6. En tus sueños

Obscuridad (Sombras y Fantasmas #1)

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Lissie entró a su estudio con el corazón todavía latiendo con fuerza. No le gustaba saber que Kyler la tenía en la mira. Se sentó en el sofá de cuero blanco y se acomodó allí cerrando sus ojos. No debía darle tanta importancia. Él sabría que ella lo estaba haciendo y lograría tenerla en sus manos. Sabía que estaba protegida en su territorio. ¿Pero por cuanto tiempo sería así? Nadie estaba seguro realmente.
El rechinar de los autos y la lluvia cayendo contra su ventana provocó que se quedara dormida en el sofá.
No supo cuánto tiempo paso dormida. El sonido de su celular la despertó de forma precipitada. Se pasó una mano por la frente.
—Esteban, ¿todo está bien? —preguntó.
—Yo lo estoy, ¿tú lo estás?
—Intento estarlo. ¿Seguro que tú estás bien? Porque es muy raro que me llames a esta hora.
—¿Crees que puedas venir a mi oficina? Te lo explicare todo cuando llegues.
Liss soltó un suspiro.
—Sí, supongo que puedo hacerlo. ¿Paso algo?
            —Bien, gracias. Este… no ha pasado nada malo. Confía en mí, te lo explicare cuando vengas.
La llamada terminó y ella miró sorprendida su celular. ¿Por qué su hermano había sonado tan raro? Supuso que no tenía de otra más que ir averiguarlo en su oficina. Tomó su bolso y salió del edificio. Al bajar las escaleras tropezó con una chica de cabello castaño.
—Discúlpame, fue mi culpa.
Lissie al llevar prisa se limitó a sonreír.
—No te preocupes.
La chica parecía que iba a decirle algo, pero Lissie desapareció con velocidad.
El camino se le hizo sorprendentemente lento. Miró el cielo que ya estaba oscuro. A veces deseaba que simplemente no anochecera. Las noches eran terribles para ella. Al llegar al edificio saludo al guardia de seguridad y sujetó su bolso con fuerza.
Comenzó a sentir el terrible dolor de cabeza que le recordaba lo mal que lo pasaba trabajando. Se masajeo las sienes antes de llegar hasta la puerta.
«No seas quisquillosa» pensó a medida que se acercaba.
—Lissie, ya llegaste —dijo Esteban tan pronto abrió la puerta y la abrazaba con fuerza. Ella respondió el abrazo un tanto confusa.
—Siempre vengo a tus llamados. Espero que esta vez sea para algo bueno.
La sonrisa de Esteban se frisó.
—Tengo una amiga que le gustaría hablar contigo.
«¿Una amiga?» no disimuló su asombro.
—Eso es muy raro.  
—Si te incomoda… —comenzó diciendo, lo que su hermana no sabía es quien era esa amiga suya.
—¿Por qué me incomodaría?  
            Su hermano no tuvo tiempo para contestar. Cuando llegaron hasta la mini sala de estar se encontró con alguien que no veía desde hacía mucho tiempo.
            Isabel.
            —Menuda mi suerte —murmuró por lo bajo para que solo su hermano la escuchara.
            —No es a ella a quien espero que puedas ayudar. Bueno, un poco realmente —le dijo.
            —Hubiera preferido que fuera a ella. Esto habría terminado rápido.
            —Gracias por haber venido —dijo la chica que se encontraba en el sofá.
—No hay de qué. Soy Lissie y supongo que ya sabes lo que soy.
—Sí, claro. Y me alegra que puedas ayudarme.
Se sentó en el sofá que estaba frente a la chica. Físicamente se parecía un poco a Isabel.
—Esteban, creo que voy a necesitar una botella de agua muy fría y de viaje tráeme unos analgésicos para el dolor de cabeza que tengo. Claro, si no quieres que termine desmayada antes de comenzar.
—¿Otra vez tienes ese dolor? —preguntó tocando su frente—. Tienes un poco de fiebre. Ya te lo busco.
