos y observó sus ojos cansados.
            —Te sigues viendo muy mal. Debemos buscar la forma de salir rápido de aquí.
            Dejó caer sus manos y ella sintió otra vez la sensación de lejanía.
            —Tienes razón, quizás si manipulamos las salidas de emergencia podemos escalar hasta las escaleras. O tal vez puedo intentar ver el futuro y saber cómo saldremos.
            —No hagas eso, no estás en condiciones para seguir esforzándote. ¿Entendido? Optemos por esa primera opción.
            Ella asintió sintiendo su corazón descontrolado.
            Después de todo su relación no parecía estar tan fracturada.
****
            —Mathias se ha tardado en venir —dijo Peter mientras salía del bar seguido de Esteban.
            —A lo mejor se fue a la habitación y cayó rendido —dijo Esteban encogiéndose de hombros.
            —O a lo mejor fue a revisar que Liss estuviera bien.
            Esteban metió las manos en los bolsillos de sus jeans.
            —Ellos tuvieron una relación muy cercana en el pasado.
            Se sorprendió al escucharlo decir eso. Cuando conoció a los chicos ya la relación de Lissie y Mathias había terminado. Nunca estuvo ese antes en el que sus amigos decían que Mathias era distinto. Supo de ellos lo único que estaban dispuestos a mostrar. Nunca preguntó directamente a ninguno porque vio lo mucho que deseaban evitar el tema. Ahora que Esteban estaba confirmando muchas de sus sospechas, no sabía que decir.
            »Fueron los mejores amigos. Mathias ayudó que mi hermana se adaptara a la escuela. Mis padres nunca le permitieron estudiar en una y al morir, simplemente opte por que ella asistiera. Muchas veces me cuestiono si como su tutor legal tome las mejores decisiones.
            »Luego de que mi hermana regresó de un viaje de su escuela las cosas cambiaron. Muy radicalmente y ellos se alejaron. Tu llegaste al poco tiempo por lo que sabes el resto. Cero conversaciones, Mathias dejó de ir a mi casa mientras mi hermana estuviera presente. Todo cambio.
            —Aunque no sus sentimientos —murmuro Peter.
            —Exactamente. Esos sentimientos se han reforzado con el pasar de los años. Por más que Mathias intente aparentar que mi hermana no le importa nada. No puedo creerle.
            —Nadie puede hacerlo. Créeme que hasta Edward lo dice. Esta situación debe ser difícil para ti.
            —Es complicado cuando dos de las personas que más te importan están involucradas. Solo espero que los dos logren comportarse maduramente. Porque estoy harto de esta atmosfera incomoda que crean a su alrededor.
            —No me gusta ver como dos personas que se quieren no están juntas —dijo Peter. Aunque el fuera un don juan, realmente creía en el amor de las personas. Pensamientos contradictorios, diría cualquiera.
Él cree en el amor de las otras personas. No del suyo propio.  
            Esteban asintió mientras presionaba el botón para que los elevadores abrieran.
            —A mí tampoco me gusta la situación. Si tan solo mi hermana fuera más directa y contara porque no quiere regresar con él. Quizás las cosas serían más fáciles. Sé que mi hermana es el problema. No se puede obligar a nadie a ser honesto.
            Peter recargó su hombro en la pared mientras el elevador subía de forma muy lenta.
            —Supongo que los cuadros de Liss eran muy distintos antes de que terminaran.
            Esteban sonrió orgulloso de los cuadros de su hermana. Del talento que tenía para el arte y la forma en la que había adaptado esa vida. Era una de las jóvenes promesas y le molestaba que ella prefiera seguir en el anonimato. Todos amaban sus obras y no conocían la cara de la mujer que estaba detrás.
            —Eran cuadros muy vivaces. Lissie siempre fue una chica llena de vitalidad, de energía. Amaba llevarme la contraria delante de mis amigos y solía leerme los pensamientos solo por molestar.
            Peter sintió el cambio en el ambiente. Esteban no continuaría hablando del tema.
            —Este elevador va a paso de tortuga —se quejó.
****
            —¿Estas ocupado? —preguntó el Sr. Brown desde la puerta.
