8. Ellos

Obscuridad (Sombras y Fantasmas #1)

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            Lissie escondió la mirada en el libro mientras escuchaba a Stacy y a Brad discutir por una tontería. Al menos no estaban acosándola de nuevo.
            Se habían enterado de que había tenido que estar dos días en el apartamento de Mathias, debido a las fuertes lluvias. Era raro que no hubieran preguntado directamente lo que paso y era mejor así.
            Una parte de ella estaba demasiado nerviosa con lo que se avecinaba. Había decidido que se darían una nueva oportunidad. Le propuso que tuvieran citas, conocerse y ver que les deparaba el futuro.
            Su corazón y su mente estaban de acuerdo en algo: ambos no se conocen completamente. Los dos habían cambiado durante esos años y era fácil para ella darse cuenta. A pesar de lo mucho que se amaban, debían ser sinceros con sus corazones. Amaban a la persona que conocieron seis años atrás.
Era momento de conocer a los actuales y descubrir si ese amor es capaz de seguir intacto.  
            No lo culparía si él se desencantaba de ella.
            —¿De verdad no piensas decirnos nada de forma voluntaria? —preguntó Stacy.
            —Yo pensé que lo habían olvidado. —contestó sin mirarla.
            —Eso suena bastante tonto. Solo esperábamos que lo dijeras tú. —respondió ella.
            Brad llevaba consigo tres vasos llenos de Coca-Cola.
            —Solo respóndeme una cosa, Lissie —dijo Brad pasándole uno de los vasos.
            —Solo una cosa, de acuerdo.
            —¿Estas segura de tu decisión? Porque no puedes dejarte llevar siempre por tus instintos.
            Lissie cerró el libro y sin mirarlo respondió.
            —Sé que es lo mejor para los dos. Es necesario pasar por eso.
            —De acuerdo, eso es todo lo que deseaba saber.
            —¡Pero yo quiero escuchar más! —se quejó Stacy.
            —Amor, tampoco debemos presionar a nuestra amiga. Algunas cosas deben mantenerse en privado, ¿sabías?
            Stacy lo golpeo en la cabeza.
            —Yo no entiendo porque no son novios —volvió a quejarse.
            Lissie sonrió de lado sacudiendo la cabeza.
            —Stay, llevamos separados muchos años. No es fácil recuperar la confianza de todo este tiempo perdido. Nos hicimos mucho daño y sería ilógico ser pareja de alguien a quien no conozco al cien por cien —respondió Lissie esperando hacerla comprender.
            —Estas de broma, ¿verdad? —preguntó la chica y Liss terminó por tomarse todo su vaso.
            —Estoy diciendo lo que pienso. Nosotros cambiamos. Quiero darnos la oportunidad de volvernos a enamorar como antes. Quiero estar completamente segura de que quiero que esta relación funcione. Porque siendo sincera, una parte de mi tiene miedo de que todo este marchitado.
            —Cariño, Issie tiene mucha razón. Fueron muchos años separados. Llenos de mentiras y rencor. No es fácil recuperar la confianza. Ambos lo sabemos. Ellos se están aferrando a un amor antiguo y necesitan ver si ese amor puede fortalecerse. No la presionemos. —terminó diciendo Brad. Lissie amaba a su mejor amigo justo por eso. Siempre era capaz de analizar todo y dar los mejores consejos.
            Stacy asintió y tomó la mano libre de su amiga.
            —Lo siento, amiga, mi parte loca desea con todo su corazón de que seas feliz con Mathias.
            —No te preocupes. Yo sé que todos esperan a que volvamos a ser pareja. Eso no es tan fácil.   
            —No te culpes de lo que paso en el pasado. ¿De acuerdo? —dijo Brad. Liss asintió.
            —De todas formas, no puedo dejar de evocar ese pasado que no permite que mi presente sea feliz.
            —¿Comemos de una vez? —preguntó Stacy cambiando de tema.
            Sabía que estaban tocando arenas revueltas con Lissie. Y no quería ver a su amiga triste de nuevo.
