9. Confesiones

Obscuridad (Sombras y Fantasmas #1)

visibility

354.0

favorite

0

mode_comment

0


            —¿Alguna vez has tenido miedo de que un fantasma te haga daño? —preguntó la pequeña niña sentada en sus faldas.
            —El miedo siempre estará presente. Intento no preocuparme de lo que los fantasmas puedan hacerme. Si lo permito, entonces ellos ganan.
            —Eres más fuerte que ellos, ¿verdad?
            —No es que sea más fuerte. Simplemente es porque los fantasmas utilizan el miedo a su favor. Por eso nosotros debemos ser más inteligentes.
            —¿Tienes miedo de mí?
            —No —respondió Lissie con una sonrisa—. Tú eres una bella niña fantasma que se encuentra en mis faldas esperando ver eso a lo que llaman luz de guía.
            —¿Y porque no la veo todavía?
            —Porque estás hablando mucho y no estás haciendo caso a lo que te llevo diciendo —contestó Lissie. Hizo que la pequeña fantasma dejara reposar su cabeza en su pecho mientras comenzaba a mover su silla mecedora. La pequeña fantasma poco a poco iba cerrando sus ojos—. Tus padres te están esperando. Cierra tus ojos y concéntrate en la risa de tus padres, en su llamado.
            —Tengo miedo —dijo la niña sin cerrar sus ojos.
            —Se vale tener miedo. Pero recuerda que ahora estarás con tu familia. Escucha su llamado. Síguelos.
            Lissie comenzó a cantar una canción de cuna que sabía funcionaba en los niños fantasmas. Mientras mecía a la pequeña. La niña sonrió y abrazó a Lissie con fuerza. Poco a poco su pequeño cuerpo fue llenándose del brillo plateado. Lissie sin dejar de sonreír beso su pequeña cabeza. La niña ya estaba cerca de sus padres, que la esperaban en ese lugar lleno de paz. Pronto el pequeño cuerpo ya no se encontró en su regazo, dejando paso al gran brillo plateado.
            Se llevó una mano a su cabeza sintiéndose mareada y miró el reloj, las 5:30 de la tarde. Se levantó de la silla y caminó hasta la cocina. Stacy no la había llamado. No quería comenzar a tener teorías y tampoco tenía ánimos de revisar el tiempo.
            No había necesidad de preocuparse por Isabel. Entre ellos no pasaría nada.
            ¿Pero y si realmente había pasado algo que mereciera saber y por eso su amiga no le había llamado? Entonces Mathias se lo diría, le recordó esa voz. Terminó la botella de agua y escuchó que alguien tocaba su puerta.
            —Vaya, no te ves nada bien —fue lo primero que dijo Edward tan pronto ella abrió la puerta. Lissie ignoro su comentario de forma monumental.
            —Es una sorpresa tenerte por aquí, Edward. Entra, no quiero que las malas energías entren a mi territorio —dijo ella dándose media vuelta y volviendo a caminar hasta la cocina. Tenía muchísima hambre.
            —Estaba trabajando en algunos asuntos y tuve la brillante idea de que quizás podía traerte algo de comer. Sé que a esta hora siempre terminas.
            Ella se giró y lo observó sorprendida de que supiera ese detalle.
            —Vaya, gracias por eso.
            Edward notó el tono de burla en su voz.
            —Muy graciosa, lo más que pude pillar fueron las pizzas. Después de todo es lo que más rápido que estaba.
            Ella sonrió y fue hasta la cocina para sacar dos platos del gabinete. Los coloco en la encimera. Mientras tanto Edward se controlaba muy fuerte para no pensar en lo mucho que le gustaba esa chica. Debía ser fuerte y disimular mucho mejor sus sentimientos. Ahora ella estaba con Mathias, como siempre debió ser. Y él debería de una vez dejarla ir, de su mente y de su corazón. Porque de su vida sería algo imposible.
            —¡Oye! ¿Escuchaste lo que te pregunte? —él asintió y vio como ella arrugaba el entrecejo.
            —La respuesta es no.
            —Obviamente —siseo ella—. Trae la comida, no caminare hasta allá.