            Edward respiró con pesadez antes de alzar la cabeza para responder a su padre. Trabajar para su padre era una de las cosas que más odiaba. Continuar en esa compañía en la que simplemente se sentía un estorbo, era desesperante. No tenía opciones y eso lo fastidiaba.
            —Esto puede esperar para más tarde —contestó sin mucho interés. Recopilando los documentos y guardándolos en el cajón del escritorio.
            —¿Has hecho lo que te pedí? —preguntó impaciente.
            —Sabes que mi respuesta siempre seguirá siendo un no. No esperes nada más de mí. Porque no puedo hacerlo.
            —¿Por qué te cuesta tanto? ¡No es tan difícil, maldita sea! —espetó su padre molesto.
            Edward mantuvo el perfil bajo. No llamaría la atención de los empleados por culpa del presidente.
            —Sr. Brown —dijo soltando las palabras. Seguía sin acostumbrarse a mantener un perfil profesional delante de él. ¡Es su padre!— He sido muy claro siempre. No me involucrare con Lissie Lorens. ¡Es la hermana de mi mejor amigo! No le haría daño a ninguno de los dos. —dijo mientras revelaba su verdadera molestia ante su padre.
            —Esa niña puede ser de mucha ayuda ¿no lo entiendes? La necesitamos.
            —El que parece no entender nada aquí eres tú, padre. No meteré a Lissie en los asuntos de la empresa.
            —Claro, ya estoy viendo lo que pasa aquí —dijo el Sr. Brown mientras se acercaba su hijo—. Eres muy incapaz de arriesgarte por el bien de tu propia compañía. No esperaba menos de ti. Nunca has sido bueno en nada.
            Edward cerró los ojos intentando serenarse. Por el bien de todos iba a ignorar las palabras de su padre. Que siempre iban directas a su corazón.
             Siempre fue el hijo menos favorito y continuaba lidiando con eso a pesar de todos sus esfuerzos.
            —Esto no estaría pasando si hubieras sido más cuidadoso. ¡Muchísimas veces te advertí que tus métodos eran negativos! Aunque claro, por supuesto que preferiste hacerle caso al hijo mayor, el que nunca te defrauda. —espetó con toda la malicia que salió de su ser.
            Edward estaba cansado de siempre ser menospreciado. De ser siempre el último recurso de su padre para salir del lodo.
            —¡Deja de meter a tu hermano en esto! Ahora te exijo que hagas lo que te pedí —dijo el hombre.
            Edward sonrió con desdén.
            —¿Dónde está el hijo predilecto? O espera, ya sé dónde está. ¡Gastándose todo el dinero de la compañía en ruinas! Bravo por él, porque nunca lo veo cuando la empresa más lo necesita. Menudo ejemplo de futuro presidente tienes, eh —dijo cruzándose de brazos—. Ahora si me lo permites, quiero continuar trabajando.
            —¿Es eso todo lo que te pasa? ¿Estás celoso de tu hermano que será el presidente?
            Edward río con burla. No podía creer lo estúpido que era su padre. Lo mucho que ese hombre se cegaba sin ver la realidad.
            —Piensa lo que quieras. Ya te dije que no pienso hacer nada de lo que me pides.
            El Sr. Brown no añadió nada más. Salió de la oficina de su hijo menor hecho una furia. Ignorando a cada uno de los empleados que se le acercaba. Necesitaba que Lissie Lorens le dijera lo que debían hacer para sacar a la empresa de la quiebra.
****
            —Estoy cansado de toda esta mierda —murmuró tomando todos los documentos importantes y metiéndolos en su portafolio de negro.
            Llegó hasta su carro y tiró sus cosas en la parte de atrás. Encendió el auto y escuchó su celular sonar. De mala gana contestó.
            —Edward… —la voz de Lissie fue un bálsamo para su herida palpitante.
            —Liss, ya Mathias me comentó lo que estaba pasando.
            —Lo sé… —respondió ella calmada, él sonrió automático—. Logramos escapar del elevador en el que nos encerraron. Ahora solo queda esperar que esta lluvia acabe para irnos. No me siento cómoda y Peter y Esteban necesitan nueva documentación. Gran parte de ella se perdió en el choque.
