7. Intentarlo

Obscuridad (Sombras y Fantasmas #1)

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—A veces me gustaría regresar el tiempo y evitar la muerte de mis padres. Que continuaran dándome clases en la casa —dijo mientras se acomodaba mejor en la silla mecedora.
            Mathias se quedó parado al lado de la puerta.
            —No es tan malo ir al instituto y tener compañeros —intentó animarla.
            Eso no pareció funcionar porque Lissie se levantó de la silla de mala manera.
            —¡Es horrible, Mathias! Es tan horrible que no tienes una idea de lo difícil que está siendo. Lo peor de todo es que no puedo decirle nada a mi hermano.
            Calló por un momento y respiró hondo.
            »Les digo que tengo todo perfectamente manejado. ¡Pero es mentira! Un año ha sido suficiente para mí como para darme cuenta de lo que mis padres intentaron hacer. Me estaban protegiéndome.
            —¿Protegiéndote mientras te dejaban encerrada en estas cuatro paredes? No, Lissie, perdóname, pero no es así. A esto tú no le puedes llamar proteger. Ellos te privaron de muchas cosas. Y ahora simplemente eso está pasándote factura.
            Ella negó y se giró mientras caminaba hasta el balcón de su cuarto. Quería salir, pero el aguacero que estaba cayendo no le iba a permitir ni siquiera abrir la puerta. Sin embargo, solo puso una mano en el cristal.
            —Tengo miedo de que esto solo empeore. De no ser capaz de manejarlo y mi lado psíquico termine saliendo a la luz de forma atroz. Si eso pasa oficialmente estaré en la lista negra de todos en el instituto.
            —No seas tan paranoica. Estas haciendo solo suposiciones —contestó mientras se acercaban a ella y ponía una mano en su hombro.
            Lissie se mordió la lengua. Usualmente se le hacía difícil evitar ese tipo de contacto espontaneo por parte de Mathias. Y él parecía no darse cuenta del efecto que comenzaba a tener su cercanía. A tal extremo que confiaba más en él que en su propia familia en esos momentos.
            —Suposiciones o no estoy segura de que debo comenzar a dejar de culpar al mundo por mis problemas —él le dio un leve apretón en el hombro.
            —Yo creo en ti, Lissie. Si hubiera creído que no serías capaz de entrar al instituto le hubiera sugerido a tu hermano que no permitiera que lo hicieran. Solo hace falta que tú también creas en ti.
            Ella se giró de lado para mirarlo. Él le sonreía y sus ojos verdes se veían más brillantes que las últimas veces. Él estaba feliz y eso le daba curiosidad. Intentó devolverle la sonrisa, Mathias la conocía bien. Ella no podía fingir.
            —¿Seguirías confiando en mi aun si demostró ser una cobarde?
            —Yo seguiría confiando en ti aun si demuestras ser cualquier cosa, Lissie. ¿Quieres bajar a cenar de una vez?
            Ella asintió y esperó a que él se adelantara. Su corazón dio un brinco inoportuno en su pecho. Comenzaba a enamorarse del mejor amigo de su hermano. Muy cliché, ¿no? ¿Eso acaso era prohibido? No, pero cuando se trataba de una clarividente como ella, las cosas cambiaban. Iba a intentar dejar de lado lo que su corazón le estaba diciendo. Por su bien y principalmente por el de él.
****
            Ahora cinco años después ella continuaba pensando en lo difícil que había sido estar con él después de aquello. En la verdadera y única razón por la que no reanudaba esa amistad
            —Es falso —murmuró al verlo en la misma posición de antes. Aquello solo fue otra terrible visión en la que confundía la realidad.
            —¿De qué hablas, Liss? —no estaba entendiendo lo que ella estaba pensando.
            Es que era muy complicado incluso de explicar.
Lo que su mente más deseaba era besarlo. Y claramente él no estaba dispuesto a pasar esa raya. No de nuevo. Por otro lado, estaba esa visión de los recuerdos de Isabel. Ellos habían estado juntos y aunque no estaban juntos, le dolía demasiado saber eso.
—No me iré, me quedare hasta que sea una hora prudente para salir —dijo recapacitando. Con su mente completamente en otro sitio y sintiendo que otra vez se estaba nuevamente equivocando.