****
            Lissie terminó de limpiar la última estatuilla de cristal cuando el timbre de su estudio comenzó a sonar insistentemente. Con las cejas arrugadas se acercó hasta su puerta. Miró por el hueco de la puerta y se mordió la lengua al ver a Kyler. Debía mostrarse tranquila. De lo contrario Wills aprovecharía el momento.
            Al abrir la puerta encontró al hombre con una sonrisa en su rostro.
            —Nos volvemos a ver, Lorens.
            —Y no por gusto —respondió ella de mala forma. 
            —¿Me permites pasar?
            —Claramente no tengo otra opción. —dijo echándose a un lado y dejando que Kyler entrara a su apartamento.
            —Hierbas buenas y menta. Se nota que no pierdes el tiempo en este lugar —fue lo primero que dijo Kyler una vez dentro del apartamento.
            —¿No deberías estar cuidando tu hotel de forasteros? Estas perdiendo el tiempo en mi pueblo.
            —Créeme que dejé mi territorio muy bien cuidado. Al parecer tú también cuidas el tuyo excelentemente —respondió cuidadoso.
            —Debo hacerlo. Así evito que personas como tú quieran indagar más de la cuenta.
            Kyler no la miraba, tenía sus ojos puestos en el estante que tenía la colección de estatuas de cristal.
            —No las vendo y no puedes tocarla. Que te quede claro.
            Él asintió y volvió a verla a ella. Lissie tenía una coleta que le dejaba el pelo desordenado. Tenía puesto unos leggins negros que se adherían muy bien a sus piernas y una camisa de manga larga ancha que llegaba a mitad de sus muslos. Ella era increíblemente hermosa.
            «Es solo un trabajo. No puedes verla de esa forma.» pensó mientras la observaba.
            Lissie se inquietó al ver la mirada poco disimulada sobre su cuerpo. Se dio media vuelta y fue hasta el salón donde atendía a la mayoría de los clientes. Kyler la siguió con la mirada.
            —¿Puedes deducir porque estoy aquí? —preguntó curioso.
            —Para incordiarme, por supuesto —contestó ella con una sonrisilla y sentándose en su cómodo sillón.
            Señaló el sillón que estaba al otro lado de la pequeña mesa del salón—. Puedes tomar asiento o puedes continuar parado, no pondré peros.
            —Lissie, por primera vez no vengo a fastidiarte. Aunque no me creas.
            —¿En serio? Porque lamento decirte que no te creo nada. ¿Exactamente qué esperas de mí? No tengo nada que ofrecerte.
            —¿Estas verdaderamente segura de eso? —preguntó acercándose.
            Lissie sonrió con burla y se acomodó en su sillón.
            —Hoy más que nunca.
            —Estas tan equivocada. Mientras más huyes, ellos más se acercan. ¿No te das cuenta? Yo solo quería brindarte una opción para protegerte y me la has negado. De hecho, ni siquiera me diste la oportunidad de decírtela en el hotel. Rápidamente interpretaste lo peor de mí.
            Lissie se acomodo en el sofá mirándolo sorprendida.
            —¿Ellos? No sé de qué rayos estás hablando. ¿Qué es eso y que tiene que ver con esto?
            —¿Crees que soy la única persona interesada en ti? Porque si lo crees así, estas muy lejos de la realidad. Muchos te han visto en sueños. No tienes ni la más remota idea de lo que ellos son capaces de hacerte.
            No estaba entendiendo nada y su rostro así lo reflejo. Kyler tuvo por un leve segundo el pensamiento fugaz de que quizás Lissie no sabía de quienes estaba hablando. Que no sabía nada de todo lo que el linaje de los clarividentes escondía.
            «Es imposible» pensó.
            —¿Sabes? No me importa lo que estás diciendo. No creo en tus palabras. Puede que esto solo sea una más de tus estrategias. Eres un excelente estratega.
            Ella se levantó intentando ocultar los nervios que estaban creciendo. No podía permitir que la intimidara y mucho menos en su propia casa.
            —Si sigues luchando contra mí, solo quedaras agotada. Debes guardar energías para los verdaderos enemigos —dijo Kyler con tono serio. Lissie se sintió verdaderamente intimidada por primera vez. El escalofrió la invadió.
