15. Conociendo a los enemigos

Obscuridad (Sombras y Fantasmas #1)

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Mathias abrió la puerta de su apartamento y se sorprendió al ver a Isla.
—¿Cómo has sabido donde vivo? —preguntó. La chica sonrió y señaló dentro de su apartamento.
—¿Puedo pasar? Aquí afuera está haciendo un poco de frio.
Él no estuvo seguro si era una buena idea que su ex novia, a la cual estaba ayudando a divorciarse, entrara en su apartamento. No era ético y tampoco sabía las intenciones de Isla. Ella llegó hasta ahí por una razón y él quería saber cuál era. La dejó pasar y luego cerró la puerta del apartamento. Isla miró todo a su alrededor con detenimiento. Sin borrar su sonrisa.
            —Siempre has sido increíblemente organizado con tus cosas —notó mientras señalaba uno de los sofá—. ¿Puedo sentarme?
            Mathias asintió cruzándose de brazos mientras se acercaba.
            —Quedamos en que te llamaría si había algún inconveniente en tu caso. ¿Por qué has venido hasta mi casa? No me parece…
            —Correcto, lo sé —completo ella, para luego añadir—: Para mí tampoco me parece correcto terminar en la casa de mi abogado. La verdad es que no sé a dónde más ir. Eres la única persona que conozco en este pueblo. ¿Podrías fingir que al menos somos amigos y nos llevamos bien?
            Mathias supo que sus amigos tenían razón. Era demasiado amable con las personas. Permitiéndoles abusar de amabilidad. Lo hizo con Isabel y terminó muy mal. No iba a cometer el mismo error dos veces. Con Isla sería aun peor.
Es su ex novia con la que duró bastante tiempo. Si algo terminaba malinterpretándose, Esteban no le perdonaría nunca. Negó despacio y trato de tener una expresión neutral al hablar.
            —Si pretendes que finjamos ser amigos. Tendrás que decirme como sabes la dirección de mi casa y porque estás aquí. Sin guardarte nada.
            Isla se removió incomoda en el asiento. Le dio una mirada rápida aprovechando que él había sacado su celular para responder un mensaje. Se mordió el labio inferior y deseo con todas sus fuerzas que la situación fuera distinta. ¿Cómo se le decía a un ex que quería intentarlo?
Sabía que tenía novia, pero poco le importaba realmente ese detalle. Como tampoco le importaba que su pareja fuera la hermana menor de Esteban. ¿Qué tan atractivo era salir con una clarividente? Conocía a Mathias, todos esos temas nunca han sido de su agrado.
            Esa relación sería fácil de destruir. El tiempo en que tardara la finalización de su matrimonio. Ella aprovecharía sin duda alguna para meterse nuevamente entre ceja y ceja a Mathias. Para demostrarle que cometió un terrible error en abandonarlo. Era solo una niña ingenua que no vio lo que tenía al lado.
Su ambición había crecido y Christian Moretz fue un pez grande que se cruzó en su camino. No lo negaría, su esposo de 48 años era muy atractivo. Continuaba manteniendo un cuerpo musculoso, era un hombre bien dotado y seguía siendo inmensamente rico. Tampoco sería tan estúpida como para negar que en la cama era perfecto.
            Simplemente se había cansado de ser solo su juguete sexual y su modelo a presentar ante el resto de personas. Ella era una reconocida diseñadora, tenía fama en su mundo e iba a distintos desfiles muy reconocidos. ¿Cómo es que su esposo no lo veía? No se engañaría tampoco. Jamás hubo amor en esa relación por ninguna de las dos partes. Mientras ella simplemente lo veía como su mina de oro para obtener lo que quería, él la veía como su juguete sexual. Y al principio había estado bien para ella ser solo eso. Todo eso fue antes de volverse conocida en su trabajo. De ser más allá que simplemente la esposa joven de Christian Moretz, reconocido empresario.
