10. Por mi familia, todo

Obscuridad (Sombras y Fantasmas #1)

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Esteban se sintió como la mierda al comprobar lo que había hecho. Fue un imbécil al creer que podía hacer que Isabel le quisiera.
            Saber sobre ese beso fue un golpe muy bajo en su estómago. Sabía que Mathias jamás engañaría a su hermana. Le dolía saber que había sido un juguete. Que imbécil había sido, muy estúpido. Su hermana había sido víctima de su enojo y ella había revelado una información que no se alejaba de sus pensamientos. ¿Qué tan cierto podía ser que él decidiera quitarse la vida por culpa de una persona? No era tan imbécil.
            —Esteban, estas muy serio. ¿Dónde está el chico de las bromas? —preguntó la chica, dándole un beso en su barbilla.
            —Angie, no estoy de humor para repetir. ¿Dónde está tu baño? —preguntó mientras con ambas manos la ponía a un lado de la cama, alejándola con cuidado. Ella lejos de sentirse ofendida sonrió y se acercó hasta él en la cama.
            —Al final del pasillo a mano izquierda. ¿Realmente así piensas tratarme, Esteban? ¿Cómo una simple chica con la que cogiste en la noche y nada más?
            Él se levantó y comenzó a buscar su ropa. Angie se acostó en su cama y lo vio ir y venir con total libertad por su apartamento.
            —Tú seguirás siendo la secretaria de Joaquín y yo seguiré siendo el vicepresidente de la compañía. Eso es todo.
            —Eres un chico con estereotipos, entiendo. No es que esperara mucho sobre esto.
            Esteban se giró para tener una visión completa de la rubia.
            —Angie, estas muy equivocada con eso. No soy el tipo que cree que salir con alguien por debajo de mi trabajo sea un pecado o un error. No todas las mujeres están interesadas en el dinero o el poder que les da un hombre con título.
            —Es solo que no me agrada ser la chica de una sola noche. Cuando nos encontramos y me llamaste, supongo que ya me veía venir lo que me esperaba. Lo que sucedió fue porque quise y porque sabía que al terminar las cosas serían así —dijo señalándolos. Esteban se sintió terrible.
            Había sido un impulso que tuvo al querer olvidar lo que había sucedido entre Isabel y Mathias. Luego quiso olvidar el trato que le dio a su hermana que no se merecía. Para rematar su hermana le dijo una verdad que no se esperaba. Su frustración había crecido y encontrarse con Angie, la guapa curvilínea secretaria de Joaquín hizo que toda su mente se desconectara. Sabía que ella estaba muy interesada en él y no dudo en aprovechar el momento. Ahora ella tenía razón. No se sentía bien ser utilizado solo para pasar el rato. Dejó la ropa caer de nuevo y se giró, Angie tenía sus ojos cerrados y se había acostado de lado.
            Dio media vuelta a la cama y volvió a subirse. La tomó por las piernas y ella pegó un pequeño grito mientras él la obligaba a sentarse en sus faldas. Angie le rodeo el cuello y le sonrió de lado.
            —Ahora que te sucede —dijo sin que sonara como un reclamo. Él acerco su nariz hasta su cuello oliéndola.
            —Hueles muy bien, ¿tienes que llegar temprano al trabajo? —ella rio mientras negaba con una sonrisa y lo rodeaba con sus piernas.
            —Creo que tengo mucho tiempo para dar —él busco su boca y comenzó a besarla con desespero. Angie se pegó más a él y dejó que Esteban tuviera libre acceso a su boca y a su cuerpo.
****
            Esteban llegó a su oficina y se dejó caer en la silla agotado. Tenía demasiadas cosas en la cabeza y su frustración cada vez crecía más. Después de nuevamente haberse acostado con Angie y ambos haberse dado mutuo placer acordaron en que no se volvería a repetir y que lo que sucedió no afectaría el labor en el trabajo de ninguno. Esteban sabía que Angie ya había saciado su curiosidad respecto al él.
