5. El fantasma de Elizabeth

Obscuridad (Sombras y Fantasmas #1)

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            “La obscuridad se había vuelto su mejor amiga. El cielo estaba sin una estrella. Luminosa se había escondido de los malos cazadores porque ella también temía. Temía por su bienestar, temía por el bienestar de cada uno de ellos. Caminó abrazándose mientras intentaba no tropezar con nada. La luna seguía sin mostrarle el camino, ella también había temido.
            Por eso a la mayoría de los clarividentes preferían la luz del sol. La luz evitaba que la obscuridad los inundara y lo que es peor, que los hiciera parte de ellos.
            «No queremos ser parte de la nada» había dicho una clarividente mostrando signos de rebeldía.
            «Ustedes ya pertenecen a la nada» respondió aquel sujeto que se colaba en sus sueños.
            Sus ojos verdes eran lo único que sobresalía en la oscuridad.
            Lissie no estaba segura del lugar donde se encontraba. Las voces de esas personas se colaban cada vez más en su mente y ella no lograba ver nada.
            «No somos tus prisioneros» contestó la mujer.
            «Oh, querida. Ustedes siempre serán nuestros prisioneros» respondió el hombre para luego comenzar a reír.”
            Lissie despertó en medio de la noche con su respiración agitada. Se sentó en la cama y trató de respirar más pausada mente. No recordó lo que soñó. Solo tenía una espesa nube negra invadiendo su pensamiento. Se levantó de la cama y se abrazó a si misma mientras se acercaba a la ventana.
            Movió un poco la cortina y miró al cielo. Allí estaba la luna alumbrando todo su camino. Sonrió de lado recordando las palabras de su abuela materna. Según ella la luna era la fiel amiga de los clarividentes. Si alguna vez se sentían solos, jamás deberían dudar del camino que les brinde la luna. Era algo bastante contradictorio a la realidad de mucho. La luna era sinónimo de oscuridad según los clarividentes. No podían ser fieles amigos.
            Se alejó de la ventana y volvió a intentar recordar lo que había soñado. Seguía sin encontrar nada.
            «¿Qué habrá sido?» pensó mientras se sentaba en el borde de la cama.
            Los sueños estaban siendo alarmantes desde que había regresado del hotel. Antes no le dio importancia. Ahora no dejaba de pensar en esos ojos verdes de ese hombre. En sus últimos sueños recordaba haber visto sus ojos. Sentía que estaba en desventaja. Era como si él supiera algo que ella desconocía.
            Miró su almohada queriendo volver a dormir. Pero el sueño se había esfumado como por arte de magia.
            Salió de su cuarto y bajo las escaleras hasta llegar a la cocina. Abrió la nevera sacando el litro de leche y se sirvió un vaso. Pegó su espalda en el barandal y comenzó a darle tragos pequeños al vaso.
            —Lissie —escuchó su nombre. Dejó el vaso en medio camino hasta su boca. Agudizó más sus oídos—. Lissie…
            Era muy extraño que los fantasmas llegaran hasta su casa.
            —¿Hola?
            —Ayúdame, tengo miedo —la voz parecía ser de una niña.
            Si había algo que le había enseñado el tiempo. Es que las entidades tomaban la forma que les daba la gana. Sobre todo las malignas. Lissie dejo su vaso en la encimera y dio media vuelta para seguir la voz—. Tengo miedo —volvió a repetir. Lissie comenzó a escuchar un sollozo.
            Despejó su mente de dudas y decidió perseguir el sonido de la voz.
            —¿Quién eres? ¿Cómo puedo ayudarte?
            —No puedes hacerlo. Tengo mucho miedo.
            Lissie abrió la puerta de la sala y miró hacia todos lados. No había ningún fantasma. Alzó la vista hasta los grandes ventanales que daban para la piscina y vio cerca  de la piscina una figura con pelo muy corto de color rubio. Estaba agañotada y mirando al agua mientras se mecía hacia delante y detrás. Se acercó a los ventanales y los deslizó suave para no hacer ruidos.
            —Yo ayudo a la personas como tú. ¿Por qué no podría ayudarte a ti? —preguntó mientras se acercaba.
            La niña no se giró precipitadamente.
            —No quiero que me haga daño —dijo en un tono bajo.
            Se estremeció a medida que se acercaba aún más.
            —¿Quién es la persona que te está haciendo daño? Pequeña, puedes confiar en mí.