            —¿Qué era lo que preguntaste?
            —Yo no repito.
            —Estaba pensando.
            —Pensando sin verdaderamente pensarlo. Yo no escuche nada.
            —¿Estabas indagando en mi mente?
            —Sabes que yo no indago en la mente de ninguno de ustedes. Respeto sus pensamientos —dijo tocando su cabeza. Él rio mientras se sentaba a su lado.
            Lissie lo miró de reojo, Edward podía engañar a cualquier persona del mundo, pero no a ella. Podía ver como ocultaba algo y moría de curiosidad por saber qué es lo que no quería que nadie supiera. Edward de cierta forma siempre le recordaba a su hermano. Ambos con carácter tranquilo, pero explosivos cuando se enfadaban. Siempre luchando por lograr sus objetivos y muy sentimentales cuando sentían que las cosas se escapaban de sus manos.
            Por eso ella sospechaba la razón por la que su hermano le confiaba todo a él. Por eso ella sabía que la pregunta que llevaba rondando su cabeza solo Edward podía contestarla con seguridad. El chico de ojos cafés y cabello castaño claro no se daba cuenta de la intensidad de la mirada de la clarividente.
            —Gracias por traerme comida —volvió a decir mientras se bebía un vaso de refresco.
            —Ya te lo dije, estoy completando algunos asuntos y recordé que tu estudio estaba aquí cerca. Solo quería visitar a una vieja amiga.
            —¡Vieja! No seas payaso —contestó mientras se bajaba de la silla y tomaba los platos y los dejaba en el fregadero—. Edward…
            El chico conocía ese tono de voz. Así que se preparó para lo que sea que ella preguntara.
            —Te escucho, sabes que puedes preguntar lo que sea.
            —Sí, créeme que lo sé. ¿No te molestaras conmigo y tampoco le dirás a mi hermano?
            —Eso es ponerme entre la espada y la pared, lo sabes ¿verdad?
            Ella volvió a sentarse.
            —Yo solo quiero saber una cosa. Pero mi hermano no puede saber que ando preguntando esto a sus amigos.
            —Comprendo, ¿Qué deseas saber?
            — ¿A él le gusta esa chica? Creo que se llamaba Isabel.
            Edward respiró profundo.
            —Sí, le gusta.
            — ¿Mucho?
            —Bastante diría yo.
            —Qué problema —pensó en voz alta.
            —¿Has visto algo en tu mente?
            —No hace falta tener mis habilidades para saber que esa chica está realmente obsesionada con Mathias.
            Edward estiró la mano y tomó el padrino de refresco para servirse un vaso.
            —Mathias estaba con ella hoy y Stacy no me ha llamado para decirme nada. Eso significa que algo paso, conozco a mi amiga.
            Edward se tensó, Lissie no decía las cosas a la ligera.
            —Creo que estas sacando conclusiones fuera de contexto.
            —¿Por qué mi hermano se enamora de chicas que no valen la pena? ¿Cómo es que ustedes sus amigos le permiten que sea tan burro? —protesto.
            —Porque somos humanos. Y los humanos no son personas perfectas —murmuró él mientras se levantaba de la silla.
            —¿Crees que debo indagar en su futuro, Ed? —Edward la escuchó llamarlo por su diminutivo. Apodo que solo utilizaba cuando de verdad esperaba una opinión sincera.
            —No veas el futuro de tu hermano. Él podría molestarse si lo haces. Algo que puedes considerar hacer es hablar con él y ver su punto de vista. Él no es tonto, Lissie. Esteban sabe que Isabel tiene sentimientos fuertes por Mathias y encima también sabe que ella simplemente lo utiliza porque sabe de sus sentimientos.
            —Y eso es algo que él permite. Lo que lo hace un tonto muy grande. —se quejó también bajándose de la silla.
            —Esteban adora hablar contigo. Eres la luz de sus ojos, Lissie. Solo tú podrás hacer que deje de ser el juguete de Isabel.
            —Te aseguro Edward que mi hermano dejara de ser el juguete de esa tipa.
            —Ya debo irme, debo terminar de trabajar. Estoy haciendo todo lo que me dijiste.