Ese interés nunca fue verdaderamente importante. Ella tuvo sexo con su platónico y se sintió bien. Reconoció que no es algo que quisiera repetir debido a que no está acostumbrada a simplemente tener sexo por que sí. Esteban no estaba dispuesto a olvidar a la persona que le gusta. Y ella no sería un plato de segunda mesa.
            Eso hizo sentirse a Esteban un poco más lamentable. Porque ella no estaba acostumbrada al sexo sin comprimo y sin embargo cuando estuvo con él supo que no había una oferta de relación. La puerta se abrió y su secretaria entró con una pequeña sonrisa mientras le traía una bolsa. Esteban sonrió de lado.
            —Gracias Katia, no era obligatorio que hicieras esto —Katia negó.
            —Entre mis deberes esta que mi jefe luzca presentable en su lugar de trabajo.
            —Supongo que parezco un vagabundo —bromeo.
            —No, luces como una persona que ha tenido sexo en casa de una persona desconocida y no tuvo tiempo de llegar a su casa. Pero descuida, eso no tiene por qué saberlo nadie.
            Esteban comenzó a reír. Katia es una mujer de casi cuarenta y cinco años que trabajo para su padre como secretaria. Luego acepto trabajar para él y conoce la empresa a la perfección. Su hija menor tuvo una especie de enamoramiento hacia él. Pero luego la chica se mudó del país al cumplir catorce años y no volvió a saber de ella.
            —¿A caso eres adivina como mi hermana?
            Katia rio y negó.
            —Por supuesto que no señor, es solo que estoy diciendo un hecho. Por cierto, el joven Brown se encuentra en la sala esperándolo. ¿Le digo que pase o espero a que se termine de cambiar?
            —Dile que pase.
            —De acuerdo —dijo la secretaria y salió.
            Su amigo entró cuando él estaba sacando la ropa.
            —Venía dispuesto a pedir una excusa, pero resultara que ya no la necesito. Te ves cómo alguien que tuvo mucho sexo en una noche.
            —Ignorare lo que acabas de decir.
            —Espero que al menos hayas tenido un orgasmo.  
            —¿Qué rayos? —dijo negando.
            —Porque solo habrá valido la pena romper el celibato con alguien que te de buenos orgasmo. De lo contrario, amigo, habrás caído muy bajo.
            —Debo bañarme, Edward. ¿Tienes tiempo de esperarme?
            —Ya estoy aquí, no me iré sin antes hablar contigo.
            —Me dio buenos orgasmos —respondió mientras entraba al baño.
            Edward se encontraba mirando la fotografía de Esteban y Lissie juntos en su escritorio cuando su amigo salió del baño.
            —No es normal que a la mayoría de mis amigos les guste mi hermana. Creo que Peter no está muy lejos de sorprenderme.
            Edward dejo de mirar la foto y vio a su amigo ya arreglado y peinado decentemente.
            —Tu hermana es una chica hermosa, inteligente y fantástica. Créeme que no es normal que ningún chico realmente no vea esas cualidades.
            —Me pregunto cómo le harás para que ella deje de gustarte tanto. Después de todo está con Mathias.
            —¿Crees que una persona te deja de gusta así porque sí? No te preocupes por mí, Esteban. Mi corazón está estable.
            —Qué triste tu caso —murmuró sentándose en la silla.
            —¿Y no has pensado en el tuyo?
            —Estoy trabajando en ello.
            —No me digas. ¿Has hablado con Lissie? Porque ayer te comportaste como un imbécil con ella. No se merecía tu mal trato.
            —Lo sé y estoy pensando en cómo disculparme con mi hermana.
            —Ella realmente no parecía estar bien.
            —He sido un imbécil, Edward, lo sé muy bien y sé que Lissie está en todo su derecho de insultarme. No supe ver que estaba pasando por un mal momento.
            —Isabel no te merece. Ni a ti y mucho menos a Mathias. Ella merece estar con putos como ella.
            Esteban se tensó cuando escuchó su insulto. Sin embargo, no la defendió.
            »Ella te utilizó para estar con Mathias y tú lo sabías. Estabas consiente pero por ingenuidad creíste que quizás ella vería tus buenos sentimientos. Déjame decirte que hasta las perras tienen mejores sentimientos que esa mujer. No debes destruirte por su culpa y mucho menos acostarte con mujeres solo por creer que ninguna te merece.