 —¿Me discutes porque deseas irte y ahora simplemente estas aceptándolo de la nada? Acabas de irte en trance, ¿Qué rayos acabas de ver que otra vez estas evitando?
Nuestro segundo beso. No puedo permitir que volvamos a caer en esto.
—Otra estupidez. Eso estoy evitando.
—No entiendo porque otra vez siento que estas decidiendo por mí.
            Se alejó de él lo más que pudo. Necesitaba pensar. En ese instante no tenía nada claro. Ni que decir y mucho menos lo que haría.
            »Es momento de comenzar a decidir por mí, Lorens.
            Ella negó despacio. Nunca la llamaba por su apellido.
            —No estas entendiendo nada —susurró a la distancia.
            «Contrólate, Lissie. No sigas llorando» pensó.
            —Tú no eres muy buena explicando las cosas. Eso se acabó. ¿A que le temes? ¿Por qué nos hace esto a ambos?
            —Ahora simplemente me estas echando la culpa.
            —Sabes que no es así. Tú no eres culpable de nada. Ayúdame a comprender.
            —Bien, eso es justo lo que haré —dijo acercándose. Tomó su rostro entre sus manos y lo beso.
            Ese beso era el real. Y ni siquiera fue iniciado por él cómo todas sus visiones decían. Cerró sus ojos y aferró sus manos en su camisa.
            Quería olvidar sus visiones.
            Quería olvidar ese recuerdo de Isabel.
            Mathias tardó en darse cuenta de lo que sucedía. Luego no tardó en pasar el brazo por su hombro y acercarla aún más.
            Fue un beso suave, tranquilizante para ese par que llevaba tiempo quemándose.
            Cuando se separó Mathias clavó su mirada verdosa sobre ella.
            —Mis visiones siempre eran tú iniciando el beso. Tú tomando la delantera sobre algo que me concernía a mí. No sé qué pasara después de esto. Y tampoco sé si me odiaras. Esto es lo que no serías capaz de entender. El hecho de que llevo mucho tiempo teniendo visiones sobre tus besos. Deseando con mucha fuerza ser capaz de hacerlas realidad.
            —Has sido bastante egoísta en no dejar que yo fuera el primero —se burló. Liss sonrió sintiendo un poco más de confianza—. Eso puedo dejarlo en el olvido.
            —¿Y podrás dejar en el olvido el resto de las cosas que han pasado? ¿Podrás dejar en el olvido el hecho de que recientemente te has acostado con Isabel?
            Mathias sintió que perdía aire.
            —¿Cómo sabes eso?
            —Tienes a una amiga muy comunicativa. No importa, tú y yo no estábamos juntos. Aunque, me duele saber que mi hermano esta en medio de esto sin darse cuenta.
            —Isabel nunca me ha interesado de esa forma. Simplemente eso fue un error que no debió pasar. Cuando estás ebrio, te puedes fastidiar.
            —No tienes que darme explicaciones —dijo colocando su mano en su mejilla.
            —Quiero dejar todo atrás.
            —Eso hará las cosas más fáciles —murmuró más para sí misma. Se frotó los ojos y luego bostezó.
            —Debes descansar.
            —Los dos debemos descansar.
            —Lo que dije antes es completamente cierto. Para que te sientas cómoda yo me iré a otra habitación.
            —Lamento todo lo que ha pasado.
            —No es el momento. Descansa Liss —le dio un beso en la frente y salió de la habitación dejándola sola.
            Al verlo salir comenzó a llorar de nuevo. Tenía su corazón latiendo con fuerza y estaba realmente confundida.
            Agotada terminó sumergiéndose en un profundo sueño.
****
            Al día siguiente simplemente no había dormido lo suficiente. Los fuertes truenos terminaron despertándola. El dolor de cabeza que estaba sintiendo era terrible y simplemente tenía la mente dándole demasiadas vueltas.   
            Se levantó de la cama y tuvo que agarrarse de la mesa de noche porque si no caería. Recordaba a la perfección lo que había pasado la noche anterior. No actuaría como si todo hubiera sido producto de su visión. Caminó hasta el tocador y tomó un peine para cepillarse el cabello.
            Una parte de su mente le decía que no pretendiera que las cosas volvieran a ser igual, porque claramente eso no sucedería.