            La niña comenzó a sollozar más fuerte. Fue bueno que solo ella la escuchara.
            »Por favor, respóndeme.
            La niña negó.
            —Nadie puede, estoy condenada eternamente. Eso es lo que él dijo.
            —Eso es mentira, pequeña. No eres una inmortal, ellos no hablan con nadie, no pueden hacerlo. Las personas como tu tienen todavía oportunidad de cruzar.
            Entonces por primera vez la niña le prestó atención. Clavó sus profundos ojos negros sobre ella.
            —Es mentira —dijo negando y sentándose en el piso.
            —No me gustan las mentiras.
            —Él me hará daño.
            —Oye, mírame —pidió cortando la distancia y tomando suavemente su mandíbula—. ¿Cómo te llamas?
            —Elizabeth.
            —Es un hermoso nombre. Me recuerda a la realeza.
            —Yo lo odiaba. Mama no dejaba de decirme princesa. Yo no quería ser princesa.
—¿No y eso por qué? Yo quería ser una princesa y tener una tiara.
—Quería ser la guerrera heroína de los cuentos que papa me contaba.
            —¿Cómo encontraste mi casa? Es muy difícil llegar hasta aquí.
            —Alguien dijo que podías ayudarme. No le creí, pero termine hasta aquí. Me escape de ese lugar muy oscuro. ¿Cómo podrías ayudarme a encontrar la paz?
            La niña se distrajo jugando con sus dedos. Liss no lograba encontrar las piezas faltantes.
            —¿Cuánto tiempo llevas…? —Lissie no pudo terminar de preguntar.
            Odiaba tanto esa pregunta. Sin embargo, necesitaba saber la respuesta.
            La pequeña Elizabeth se encogió de hombros.
            —Mucho tiempo. Ahora quizás tendría 20 años de edad.
            Lissie se llevó la mano hasta su pecho. Esa niña tendría más o menos su edad. Se pasó la mano por la frente.
            —Sé que no hay palabras que puedan ayudarte a sentirte mejor.
            —Cuando cumplí ocho años era lo suficientemente inteligente como para entender a los adultos. Mis padres no estaban acostumbrados a que yo pudiera montar conversaciones completas. Cuando cumplí tres años recuerdo que me gustaba cambiar bombillas, me gustaba mucho la tecnología. Mis padres nunca se acostumbraron. Era una niña genio que nadie comprendía, que nadie quería ayudar. Fue doloroso siempre estar sola.
            »Aun así, mi padre me contaba cuentos de heroínas y mi madre me llamaba su princesa. Los amaba a pesar de que siempre me dejaran sola. Un día ellos decidieron irse de vacaciones. Por lo que hablaron con la hermana de mi mama y decidieron que me dejarían con ella ese fin de semana.
            »Yo no la conocía. Así que monte un berrinche porque no quería quedarme con ella. Ese viernes en la noche me dejaron en la casa de esa mujer. Jamás podre olvidar lo que me marco por siempre.
            Lissie abrió sus ojos aterrorizada. El ambiente comenzó a volverse más frio. Tuvo que abrazarse a sí misma para darse calor. Elizabeth miraba el agua de la piscina que comenzaba a ponerse de color violeta.
            —Me había acostado ya en la cama. Eran las diez de la noche y quería que esos días pasaran con rapidez. Esa mujer no tenía los mismos planes. Cuando al fin estaba durmiéndome ella abrió la puerta del cuarto. Casi adormilada me senté en la cama y pregunte que pasaba. Entonces todo se volvió una pesadilla. Ella se acercó a mí y me dijo que no me preocupara, que fuera solo una niña buena.
            —No tienes que continuar —dijo con rapidez Lissie.
            —Debo terminar —dijo—. No entendía nada y me había echado hacia atrás asustada. La mujer se acercó a mí y me toco aquí —dijo señalando su pecho.
            «¡Era una niña, no estaba desarrollada!» gritó Liss en su mente. Sintió sus ojos aguarse.
            —Yo grite y comencé a llorar. Me golpeo en la mejilla y me dijo que guardara silencio. Que debía ser una niña buena y no le diera problema. Me aprisiono y comenzó a hacer sonidos extraños cuando me tocaba. Su expresión era de una persona que estaba disfrutando lo que hacía. Me había desnudado contra mi voluntad y mientras me tocaba ella hacia movimientos extraños. Ahora sé lo que estaba haciendo conmigo.