            —Fui un estúpido y eso lo tengo muy claro. El problema está en que no deja de doler. Aquí dentro —dijo señalando su pecho—. Duele saber que la chica de la que te enamoraste no le importa tus sentimientos, tu vida. No volveré a darle el gusto de estar cerca de Mathias —respondió Esteban con sus ojos llameando.
            —Se lo que se siente querer a alguien que no te corresponde. Tú mismo me has visto. Amo a tu hermana pero desde que comencé amarla supe que ella no me correspondería. Porque en el fondo yo sabía que Lissie y Mathias siempre se complementarían juntos. Se lo que es amar con locura y hacer cosas por masoquismo.
            —Al menos en tu caso estás consiente que la chica que amas no es una perra descorazonada. Porque mi hermana es un amor que hace que cualquiera la ame.
            —Incluso sus enemigos —espetó Edward.
            —Incluso ellos.
            —Debes hablar con Mathias.
            —Te pareces a mi padre.
            —Sabes que si insisto es porque no quiero ver como mis mejores amigos se matan entre sí.
            —Hablare con él.
            —Que sea hoy —dijo levantándose de la silla.
            —¿Algo más que exigir, papa? —Edward le sacó el dedo medio.   
            —Suerte.
****
            Lissie entró al restaurante con pesar. No quería estar allí pero no había tenido otra opción que aceptar. Le fastidiaba en sobre manera sentirse amenazada. Si quería poner un alto a la situación con su hermano tenía que simplemente actuar. Encontró a la chica rubia en una mesa alejada de todos. Veía el menú con una pequeña sonrisa. Eso hizo a Lissie sonreír. «Así que ella piensa que tiene todo gano» pensó mientras se acercaba. Ya quisiera esa chica tenerlo todo en su mano.
            Se acercó con una sonrisa y se sentó en el asiento vacío frente a ella tomando el menú.
            —Debo decir que me sorprendió muchísimo tu llamada. Luego me vi a mi misma pensando en que no debería ser una sorpresa. Chicas como tu son realmente unas perras.
            Isabel cerró el menú de cantazo y miró hacia todos lados pensando en que alguien le había escuchado.
            —No me conoces, Lorens pequeña. No sabes nada sobre mí.
            Lissie sonrió y alzó la mano llamando al mesero.
            —Estas equivocada, Isabel. Se todo sobre ti. ¿Olvidas mi origen? No deberías hacerlo.
            —Tienes prohibido indagar la vida de las personas conocidas de tu hermano —dijo como si hubiera acertado un punto a su favor.
El mesero se acercó y Lissie pidió papas majadas con churrasco. No sabía cuánto tiempo estaría allí y tenía hambre. Si Isabel decía largarse, bien por ella. Iba a comer.
            —Que equivocada estas. Nadie me ha prohibido nada, Isabel. Yo veo la vida de las personas que yo quiera. Créeme que he visto absolutamente todo sobre tu futuro e incluso he visto sobre tu pasado. Lo sé absolutamente todo —respondió Lissie recalcando cada una de las palabras.
            Lissie vio como el labio inferior de Isabel comenzó a temblar. La guerra en esa mesa no había comenzado y la chica ya estaba temblando. Sí que a veces ella misma se daba miedo. Impresionante.
            »Bien puedo ver que planeas.
            —Decirte la verdad por supuesto.
            Isabel tenía agallas. Lissie estaba sorprendida por eso.
            —Eso quiero verlo. Ver como sorprenderás a la chica clarividente.
            —Te crees tanto y no vales nada, Lissie Lorens. Siento curiosidad por algunas cosas.
            —No te aseguro que todo lo que preguntes vaya a ser contestado con la verdad.
            —Oh, yo creo que tu no mentiras en esta conversación.
            —Eso quiero verlo.
            —Tú no te mereces a Mathias. ¿Por qué no lo dejas de una vez? Dudo mucho que vayas a ser capaz de tener una relación de verdad con él.