            A veces reconocía que su mente tenía mucha razón.
            Salió del cuarto mucho más refrescada y con la mente en blanco. La camisa a pesar de ser de hombre le quedaba bastante cómoda. Lo único que se vio obligada a repetir fue el pantalón. Tampoco es que esos detalles le preocuparan demasiado. Caminó por el pequeño pasillo mirando los cuadros con interés. Sabía que en los últimos años Mathias había disfrutado mucho de viajar. Se detuvo en seco al llegar a la sala.
            Mathias se encontraba sentado en el suelo con un montón de libros, carpetas y libretas abiertas. Tenía unos lentes negros y una camisa de manga larga color blanca puesta. Se veía tan condenadamente bien que eso la hizo querer darse media vuelta y desaparecer. ¿Pero desaparecer a dónde? Ella no tenía poderes mágicos como para volar hasta la puerta sin que él se diera cuenta. Se quedó con un hombro en la pared viéndolo trabajar.
            Él había sido lo más importante de su vida años atrás. Ahora simplemente se sentía como si no supiera que rol ocupaba en su vida. Temía que su impulsividad fuera a perjudicar aún más la relación.
            Mathias dejó de escribir en la libreta al sentirse observado. Alzó la vista encontrándose a Lissie mirándolo recostada de la pared. Sonrió de lado mientras se levantaba del suelo y caminaba hasta donde ella.
            —¿Has dormido bien? —preguntó guardando la distancia.
            —Alguien no se coló —respondió.
            Era la primera vez en varias semanas que se sentía bien mientras dormía. Kyler no entró a su sueño y eso fue bueno. Aunque, no dudaba de que estuviera planeando algo. Lo que la llevaba a preguntarse, ¿Cómo es que Kyler puede hacer eso? Su cabeza ardió.
            —¿Quieres que te prepare algo de comer? Son casi la una de la tarde, pero eso no importa mucho, ¿cierto?
            Ella negó y sonrió.
            —No sabía que fuera tan tarde. Se siente como si no hubiera logrado descasar lo suficiente. Tú continúa con tu trabajo, yo puedo prepararme la comida.
            Él le hizo poco caso y caminó hasta la cocina. Lissie puso los ojos en blanco y le siguió el paso.
            —Veremos que encontramos aquí.
            —Mientras tú haces mi comida yo llamaré a mi hermano. Puedo adivinar que él sabe en dónde estoy ¿cierto?
            Mathias asintió sin mirarla.
            —Esta mañana le hablé. Me sorprendió que no se molestara.
            —¿Y porque se molestaría? Aun si nosotros nos lleváramos muy mal, él seguiría confiando en ti para mi seguridad. Sabe que no me darías la espalda en los peores momentos.
            Mathias río y dio media vuelta para verla.
            —Tu hermano suele ser un cabezota la mitad de su tiempo.
            —Muy chistosito, realmente tienes razón. Bien, lo llamaré ahora y por tu bien espero que la comida este buena. Mi estómago lo agradecerá.
            Mathias mantuvo su sonrisa aun cuando la vio irse de la cocina. Como amaba a esa chica y cuán difícil era para él mantenerla a su lado.
            Lissie con una sonrisa en su rostro llegó hasta la mesa donde se encontraba el teléfono. Marcó el número de su hermano.
            —¡Lissie Lorens, más te vale que me digas porque has terminado en casa de mi mejor amigo! —ella dio un brinco por el susto que le dio escuchar a su hermano hablar así, luego comenzó a reír.
            —El papel de hermano celoso y sobreprotector dejó de quedarte hace mucho, Esteban Lorens. Sabes que odio que utilices el apellido.
            —Ha sido entretenido —contestó bromista—. Estoy muy aburrido en esta casa. Peter y Edward han sido buena compañía. A Edward se le quedó el carro sin gasolina y prefirió pasar la tormenta en mi casa. A Peter no le quedó más remedio porque vino con él. Te envían saludos.
            Lissie no paraba de reír y se sentó en el borde del sillón con el teléfono en mano.
            —Ustedes tres son un maldito caso perdido. Aun así, los adoro.
            —Ni que lo dudes, hermanita pequeña. Ahora dime con sinceridad, ¿Qué paso ayer para que terminaras con Mathias en su casa? —preguntó Esteban alejándose de sus amigos. Se metió a la cocina.