            »Llore y grite todo lo que pude. Nadie me escuchaba. Después de que ella terminó me dio un beso en la frente y susurro que fuera buena niña y me quedara callada. Salió del cuarto dejándome encerrada con seguro. Yo llore y no me cambie. A la mañana siguiente no quería salir. Pero ella me obligo hacerlo. Se estaba comportado como si nada.
»El problema llegaba en la noche cuando volvía a entrar al cuarto. Esta segunda vez fue peor. Estaba acompañada de un hombre que no conocía. Este hombre la besaba a ella, la tocaba a ella y de vez en cuando también tocaba mis partes. Hasta que parece que se cansó de mi tía y al dejarla satisfecha me miró a mí. Mi tía se acostó a mi lado y comenzó a tocar mi cabeza. Dijo algo como “ahora tu vida cambiara”. Mi vida ya había cambiado.
Lissie cerró sus ojos sabiendo que la peor parte estaba por venir.
            »Fue cuando lo sentí. El hombre estaba dentro de mí y fue espantoso. Dolía, dolía horrible y no importaba lo mucho que gritara, nadie me escuchaba. Nadie parecía querer ayudarme. Mi tía reía y besaba mi mejilla. Mientras ese hombre embestía en mi interior. La mañana del domingo mi cuerpo estaba adolorido. Fue cuando comprendí lo que había pasado. Había sido violada, abusada y ultrajada por mi tía y su pareja. No podía levantarme. Mi cuerpo estaba muy lastimado. Tenía que fingir y eso era algo que dolía.
            El fantasma de Elizabeth se detuvo cuando vio que Lissie miraba hacia la verja que estaba en la playa. Ella también comprendió lo que Lissie estaba sintiendo y su cuerpo se estremeció.
            —Ellos están aquí —susurro levantándose.
            El fantasma se levantó también y abrazo las piernas de Lissie asustada. Lo que sabía era atroz. Le dolía en el alma de que hubiera seres tan horribles como lo fue su tía y su pareja. Que abusaron de una niña, ¡su sobrina! Ella no deseaba que terminara esa historia. Porque lo que ya sabía la había dejado con un dolor en el pecho demasiado horrible.
Sentía una gran inquietud. Odiaba a esos seres. Por eso disfrutaba enviándolos al infierno. Sin permitir que estos tuvieran oportunidad de cruzar la luz.
            —Salí del cuarto sin que ella me sacara. Fui como buena niña hasta la cocina. Ella se encontraba haciendo el desayuno. Cuando me vio espero una reacción distinta. Yo solo sonreí y me senté en la mesa. Ella se mostró satisfecha. Sentía mucho dolor dentro de mí. El hombre salió del cuarto en calzones.
            »Se acercó a ella y se besaron. Luego fue hasta donde mí y toco mi cabeza como si fuera un perro al que le enseñó un truco. Esa tarde mis padres no llegaron a socorrerme. Y ellos volvieron a utilizarme. Me arrebataron mi niñez. Las cosas dieron otro rumbo. Muchos hombres entraron a la casa y llegaron hasta la habitación. Lo último que puedo recordar es una bala clavándose en mi frente.
            Para ese entonces ya Lissie estaba derramando lágrimas en su interior.
            »Vi mi cuerpo al lado de la cama. No vi los fantasmas de ninguno de ellos dos. Los hombres se fueron y nadie noto el asesinato. Esa noche llegaron mis padres. Al entrar a la casa notaron algo raro y pensaron lo peor. Cuando entraron a la habitación se llevaron la peor imagen de sus vidas. Su pequeña hija de ocho años estaba desnuda y muerta en la cama. La hermana de mi madre murió con una de sus manos en mi pecho y la otra se encontraba en el suyo. El hombre estaba dentro de mí.
            »No quise volver a saber de mis padres. Comencé a vagar, pero mi tranquilidad no duro demasiado. Al poco tiempo ellos me encontraron y su sonrisa me hizo saber que la pesadilla continuaba. Aun como fantasma no podía defenderme de esa mujer. Por lo que los primeros años de muerta he vivido en la tortura de ellos abusaran de mí. Me he vuelto prisionera y ya estoy cansada. Ya no quiero seguir con esto. Quiero encontrar la paz que no tengo, para liberarme de ellos.  
            Lissie vio como Elizabeth comenzaba a llorar otra vez. Se acercó a ella y la abrazo. Dejándole caer todas sus energías positivas. Miró de reojo el fantasma de esos seres. No podían entrar a su territorio. Estaba protegido de seres como ellos.