            —¿Y tú si te lo mereces? —Lissie comenzó a reír de forma escandalosa llamando la atención de todos—. Querida, tú no eres nadie para decir quien se merece a quien.
            —Amo a Mathias con toda mi alma, con todo mí ser y estoy muy dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias para tenerlo conmigo.
            Lissie se cruzó de brazos.
            »Tú simplemente eres una molestosa piedra en mi zapato. Mathias está confundido, pero con ese beso apasionado que nos dimos pude ver más allá de sus ojos, él quiere estar conmigo, pero por respeto a Esteban continua contigo.
            —Eres muy graciosa, ahora me doy cuenta que lo que descubrí verdaderamente es la verdad.
            Lissie sacó una pequeña libreta del bolso y la abrió. Buscó con calma la página que deseaba.
            —Isabel es una chica que dirá cualquier cosa para obtener lo que desea —comenzó leyendo Lissie. Isabel apretó ambas manos mirándola atenta—. Es una chica a la que verdaderamente se le puede tener un poco de lastima. Su padre las abandono por otro hombre, su madre cayo en depresión y también las abandono, llevándose consigo todo el dinero de la caja fuerte. Isabel aprendió desde pequeña a ser una chica rencorosa, deseosa de venganza, dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias para obtener lo que quiere.
            »Sigue siendo una chica a la que no se le debe dar demasiada importancia. Ella tuvo dos opciones y eligió la peor. Obtuvo un trabajo en una empresa de abogados por medio de sus atributos. Decidió crearse una doble vida, en la que todos pensaran que ella era muy rica. Aunque la realidad sea que se dedica orgullosamente a la prostitución por las noches. Tiene una hermana menor llamada Lizbeth con la que no guarda mucha relación. Tampoco apoya la vida de su hermana, la cual es bisexual y hasta no hace mucho mantuvo una relación larga con otra mujer. Ella odia con toda su alma la vida que le toco llevar, culpando a todo aquel que pone en peligro su estabilidad.
            —Está obsesionada con Mathias Lorrinson, dispuesta a todo para que el chico le haga caso. Incluso si eso significa utilizar al mejor amigo de este, Esteban Lorens. Que curiosamente tiene una hermana clarividente. Isabel odia saber que Mathias anda con la hermana menor de Esteban y odia saber que esta chica podría ser su perdición.
            »Tengo mucha más información escrita en esta libreta, pero he decidido leer la más importante. ¿Algo para decir?
            Isabel estaba a punto de perder los nervios. No era mentira después de todo, ¡esa chica lo sabía todo! Su mundo parecía ponerse cada vez de color negro.
            —¿Qué piensas hacer con lo que sabes?
            —Renunciaras a la empresa de Mathias y te largaras del país. Desaparécete por siempre y no regreses. No dejare que te metas con mi hombre y mucho menos con mi hermano. Te estoy pidiendo estas dos cosas por las buenas. Porque te aseguro querida que por las malas será peor. Tampoco le volverás a hablar a tu hermana. Le devolverás todo el dinero que le robaste.
            —¿Y si no quiero hacerlo?
            —El presidente de la compañía sabrá que gracias a tu aventura con uno de los inversionistas obtuviste el trabajo. No tienes los estudios y has sabido jugar muy bien tus fichas para que nadie notara que eres inexperta en los temas. Además, la cárcel te estará esperando por mentirosa y por falsificar documentos.
            Isabel comenzó a temblar atemorizada. Lissie sonrió para sí misma. A veces amaba tener ese don que la hacía casi invencible ante el mundo. Ese día había estado parte de la mañana pensando en sí debería actuar o no.
            »El tiempo corre querida y tengo muchas cosas que hacer.
            Isabel sintió la presión en todo su cuerpo y de un momento a otro comenzó a llorar. Lissie quiso reír, pero no lo hizo. Alzó una ceja y se quedó viendo a la chica. Mientras comía lentamente su comida.
            —No quiero que nadie sepa la verdad, no voy a permitir que reveles esa información. Yo… acepto tu oferta. Por mi bien.