            —Si ya hablaste con él se supone que sepas.
—Quiero escucharlo de ti. Eso es todo.
—No pasó nada de lo que debas preocuparte. Ayer no me sentía nada bien después de terminar la sesión en tu oficina. Al salir Mathias se encontraba afuera. Él vio cuando estuve a punto de desmayarme. Así que me llevó a su casa y me quede dormida. El resto pues supongo que lo sabes.
            —Liss, sabes que eres mi hermana y te amo con todo mi corazón. Me preocupas.
            Ella miró el suelo y soltó un suspiro.
            —No quiero preocuparte. Yo solo necesito un poco más de descanso y estaré bien. Lo prometo.
            —Me gustaría que solo confiaras más en mí. Debiste decirme que estabas mal.
            —Sé que debí hacerlo. Pero odio preocuparte.
—Hermanita, hay otra cosa que me preocupa. Sabes que Mathias es mi mejor amigo. Y también sabes que él te ama y es algo que nunca se ha esforzado en ocultar.
Ella respiró hondo.
—Créeme que lo sé.
            —No importa cuánto te empeñes en alejarlo y mentirle. No importa lo que hagas, él siempre te amara. Siempre buscara la forma de protegerte. No hagas nada que los ponga en una situación incómoda.
            Lissie cerró sus ojos con fuerzas.
            —Estoy intentando manejar la situación lo mejor que puedo. No quiero hacernos más daño. Simplemente… no sé qué esperar de esto. Los dos hemos cambiado mucho —admitió en voz baja.
            —Mi princesa de los fantasmas. Todos cambian con el pasado del tiempo y ustedes dos no son los mismos de hace casi seis años. Recuerda solo una cosa, el pasado debe quedarse en otra página.
            —Te amo mucho, hermano mayor.
            —Solo recuerda quienes son las personas que te aman y que siempre estarán a tu lado.
            —Lo tendré muy presente. Y por favor, no hagan desmadres en la casa.
            —No prometo nada.
            Lissie terminó la llamada y se llevó el teléfono a su pecho. Su hermano siempre encontraba las palabras correctas que la hacían pensar.
            —La comida esta lista —gritó Mathias. Ella colocó el teléfono en su sitio y respiró hondo antes de ir hasta la cocina.
****
            La comida estaba realmente deliciosa deliciosa.
            Mientras Mathias regresaba a trabajar ella se quedó comiendo en silencio. Sumergida en sus pensamientos. Su hermano había dicho gran parte de la verdad. No podía dejar de sentir temor. No sobre el pasado, sino sobre el futuro. Los dos habían cambiado tanto y ahora simplemente comenzar desde ese punto lo veía poco posible. Al terminar de comer lavó los platos y todos los trastes. Luego se secó las manos y caminó hasta la sala.
            —Tenemos que hablar —comenzó diciendo mientras controlaba su tono de voz. Estaba nerviosa.
            —Eso es cierto —respondió dejando de lado su trabajo.
            Ella pasó por su lado y se sentó en el gran sofá blanco.
            —Anoche pasaron muchas cosas que nos dejaron en una situación complicada. Creo que lo mejor para los dos es hablarlo ahora. Y no actuar como adolescentes.
            —Yo también lo pienso. Aunque solo estaba dispuesto a hacer lo que tu decidas.
            —¿Por qué sigues luchando por mí a pesar de lo mala que he sido durante todo este tiempo?
            Mathias se metió ambas manos en los bolsillos.
            —Porque eres la única capaz de hacer que mi corazón lata con fuerza y de que pierda toda la cabeza.  
            —No soy la chica más simpática del planeta con nadie. Suelo ser igual de fría que un tempano de hielo. Después de las seis de la tarde mis energías están por los suelos. Ha sido más el tiempo que te he lastimado, que el que te hice feliz ¿Cómo puedes amarme de todas formas?
            Él se acercó aún más a ella.
            —¿Por qué me amas tu a mí entonces? —preguntó—. Nunca mostré indicios de querer dar un paso adelante en la relación. Siempre intente mantenerte en la zona de amigos por respeto a mi mejor amigo. ¿Por qué me amaste en ese momento? Si nunca hice nada para que ese amor creciera. Parecía que no importaba lo que hiciera siempre me amarías cada vez más.