            —Yo he logrado adelantar bastante los trámites. Puedes dejarlos tranquilo.
            —Eso es muy bueno. Eres un excelente amigo. ¿Lo sabías?
            Él borró su sonrisa.
            —Puedo intuir por que llamas.
            —¿Eres también tu clarividente? —preguntó ella con cautela. No le dejó responder—. No lo hagas, no te vayas así. Está cayendo un gran diluvio y la carretera esta desastrosa y si pierdes el control, provocaras un gran accidente. No lo hagas de ese modo.
            Edward apretó el volante.
            —¿Qué tanto has visto?
            —Lo suficiente como para saber que hoy tú ibas a morir en un accidente de coche —soltó sin anestesia. Apretó con aun más fuerza el celular. Intentando procesar lo que ella acaba de decir—. Tú, Peter y Mathias  me importan demasiado como para verlos morir tan pronto. No te enojes conmigo si crees que tu muerte debe haber tomado su curso normal. Yo…
            —¿Quién está a tu lado escuchando esta conversación? —preguntó interrumpiéndola. Se pasó la mano por el cabello con nerviosismo. Morir, le acaban de decir de que iba a morir.
            —No morirás, ya no lo harás. —respondió a su pensamiento—. ¿De verdad importa quien está a mi lado? Si me cuelgas la llamada me voy asegurar de que sufras como fantasma.
            —¿Está todo bien con Mathias?
            —Todo está bien con él.  —respondió segura.
            —¿Qué quieres que te jure? —deseaba terminar de una vez esa llamada.
            —¡Edward Brown! —gritó ella.
            —¿¡Que pasa!? Escucha Lissie no estoy de humor para esto.
            —Créeme que lo tengo claro. ¿Escuchaste lo que te dije antes al menos? ¿Crees que estoy de humor para estar discutiendo con las personas? Recientemente acabo de toparme con un clarividente que me quería llevar a la cama.
            »No sé cómo rayos hizo para que Mathias y yo quedáramos en el elevador. Y encima pase el susto de muerte con mi hermano. ¿Crees que estoy yo de humor?
            —Lissie… —intentó disculparse.
            —No, ahora escúchame tú a mí. De nuevo para variar. No tomes la carretera #2, te vas por la #3 y coges directo para tu casa. Desde allí haces todo lo que tengas que hacer. No permitiré que mueras. No le des ese gusto a nadie. ¿Te quedó claro o tengo que repetirlo?
            Edward se quedó sorprendido viendo el volante.
            Lissie cuando quería podía ser muy intimidante.
            —Me quedo claro, jefa Lorens.
            —Muy gracioso, idiota —dijo más aliviada—. Asegúrate de mantenerte en una pieza. No bromeo cuando digo que te haría la vida imposible de fantasma.
            —De acuerdo. Tú asegúrate de estar bien.
            —Te prometo que lo estaré. Estaremos a mano, hombre.
            La llamada terminó y él dejó caer el celular en el sillón del copiloto. A veces era bueno que Lissie no escuchara sus pensamientos. Porque ella entonces no sabría lo mucho que la amaba y el deseo que no desaparecía cada vez que estaba cerca. ¿Cómo decirle a la persona que amas la verdad?
            Dolía.
            Dolía demasiado que su mejor amigo también estuviera enamorado de ella.
            Dolía que ellos se pertenecieran mucho antes de lo imaginado.
            Él no llego tarde, simplemente no estaban destinados. Se llevó una mano a su pecho y lo masajeo. No haría nada estúpido, ya estaba advertido. Tomaría el camino hacia su casa y desde allí trabajaría.
****
            Lissie terminó la llamada y se llevó el celular a su pecho apretándolo con fuerza. No sabía porque Edward estaba tan molesto. Lo único que si sabía era que iba a tener un accidente desastroso. Le dijo que moriría solo para meterle miedo, pero realmente no iba a morir. Sin embargo iba a quedar marcado con secuelas permanentes y no volvería a ser el mismo. Ese tipo de visiones no las evitaba. ¿Quién no quisiera saber cuándo alguien cercano iba a morir?