Ser clarividente tenía sus ventajas. Y en ese momento Lissie sabía quién la estaba viendo directamente. La lapa que Mathias tenía a su lado no dejaba de verla. Por orgullo no se acercó a saludar.
—¿Cómo te llamas? —preguntó mientras esperaba que su hermano llegara.
—Me llamo Lizbeth, soy hermana de Isabel y compañera de trabajo de Esteban y Peter.
«Si que estaba yo en lo cierto» pensó la pelirroja.
—Toma —le dijo Esteban cuando le trajo las pastillas. Lissie se las bebió con rapidez.
—Yo seré bastante muy sincera contigo, Lizbeth. Predecir el futuro es tiempo y energía que me gasto. Y en estos momentos no me siento nada bien. Cuando era una principiante tenía la capacidad de atender a muchas personas porque no me agotaba. Ahora solo puedo hacerme cargo de 7 personas al día. Deberás cooperar para que esto sea rápido y yo no termine en un hospital por exceso.
La chica asintió comprendiendo.
—Todos saben lo que eres. Yo soy de los no-creyentes. Pero están pasando una serie de cosas y he terminado por venir para saber que es.
Lissie no tuvo que esperar a que ella terminara de hablar. Un ente apareció detrás de la chica. Era otra chica de ojos color miel y pelo increíblemente largo y sedoso. Miraba a la chica rubia con ojos de anhelo.
—Tu novia ha muerto y está intentando comunicarse contigo por medio de objetos. ¿cierto? Cosas que desaparecen de sus sitios. Un aire en tu nuca que no sabe de donde proviene. Son cosas que normalmente hacen los fantasmas para comunicarse.
Lizbeth la miró sorprendida.
            —Fue una muerte muy dura, ¿cierto? —preguntó directamente al fantasma. La chica dejó de mirar a Lizbeth para ahora mirarla a ella. Lissie sentía la mirada de todos—. Lo normal es intentar ver la forma en la que ustedes murieron. Ese método no me gusta. Es doloroso para ustedes e incluso para mí.
—No me esperaba que pudieras verme —respondió la chica.
Lizbeth miraba a Lissie sin poder creerlo. Muy confusa.
—Eso es una mentira, fantasma de pelo negro. Todos ustedes saben quién soy yo. Sé por mis fuentes que soy muy famosa en sus conversaciones. Por eso se toman las libertades de venir a mi casa hasta en la madrugada.
Lissie volvió a prestarle atención a Lizbeth. Que se encontraba a punto de estallar en llanto.
—¿De verdad está aquí? ¿De verdad puedes verla?
—Por supuesto. Cuando dicen que soy clarividente es porque realmente lo soy.
—Yo…
—Me gustaría que ella pudiera saber que no es su culpa lo que me sucedió. No había forma de que ella supiera lo que pasaría.
Lissie asintió.
—Ella dice que no fue tu culpa lo que sucedió. Que tú no podías saber lo que pasaría. Por lo que no le gusta saber que te sientes culpable de algo que realmente no estaba en tus manos arreglar.
Lizbeth se secó una lágrima que se escapó de sus ojos.
—Muy típico de ella. Muy normal querer defender lo indefendible.
Lissie pensó en hacer uno de sus tratamientos para que ambas pudieran verse. Estaba demasiado cansada y si lo intentaba ella terminaría en el hospital. Aun cuando ya se había bebido la pastilla, su dolor de cabeza solo empeoraba.
«¿En qué momento las pastillas harían su trabajo?» pensó.
—Creo que es la primera vez que realmente la veo interactuar con un fantasma —dijo Peter en voz baja.
—Y te sientes raro —completo Edward sonriendo.
—Si tú te sientes raro, imagínate yo que he vivido toda mi vida con ella. Siempre me da escalofríos. Y era mucho peor cuando mi madre también se comunicaba con ellos —dijo Esteban cruzado de brazos.
—Ella simplemente desea que puedas continuar con tu vida. Que cumplas los sueños que crearon juntas y que puedas conseguir a alguien que te amé tanto como ella lo hizo. Ya sea hombre o mujer.