            —No es lo mismo —intentó justificarse.
            —¿No lo es? Yo sinceramente no veo la diferencia.
            Ella se levantó del sillón para pararse frente a él y sostenerle la mirada.
            —Te amé simplemente porque era lo que mi corazón dictaba. Por más que te alejaras en su momento, no me importaba. Porque eso no cambiaba lo que yo sentía, en lo que en mi crecía. Continúe amándote con más fuerzas aun cuando tenía mucho miedo. Fuiste amable conmigo desde el primer momento. Siendo de las pocas personas que no me miraban extraño. Que no me utilizaban para su beneficio.
            »¿Cómo no iba amarte? Tú hacías todo lo que me hacía enamorarme de ti.
            Mathias sonrió de lado. Estiró su mano para que Lissie la tomara. Ella lo dudo por unos instantes. Luego terminó tomando su mano.
            —Te amé desde aquel instante en que mis ojos se cruzaron con los tuyos y vi una chica completamente asustada, frustrada y sola. Tu vida había dado un cambio y necesitabas a alguien que te alentara a seguir adelante. Esteban estaba entrando en un estado que no sería de mucha ayuda.
»Te comencé amar en aquel instante en que sin darte cuenta me hacías sonreír. No podía estar a tu lado sin pensar que algo malo podía pasar. Las novelas clichés, las películas románticas y en todas las series siempre mostraban este tipo de relaciones como las más problemáticas, tenía miedo de que algo terminara mal. 
            »Luego ese miedo comenzó a perder sentido en el instante en que tú decidiste cruzar la línea y besarme aquella tarde lluviosa frente a la puerta de tu casa. Supe que ya nada volvería a ser como antes y que mi corazón ya había sido entregado a la persona correcta. Porque tú eres esa persona correcta. Jamás he sentido miedo sobre tu linaje, Lissie.
            Cada una de sus palabras la hacía sentir confusa, nerviosa. Mathias era increíble y siempre decía cosas que hacían que sus muslos temblaran.
            »Que seas clarividente no te hace menos persona. No tengo miedo de que escuches mis pensamientos o veas mi futuro. De lo único que tengo miedo es de que continúes dejándome, botándome de tu vida y de que pisotees mi corazón. Cuando terminamos una parte de mí se rompió por completo. Cuando te vi marcharte del país, el miedo creció en mi interior. ¿Conocería a una nueva persona? ¿Me dejarías de amar? Muchas preguntas se instalaban en mi cabeza.
            Se detuvo al verla llorar. Se acerco y tomó su rostro y limpio sus mejillas.
            —¿En qué piensas?
            —Duele tanto esto.
            Besó su mejilla.
            —Fingí que no me importaba que hablaran de ti. Le dije a Esteban que te superaría. Y de que estaría bien aun si nos volvíamos a ver. De todas formas, no funciono mis esfuerzos. Comencé a dejar de ir a tu casa para no verte, dejé de frecuentar los lugares que convertimos en nuestros. Ver por casualidad alguna imagen tuya hacía que mi corazón y todo mi cuerpo te anhelara con fuerza.
            Lissie no quería continuar llorando. Iba a terminar seca si continuaba así. Esas palabras eran demasiado hermosas. Se clavaron poco a poco como agujas en su corazón. Adentrándose con fuerza en este.
            —Ese es mi mayor miedo. Lastimar tu corazón es lo que más me asusta hacer. Porque tú no te lo mereces.
            —Pues entonces no sigas dejándome de lado, Lissie. No sigas alejándome de tu vida. No estoy seguro si soportare que vuelvas a ponerme la ley de hielo. No tienes ni una idea de lo difícil que ha sido para mí estos años.
            —¿Y crees que para mí ha sido fácil? Dios, yo llevaba teniendo pesadillas de futuros posibles si te mantenía lejos de mí. Mi mayor temor se estaba volviendo mi peor pesadilla. Después de lo que paso, yo simplemente tenía miedo de que quisieras no estar conmigo. De que me rechazaras. Así que tomé la decisión de dejarte, porque pensé que sería mucho más fácil si pretendía que no me importabas.