            —Te metiste con la persona equivocada. Por mi hermano hago lo que sea. Lo lastimaste y utilizaste a mi novio. Tenías que pagar por eso.
            —¿Con estos trucos de mierda logras que todos hagan lo que tú quieres?
            Lissie rio.
            —Con estos trucos de mierda hago justicia a mi manera. Ahora te diré que te queda cinco horas para irte del país. No más, no menos, así que apúrate.
            Isabel tomó su bolso con sus manos temblorosas y salió casi corriendo del restaurante. Lissie terminó de comer su comida y pagó la cena.
            Al llegar a su casa se bajó del auto sintiendo un terrible dolor en la espalda. Respiró hondo y caminó hasta la entrada. De pronto la claridad comenzó a desaparecer dando paso a una oscuridad que no se esperaba. Se giró y se encontró a lo lejos con un ente maligno. Una sombra que no tenía rostro, solamente la figura de un cuerpo. Ella trago en seco y colocó ambas manos en el pestillo de la puerta. El ente solo la observaba y ella podía sentir toda la energía negativa envolverla.
            De un momento a otro la cosa comenzó a correr hasta donde ella con rapidez. Haciéndola pegar un grito y caer al suelo con el corazón a millón. Bajó su rostro tapándoselo con ambas manos y comenzó a sollozar. Una brutal luz la cegó por completo y pudó notar que la luz absorbía el ente. Cerró sus ojos y se abrazó a sí misma.
            —A veces dudo de tu inteligencia —escuchó que alguien le decía molesto—. ¡Pudo haberte matado! —fue entonces que reconoció la voz de Kyler.
            Ella se levantó del suelo mirándolo sorprendida.
            —¿Qué mierda haces aquí? ¡En mi casa!
            —¿Así me agradeces el haberte salvado?
            —Tú no hiciste nada.
            —Los entes malignos destruyen el alma de un clarividente una vez te traspasa. Pero eso debes saberlo. ¿Ibas a dejar que lo hiciera?
            —¡Tuve miedo, maldita sea! ¡Me quede putamente paralizada! —gritó ella molesta, fuera de sí. Se abrazó a sí misma y se obligó a no llorar. Kyler se mantuvo en silencio mirándola por unos segundos.
            —Comienzan a tener efecto mis visitas por la noche —dijo como si no se lo hubiera esperado. Ella le dio la típica mirada extasiada, a punto de matar a alguien.
            —Sí, ¿te alegra escucharlo? Tus putas visitas en mis sueños me tienen hasta la coronilla. ¿Era eso lo que querías, agotarme?
            —No —respondió él de forma sincera. Eso la exasperaba más.
            —Comienza a cansarme este maldito juego, Kyler. Comienzo a llegar hasta mi límite. Lárgate de mi casa y no esperes que te agradezca.
            —Lo siento mucho, Lissie —fue lo único que dijo Kyler antes de correr hasta su carro y desaparecer.
            Con su mano temblorosa abrió la puerta de su casa y entro. No sabía que había sucedido, ella no era así. Nunca había sentido miedo ante entes peligrosos o alguna otra cosa maligna. Sin embargo desde las visitas de Kyler en sus sueños, sus nervios estaban comenzando a ser agotadores. No lo soportaba. No soportaba ese sentimiento de molestia que se había instalado en su pecho.
            Entró al baño y se dio una larga ducha. Un poco más relajada rezo para que Kyler no entrara a sus sueños y poder descansar un par de horas.
****
            —No me gusta lo que confesaste. No me gusta que mis visitas te estén quitando tu energía, porque ese no era plan —decía Kyler en voz alta mientras caminaba en la habitación de su hotel hablando solo—. Yo quiero que entiendas que me necesitas. Que esa persona que envió el ente a tu casa te quiere hacer daño. Dios, Lissie, se quienes están detrás de ti —se pasó la mano por el cabello frustrado.
Se sentó en el sofá e intento tranquilizarse.
»Me estás viendo como uno de los malos, pero lo cierto es que estoy en ese término medio de entre lo bueno y lo malo, el bien y el mal. Quiero ayudarte, Lissie Lorens. Pero si no me permites hacerlo me temo que tu muerte puede estar mucho más cerca.