Lizbeth asintió con sus ojos apretados.
—Siempre tuvo esa inseguridad encima. Siempre me decía que yo terminaría dejándola por un hombre. Ella es todo lo que yo deseaba en mi vida. Me sentía completa a su lado. No necesitaba de ningún hombre para ser feliz. ¿No se supone que yo pueda verla? Es lo que había escuchado de algunos.
Lissie se acomodó en el sofá.
—Tengo muchos tipos de secciones y una de ellas es el tratamiento para que ambas puedan verse en un punto de otro plano. Eso no podrá suceder porque estoy sobrepasando mi límite. Por eso en tu caso, solo utilizaremos el método de yo siendo intermediaria de ambas.
—Mi hermana es una cliente también. ¿Por qué no darle los mismos beneficios que les das a tus otros clientes? —habló al fin la lapa.
Lissie quiso reír sabiendo que tanto Peter como Edward la miraban atentos. De seguro pensaban que se formaría un problema. Sonrió de lado y miró a la chica que ahora estaba al lado de su hermano.
«Vieja hipócrita de mierda» pensó ella.
—Creo haberlo dicho. No soy una máquina, no puedo simplemente hacer que dos personas se encuentren sin poner un poco de mi energía en eso. Y ahora mismo se supone que estuviera durmiendo un par de horas antes de irme para mi casa. Se un poco más agradecida de que este haciendo una excepción por tu hermana —dijo sin perder la calma.
Edward y Peter se dieron una mirada cómplice mientras sonreían.
—Esteban me conoce a mí, puedes dejarte guiar por eso. ¿No?
Lissie enarcó una ceja. Su hermano tenía sus ojos muy expresivos.
«No puede ser» pensó. Se llevó una mano hasta la frente.
—Ellos te conocen —dijo señalando a los chicos—. Pero yo no —respondió con voz dura. Los chicos se sorprendieron—. No cambiaré de opinión porque tú no pagas mi seguro médico. Así que deja de manipular a mi hermano, ¿quieres?
Como era de esperarse la chica puso su cara más ofendida. Liss no se fijó en ninguno de los chicos y se dispuso a seguir con su cliente.
—No le hagas caso a esa perra —dijo la fantasma—. Comienzo ver algo extraño.
—Lo que estás viendo es la paz. Ya te toca partir si así lo deseas. Lo que te ataba a este mundo ya lo has arreglado. Ahora podrás marcharte.
—¿Tan pronto? —preguntó Lizbeth con lágrimas.
—Los fantasmas no deben esperar mucho tiempo aquí, Lizbeth. Ellos necesitan partir para así poder continuar con sus vidas. Aprovecha el momento para despedirte. Después sería demasiado tarde.
Lissie vio como la chica comenzaba a decir palabras tras palabras. Miró a la chica fantasma que se encontraba viendo a su expareja con una sonrisa. Realmente no necesitaban verse la una a la otra para saber que se amaban y que ambas buscarían la forma de continuar con sus vidas.
—¿Podrías decirles unas palabras? —Lissie asintió—. Dile que lamento mucho haber sido tan insegura en nuestra relación. Yo solo me centre demasiado tiempo en mis sentimientos y pensamientos. La amaba desde hacía muchos años. Y siempre me dolía verla con hombres. La vi como algo inalcanzable. Como un ser que no podía tocar. Sin embargo, esa noche que casi me atropellan, ella me salvo. Me sonrió y me ayudo a salir de ese susto.
»Ese día supe que algo cambio. Con el pasar del tiempo no tuve miedo en arriesgarme y la besé. La besé como siempre había deseado y ella me correspondió. Era su primera experiencia homosexual y temí ser usada por ella para burlas. Sin embargo, vi que ella arriesgo mucho más de lo que pensaba. Su vida, sus amigos, su familia, ella lo arriesgo todo para estar conmigo.