            —Gracias por esto y por siempre contestar a mis preguntas —dijo ella sincera.
            Edward rio, tomó las llaves de su auto. Se acercó a Lissie para darle un beso en la mejilla.
            —Odio que agradezcas. Lo hago por gusto. Somos amigos —se quejó. Lissie lo vio partir y ella terminó suspirando. Tenía mucho trabajo por hacer.
****
            Stacy regreso a la cocina ignorando el comentario del cocinero. No podía llamar a Lissie y decirle que acababa de ver a su novio besando a esa chica. No, ella no podía sacar conclusiones.
            —Net, lleva la comida a los clientes.
            —¿Segura que no quieres ser tú?
            —Necesito no sacar conclusiones. Ahora mismo siento que juzgare mal a una persona.
            —¿Y si llamas a Lissie? —volvió a sugerir Net.
            Ella negó de forma inmediata.
            —No, eso no es una opción. Ve y llévales la comida a ellos.
            Net asintió y terminó haciendo caso.
            Mathias le costó un poco más comprender lo que estaba pasando. Terminó alejando a Isabel sin un poco de delicadeza.
            —¡Mathias! —dijo ella en voz alta.
            —¿Se puede saber qué te pasa?
            —No es un secreto que tú me gustas demasiado. Es más… gustar se queda corto, tú me encantas demasiado.
            Mathias comenzó a negar sin poder creer lo que había sucedido. Realmente había pasado y la mejor amiga de su novia estaba allí.
            —Lo que has hecho ha está muy mal, Isabel. Te has pasado de la raya.
            —¿Por qué? Uno de los dos debía dar el siguiente paso después haber tenido relaciones. He sido yo la que lo ha hecho. Mathias, yo te amo. ¿No te das cuenta? —repitió ella intentando acercarse.
            Él puso una mano delante de ambos.
            —Detente de una buena vez, Isabel. Tú no me interesas —dijo y no se lamentó en ser directo. Ni siquiera se hablando cuando la vio afligirse por su tono de voz—. No es un secreto de que estas con mi mejor amigo, Esteban. ¿Todo este tiempo has estado con él solo para estar cerca de mí?
            —¡Sí, lo he hecho de esa forma! Era la única manera de mantenerte más cerca porque siempre rechazabas mis invitaciones. ¡Nunca me aceptabas! Estuve dándole falsas esperanzas a Esteban si con eso lograba estar más cerca de ti. ¡No me arrepiento! —confesó Isabel sin remordimientos. Stacy escuchaba todo escondida detrás de la puerta. Se llevó una mano hasta su boca.
            —¡Esteban es mi mejor amigo! ¿Cómo piensas que me siento yo al saber todo lo que has estado haciendo? ¿Qué pasa por tu cabeza, Isabel?
            Isabel lo miraba atónita.
            —Es lógico que te sentirías mal, pero ¡no importa, Mathias! Él sabía que a quien yo quería era a ti. Siempre lo supo. Idiota él que se dejó utilizar como un títere. No me importan realmente sus sentimientos. ¡Él lo sabía!
            Mathias sacó su cartera y dejo cuarenta dólares en la mesa. Isabel seguía cada uno de sus movimientos. La chica no parecía darse cuenta de la situación.  
            —Me disculpo si alguna vez te di falsas ilusiones. Siempre fui claro contigo. Solo éramos colegas. Nunca tuve ningún tipo de interés más allá de lo laboral. Lo que paso fue un error e intente dejarlo en claro. Es una lástima que tengas un corazón tan frío. Con los sentimientos de los demás no se juegan. Y tú has utilizado a mi mejor amigo para tu conveniencia.
            Mathias se atrevió a mirarla. Sus ojos fríos se clavaron sobre ella.
            »Jamás hubiera salido contigo después de esto. Además, siempre he amado a solo una persona. Y esa persona es mi pareja. ¿Recuerdas a la mesera que nos atendió? Ella es su mejor amiga. Y aunque sé que mi novia confía en mí. Solo espero que esto no cree problemas más grandes.