            »¿Cómo lo haces? ¿Cómo haces para que nadie sea capaz de leer tu mente? Esta capacidad tuya es la que hace que te vuelvas demasiado interesante para ellos. Tú no eres como cualquier clarividente. Lo triste es que no te das cuenta de lo que puedes llegar a hacer si conocieras mas sobre nuestros dones.
            De un manotazo ella quito la mano que él había puesto en su mejilla. Le señaló la puerta.
            —Vete Kyler, ya perdí mucho tiempo contigo. Sabrás que esta será la última vez que te dejo pasar a mi apartamento. Aléjate de mí y de los míos. Si no quieres tener verdaderos problemas con el destino.
            —Es una pena que seas incapaz de escucharme —dijo Kyler mientras se alejaba—. Comenzaba a pensar distinto.
            «Pero si tú eres incapaz de realmente insistir para que te escuchen» pensó ella cruzándose de brazos. Kyler tenía una actitud muy extraña en ese momento. No estaba segura de lo que estaba insinuando y ella no tenía cabeza para ponerse a debatir.
            —Sigue soñando con lo que sea que sueñas —espetó.
            Cuando Kyler abrió la puerta se encontró con Mathias. Lo miró con sonrisa burlona.
            —Tienes visita, Lissie.
            Lissie salió al pasillo para encontrarse con Mathias.
            —Y tú ya te ibas.
            —Solo recuerda que te lo advertí. Que no te sorprenda lo que está a punto de pasar —advirtió mientras pasaba por el lado de Mathias, ignorándolo.
            Lissie abrazó a Mathias y solo allí fue capaz de darse cuenta de que había estado reteniendo el aire. Mathias la sintió temblar.
            —¿Qué quería ese hombre ahora?
            —Realmente no sé lo que quería. Hoy no vino en plan amenazante, sino a advertirme de que había personas, además de él, persiguiéndome.
            —Lissie, ¿no crees que deberías buscar ayuda?
            —No, yo no quiero tener que lidiar con el resto. ¿Qué sentido tendría? Kyler no ha pasado la raya. Al menos no todavía.
            —¿Es eso lo que estas esperando, que pase una tragedia? —preguntó él molesto.
            Liss negó de inmediato. Sintiéndose verdaderamente agotada.
            —¡Claro que no espero a que pase eso! Es solo que… —no pudo terminar de hablar se alejó de él y fue hasta cocina. Tomando una botella de agua de la nevera.
            —Él no juega y tú no has estado en tu mejor época. Creo que él lo sabía incluso desde antes.
            Se acercó hasta ella y la rodeo por la cintura acercándola nuevamente a él.
            —No va a descansar hasta obtener lo que desea. Eso es lo único que tengo claro.
            —¿Qué se supone que debamos hacer entonces?
            —Por ahora lo mejor es dejar las cosas como están. Solo no me sueltes. No ahora.
            Mathias sonrió y la rodeo por completo. Ella se aferró a él sintiendo miedo de que Kyler supiera que Mathias era su talón de Aquiles.
            Tenía que mantenerlo fuera de todo eso. A Mathias, a su hermano e incluso a los chicos. ¿Cómo le haría?
****
            Kyler entró al bar del hotel y terminó por sentarse en la barra. Mientras  le preparaban el trago no dejo de pensar en la chica pelirroja que lo traía de cabeza. ¿Sería posible que ella no supiera la verdad? No podía creerlo realmente. Todos sabían sobre ellos. Era imposible que Lissie no supiera sobre esa organización.
Lissie podía ser considerada como la reina de todos los clarividentes. Ella tenía una gran habilidad. Muchas veces había intentado penetrar su mente sin éxito. ¿Cómo era posible que él, siendo uno de los clarividentes más fuertes de la última generación, no pudiera leer tan siquiera la mente de esa chica?
            Tenía que volver a meterse en sus sueños. Quizás ella revelara más de la cuenta. Además, si de verdad estaba con ese abogado, no andaría muy concentrada en el trabajo, ¿cierto?
            Se tomó el trago de una sentada y pidió otro. Escuchó como nuevamente el agua hacia de las suyas. Sonrió, la lluvia era lo mejor que podía pasarle a los clarividentes. Su celular sonó y no vio quien era, simplemente contesto con rapidez.