»Quiero disculparme por eso. Por haber sido una tonta y no haber luchado todo lo que esta relación merecía. Todo sacrificio vale la pena. Aun cuando el futuro es tan incierto. Yo solo quiero que ella sepa que la amaré aun muerta y que deseo que ella sea feliz. Siempre le estaré agradecida por haberme dado la oportunidad de estar a su lado. Y soy feliz sabiendo que ella siempre fue mucho más de lo que soñé.
Lissie sintió un nudo en la garganta y asintió despacio. La fantasma le dio una leve sonrisa. Caminó hasta Lizbeth y se agacho. Luego le dio un leve beso en sus labios. Lissie vio a Lizbeth estremecerse y cerrar sus ojos con más fuerzas.
—Se ha ido —murmuró Lissie una vez que vio desaparecer a la chica fantasma. Lizbeth se llevó una mano a la boca y comenzó a llorar. Lissie no se sorprendió al ver que su hermana ni siquiera se acercó—. La chica fantasma murmuro algo muy interesante. Creo que comienzo a creerlo.
—Apuesto a que adivino lo que te dijo.
Le dijo todo lo que la fantasma menciono. Con cada palabra Lizbeth asentía llorando con más fuerza.
—Podrás con la perdida. Ya llevas haciéndolo mucho tiempo —culminó de decir Lissie.
—Gracias por lo que has hecho. Aun cuando no te sentías bien como para gastar energías, me ayudaste muchísimo.
—Supongo que es parte de mi trabajo. Me alegro haber contribuido en algo.
«Tampoco es que hayas hecho mucho» pensó Isabel con toda la intensión. Lissie tenso aún más su sonrisa.
—De seguro no llevas una vida feliz, cierto ¿Lizbeth?
—No la llevo —respondió sincera.
—Te aseguro que después de esta pérdida vas a encontrar la forma de ser feliz. De ignorar lo que los demás te dicen y comenzar a velar por ti. No tengas miedo a conocer personas y a continuar hacia delante. Cuando mueras si tu amor fue tan poderoso como creo que fue, se volverán a encontrar y podrán ser completamente felices. Te deseo mucha suerte y si algún día sientes que necesitas ayuda de una clarividente no dudes en ir a mi estudio en horas laborables. ¿Te parece?
La chica asintió con una sonrisa y más calmada. Lissie se levantó del sillón y caminó hasta donde su hermano.
—Ya me voy. Estoy cansada y me duele mucho la cabeza. Lo que tenía que hacer aquí ya lo terminé, ¿cierto? No quisiera tener que tratar a nadie más —dijo mirando de reojo a Isabel.
«¿Estaría escuchando sus pensamientos?» se preguntó él.
Isabel le mostró su sonrisa mas falsa.
—Gracias por tu ayuda —dijo colocando su mano en su hombro.
Lissie tuvo un shock de recuerdos y conversaciones ajenas que no se esperó. Pero entre tantas imágenes se encontró con Isabel teniendo relaciones con Mathias. Y esa imagen mostraba fecha de ser reciente. Cuando Isabel retiro su mano se alejó. Liss se quedó con una sensación agridulce en su boca.
Su pecho comenzó a dolerle.
—¿Necesitas que te lleve? Si estás cansada no creo que sea buena idea que conduzcas hasta la casa.
Ella negó sin sonreír. Algo que su hermano no lo pasó desapercibido. Algo estaba sucediendo.
—Estaré bien. Hasta ahora no he visto mi propia muerte así que no hay mucho problema. Luego hablaremos —respondió dándole un beso en la mejilla—. Hasta luego chicos.
—¿Alguien notó lo pálida que estaba? —preguntó Peter.
—Yo la vi excelente —comentó Isabel con los brazos cruzados y una sonrisa. Si todo lo que decían sobre ella era cierto. Se había asegurado de que viera que Mathias ya estaba con ella.
—Peter tiene razón —dijo Edward.
Él sabía sobre las malas intenciones de Isabel. No la soportaba y ni siquiera se esforzaba en disimularlo.
****
Mathias se encontraba fuera del edificio cuando la escuchó. No tenía planeado acercarse hasta que la vio presionando su estómago con fuerza y los ojos cerrados.