            Eso dejo a Isabel sin habla. Mathias no consideró correcto decirle que su novia es precisamente la hermana de Esteban.
            —Mathias… —dijo en voz baja. Recuperando sus fuerzas.
            —Dejare la comida paga y el resto utilízalo para pagar el taxi. Demás está decir que esta es la primera y última vez que salimos juntos. No deseo volver a tener nada que ver contigo.
            —¡Mathias! —gritó. Al verlo partir comenzó a llorar. Pero él estaba tan molesto que poco le importaba. «¿Qué he hecho?» pensó Isabel perdida.
            Mathias se montó en el auto y golpeo el volante molesto. El problema no estaba en cómo le diría a Lissie. El problema estaba en cómo se lo diría a Esteban. Esperaba que esto no trajera mayores problemas.
****
            Lissie dio un brinco mientras miraba hacia todos lados. Tenía su espalda pegada al tronco de un árbol. Podía escuchar el sonido del búho a lo lejos y el ruido de los coquíes. Se llevó una mano hasta sus ojos.
            —¿Has pensado en lo que te dije? —preguntó Kyler haciéndose presente en la oscuridad. Lissie se pegó aún más al tronco.
            —Realmente esperaba poder dormir esta noche —se quejó ella.
            —¿Dormir? Querida dudo mucho que puedas hacerlo. No después de lo que tu novio hizo.
            Lissie debió haber supuesto que Kyler andaría espulgando en el futuro de Mathias. Eso la hizo molestarse. Se levantó del suelo y camino para hacerle frente a Kyler.
            —No vuelvas a meterte en su futuro. Ni con Mathias  y con ninguno de los que me importan.
            Kyler se acercó con una sonrisa burlona hasta ella. Su expresión desafiante y de que él sabía muchas cosas que ella no, la hizo ponerse nerviosa. Si le daba el gusto a ese chico, realmente no podía darle el gusto a él.
            —Lissie, puedes proteger tu futuro con todas tus fuerzas, pero no eres tan fuerte como para proteger también el de ellos. Puedo ver el futuro de todos los que quiera, sin ningún problema. ¿Eso te asusta?
            —No ganas nada con eso. Al final soy yo la que tiene el poder de transformar sus futuros siempre que quiera.
            —En eso te equivocas, ¿quieres que te cuente algunas cosas que le sucederán a tu hermano? Él muy pobrecito tendrá ganas hasta de renunciar a su vida.
            Lissie abrió sus ojos en shock. «Kyler está jugando con tus emociones. No le hagas caso» pensó ella.
Kyler sonrió y giró alrededor de ella.
            —También sé que tu novio se ha besado con una chica rubia muy guapa. En tu defensa, tú eres mucho más guapa que esa rubia.
            Lissie sintió su corazón detenerse. Kyler estaba jugando con fuego a su alrededor. Y lo peor de todo es que lo estaba haciendo en su subconsciente. En ese plano terrenal de los sueños en donde pueden suceder muchísimas cosas.
            »Lo que sucede una vez puede volver a suceder dos veces. Y la chica rubia tiene un arma de la que sacara ventaja. Cuídate, Lissie, que tu novio puede que termine dándote una sorpresa que no te imaginas.
            Ella lo miró sin poder creer ninguna de sus palabras. Lo peor de todo es que… Kyler no tiene necesidad de mentir. Por lo que todo eso que ha dicho, es verdad. Se llevó ambas manos a la cabeza sintiendo que esta le iba a explotar.
            »No quiero que te sientas mal —dijo con fingida preocupación. Estiró una mano para tocarla, pero ella lo aparto de un manotazo.
            —No te atrevas a fingir conmigo. No te queda el papel.
            —Sabes que no fingiría contigo, ¿cierto?
            Ella rio ante su comentario.
            —¿Qué no fingirías? No me vengas con ese maldito interés ahora.
            Kyler se cruzó de brazos y borró su sonrisa.
            —Te dije que hay una solución.
            —Y yo te dije que no la tomare, Kyler. ¡No soy una prostituta! O para ser más clara contigo, no seré tu prostituta.
            —Tienes una especialidad para cambiar todo de contexto impresionante.