            —Edward no se tomó la noticia muy bien ¿cierto? —preguntó Mathias mientras se acercaba con un vaso de chocolate caliente para ella.
            —Estaba muy enfadado, iba a colgarme. Él nunca se había comportado así conmigo. Creo que presione una herida abierta. Me siento culpable.
            —No debes sentirte culpable por salvarle la vida. Edward siempre te ha hecho caso en todo.
            —Por eso es mi favorito —dijo con una sonrisa y llevándose el vaso a la boca. No se percató del cambio de expresión de Mathias.
            —Interesante… —murmuró y se acercó a las puertas del balcón que estaban cerradas. Podían ver la lluvia caer todavía con fuerza.
            —¿Te ha molestado mi comentario? —preguntó sorprendida, acercándose a él.
            —No entiendo porque debería molestarme.
            —Quizás porque ¿he dicho que otro chico es mi favorito? Si te hace sentir mejor tu siempre serás mi favorito, hombre. —soltó ella sin pensar.
            Sus ojos se abrieron como platos y dio un paso hacia atrás sorprendida.
            Él apretó su vaso con fuerza. Ella se alejó un poco más de él.
            —¿Qué haces? —preguntó.
            —Alejándome —contestó lo obvio.
            —¿Yo te dije que lo hicieras?
            Ella negó, eso estaba claro.
            »Odio cuando lo haces —soltó.
            —Mathias...
            Mathias tomó su rostro y la beso tomándola por sorpresa. Lissie se quedó con sus ojos a punto de salirse de sus órbitas. Estaba completamente en shock, con su corazón paralizado. Mathias llevó su mano derecha por su espalda y la empujó hacia delante acercándola más a su cuerpo.
Lissie cerró sus ojos sintiendo como el dolor quemaba todo su cuerpo. Entre abrió sus labios permitiéndole invadir su boca. Alzó ambas manos llevándolas hasta su nuca y rodeo con cuidado su cuello.
            Mathias la beso con más insistencia bajando más sus manos y metiendo una por debajo de su camisa. Lissie gimió al sentir el contacto de sus dedos en su espalda desnuda.
            —Te amo tanto. Yo no puedo seguir aguantando esto —susurro él entre sus labios.
            Lissie comenzó a temblar. Los recuerdos del pasado la invadían. El miedo y el dolor comenzaron a calar en su corazón. Deseaba con todas fuerzas estar con él.
            Lo empujo suavemente para alejarlo.
            —No puedo. Yo lo lamento tanto pero no puedo —dijo estallando en llanto. Mathias la miró confundido cuando ella se sentó en el suelo y comenzó a llorar. Creyó erróneamente que lo habían superado. Se había equivocado en grandes medidas. Intentó acercarse pero se detuvo.
            »No estoy preparada para esto. ¡Quiero pero no puedo! —gritó con pesar.
            Le dolió demasiado ver el dolor reflejado en su mirada. Saber que lo estaba lastimando. Sintiéndose culpable de haber provocado todo eso. Ella lloro aún más fuerte sintiéndose estúpida, lastimada y cobarde. ¡No fue su culpa! Sin embargo, se sentía como si lo fuera. Odiaba no ser tan fuerte como aparentaba.
            En ese momento su hermano y Peter comenzaron a tocar la puerta de la habitación asustados por los gritos.
            Lissie sintió que todo se detuvo…
            Vio a Mathias acercarse con dos vasos de chocolate caliente. Sintió su garganta seca. Eso no podía estar pasando. El aire se le escapó de los pulmones.
            —Edward no se tomó muy bien la noticia ¿cierto? —Lissie sintió sus ojos aguarse y Mathias dejó de mostrar su leve sonrisa. Dejó los vasos encima de la mesa y se acercó a ella—. ¿Qué pasa, Lissie? —preguntó preocupado.
            Ella se levantó y lo sorprendió al rodearlo con sus brazos. Lo abrazó con demasiada fuerza y comenzó a llorar. Mathias no entendía lo que estaba pasando, le dolía demasiado verla así. La rodeo con sus brazos y comenzó a masajear su espalda.