—¡Lissie! —la llamó. Ella no hizo caso y siguió presionando su estómago. Sentía su cabeza latir con demasiada fuerza. Mathias al verla tan mal la tomó por el hombro despacio deteniéndola.
            —Quiero irme a casa. Me duele muchísimo la cabeza —pidió ella con lágrimas en sus ojos.
            —Bien, eso harás. Aunque no sola.
            Lissie rápido negó. No quería tenerlo cerca.
            —Puedo llegar sola a mi casa. Arriba te esperan —dijo presionando sus dedos en sus sienes. Algo estaba sucediendo en el otro plano. Lo sentía en su piel.
            —No discutiré contigo, Liss.
            No tuvo tiempo de replicar Mathias ya estaba esperándola en su auto. Una vez llegó se acomodó en el copiloto y dejó caer su cabeza en el cristal.
            No supo cuánto tiempo había pasado. Solo sentía que el dolor no disminuía.
            —Me siento tan cansada —susurró cuando ya llevaban un rato conduciendo.
            —Si te sentías tan mal ¿Por qué aceptaste atender a la hermana de Isabel? —preguntó Mathias.
            —A mi hermano no le niego nada —fue su respuesta.
            —No debes tener miedo en a veces decirle que no a las personas.
            —Este malestar no tiene nada que ver con eso.
            —¿Y a qué se debe entonces? —preguntó Mathias mirándola de reojo.
            Otra vez estaban manteniendo una conversación más o menos estable.
            —¿Recuerdas al clarividente del hotel?
            —Por supuesto, le mentimos. ¿Qué sucede con él?  —preguntó ahora preocupado.
            —Ha regresado.
            Mathias se detuvo en la luz y aprovecho el momento para mirarla.
            —¿Ha que te refieres con eso?
            Liss se encogió de hombros y Mathias continúo conduciendo.
            —Me encontró en mi parque, me dijo muchas cosas y se fue. Pero sé que no se ira del pueblo. No estoy dejando que entre a mi mundo y eso lo tiene furioso. Además, hay cosas en otros planos que están fuera de control.
            —Estás agotada porque estas impidiéndole a él que vea tu futuro. ¿Sospecha sobre nuestro falso compromiso?
            —Él no es tan tonto como pensé. Sabe que nuestro compromiso es falso. La mentira no lo detendrá aun si fuera verdad.
            Mathias no estaba cómodo con la noticia. No le gustaba saber que ese desconocido estaba de regreso para intentar salirse con la suya.
            —Yo intento protegerlos.
            —Y en el intento terminas peor. Debes descansar. Te avisaré cuando lleguemos.
            —Él intenta meterse en mis sueños. No sé si lograré conciliar el sueño.
            —Al menos debes intentarlo. Vamos.
            No le gusto escucharla hablar así. Aunque ahora su prioridad era que ella descansara y recuperara las energías. Quería sujetar su mano y dejarle saber que todo estaría bien. Temía cruzar de nuevo la línea que los separaba.
            Ella logró quedarse dormida y a mitad de camino decidió llevarla a su apartamento que estaba más cerca. Desde allí avisaría a su amigo lo que sucedía.  
            No quiso despertarla. La cargo hasta su cuarto y la colocó en su cama con cuidado. Se aseguró de que estuviera abrigada y tomó su ropa para ir al baño.
            Dentro de la ducha pegó la cabeza en la pared. Respirando muy lentamente. 
            Que ella fuera una clarividente dejaba en claro que no ayudaba en nada a la situación. Los ponía a ambos en una encrucijada. Porque con facilidad ella podría saber qué es lo que el destino les deparaba. Estar un paso por delante de Lissie, era una tarea bastante difícil. Ella parecía ser la única que podía tomar las decisiones sobre ambos.
            Eso es algo que debía cambiar.
            Salió de la ducha y se cambió de ropa. Al salir ella continuaba durmiendo. Se acostó a su lado y simplemente se quedó viendo como dormía. Ella comenzó a arrugar su frente y eso lo alerto. Se acercó más a ella y acaricio su mejilla.