            »Claramente las cosas no terminaron bien. Estos años han sido demasiado horribles. Quería creer que estabas bien y que yo lo estaría. No estoy bien, no he superado el pasado y no sé si eso lo lograre hacer. Ahora te puedo decir, que te amo y que nunca he dejado de hacerlo y que deseo con todas mis fuerzas que este dolor que siento desaparezca. Que no regrese.
            No pudo continuar porque las lágrimas ya habían llegado nuevamente. Se llevó ambas manos para tapar su rostro. Dolía demasiado tener sus sentimientos tan destruidos. Dolía el saber que ella se había sincerado sin proponerlo. Iba a decirle que se iría y que no quería que lo que sucedió volviera a pasar otra vez. ¿Para que serviría hacerlo? Estaba siendo obvio que dejarlo pasar no había funcionado.
            Mathias tenía todos sus pensamientos al máximo. Se acercó a ella y la abrazo, pegándola a su cuerpo y dejándola llorar. Sin decir ni una palabra ella obtuvo lo que necesitaba.
            —No puedo dejar de tener miedo. Y ahora con Kyler Wills en el pueblo, tengo mucho miedo de que te pase algo a ti o a mi familia.
            —En estos momentos lo último que me importa es la llegada de ese hombre. Quiero que sepas que si me permites, quiero que lo intentemos nuevamente, Lissie. Déjame estar a tu lado. Lo que paso lo superaremos, juntos.
            —Después de lo perra que he sido ¿quieres continuar luchando por lo que puede estar perdido?
            —¿Lo que está perdido? Mi vida, acabaste de decirme que me amas. Yo ya te dije que te amo. No hay nada perdido cuando dos personas se aman.
            Lissie tenía la vista borrosa por las lágrimas. Al menos su mente se sentía clara. Alzó sus manos colocando cada una en las mejillas de él.
            —Si nos damos una oportunidad y resultara que no funciona ¿me lo dirías?
            Mathias asintió y colocó sus manos sobre las de ella.
            —Te lo prometo, Lissie. Te prometo que hare lo que me pidas.
            Ella cerró sus ojos asintiendo.
            —Hemos cambiado muchísimo. La imagen que podemos tener podría ser errónea. Lo tienes claro, ¿verdad?
            —Eso es algo que también lo sé.
—Me gustaría decirte que comencemos siendo novios y lo retomemos en donde lo dejamos. Sin embargo, no estaría bien si lo hacemos de esa forma. Necesitamos volver a conocernos. Solo así lograremos ser la pareja estable de aquella vez.
            —¿Qué es lo que propones?
            Ella sonrió de lado.
—Solo quiero y deseo que comencemos de cero de verdad. Quiero que tengamos esa etapa de citas. Donde todavía no somos nada. Descubrir todo de ti y que tú puedas conocer a la nueva yo. Ya no soy esa niña, Mathias. Y no quiero que me veas con esa imagen. Me gustaría que lo intentemos de este modo.
—Propones que seamos solo amigos que están en etapa de citas.
            —Exactamente. ¡Oye! No será tan difícil. Ya cuando sea el momento correcto de ser novios tú lo sabrás y espero que me sorprendas aún más. Deberás esforzarte para que vuelvas a conquistarme.
            —Oh, ¿me estas retando?
            Ella rio divertida.
            —Sí, eso es justo lo que hago.
            Mathias tomo sus manos y las entrelazo.
            —Cuentas con mi palabra. Ya verás que te sorprenderé.
            Ella sonrió sintiendo por primera vez en años, como su corazón latía de felicidad. Poco a poco fue acortando la distancia que los separaba.
            —Aunque a pesar de que seremos solo dos amigos en etapa de citas. Quiero que no me prives de tus besos. Mi mente lleva jugándomela desde hace mucho. Debo aprovechar los momentos para que no vuelva a pasar.
            Mathias rio y envolvió sus labios. Complaciendo a su futura chica.
            Liss sintió electricidad corriendo por sus piernas hasta colarse en su pecho. Sintiendo como dos almas volvían a encontrarse.
            Quizás era una locura haberle dicho que solo serían dos amigos en etapa de conocerse. Su corazón le dictaba que era lo correcto y ella no era quien para llevarle la contraria.
Se dejó llevar por el momento.

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