            —Lo siento tanto. —dijo entre susurros.
            —¿Paso algo con Edward, no te escuchó? —preguntó aún más preocupado.
            Ella negó. No se trataba de Edward. Se trataba de ellos teniendo su momento y ella arruinándolo como siempre.
            —Él estará bien.
            —Entonces que sucede Lissie. No me dejes así. ¿Por qué lloras? Confía en mí.
            —Lamento ser la causante de tu dolor. Lo lamento tanto —dijo ella con voz poco entendible. Esas palabras le conmovieron y destrozaron aún más el alma de Mathias.
            —Tú no eres nada de eso, no te disculpe —la abrazó con todas sus fuerzas intentando infundirle todo su cariño.
            Amaba tanto a esa chica.
            Ella se alejó un poco y tomó su rostro entre sus manos para su sorpresa. Mathias vio el dolor y el miedo reflejado en sus ojos. Su alma comenzó a romperse.
            —Yo te amo tanto, Mathias. No tienes idea de cuánto. Me sigue doliendo todo lo que ha pasado. Pero no puedo ser esa chica que mereces. Todavía no puedo serlo y duele como no tienes idea. No mereces seguir esperando por mí, no mereces que esto siga así.
            —¿De que estas hablando? Si tú eres mucho más de lo que alguna vez pedí o imagine. Yo sigo…
            Ella puso su dedo índice en sus labios, sin permitirle terminar.
            —Se que me amas como yo te amo a ti. Pero no quiero escucharlo ¿Tú crees que vayamos a tener alguna oportunidad? Porque mis visiones son turbulentas.
            Mathias tomó sus manos apretándolas.
            —Llevo todo este tiempo esperando a que me digas “estoy aquí”, pero esas palabras no llegan. Y no tienes idea de lo mucho que me confundes. ¿Cómo crees que estará mi corazón si después de esta confesión te alejas de nuevo? Soy humano, Liss. No estoy seguro si podre continuar con esto. Con todos estos sentimientos.
            Liss soltó sus manos y rodeo su cuello. Acercó su boca a su oído. Mathias sintió su olor, su respiración y su cercanía. No estaba seguro hasta cuando aguantaría.
            —Estará desgarrado, igual que el mío. Porque soy lo suficientemente egoísta como para destrozarnos a los dos por la misma mitad —confesó con mucho dolor.
            —En el pasado sucedieron muchas cosas, algunas de ellas todavía no las sé. Pero ahora más que nunca deseo saber la verdad. ¿Qué pasa contigo, Lissie? ¿Qué paso para que terminaras con lo nuestro tan repentinamente?
            Ella negó intentando alejarse de él. Había tenido un arrebato por culpa de esa visión. Ahora no sabía que fue peor, si ese arrebato o el haber confesado que lo seguía amando.
            —No hagas preguntas, te lo pido por favor.
            —¿Cuánto tiempo seguiré así? —preguntó afligido.
            Pegando su frente con la de ella. Lissie estaba a punto de desfallecer allí mismo. Sintiendo cada vez más las lágrimas caer por su rostro. Por más que se alejaba, Mathias volvía a acorralarla.
            —Tengo que empujarte lejos de mí, Mathias. Creo que esa será la única forma en la que ambos sobreviviremos.
            —Odio que utilices tu don como ventaja. Haces exactamente lo contrario a lo que tus visiones estipulan.
            —En eso estoy de acuerdo —murmuró ella viéndolo levemente a los ojos. Mathias secó sus mejillas con la llama de sus dedos.
            —No me dirás nada ¿cierto? —preguntó, ella negó—. Esta será la primera y última vez que volveremos a estar así de cerca —ella no respondió.
            Mathias con demasiado pesar beso su frente y se quedó varios segundos así. Ambos sintiendo sus corazones latiendo con fuerza. Viendo como sus almas nuevamente se separan. Dispuestos al otro día actuar como verdaderos desconocidos.
            ¿Qué más dolor se podía pedir en esa vida?