            —No temas a tus sueños, pequeña —su tacto pareció ayudarle. Porque ella se acomodó más en la cama.
Pronto el sueño también lo invadió a él.
****
            Lissie abrió sus ojos sintiendo la pesadez en su cerebro todavía. Se encontraba en medio de un bosque. Los árboles se encontraban obstruyéndole la vista y la oscuridad no daba tregua. Respiro hondo llevando una de sus manos al pecho.
            Era un sueño, solo eso.
            ¿Verdad?
            Ella no tenía por qué estar preocupándose o asustándose. El ruido de los animales de la noche le hizo recordar que aun en sueños ella no estaba segura. Los sueños eran un plano terrenal en el cual su protección dejaba de existir. Comenzó a caminar con paso rápido. Todo debía estar bien. Miró a su alrededor intentando encontrar la luz. Todo le daba vueltas.
            Asustada terminó tropezándose de espaldas y cayó al suelo.
            —¡Mierda! —gritó viendo una de sus manos lastimada.
            —¿Por qué huyes antes de tiempo?
            Se levantó de inmediato sintiéndose adolorida. Encontró a Kyler muy cerca de ella.
            Él no había mentido, la buscaría hasta en sueños.
            Ese pequeño lugar en donde sabía ella estaría indefensa.
            —Estas siendo muy rápido en cuestión de perseguirme.
            —¿Eso crees? —preguntó él.
            Lissie por instinto dio un paso hacia atrás tropezando con un tronco.
            —Deberías rendirte, ¿sabes? No creo que vayas a sacar algo bueno de esto.
            —Estás muy equivocada. Creo que comienzo a sacar lo mejor de aquí —dijo señalando el bosque.
            —¿Qué es lo que quieres exactamente? ¿Asustarme, hacerme temer de ti? No está funcionando muy bien.
            Su sonrisa le hizo ver que ella estaba actuando como él esperaba. Le estaba dando justo por donde le gustaba. Tenía que cerrar la boca, de lo contrario podría estar en peligro de verdad.
            Kyler Wills estaba siendo mucho más inteligente de lo que esperaba.
            —¿Sabes? Sigo sin entender como lo logras. Explícame como lo haces.
            —No tengo ni la más remota idea de lo que estás hablando.
            —¿Eso piensas? Vuelves a sorprenderme.
            —No sé por qué lo hago.
            —Tu mente está siendo muy competitiva. Por más que intento meterme y averiguar todo sobre ti, no lo logro. El que diga que ser clarividente tiene sus ventajas, se equivoca en gran medida.
            —Me alegro de que no estés logrando lo que deseas. Puedes seguir intentando.
            —No cantes victoria tan rápido. —dijo Kyler comenzando a alejarse—. Tus sueños están siendo muy excitantes para mí. Comienza a gustarme este juego.
            Lissie apretó ambas manos llegando a lastimarse. Su muñeca le dolía demasiado.
            —Púdrete, Kyler. Tendrás que buscar otra forma de obtener lo que deseas. Porque claramente de mis sueños no serán.
            —Eso lo veremos.
            Lissie escuchó un estallido que la hizo cerrar sus ojos y gritar.
****
            Mathias despertó al escuchar el grito de Lissie. Se levantó de inmediato y la vio a ella intentando despertarse.
            —Lissie, despierta, todo estará bien.
            Mathias siguió hablándole cerca del oído. Intentando no ser brusco con ella. Abrió sus ojos y miró el techo con su corazón a millón. Se sentó en la cama y estaba temblando. Sin Mathias esperárselo ella lo rodeo con sus brazos con fuerza cuando lo vio.
            Se quedó quieto sin saber qué hacer. Ella afianzo más su abrazo y coloco su barbilla en su hombro mientras cerraba sus ojos y comenzaba a llorar. Él rodeo la cintura con sus brazos y la atrajo más a su cuerpo. Sentándola sobre su regazo para que estuviera más cómoda.