            —Si claro… —contestó ella perdiendo todo el interés. Su mente no dejaba de pensar en todo lo que él había dicho antes. Debía actuar rápido.
            —No veo que tu novio planee explicarte lo que paso con la chica.
            —¿Terminaste? Porque quiero despertarme ya de este sueño.
            —¿Tanta prisa tienes de no verme? —preguntó acercándose aún más.
            —No te imaginas cuánto deseo no volver a verte nunca más.
            Kyler se acercó hasta ella.
            —Comparte el tiempo que te quede con tu hermano. No le veo mucho tiempo con vida.
            Kyler desapareció entre las sombras sin darle tiempo a contestar. Dejándola con el corazón latiendo con fuerza y con una nube de temor a su alrededor.
            Su hermano estaba en peligro. Y ella se negaba a verlo.
****
Lissie se levantó llena de sudor. Se llevó una mano hasta la frente y comenzó a llorar. Kyler no mentiría, ella lo sabía. Podía quizás estar jugando con su mente. Eso no tenía sentido. Que jugara de esa forma, no tenía ningún sentido.
            Vio la hora, las 9:30 pm, había perdido dos horas y media en el sueño. Se levantó del sillón sintiendo una gran molestia en todo su cuerpo. Pensó en limpiar un poco, pero luego desistió.
            Una vez llegó a su casa se animó a revisar su celular. No tenía ninguna llamada perdida de Mathias. Kyler tenía razón, él no tenía planes de avisarle sobre el beso. Lo cierto es que no desconfiaba de su novio. Ella sabía que por gusto ese beso no se dio por parte de él. Le molestaba saber que esa chica jugaba con su hermano. Era algo que no permitiría.
            «¿Pero entonces tenía que indagar en su futuro?» No, no podía hacerle eso.
            Al entrar por la puerta de la casa se topó con su hermano y Peter. Este último se acercó hasta ella besando su mejilla y abrazándola.
            —Íbamos a buscarte a tu estudio. ¿Por qué no contestaba?
            —Me dormir —contestó con una pequeña sonrisa y mirando de reojo a su hermano.
            —¿Segura que no paso algo más? —preguntó él. Ella fue a contestar, pero entonces vio a Edward y Mathias salir de la sala. Alejó disimuladamente la mirada de Mathias.
            —Alguien volvió a colarse en mis sueños, pero no sucedió nada más.
            —¿Y lo dices, así como si nada? —preguntó Esteban.
            —¿Cómo quieres que lo diga? Realmente tampoco es como si fuera para alarmarse. No me está haciendo nada. Solo insiste.
            —Parece como si disfrutaras que un hombre se metiera en tu mente —soltó su hermano. Ella abrió los ojos como plato. ¿Realmente había soltado un comentario de ese tipo y en ese tono?
            —Esteban… —dijo Edward con tono serio.
            Esteban alzó una mano para detenerlo. Lissie no se sentía bien como para discutir con su hermano. No después de todo lo que sabía. Le dolía la cabeza y todo su cuerpo. Sabía que Mathias estaba esperando que ella lo viera porque era de suponer que pensara que ella había visto algo sin querer.
            Quizás lo hubiera visto de no haber sido que se quedó dormida y Kyler logró meterse en su sueño. ¿Pero valía la pena intentar averiguarlo por si misma? No, sería por puro masoquismo. Lissie intentó aclarar sus pensamientos.
            —Estoy cansada. No me siento bien. ¿Podrías dejar esta pelea para otro día? Después de todo tú eres el menos indicado para discutirme —espetó enfadada.
            Eso dejo a Esteban perplejo. Estaba molesto y por alguna razón parecía querer desquitarse con ella. La persona que menos se lo merecía.
            —¿Comienza a gustarte que alguien se meta en tus sueños? —Lissie pegó sus manos en su pecho y las convirtió en puño sin que nadie se diera cuenta.