            —Wills, ¿te sorprende mi llamada? —preguntó una voz que no era capaz de pasar desapercibida. Su sonrisa se ensancho aún más dando otro trago.
            —Vaya, no esperaba tener este gran honor.
            —No te hagas ilusiones —espetó ella con rabia.
            —Cielos, rompes mi corazón de una forma muy atroz cuando me hablas en ese tono.
            —Deja de comportarte como un imbécil. Oh, espera, es que naciste siendo imbécil, que pena. No podrás dejar de serlo nunca.
            —¿Por qué estas llamándome? Parece que lo haces ha escondida.
            Lissie apretó la mandíbula. Miró hacia un lado y vio a Mathias completamente dormido. La lluvia había comenzado a ser cada vez más fuerte. Lo que le impedía salir para su casa. Ella no había dejado de pensar en las palabras de Kyler. Sobre ellos, quería saber exactamente quienes eran y por qué parecía que él no estaba de su lado. Había demasiado escondido y estaba perdida.
            —Dijiste algo sobre otras personas…
            —Oh, ellos. Esos otros que están pendientes de tu lindo trasero. No espera —se calló y eso la puso más inquieta—. El único pendiente a tu lindo trasero soy yo. Esos otros solo le interesan tus habilidades.
            Ella apretó el celular con fuerza.
            —Por una vez te pido que hablemos con seriedad. ¿Es difícil para ti? Es la primera vez que escucho sobre ellos. ¿Quiénes son? Solo quiero saber eso. 
            Kyler le hizo señas al barman. No iba a fingir que no le alegraba saber que Lissie lo estaba llamando por ayuda. Su ayuda, eso debía disfrutarlo lentamente. Le dejaría saber solo la mitad de la historia.
            —Escúchame. Tú no has sido tan amable como para que yo realmente te de esa información —dejo en claro Kyler—. Solo diré que es una organización que se compone de mitad clarividente, mitad familiares. Es una organización pequeña, pero muy fuerte y con grandes influencias. Estas personas saben mucho sobre todos los nuevos y tienen un plan que están llevando a cabo justo ahora.
            —Tú sabes mucho más de lo que me dirás, ¿cierto? Kyler, por favor. Yo necesito saber porque me quieren a mí. Si lo sabes, dímelo. —contestó recordando la conversación en el hotel.
            Él apretó la mano alrededor del vaso. Su mirada era gélida. El barman lo miró de reojo preguntándose si debería poner en alerta a los de seguridad. El hombre no se veía nada bien.
            —Te quieren para demasiadas cosas. En su mayoría cosas ilegales. Ver el futuro de personas específicas, ser capaz de meterte a lugares de forma ilegal entre otras cosas. Ya te lo dije, eres diferente y ellos lo saben. Es triste que tú no seas capaz de darte cuenta.
            —Me siento muy confundida —se quejó Lissie pegando su frente sobre la ventana. No sabía que hacer o que pensar.
            Kyler sonrió aún más y le dijo al barman que le sirviera otro trago.
            —¿Te confundo en el sentido que estoy pensando?
            Lissie se golpeó la frente. No había forma de tener una conversación seria.  
            —Céntrate de una jodida vez. No me interesa escuchar tus fantasías sexuales sobre mí.
            Por primera vez sonrió mientras relajaba la mirada.
            —Todavía no he tenido ninguna fantasía contigo. Ahora que lo dices, sería muy bueno tenerla. Escúchame, cada clarividente tiene habilidades que desconoce durante toda su vida. Ellos se encargan de encontrar a estas personas con habilidades tremendas. Para estas personas, los clarividentes con múltiples habilidades son fenómenos. Y lo peor es cuando ellos saben tu habilidad mucho antes. Pone en peligro toda tu vida y existencia. Los cuervos te expiaran, te perseguirán y te mutilaran. Yo podría ayudarte a trabajar con eso. Aunque debes saber que no te ayudare de gratis.
            —Era de esperarse, tú eres incapaz de ser buena persona.
            —No pido mucho tampoco.
            —¿Qué es lo que pides a cambio?
            Kyler se tomó todo su vaso de licor y carraspeo antes de responder.