            Lissie cerró sus ojos con fuerza cuando sintió sus labios sobre los suyos. Fue un beso suave y amargo. Cuando abrió sus ojos ya Mathias estaba cerrando la puerta de la habitación. Cayó al suelo de rodillas y comenzó a llorar más abiertamente.
            Era su culpa. Debía admitir que era su culpa.
****
            El camino fue silencioso. Esteban iba en la parte trasera y Lissie estaba acostada con su cabeza en sus faldas durmiendo. Mientras Peter conducía y Mathias no dejaba de mirar por la ventana. Algo muy fuerte debió pasar en la noche anterior entre Lissie y Mathias, Esteban y Peter lo notaron tan pronto vieron que esa mañana ninguno de los dos se trataba. Ahora estaban peor que la primera vez.
            —No sé qué tan mal este esto —dijo Mathias en voz alta llamando la atención de todos.
            —¿De qué hablas?
            —Ella no está lista y quizás nunca lo llegue a estar. Probablemente nunca sabré lo que hice mal para que terminara conmigo. —contestó.
            Esteban acaricio levemente la cabeza de su hermana.
            —Lo mejor para los dos es que continúen por separado.
            Mathias cerró los ojos y suspiro.
            —Quizás y esta vez tengas razón. Debemos actuar como adultos y no esperar que el otro piense que todo se arreglara. Pero… Lissie vale la pena el esfuerzo, ¿lo entiendes?
            —Yo solo quiero lo mejor para ambos. Y ya no se si lo mejor es que estén juntos o separados. Lo que ahora esta pasando no es lo mejor, eso es seguro.
            —En el fondo siempre querrás lo mejor para ella. Igual que yo. Liss está muy lastimada, Esteban. Ni tú, ni yo sabemos que tan quebrantada esta. Pero si de algo estoy seguro es que ella no deja que sus visiones se cumplan. Al menos no las visiones en las que estoy involucrado.
            »Luego en un momento viene y se acerca y por leves segundos creo que podemos estar juntos. Ya luego se aleja y me deja en claro que no hay posibilidades.
            Esteban volvió a mirar a su hermana.
            —Ese día marco una parte de su vida a tal grado de no darnos cuenta. Sabemos solo una parte. La que ella quiso decir.
            —Amo a tu hermana, Esteban. Amo a tu hermana más que a nada, más que a mí mismo y no si en estos seis años no la he olvidado. No hay forma que lo haga luego.
            —Sé que la amas y sé que ella te ama a ti. Aunque a veces amar no es suficiente para mantener una relación a flote.
            Mathias guardó silencio por varios minutos. Luego reanudo la conversación.
            —No sé en qué momento nuestra confianza se arruino.
            —Ya no tiene caso que te mortifiques por indagar en el pasado.
            —Esa es una oración que Lissie diría —dijo Peter metiéndose por primera vez a la conversación.
            —Si tan solo hubiera un rayo de luz para saber qué hacer. Porque claramente yo también estoy cansado de esto.
            —Si tan solo Lissie no se tomara tan en serio su trabajo como clarividente. Eso ha provocado desconfianza hacia cualquiera.
            —Odio que sea ella la que deba decidir el final de ambos.
            Peter decidió que ya era momento de embarcar esa conversación a otro lado.
****
            Lissie se cruzó de brazos tan pronto vio a Edward pasar la puerta de su casa. Ignorando a el resto de sus acompañantes.
            —¿¡Por qué mierda no me pediste ayuda, pedazo de idiota!? —le exigió saber molesta mientras le golpeaba el hombro.
            Edward se detuvo sorprendido por el reclamo.
            »Sigo esperando mi respuesta, imbécil. Explícate ahora.
            Edward trago en seco. Después de que ellos regresaran ella no había mencionado nada. Se había sentido aliviado de que ella no hubiera visto esa parte en su visión. Ahora resulta que el karma llega con fuerza.
            —¿De qué mi hermana está hablando, Edward? Yo también quiero saber la respuesta.
            Eso cada vez se ponía aun peor, pensó el chico.
            —No quería decirte. Eso sería molestarte —comenzó diciendo Edward.