            —¿Y a ti te gusta que alguien juegue con tus sentimientos? ¡Eh! —Esteban trago en seco y Lissie supo que lo tomó por sorpresa—. Ya te dije que no me siento bien. Así que no estoy para soportar tus discusiones —comenzó diciendo mientras caminaba hasta las escaleras ignorando al resto—. ¿Sabes algo? —dijo girándose para verlo solo a él—. Detesto que alguien se meta a mis sueños. Y es algo que no le deseo a nadie. ¿Pero sabes que es lo peor? Que esa persona sepa mucho más que yo y que me diga la realidad. Me dijo dos cosas muy interesantes. La primera no tiene caso que la repita. Ya la sabía incluso de antes. La segunda fue justo la más que me dolió.
            Esteban la miraba sintiendo toda la ira recorrer su cuerpo.
            »Tú vales mucho más de lo que piensas. Eres mi única familia a pesar de que tenemos a nuestro tío. Sin embargo, él tiene a su familia y nosotros solo nos tenemos a los dos. Así que me duele saber que Kyler vio algo que te involucra a ti y tú no hayas tenido el valor de decírmelo.
            Lissie vio como los ojos de su hermano se volvían cristalinos. Sus ganas de llorar estaban inmensas, si algo aprendió de la indiferencia fue precisamente el evitar llorar. No le daría el gusto a su hermano.
            »No lo repetiré. Sé que sabes de lo que hablo. Solo te diré que… estoy aquí y que puedo hacer que las cosas duelan menos. No es algo que me guste hacer. Por ti lo haría. Porque si hay algo que destrozaría mi corazón es saber que algo malo puede pasarte. Perdí a nuestros padres, no podría perderte a ti. Buenas noches a todos.
            Volvió a girar y subió las escaleras con paso rápido y dejando que las lágrimas salieran. Nadie dijo nada y lo agradeció eternamente. Indirectamente revelo lo que Kyler le había dicho. Edward, Peter e incluso Mathias eran capaces de sacar las verdaderas conclusiones. Su corazón se sintió mal, pero no podía dejarlo pasar. Llegó a su cuarto y cerró la puerta con pestillo. Se acercó a su cama y comenzó a llorar. Le dolía absolutamente todo.
****
            —Creo que lo mejor será que nos vayamos —dijo Peter todavía viendo hacia las escaleras preocupado por Lissie.
            —Esteban… —murmuró Edward viendo a su amigo. Este no le hizo caso.
            Mathias no dijo nada. Sentía que de alguna manera tenía culpa por lo que acababa de pasar. Le había revelado lo que paso a Esteban y aunque él no dijo mucho su expresión había cambiado. Edward tocó el brazo de Mathias para que le siguiera. Él miró hacia las escaleras. Todavía no había hablado con Lissie y no quería que las cosas se intensificaran más. Comprendió que no era el momento.
            Lissie se levantó la mañana siguiente sintiendo una gran pesadez en el cuerpo. Recordó lo que había sucedido la noche anterior y se culpó a si misma por haber sido tan directa. Ya no había mucho por hacer. Se levantó y se aseo con suma calma. Tenía que matar el tiempo. Miró la hora y supo que su hermano ya no estaría en la casa.
            Bajó las escaleras y se detuvo a mitad cuando vio la espalda de Mathias. Este la esperaba al final de las escaleras mientras veía algo en su celular. Lissie intentó virar, pero si lo hacía sería una tontería. Terminó por bajar y se cruzó de brazos.
            No debía molestarse con él.
            —Vaya sorpresa de que estés aquí. —Mathias alzó la mirada encontrándose con ella.
            —Desayunemos juntos —pidió él.
            —Lo que tengas que decir prefiero que sea con el estómago vacío. Así la noticia no me sentara mal.
            Ella no estaba molesta por el beso, estaba molesta por dos cosas, la situación con su hermano y el no ser una chica normal que pudiera reaccionar de forma normal con cualquier noticia pesada. Lissie estaba frustrada por que hay personas como ella capaz de ver el futuro de ellos, cosa que se negaba hacer.
            —Lissie, yo no me esperaba que Isabel fuera a besarme. Tú sabes…
            —Yo sé que no besarías por gusto a esa mujer. No eres ese tipo de hombres. Lo que me molesta es que no me llamaste para darme la noticia. Hubiera preferido enterarme primero por ti.