            —Una cita conmigo. Solos tú y yo. Eso es todo. Ni siquiera estoy pidiéndote tener sexo. Tú no eres de ese tipo y yo tampoco. Aunque no te sorprendas.
            —Llamarte fue una pérdida de tiempo —dijo fastidiada.
            —Si lo vemos de forma clara, no pido mucho tampoco. Te dejo a que decidas.
            —Eres un idiota y un egoísta. No eres capaz de ayudar de gratis. Llegas a desestabilizar mi mundo y luego finges ser el bueno.  
            —Te dejare pensar lo que desees. ¿Has terminado?
            —Por supuesto que si —dijo ella terminando la llamada. La respiración había comenzado a ser irregular. Debía calmarse de una vez.
            Kyler no le ayudaría sin recibir nada a cambio. Tendría ella que buscar por sus propios medios y averiguar lo que él se negaba a decirle. Tenía que averiguar los nombres de esas personas.
Una cita con Kyler, ni estando loca. Aunque no era mucho, tenía en claro que Kyler tenía armas de temer.
            Volvió a la cama con el sentimiento de que había cometido un error en llamarlo.
****
Stacy se encontraba limpiando las mesas del restaurante cuando vio entrar a una rubia llamativa. Ella sentía cierta aspereza hacia las rubias desde que una intento conquistar a su novio. Desde entonces, todas las rubias para ella eran iguales de zorras y con muy poca inteligencia.
            «Vaya perra estúpida» pensó mientras recordaba el pasado.
            —Hola, ¿se encuentra abierto el lugar? —preguntó la chica mirando todo como si no le gustara en lo más mínimo. Ese gesto la hizo enfadarse un poco y Stacy era poco tolerante.
            —El letrero dice “Abierto” —respondió con el mismo tono.
            La rubia arrugó el entrecejo, aunque no tuvo tiempo a contestar. Mathias Lorrinson estaba entrando al restaurante y terminó por acercarse a ellas. A la rubia se le terminó iluminando el rostro y ese gesto no pasó desapercibido ante Stacy.
            —Vaya, no me esperaba verte por mis aposentos, Lorrinson —dijo como si no le fuera extraño encontrarlo en su restaurante con otra chica que claramente era una lanzada.
            Mathias sin darse cuenta de la mirada extraña e interrogante de Stacy, le sonrió.
            —Sabes que me gusta mucho comer aquí. Espero que no sea muy temprano para ordenar el almuerzo. Me comentaron que han cambiado un poco el horario.
            Stacy se sintió verdaderamente indignada. Se cruzó de brazos y fingió que nada estaba pasando.
            —Por supuesto que no hay ningún problema —contestó—. Pueden tomar asiento en donde gusten. Los menús están en la mesa, en un momento pasare a tomar la orden.
            Mathias asintió y se dio vuelta para buscar asiento. Stacy fue casi corriendo a la cocina. El chef la miró interrogante.
            —Se puede saber que te sucede. Parece como si hubieras visto un muerto.
            —¿Debería decirle a mi mejor amiga que acabo de ver a su casi novio con una chica rubia que se lo está comiendo entero con solo verlo? —le preguntó ella.
            —No estoy seguro. ¿Está él haciendo algo malo?
            —Está comiendo con una chica que se lo está comiendo con los ojos. ¿Eso cuenta cómo malo?
            El chef sabía la manía que Stacy tenía contra todas las rubias. ¿Podía él simplemente llevarle la contraria a la persona que le paga? No lo creía.
            —Quizás deberías llamarla de forma casual y mencionarlo. Tampoco es para que formes un drama. Recuerda que ella puede ser solo una compañera de trabajo.
            —Una compañera de trabajo que se lo está comiendo con solo verlo —volvió a decir. Como si ese detalle fuera realmente importante. El chef negó con una media sonrisa volviendo a su trabajo. Ignorando que su jefa estuviera realmente desesperada.
            Stacy tomó su celular y le envió un mensaje de texto a su amiga.