            —Esta tortura terminara ahora, Elizabeth. Podrás por fin pasar hacia la luz y quizás puedas reencarnar para tener la vida que se te privo hace muchísimo tiempo.
            —¿Y cómo podrás hacerlo? —dijo mirando con temor la playa.
            —Déjamelo a mí. Lo único que te pediré es que confíes en mí y te mantengas a mi lado. No me sueltes en ningún momento.
            Elizabeth asintió y tomó la mano de Lissie. Respiró hondo y comenzó a caminar hasta la playa. Allí se encontró con el fantasma de la tía de Elizabeth y el fantasma del hombre. Apretó fuertemente sus labios.
            El fantasma de la mujer no dejaba de ver a su sobrina.
            —Eres una mujer asquerosa —espetó Lissie con repulsión.
            El fantasma de Elizabeth apretaba su mano con temor.
            —¿Quién eres tú para opinar así?
            —Abusar de una niña de 8 años y permitir que este asqueroso hombre la violara. ¡Solo tenía 8 años! No merecía que dos basuras la lastimaran. Son una mierda de personas y esto se terminó. No volverás a lastimarla nunca más —respondió señalando a la niña.
            —Eso es algo que tú no puedes decidir.
            —Te equivocas. Eso es algo que está en mis manos desde hace muchísimo tiempo.
            Elizabeth se pegó más a la clarividente. Abrazando sus piernas. Su tía la miró con mucho odio.
            —Elizabeth, no sé a qué estás jugando. Tenemos cosas por terminar. Ven y toma mi mano para irnos.
            —¡Nunca! —gritó mientras apretaba con más fuerzas las piernas de la clarividente.
            —No seas una niña maleducada ¡vámonos de una vez! —gritó la mujer haciendo que las luces que iluminaban la playa parpadearan.
            —No iré contigo, no dejare que me lastimes nunca más.
            Lissie la protegió con sus brazos.
            —La has perdido asquerosa.
            —Eso nunca —dijo la mujer tirando toda su mala energía hacia Lissie.
            Liss abrazó a la pequeña y cerró sus ojos.
            Pronto una niebla espesa comenzó a formarse y creó una puerta nebulosa. Ambos fantasmas miraron la puerta con temor. Bajó sus manos con lentitud. Al parecer ella si tenía conocimiento de lo que esa puerta era. Lissie volvió abrir sus ojos.
            —Quédate aquí, Elizabeth. No podrán acercarse a ti nunca más.
            Elizabeth asintió. La clarividente pelirroja se acercó al fantasma de la mujer y este intento huir. Lissie con un movimiento de mano hizo que esta se detuviera y se girara poco a poco.
            »No podrás escapar, ya no más.
            Poco a poco Lissie hizo que ambos sujetos entraran a la puerta. Gritaron desesperados. No tuvieron oportunidad.
            —Ya no regresaran —susurró Elizabeth.
            —Exactamente, ella ya no te hará daño. Ahora dime ¿ves algo distinto a tu alrededor?
            Ella cerró sus ojos para luego volver abrirlos.
            —Me siento distinta.
            Lissie observó como poco a poco Elizabeth tomaba la forma que le hubiera correspondido tener si seguía viva.
            —Estas en paz. Ahora es tu momento para ver esa luz que te guiara. La que te llevara a un lugar muchísimo mejor que este.
            —Puedo verla —murmuró para luego abrazar a Lissie. Sonrió devolviéndole el abrazo.
            —Ve hasta donde se encuentra esa luz. Y se feliz.
            Lissie vio como Elizabeth poco a poco desaparecía entre las arenas de la playa.
Soltó un suspiro relajado y regresó a su casa. Había hecho algo bueno esa noche. Quizás ahora podría ella dormir tranquilamente.
****
            —¿Iras para la fiesta de aniversario? —preguntó su padre mientras miraba unos papeles.
            —Supongo que no tengo muchas opciones, ¿cierto? —contestó.
            —Es muy importante que todos asistan. Espero que puedas comprenderlo. De lo contrario no te obligaría a ir. Sé que no te gustan este tipo de actividades.
            —Lo comprendo papa, lo tengo claro. Así que no te preocupes por mí.
            —¿Has pensado llevar a alguna amiga? Las personas llevan siempre a alguien…
            —Para las apariencias. También lo tengo claro, papa. Y siendo sincero pensaba ir solo.