            Había llegado su fin. Cuando escuchó hablar a una mujer sobre su divorcio y nombro al quien fue su novio por cuatro años, supo que esa era su señal. Por eso y ahora estaba allí, delante de Mathias Lorrinson, dispuesta a recuperar lo que dejó ir por ambición. El divorcio fue la cereza perfecta para seguir con ese plan. Christian había conseguido un nuevo juguete de tan solo 20 añitos. Ella ya no tenía por qué soportar esa vida y alegando que su marido le fue infiel. Podía obtener una gran suma de dinero por compensación.
            A Christian no le gustaba los escándalos y ella estaba dispuesta a darle uno grande. Por eso debía ser precavida. Demostrar el interés por Mathias desde un comienzo, podía meterla en problemas. Y eso es justo lo que iba a evitar. Ahora que tenía la atención de Mathias comenzó a hablar.
            —Mi esposo me es infiel y yo no soporto estar en la misma casa que él. En estos momentos no le importó que yo estuviera en la casa trabajando y metió a su amante. Una niña de 20 años, ¿puedes creerlo? —dijo mientras forzaba a sus ojos aguarse. Era tan fácil para ella actuar. Mathias pareció mostrar más comprensión porque había relajado su expresión.
            »Siempre ha sido así desde que cumplí los 27 años. ¿Increíble, verdad? Es como si con esa edad ya hubiera dejado de ser bonita para él. Me he convertido en una persona vieja y horrible. No tolero estar en esta relación que tanto daño me hace. Por eso mi divorcio, por esto estoy aquí. Necesito ayuda. No puedo seguir allí.
            Mathias sintió lastima. Es lamentable casarse con una persona sin sentimientos. Que es fácil para él engañar a su mujer. Isla parecía sincera.
            —Puedo pedir el divorcio express. Tenemos las pruebas y esto aligerara el proceso. Esperemos que él no pida reunirse contigo para arreglar las cosas. Eso lo complicaría. Más que esto no puedo hacer por ti, Isla. Espero que puedas encontrar una forma de regresar a tu casa sin que te lastime tanto.
            Isla sonrió de lado. Eso no era lo que esperaba de su parte. Pensó que Mathias se ofrecería a ayudarla a buscar un apartamento que le permitiera estar lejos de su marido. «Va a ser más difícil de lo que pensaba.» pensó Isla mientras se levantaba del asiento y apretaba su celular en manos.
            —Gracias por todo, Mathias. Me siento mucho mejor sobre esto.
            —Debo aclarar desde ahora que no puedes volver aquí. Este es mi espacio personal, Isla y no somos amigos para que tomes esta confianza.
            No lo iba a negar, esas palabras dolieron. Sin embargo, no lo demostró y sonrió.
            —Lamento si te hice sentir incómodo. Yo comprendo que por nuestro pasado las cosas hayan terminado así.
            —Ten un buen día —dijo volviendo abrir la puerta.
            Isla asintió.
            —Te deseo lo mismo, de verdad. Y gracias —dijo la chica.
            Mientras caminaba para salir rozó su mano con la suya. No obtuvo respuesta de Mathias. Al salir de su apartamento bien decorado se quedó con ganas y bastante decepcionada.
            Mathias cerró la puerta y comenzó a negar.
            —Esto no puede estar pasando —comenzó a decir mientras caminaba hasta el cuarto mientras se quitaba la camisa en el camino.
            Estaba seguro que Isla se le insinuó reiteradas ocasiones. Volvió a negar mientras tiraba la camisa en la cama.
            Ella sería un problema. Uno bastante grande y no es porque dudara sobre sus sentimientos. Una parte muy leve de él le decía que Isla solo vino para recuperar la relación. Y que su matrimonio es solo una vía de escape. Pasar tiempo con Lissie le había ayudado a observar mejor a las personas.
            Lissie siempre dice que las personas cuando actúan muy raras son porque tienen un plan nada bueno. Isla tenía un plan nada bueno, que lo incluía a él. Estando desnudo entró a la ducha. Había recibido un mensaje de Edward diciéndole que se reunirían. Debía poner un alto aún más notable a Isla. Antes de que sus amigos comenzaran a especular falsas cosas.