            Lissie negó frustrada.
            —La situación es demasiado seria. Y me temo que las cosas se pondrán aun peor. Tu padre se retirara de la compañía. Le dejara todo el poder a tu hermano mayor bueno para nada y tú te llevaras la peor parte.
            Su padre no le había insinuado nada sobre un posible retiro.
            »Tu hermano no sirve ni para limpiar un zapato. Mucho menos servirá para hacerse cargo de una compañía de la que solo le saca el dinero y nada más. Serás el esclavo de tu familia. Un chico con un cargo menor que bajo la mesa trabajara como presidente. Te obligara a que hagas todas las transiciones importantes. A eso le añadiré que te enamoraras de una chica que solo te utilizara. Y lo peor de todo es que se acostara con tu hermano mayor mientras está contigo.
            El silencio se instaló en la estancia. Desde una distancia prudente Peter y Mathias escuchaban todo sorprendido. Esteban se encontraba al lado de Edward, después de escuchar lo que su hermana le dijo, puso una mano en su hombro dándole un leve apretón de apoyo.
            —Debí haber imaginado que tú sabrías más de lo que aparentabas.
            —Eres un reverendo estúpido y no me voy a cansar de insultarte. Llevas siendo extorsionado por tu padre más de dos semanas. Soportando humillaciones de su parte. ¿Cómo diablos crees que me siento yo sabiendo todo esto, eh? No era necesario que le dijeras que si hablaste conmigo. Podíamos haber trabajado a escondidas. Me siento muy enfadada por tu falta de confianza. —se llevó amabas manos a la frente y dejo ir todo el aire contenido.
»Tengo opciones para ti, por supuesto. Porque por más molesta que este contigo sé que no te dejare en la deriva. Es admirable lo fiel que eres a tus amigos. Aunque a veces exageras. Ahora debes tener en cuenta que la opción que elijas cambiara absolutamente todo el futuro que yo ya he visto.
            Edward asintió lentamente.
            »Y dejare bastante claro, que no ayudare a tu padre en sus deseos. Todo lo que hare será viendo tu bien. Yo no dejo a las personas que son importantes para mí en ruinas. Bueno, depende también del caso.
            —Deberías hacerle caso a mí hermana. Ella no estaría diciéndote nada de esto si no estuviera segura que la visión es cierta y puede ser efectiva —Lissie le sonrió a su hermano.
            —¿Qué tanto falta para que mi padre se retire del cargo?
            —Una semana. Lamento que te hayas enterado así.
            —Descuida. ¿Qué opciones tienes para mí?
            Ella se sentó en las escaleras.
            —No muy alentadoras. Aunque serán efectivas.
            —Tomare la opción que más recomiendes.
            Ella pareció pensarlo y asintió.
            —No te diría opciones futuras si no estuviera segura que te harán un bien. ¿Quieres escucharlas de todas formas?
            —Quiero escucharlas.
            Lissie sonrió.
            —Debiste haberme dicho todo desde el primer día que tu padre comenzó a acosarte.
            —Me disculpo por eso. No quería utilizarte —dijo Edward.
            Lissie resoplo molesta.
            —Eso no cuenta como utilizarme, imbécil.
            Lissie giró su rostro encontrándose a lo lejos con los ojos verdes de Mathias sobre ella. No habían vuelto hablar desde esa noche. Y su cabeza no dejaba de recordar la visión que tuvo. Él besándola, tocándola y ella huyendo.
            Para rematar, lo que paso después hizo que las cosas se volvieran aun peor.
«¿Algún día acabaría ese miedo?» se preguntó mientras rompía el contacto visual.
Un dolor fuerte se instaló en su pecho. Clavándose muy lento como si fuera una daga. Cerró sus ojos llevándose una mano hasta su pecho. Debía dejar de ser una miedosa y hablar. Para ella era muy difícil hacer algo como eso sin que le doliera en el alma.
            «¿Hasta cuándo dejaras que sea ella quien tome las decisiones importantes?» pensó Mathias negando con una sonrisa de ira en su rostro.
            Cada vez más le quedaba poco tiempo en su reloj.

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