            —Los sueños no deberían ser los causantes del miedo —murmuró ella.
            —¿Ese clarividente fue el que te puso así?
            Ella asintió. No dejaba de temblar y eso hacía que Mathias estuviera más molesto e inquieto.
            —Tengo miedo, por primera vez siento miedo de que alguien pueda hacer daño a las personas que amo.
            Mathias subió sus manos hasta sus brazos y la alejo un poco para que ella pudiera mirarlo. Sus ojos azules dejaban en claro que ella no estaba mintiendo, de verdad estaba asustada. A él no le gusto ver esa expresión. La odiaba y quería encargarse de que ella nunca más tuviera que ponerla. Subió su mano derecha hasta su mejilla.
            —Tú eres Lissie Lorens, una chica que es clarividente y no le tiene miedo al mundo. No puedes olvidarlo, Lissie.
            —Intento no hacerlo, Mathias. Pero hoy me han tomado en un día en que simplemente no me siento nada bien. Siento que debo buscar la forma de liberarme de esta presión que crece en mi pecho y no logro hacerlo. Y duele y este estúpido clarividente ha decidido llegar y querer asustarme sin yo saber el motivo. Ya no creo que su razón sea solo sexo.
            »Esto duele mucho.
            Sus lágrimas no paraban de salir y poco le importo. Estaba frustrada, cansada y con ganas de rendirse. En los brazos de Mathias, encontraba paz. Su voz la había hecho regresar a la realidad. Se percató que no estaba en su casa. Vio el reloj que estaba al lado de la mesa de noche, las 3:00 a.m. Lo observó confusa.
            —No te lleve a tu casa porque no te encontrabas bien y mi apartamento estaba mucho más cerca. Lamento si te sientes incomoda —dijo él al ver su mirada.
            —Da igual —no había forma de sentirse incomoda cuando estaba sobre él.
            —Yo no podía quedarme con la angustia de no saber si estabas bien o no.
            —Lo único que estoy logrando con todo esto es darte más problemas. Lo siento.
            Mathias negó de inmediato. Acariciando su mejilla. Ella sintió el cosquilleo en todo su cuerpo.
            —No digas esa estupidez, tú más que nadie sabes lo importante que eres para mí.
            Ella negó y de un salto se alejó de él. Bajando de la cama comenzó a buscar sus cosas.
            —Debo irme —dijo ella buscando desesperada sus zapatos. Debía marcharse de allí antes de que fuera demasiado tarde. Iba a caer de una forma atroz.
            Mathias también se levantó.
            —¿Irte? ¡Son las 3:00 de la mañana! No hay forma de que yo te deje marcharte a esta hora.
            —¡Tampoco puedo quedarme aquí!
            —¿Y eso por qué? —le exigió saber acercándose. Ella dio un paso hacia atrás—. No somos desconocidos y a estas horas no es sensato que salgas. Tú mejor que nadie lo sabes.
            —¿No lo entiendes? Debo irme, por favor —pidió ella cerrando sus ojos mientras sus lágrimas volvían a invadirla.
            Mathias no daría tregua. Si algo le pasaba en la carretera, jamás se lo perdonaría.
            Estaba cansado de eso. Esa línea debía terminar.
            —No lo entiendo. Explícamelo.
            Sus labios temblaron igual que todo su cuerpo.
            —Porque temo hacer algo indebido.
            —¿Algo indebido? Liss, ¿de qué rayos hablas?
            —¡Sí! Algo indebido, algo que no puedo hacer. ¡Tú no me lo pones fácil! —murmuró.
            —Creo saber de lo que hablas. No te has dado cuenta de algo, Lissie.
            Su determinación hizo que su cuerpo volviera a temblar. Ahora no sabía lo que estaba sucediendo.
            —¿Qué? —preguntó.
            No le dio tiempo a procesar bien la oración cuando ya Mathias había agotado toda la distancia que los separaba y le estaba sujetado su rostro mientras sus labios envolvían los de ella.
            En ese momento Lissie sintió su mundo paralizarse.

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