****
            Lissie se enderezó aún más en el sillón cuando vio las tumbas a su alrededor. El camino había sido reconstruido para llegar hasta la casa. Hacia ambos lados veía las tumbas de distintas personas. Se estremeció aun cuando no había visto ningún fantasma. Muchas de las tumbas estaban deterioradas. Aunque eso no significaba que muchas siguieran viéndose más escalofriantes. Estaban justo en el medio de un bosque y veía a lo lejos cuervos escondidos, zorros durmiendo. Incluso se escuchaban los ruidos de los animales en la noche.
            —¿En dónde mierda me has traído? —susurró mientras observaba todo.
            —Estaremos la mayor parte del tiempo en la casa.
            —Claro, ya que dentro de la casa esos hombres van a sacar mis tripas —dijo señalando su barriga. La cual comenzó a pedir comida. Kyler sonrió de lado y Lissie lo notó. Era la primera vez que lo veía sonreír genuinamente. Sin intención de asustarla.
            —Has visto muchas películas de terror.
            —No me gustan las películas de terror —dijo mientras estiraba las piernas. Kyler comenzaba a mostrar una faceta más genuina. Quizás y comenzaba a darse cuenta que solo se tenían ellos dos para sobrevivir en esa semana.
            —Entonces has visto muchas películas de fantasía. Hemos llegado a la casa del cementerio —anuncio Kyler poniendo una expresión más seria.
            Lissie dejó de mirarlo y vio por el cristal delantero un gran portón con las letras K y L en la parte delantera. El color plateado brillaba ante la oscuridad. Cuando el portón se abrió fue entonces que Lissie logró ver la gran casa.
            Una mansión de color blanco con algunos tonos oscuros en el tejado. Lejos de ser una mansión espeluznante se veía todo lo contrario. Era aún más llamativa. Provocando ganas a de explorarla. Ella sacudió la cabeza.
            —Es una mansión demasiado hermosa. Cualquier persona desconocida querrá estar aquí.
            —Y en el momento en que decidan entrar. Sus vidas inmediatamente acabaran.
            Kyler estacionó el auto en la gran marquesina de la mansión. Donde había otros dos carros más.
            «¿En qué momento será mejor que comencemos hablar así?» pensó ella mientras tomaba su cartera tipo mochila.
            «Desde ya. A pesar de no escuchar nuestros pensamientos tienen el oído muy agudizado.» respondió mientras apagaba el motor.
            —Espero que esto realmente sea entretenido. Si no, vamos a tener problemas luego —dijo en voz alta mientras le daba una guiña.
            —Ellos nos esperaran en la sala principal. ¿Te sientes más cómoda si bajamos nuestras cosas o dejaras que sean los empleados que se encarguen de ello?
            —Que las lleven ellos. Me duele cada parte de mi cuerpo y tengo una hambre horrenda. Por ellos he cancelado mis planes así que espero que al menos tengan la decencia de ser buenos anfitriones —se quejó sin inmutarse.
Kyler contuvo las ganas de reír. Era claro que ellos la habrían escuchado. Estiro su mano y Lissie la miro con el sueño fruncido.
            «No tienes que comportarte con suma amabilidad conmigo. Me asustas» pensó para que solo él escuchara y tomó su mano.
            A las personas normales siempre les cuesta darse cuenta cuando se enamoran de una persona. Para los clarividentes, no es el caso. Saben justo cuando su corazón cae al vacío.
Y en ese momento sosteniendo la mano de la pelirroja, viendo cómo se encuentra tranquila y dispuesta a ayudar. Su corazón cayó en un profundo pozo lleno de oscuridad y temor. Dio un gran golpe sobre su pecho y sus manos estaban paralizadas.
            «Eso no debía estar pasando» pensó. Ocultó ese pensamiento de ella.
            Aun aturdido por su reciente descubrimiento la condujo a su lado hasta la puerta principal. No era la primera vez que iba a ese lugar. Aunque si era la primera vez que iba sin un boleto de salida. Todo dependía de como fluyeran las cosas y si ellos se creían el espectáculo que formarían.
            Al llegar fueron recibidos de inmediato por el mayordomo, un hombre de unos 40 años. A Lissie le sorprendió ver lo elegante que lucía todo.