            Sintió la mirada de su padre clavada. No alzó la vista. No quería centrarse en sus comentarios.
            —Mejor así de todas formas.
            Su padre lo dejó nuevamente solo. Mathias se estrujó los ojos, cansado.  
            —¿Todavía en la compañía? —preguntó una voz femenina.
            Mathias ladeo levemente la cabeza encontrándose con Isabel caminando hasta donde él. Ella tenía una botella de agua en sus manos.
            —Un caso complicado —respondió él tomando el vaso de café de la máquina.
            —Es comprensible, me han mencionado un poco de que se trata. ¿Cómo lo estás llevando?
            —Lo mejor que puedo. Todas esas personas merecen justicia.
            —Y la tendrán, tiene a los mejores de su lado —respondió ella con una sonrisa. Mathias le dio un sorbo a su café.
            —¿A ti también te han insistido con la fiesta de aniversario?
            —Si somos realistas. A todos nos han insistido con eso. Parece que anunciaran algo muy importante que cambiara el curso de todas las compañías.
            —¿Y tienes planeado ir con alguien? —preguntó Isabel curiosa.
            Si su respuesta era negativa quizás lograría convencerlo de que fueran juntos a la fiesta.
            —Por ahora la respuesta es no. Si me disculpas tengo que regresar al trabajo. Un gusto verte, Isabel.
            Ella asintió sin borrar su sonrisa.
            —El gusto siempre será mío, Mathias. Nos tienes abandonados a nosotros tus compañeros de trabajo. Deberías salir más a menudo con nosotros.
            —Lo considerare, lo prometo —respondió Mathias.
            Isabel lo tomó del brazo deteniéndolo.
            —Lo que realmente quería decir es que me tienes muy abandona, a mí. ¿No quieres hablar sobre lo que paso?
            —Lo que paso fue un error del que me he disculpado muchas veces —respondió. Isabel tenía una sonrisa en su rostro a pesar de la negativa.
            —La pasamos bien y no le he dicho a nadie. ¿Por qué no intentarlo, Mathias?
            Respiró hondo siendo paciente.
            —Sabes que he intentado remediar lo que sucedió. Eres una increíble mujer y una increíble compañera de trabajo. Y me disculpo por lo que sucedió ese día. Es algo que no debió suceder y que no debe repetirse. ¿Serás capaz de dejarlo en el olvido?
            Isabel soltó su brazo y lejos de enfadarse continúo sonriendo seductora.
            —Soy una mujer que nunca se da por vencida. Y por si no te has dado cuenta, no acepto un no por respuesta —dijo dejándolo solo frente a la mesa de maquinas de café.
            Mathias se frotó los ojos.
            Estaba muy jodido. Una noche de tragos, un ayuda que llegó en el momento preciso. Y todo se fue al carajo.
****
            —Así que al final ella pudo cruzar y ahora estoy segura que se encuentra en un lugar lleno de paz.
            —¿Los fantasmas no ven los horarios de las personas? Era de madrugada cuando escuchaste a esa fantasma llorar.
            —Ellos no tienen hora en nada. Algunos solo marchan con el paso del tiempo, Brad. No deberías ser tan malo con ellos.
            —De todas formas pudieron haberte hecho daño —dijo el chico sin dar el brazo a torcer.
            —Eso no sucedió. Lo que no sucedió no debería ser un problema después.
            —Tú estás loca, pero eres mi amiga así que supongo que debo acostumbrarme a tus loqueras.
            Lissie rio mientras ponía el plato sobre la mesa.
            —La historia de esa fantasma fue una de las más fuertes que he escuchado. Creo que lo único que me hizo dormir por la noche fue el cansancio que tenía mi cuerpo. Todavía no logro descifrar aquella pesadilla que me quito el sueño.
            —¿Qué fue exactamente lo que paso?
            —Ese es el problema, Brad. No recuerdo lo que paso. Tú sabes que siempre recuerdo mis sueños. Aunque desde lo del hotel, deje de hacerlo.
            Brad se sentó en la mesa y ella se quedó cerca del taburete.
            —Aquí hay gato encerrado. ¿No has vuelto a saber nada sobre ese clarividente?
            —No y creo que ha sido lo mejor.
            —Yo no estoy de acuerdo con eso. ¿Qué pasa si te está vigilando? Después de todo parecía que el robo de tu hermano y Peter no fue solo casualidad. Además dices que ves sus ojos en tus sueños.