 
            Liss:
 
            Hola a mi segunda persona favorita del universo. Sé que no debo estar haciendo drama por esto, pero ¡Es una emergencia! O sea, ¡se lo está comiendo con los ojos! Tu amor eterno está en mi terreno con una rubia bonita que ¡se lo está comiendo con los ojos! Bueno, no es para alarmarse y ella tampoco es bonita. Se atrevió a mirar con forma despectiva mi restaurante. Bien, solo quería que lo supieras. Besosquis.
 
            —Eso es un testamento —se burló el chef—. Pensé que sería solo un mensaje corto.
            Stacy le dio una mirada criptica y volvió a guardar su celular.
            —Voy a pedirles la orden en este instante.
            Salió de la cocina con una sonrisa en su rostro y se acercó a la mesa en la que Mathias estaba muy centrado en el menú y la chica seguía mirándolo.
            —Hola de nuevo, vengo a revisar si ya decidieron que irán a comer.
            Mathias le dio una mirada rápida a Isabel.
            —Ya sabes lo que pedirás.
            Isabel miró a la mesera y cerró el menú con cuidado. Había algo en esa chica que no le daba la confianza como para continuar en el lugar. No podía pedirle a Mathias que se fueran. Al fin había aceptado acompañarla a almorzar y fue él quien decidió el lugar.
            —Yo comeré lo mismo de siempre —dijo Mathias volviendo a poner el menú sobre la mesa.
            —Yo todavía no sé qué ordenar. ¿Me dices que es lo mejor de este lugar, Mathias?
            Stacy quiso vomitar al verla hacerle ojitos.
            —Toda la comida del menú es excelente.
            Isabel no quería obtener solo esa respuesta. Estiro su mano colocándola encima de la de él. Stacy mordió su lengua. «Que confianzuda» no pudo evitar pensar.
            —Prefiero que seas más específico.
            El celular de ella comenzó a sonar interrumpiendo el momento. Mathias retiró su mano de forma inmediata. Stacy sacó su celular y vio el nombre de su amiga. Con una sonrisa contesto como si nada.
            —¿Y esa sorpresa de llamarme en mis horas de trabajo? —dijo en voz alta. Asegurándose de que Mathias la escuchara.
            —Acabas de dejarme un mensaje monumental en el celular. Así que está almorzando con Isabel, ¿cierto? Así se llama la chica rubia.
            —Pues estas en lo cierto, querida clarividente.
            Mathias se tensó mientras veía sus manos. No era sordo y la personalidad de Stacy siempre había sido desbordante y dramática. No le sorprendía saber que le había dicho.
            —Estas atendiéndolo. Termina de hacerlo.
            Isabel estaba confundida con la actitud de la mesera. Nuevamente no le gustaba nada estar allí. Escuchó claramente que ella dijo algo sobre una clarividente. En el pueblo solo conocía a una y no se llevaban nada bien. Sus planes se irían por la borda con rapidez. Sin siquiera haberlos ejecutados.
            —Puedo ofrecerle el especial de la casa, es de los mejores. ¿Cierto, Mathias?
            El chico asintió sin verla.
            —Entonces sería bueno que me apuntaras ese.
            —Por supuesto. Pronto vendré con las comidas.
            Dejó el papel al lado del chef y volvió atender la llamada.
            —Esa chica no deja de mirarme como si yo supiera algo —comenzó diciendo Stacy.
            —Es una perra que está interesada en Mathias y encima utiliza a mi hermano. Porque sabe que él está interesado en ella. Tiene todas las de sospechar —contestó Lissie mirando de reojo por la puerta. Tenía a un cliente en transición.
            —¿Quieres que le haga algo?
            —No, por mí es suficiente que Mathias sospeche que yo fui la que llame.
            —Se nota el interés de esa perra. Se lo está comiendo —dijo Stacy mientras veía por la ventanilla.
            —El problema está en que Mathias es demasiado ciego como para ver que hay muchísimas chicas que están interesadas en él. Yo no puedo estar diciéndole todo el tiempo quien está o no interesado. Además, y no grites… pero ellos tuvieron sexo no hace tanto.
            —¡Queee! Debo hacer algo Liss. No puedo permitir que sigan comiendo.
—No exageres.