            —Me siento como un pez fuera del agua. No soy para nada una chica elegante.
            —Tú no necesitas clases para mostrar elegancia.
            Liss rio por lo bajo y negó mientras observaba todo.
            —Buenas noches jóvenes. Ha sido un largo viaje del pueblo hasta acá y por lo que pienso el hambre debe ser atroz —dijo mirando de reojo a la muchacha.
Se percató al instante que sí la habían escuchado quejarse. Bien, no le importaba mucho eso. Si fingiría ser novia de una persona, no fingiría también ser otra persona.
            —Mi estómago agradecerá cualquier comida y hasta un vaso de agua —dijo con una media sonrisa al mayordomo. El hombre se mostró amable y asintió.
            —Me llamó Alfredo y como bien han notado, soy el mayordomo de la casa. Puedes confiar en mi para lo que necesites y si tienes alguna pregunta estaré dispuesto en responder —dijo Alfredo mirando solo a Lissie. Ella alzó una ceja y entrelazó sus dedos con los de Kyler. Estaba nerviosa y no estaba dispuesta a mostrarlo a la primera.
            —Gracias. Quizás y vaya a tenerlo en cuenta.
            —Es un placer volverlo a ver señor, Wills.
            —Me gustaría decir lo mismo —respondió el chico sincero. Lissie apretó su mano en modo de regaño.
            «Se más amable. Se supone que estas con el amor de tu vida y este hombre claramente piensa que soy una mujer fácil.» pensó.
            «Alfredo es la mano derecha de la mujer de esta casa. No es de fiar.» le respondió Kyler de la misma forma.
            Caminaron hasta la habitación en la que se encontraba un gran comedor. Lissie abrió sus ojos aún más sorprendida. Si creía que el comedor de su casa era bastante exagerado, ahora veía que existían casas aún más exageradas.
            —Supongo que aquí harán gigantescas fiestas. ¡Mira esta mesa! —dijo ella.
            «Estas riendo de forma sincera. Esto es un milagro» expreso con tono burlón. Kyler paró de reír.
            —Suelen haber fiestas cada mes —anuncio para luego soltar su mano sacar una de las sillas. Lissie quiso reír por su acto de caballerosidad. Se sentía mal porque él se había mostrado sincero y ahora volvía a cerrarse. Fue a decirle algo pero el mayordomo volvió al comedor.
            —Los señores ya se encuentran aquí. Han decidido cenar con ustedes.
            Lissie lo miró esperando respuesta.
            «Yo también estoy sorprendido» dijo él mirando hacia la puerta.
Ella decidió seguir su gesto y para su sorpresa se encontró con dos personas de entre las edad de 45 a 55 años. Estaban vestidos con trajes muy costosos. Haciéndola ver su ropa  casual como de mala calidad. La mujer tenía el cabello de color negro increíblemente lacio peinado hacia un lado. Sus ojos café eran grandes con largas pestanas. Estaba maquillada naturalmente y para ser una mujer mayor se veía increíblemente joven sin ninguna cirugía. Tenía una mirada cálida, para su sorpresa.
«¿Era ella a la que debo temer?» pensó solo para sí misma.
            Luego observó al hombre que la acompañaba. Tenía el cabello negro abundante y sus ojos eran increíblemente verdes menta. Eran muy parecidos a los de…
            Kyler.
            «¿Qué carajo me estas ocultando?» pensó mientras sentía un nudo en la garganta.
            Kyler notó su ira y esperó que nadie más lo notara. Puso una mano sobre la parte baja de su espalda.
            «Por esto te dije que era todo complicado» pensó antes de decir en voz alta…
            —Siempre es un placer verlos, mama y papa.
            —Llevas mucho tiempo sin visitarnos. Hemos tenido que obligarte, mi vida —dijo la mujer para luego posar sus ojos en la chica pelirroja que intentaba ocultar bajo a toda costa su sorpresa.
            Esas personas eran los padres de Kyler Wills.
            Ella estaba en la casa de los padres de Kyler Wills.
            ¿¡Qué carajo le estaba ocultando Kyler Wills!?
 

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