            Él reconocía su error.
            »Eres muy ingenuo, Mathias. No te das cuenta de todas las mujeres que te miran. Isabel es una perra más del montón. Que jugo con mi hermano y sus sentimientos.
            —Perdóname por no llamar, por no estar contigo. Te aseguro que Isabel y yo no volveremos a tener contacto.
            —¿Y que pasara con sus trabajos? Tendrán que verse de todas formas en la empresa.
            Mathias se acercó hasta ella y tomó sus manos. Lissie no dejó que se le escapara la sonrisa.
            —También lo resolveré. No debes de preocuparte. ¿Qué fue eso que te dijo exactamente de Esteban? —sus ojos se ensombrecieron. Las palabras de Kyler seguían muy latientes en su mente.
            —Dijo que mi hermano se iba a suicidar. Que no le quedaba mucho. Todo por culpa de esa chica… Isabel. —dijo con rabia.
            —Él… no sería capaz —respondió Mathias apretando sus manos con fuerza.
            —Kyler no me mentiría con algo así. Lo estaba disfrutando. Mi hermano tiene una situación muy seria. Y no estoy segura de entrar a ese terreno.
            »Tú, Edward y Peter deben estar a su lado. No pueden permitir que se derrumbe. Mathias… sé que no debo chantajearte con nada para que recibas mi perdón.
            —Pero… siempre hay un pero.
            —No dejes que Isabel este cerca de mi hermano.
            —¿A qué te refieres con eso?
            —Ella buscara la forma de acercarse a ustedes nuevamente. Buscando el perdón de todos. No seas amable con ella. Ni siquiera le pongas tus ojos dulces.
            —Yo… no le pongo ojos dulces —se defendió.
            —No he terminado todavía. Esteban de seguro está molesto contigo por el beso. Pero no hagas caso a su berrinche. No le dejes de hablar, ignora sus insultos. No dejes de ser su amigo. No lo permitas.
            Mathias asintió.
            —No vuelvas a ocultarme nada, ¿de acuerdo?
            Mathias sonrió y asintió. Lissie escuchó su celular sonar.
.           —¿Aceptas tener un desayuno conmigo?
            —Muero de hambre —contestó ella. Alzándose de puntas y dándole un corto beso en los labios. El arañazo de un gato sobre sus piernas la hizo separarse abruptamente de Mathias y mirar al suelo—. ¡Oye! Eso ha dolido, pequeño.
            Mathias alzó una ceja al ver que no había nada en los pies de su chica.
            —¿Sabes que es un fantasma? —preguntó él. Ella lo miró con una sonrisa.
            —Lo sé, es mi gatito fantasma —contestó y se agacho para tomarlo en los brazos—. Puedo sentir cuando me hacen daño.
            —Acércate a mí —pidió ella. Mathias le hizo caso no muy convencido—. Estira tus manos.
            —Sabes que no soy muy amante a los fantasmas, ¿cierto? —comenzó a decir nervioso.
            Lissie rio y con delicadeza puso el gato sobre los brazos de Mathias.
            —¿Lo sientes, Mathias? —preguntó ella.
            Mathias trago en seco al sentir una presión sobre sus brazos. Por instinto acurruco al pequeño animal que no podía ver en sus brazos. Miró a Lissie, sonrió al ver como sus ojos brillaban a la espera de una respuesta. Podía ver cómo le emocionaba compartir ese tipo de cosas con él.
            —Se siente muy raro. Es una sensación muy bonita.
            Se acercó a él con cuidado de no aplastar al animal y lo beso en la mejilla.
            —Como me gustaría que pudieras ver lo feliz que esta esté gatito en tus brazos. ¡Incluso está ronroneando!
            —Con sentirlo es más que suficiente y con ver tu sonrisa siento que mi día va a mejorar.
            —Sigues diciendo esas palabras, Mathias y me harás no querer dejarte ir a trabajar.
            —Y yo no tendré ningún problema con que me secuestres —el gato maulló y Lissie comenzó a reír.

Este sitio usa cookies para tu sesión de usuario y mostrarte publicidad.

De acuerdo