            Mantuvo silencio mientras cerraba sus ojos y se imaginaba el rostro de Lissie en sus pensamientos. Una leve sonrisa apareció en la comisura de sus labios.
            —Como me gustas, psíquica. Me gusta ver cómo te niegas a no estar conmigo, a ser fiel a ti misma y no juntarte con lo que tú llamas enemigos. No puedes durar mucho más tiempo sin acercarte a mí, sin permitirme que te ayude.
            Se quitó los zapatos y se acostó en su cama llevando ambas manos en su vientre. Cerró sus ojos y se concentró en donde quería llegar. El bosque estaba oscuro y el aire estaba congelado.
            «Sueños de Lissie Lorens» apareció un gran letrero y Kyler sonrió.
Entrar a sus sueños era tan sencillo. Agradecía ese don que le había concedido la clarividencia solo a él.  
            Poco a poco se fue adentrando en ese pequeño rincón donde podía hablar con la pequeña clarividente. Donde ella mostraba una imagen de valentía, pero que ahora sabía que era una fachada.
            La vio frente a un lago donde había cocodrilos a lo lejos. Ella se abrazaba a sí misma. Se quitó la chaqueta y cuando estuvo cerca de ella se la colocó tomándola por sorpresa. Al verlo su expresión no fue de sorpresa.
            —Ya sabía que te colarías —confesó. Kyler sonrió y se quedó a su lado.
            —¿Es esa una confesión de que me estabas esperando?
            —Sigue soñando con eso —respondió sarcástica.
            —¿Por qué me esperabas entonces?
            —¿Es que acaso tengo alguna opción? Desde que estas en el pueblo entras aquí con suma facilidad. ¿Cómo le haces? Eso es algo que nadie puede hacer, hasta donde se —se quejó ella tocando su mente.
            —No puedo hacerlo con facilidad. Cuando duermes con tu novio no puedo entrar ahí —confesó no revelando su verdad.
            —No puedes o no quieres, ¿tienes miedo de que en mi mente me encuentres teniendo sexo con mi pareja?
            Él cruzó sus manos en su espalda y apretó la mandíbula. Esa declaración le molestaba bastante. Porque era completamente cierta.
            —No es nada de eso. Simplemente parece que cuando dos personas se aman se cuidan unos a otros hasta en sueños. Bastante admirable.
            —Quizás y deberías tomar ejemplo, Kyler. Buscarte una novia.
            Él rio sin verdaderamente encontrarlo divertido.
            —Eres muy simpática.
            —No lo soy, tu eres el tonto que no captas un sarcasmo.
            —¿Por qué estas mirando los cocodrilos?
            —Son lindos —contestó sin más.
            —¿Solo eso?
            —¿Qué más puedo decir?
            —No lo sé, lo que paso hoy, lo lamento.
            —No lo haces de corazón.
            —En eso no te puedo dar la razón. Pero no me gusta que tu valentía se quede solo aquí dentro.
            —¿Desde cuándo te preocupa lo que me pueda pasar a mi o no? Comienza a asustarme tus cambios de actitud.
            —Deberían hacerlo, pequeña. ¿Por qué un cementerio?
            —Porque me gustan.
            Esa declaración le sorprendió al hombre.
            —Algo que tenemos en común.
            Ella lo miro aborrecía y volvió a centrar su vista en el lago.
            »Te daré un mensaje, espero que lo tomes a bien.
            Eso a ella no le gusto en nada. Alzó un poco la vista para observarlo mejor.
            —No dejes que nadie te quite lo que te hace especial. Absolutamente nadie.
            Lissie lo miró confundida. ¿De qué estaba hablando? Fue a contestar, pero este ya había desaparecido. Dejándola una vez más en ese lugar de sus sueños que antes la tranquilizaba y ahora simplemente le agobiaba.
            Kyler Wills comenzaba a ser un misterio.
Un clarividente que primero quería destruirla, luego ayudarla y ahora confundirla.
¿Qué estaba tramando?

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