—Está bien, voy a estar pendiente de que esa mujer no haga nada estúpido. ¿Por qué será que tu hermano siempre se interesa en las mujeres equivocadas? —preguntó frustrada Stacy.
            Adoraba a Esteban como si fuera su propio hermano. Ella es hija única por lo que Lissie y Esteban se convirtieron en su familia. Le dolía saber que ese chico siempre se interesaba en las mujeres incorrectas. Las que pisoteaban su corazón sin piedad.
            —Porque su hermana tiene una política que la está matando. Créeme que yo más que nadie deseo ver su futuro y saber si de una buena vez estará con alguien que valga la pena de verdad.
            —Deberías hacerlo pronto. No vaya a ser que el muy tonto cometa un terrible error.
            Lissie entró a la habitación donde estaba su cliente y cerró la puerta.
            —Créeme que lo estoy considerando. Ya sabes lo que pienso del destino. Cada persona debe aprender de sus errores. Ya debo colgar, estoy con un cliente.
            —Está bien, te dejare saber lo que vea. O bien tú podrías saberlo mucho antes que yo.
            Eso le arrancó una sonrisa.
            —Stacy, tengo a un cliente. No tengo tiempo para averiguar qué es lo que está haciendo Mathias. Pero tú sí. Te llamo luego.
            La llamada terminó y Stacy se quedó allí viendo como su compañero de trabajo cocinaba. No haría nada por ahora.
****
            —Mathias, no sabes lo agradecida que estoy de que aceptaras venir conmigo a comer. Es una pena que el resto no haya podido.
            —Ibas a seguir insistiendo muchísimo. No tenía oportunidad de escaparme.
            Ella sonrió.
            —En eso tienes toda la razón. ¿Por qué nunca aceptabas mis propuestas?
            Mathias se encogió de hombros. Su mente estaba en otro lugar, con otra persona.
            —No me gusta desperdiciar horas en el trabajo. Usualmente llevo mi propia comida para no tener que salir.
            —Las horas extras no las pagan. ¿No crees que no tiene ningún sentido hacer ese sacrificio?
            —Amo lo que hago y cualquier minuto es primordial para otra persona. No hace falta que me paguen esas horas.
            —Eso ha sonado muy lindo —dijo Isabel con una sonrisa.
            Mathias se removió incómodo.
            —¿Por qué siempre quieres que salgamos juntos? No es que seamos muy unidos.
            —¿Crees que no somos muy unidos? ¿Debo recordarte lo que sucedió entre nosotros?
Mathias se pasó la mano por su cabello frustrado.
—Isabel, estábamos muy ebrios y terminamos haciendo algo que no debió suceder. Debemos olvidarlo, para continuar en paz.
—Yo no quiero olvidarlo, Mathias. Quiero que nos conozcamos aún más, que seamos capaces de salir juntos. Tuvimos química y nos complementamos muy bien ese día.
            Mathias notó el rumbo que tomaba la conversación. Se enderezo en la silla. No podía seguir permitiendo que las cosas fueran más allá. 
            —¿Estas intentando llegar a lo que creo? —apuntó él.
            Isabel sonrió aún más y se dobló un poco sobre la mesa.
            —Creo que sabes exactamente a lo que me refiero, Mathias. ¿No he sido tan obvia como para que no te des cuenta? Quiero que repitamos. Que estemos juntos. ¿Tú no?
            —He sido bastante claro con lo que pienso sobre esto.
            —Ay, Mathias, eres demasiado ingenuo y eso es una de las cosas que me encantan de ti —dijo ella.
            Mathias abrió sus ojos sorprendido por sus palabras.
Isabel sonrió sabiendo que lo había tomado totalmente desprevenido.
            —Isabel, hay algo que deberías saber yo… —ella negó y le colocó un dedo en la boca.
            —No digas nada, yo lo sé —respondió ella.
            Se acercó lo suficiente como para sacar su dedo y con esa misma mano pasarla por su cuello para acercar su rostro. Isabel terminó por acortar cualquier espacio que los separaba.
            Stacy tenía los platos en sus manos en el momento en que vio la escena. Se había quedado sin palabras.
            —Creo que ahora si es un buen momento como para que llames a tu amiga —dijo el chef viendo también la escena a su lado.

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