            Lissie se sentó en una de las sillas de la mesa y soltó un suspiro.
            —Dicho de esa forma suena horrible. Odio que tengas razón. Quiero creer que todo ha sido solo casualidad. Las pruebas no lo parecen.
            —¿Casualidad? —preguntó Stacy saliendo del cuarto ya bañada y cambiada—. Nada de lo que te pasa a ti es casualidad. Absolutamente nada.
            Lissie asintió sentándose en la silla.
            —Todo lo que te pasa es porque esta fríamente calculado por terceras personas.     —Lo sé, lo sé, no tienen que recordármelo —respondió llevándose un gran pedazo de carne a la boca.
            —¿Cuándo es la fiesta? —preguntó Stacy mientras también comenzaba a comer.
            —No lo sé.
            —Deberías saberlo. Si llevan insistiendo en que vayas es por algo —murmuró Brad con la boca llena.
            —Me gustaría poder no ir —se lamentó mientras se sumergía en sus pensamientos.
            —Quizás puedas indagar un poco en el futuro —propuso Stacy.
            —Mejor prefiero enterarme como una persona normal.
            Después de almorzar con sus amigos decidió dar un paseo por el parque. Le relajaba bastante pasear mientras veía a los niños jugar. Ella deseaba algún día también tener hijos. No lo deseaba por insistencia de su linaje, quería tener niños a los que cuidar, una familia a la que amar con todas sus fuerzas.
            Se sentó en el columpio mientras se mecía con lentitud. Vio como algunos niños jugaban en el columpio de su lado. Otros jugaban en las máquinas de juego. Realmente era tan relajante para ella. Ellos no tenían pensamientos obscenos, ellos eran ingenuos, inocentes. Esa inocencia de niños que la mantenía en la tierra.
            —Volvemos a encontrarnos —Lissie se estremeció al escuchar esa voz detrás de ella.
            —Kyler Wills, tardaste mucho en aparecerte en persona.
            Una risa para nada simpática se escuchó en el ambiente y luego vio como el hombre se paraba frente a ella en una distancia prudente.
            —¿Cómo estas, pequeña clarividente?
            Lo miró sin sonreír.
            —Estaba muy tranquila hasta hace dos segundos.
            —Puedo imaginármelo.
            —¿Qué te trae por esta parte del pueblo? Deduzco que de visita no estas.
            —Tienes mucha razón —dijo comenzando a caminar. Ella se levantó para seguirlo—. Tengo un asunto importante que cumplir aquí.
            —Y supongo que ese asunto importante tiene nombre y apellido. Lissie Lorens, ósea, yo.
            Él la evaluó.
La paz adquirida hacía unos momentos ya había desaparecido. Otra vez sentía ese peso en su cabeza que le decía que debía andar con cuidado. Al no recordar su sueño no se sentía para nada segura de lo que podía pasar.
            Y ahora Kyler se encontraba en su hogar. Y eso no podía ser casualidad. Sus amigos tenían razón. Nada en su vida era por casualidad.
            —¿Cómo está tu prometido? —preguntó con burla. Ella se tensó aún más, pero se contuvo. Kyler era un clarividente como ella y podía identificar sus signos de temor.
            —Perfectamente —respondió como si nada.
            Al menos agradecía ser buena fingiendo.
            —¿Segura? Todo se vio un poco forzado.
            —¿Celoso de que este comprometida y no puedas obtener lo que deseas?
            —Oh, querida, yo siempre obtengo lo que deseo. Y créeme que lo que deseo no tiene nada que ver con tu cuerpo. Todo lo contrario, tiene que ver con tu mente.
            Lissie se tensó al escucharlo.
            —Nuestros caminos se cruzaran. Ya sea como ahora o… en sueños. Y en el plano de los sueños pueden suceder muchísimas cosas. ¿Ya no estas confundida con tus pesadillas? Qué triste debe ser no recordar lo que sucede en ellas. Nos hemos visto antes y lo sabes. Hasta pronto, Lorens.
            Lissie lo vio marcharse con una sonrisa en su rostro. Contuvo el aliento y vio como uno de los arbustos comenzaba a marchitarse. Soltó el aire y el arbusto pareció cobrar nuevamente vida.
            Kyler tenía un objetivo.
            Y ese objetivo era… ella.
            Y lo peor de todo es que no era por lo que creía.
            La lluvia comenzó a caer entripándola de pies a cabeza.

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