18. Ella es un problema

Obscuridad (Sombras y Fantasmas #1)

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            —Vamos, Mathias, no te cuesta nada decirme que tal fue esa salida de espías —dijo Esteban.
            Mathias se encogió de hombros y continúo sin responder. Peter pidió que no dijera nada y respetaría su pedido.
            —¿Cómo van las cosas en la empresa? —preguntó.
            —No, no y no, tú no me vengas con esa táctica. Quiero saber cómo estuvo eso.
            —Ya te dije, hombre, deja de joder. Todo estuvo muy interesante.
            Siguió comiendo mientras Esteban lo miraba insistente. No creía que estuviera hablando en serio.
            —Si tanto quieres saber sobre mi misión, mejor pregúntenmelo a mí —dijo Peter llegando al restaurante.
            —Ahí tienen —murmuró Mathias.
            Reviso su celular para comprobar que Lissie no le había escrito todavía. Y aunque quería darle su espacio, sentía que algo no estaba bien. Una parte de él quería llamarla. Sin embargo, Stacy era insufrible y había puesto reglas en esa salida. Tenía que reconocer que comenzaba a sentir cierta dependencia en esa relación. Y no le gustaba.
            Era como si todo girara alrededor de ellos dos y la palabra mal amenazara constantemente. No quería sentir que ambos debieran estar juntos todo el tiempo. Y ni siquiera podía usar de excusa la frase que decía que había que recuperar el tiempo. Tenía miedo de que ella volviera a alejarse. Justo cuando se rindió, ella le abrió las puertas de su vida. No le encontraba sentido que volviera a retroceder.
            Sin embargo, Lissie siempre ha sido una chica que toma decisiones que nadie más se espera. Que decide por todos porque tiene esa habilidad para hacerlo. Sintió de nuevo inseguridad y dolor en su pecho. Estaba entrando en crisis. Impresionante.
            Esperaría a que llamara.
No podía convertirse en el tipo de novio controlador y agobiante. Era un hombre de 28 años, no un adolescente.
            —He estado sacando cuentas. Cuando Lissie regrese será el día de la fiesta de aniversario. Me pregunto qué será lo que esconderá esa fiesta.
            Mathias se encogió de hombros mientras tomaba su cerveza.
            —Una boda… siempre se anuncia el matrimonio de alguien —dijo y escuchó a Edward reír.
            —¿Te imaginas si es para una boda? Eso provocara que la clarividente haga explotar todas las lámparas.
            —Mi hermana no es tipo Carrie —dijo Esteban y ahí una vez más formaron una discusión que terminó en risas. Eran unos payasos. Los demás podían pensar que a veces ellos eran muy infantiles cuando estaban juntos.
            Caminó hasta el balcón del restaurante y fue seguido por Peter mientras Edward y Esteban se quedaban en la barra.
            —Suéltalo, Mathias. ¿Qué es lo que pasa? —preguntó mientras ponía una mano en el barandal.
            —Siento una terrible necesidad de llamar a Lissie y preguntar cómo andan las cosas. No quiero convertirme en el tipo de novio toxico que desea monitorear a su pareja porque tiene miedo de que se aleje.  
            —Tú no eres ese tipo de hombre.
            —No estoy muy lejos de convertirme en uno, parece.  
            —No puedes creer que en cualquier momento ella terminara la relación. Eso no es sano para ninguno de los dos.
—Yo lo sé, simplemente que mi cerebro no me está dejando pensar.
—Sé que de todos no soy el mejor dando consejos. Solo te digo que esperes y le dé su espacio. Ella llamara cuando deba hacerlo.
            Mathias asintió mientras giraba levemente la cabeza y veía que Edward estaba riendo con algún comentario que habría dicho Esteban de seguro.
            —Me preocupa lo que me hará este nuevo cambio. En lo que me convertiría.
            —¿De que estas hablando? —preguntó confundido. No se creía realmente de que Mathias estuviera dudando de su relación. ¿O sí lo estaba haciendo? Todo ese lio le seguía resultando raro.
            —Hemos pasado por mucho durante este tiempo en que estuvimos separados. Al Esteban ser mi mejor amigo, siempre he estado pendiente a lo poco que habla de su hermana. Yo tuve mis parejas, no demasiadas, pero las tuve —se detuvo al ver la mirada de confusión de Peter—. Amo a Lissie, Peter, eso no lo dudo y eso no lo dudes. Realmente amo a esa chica.
            —Pero…  
            Mathias suspiró.
            —Sé que me está ocultando algo importante y siento que esta necesidad de hablar con ella se debe a que deseo saber qué es eso que le inquieta y no me quiere decir. No soy estúpido Peter. Dos personas pueden amarse, pero la confianza puede estar fracturada.
            —Y eso es justo lo que sientes con Lissie —completó Peter le tendió su cerveza a Mathias.
            Al fin había soltado lo que llevaba pensando incluso antes de Lissie marcharse. Sentía que le estaba haciendo bien conversar con Peter. Decir sus dudas en voz alta estaba costándole.
            —No sé qué hacer.
            Peter sopeso sus palabras. Lissie y Mathias se conocían desde hacía años. Aunque a veces no importa cuánto conozcas a la otra persona. La confianza siempre está en una línea muy fina.
            —¿Por qué no vas y le das una sorpresa a Lissie en el hotel? —sugirió Peter.
            —¿Una sorpresa? Me sugieres que vaya hasta allá y le diga a mi novia “Hey, he venido a interrumpir tu estadía solo de chicas.” Eso hará que me deje de hablar durante una semana entera.
            Peter le restó importancia y se burló.
            —Yo lo que pienso es que hará que ella se enamore aún mas de ti y te considere un chico romántico. Tú mismo lo has dicho hace un momento. Estuvieron separados mucho tiempo y eso aunque no lo parezca enfrió un poco la relación. Ahora están en la etapa de recuperar la confianza del pasado y de hacer brillar ese amor genuino que ambos siguen teniéndose.
            »Muy pocas son las personas que se continúan amando después de una ruptura. Tú la amaste aun cuando estabas con otras. Porque ella es el amor de tu vida. Valdrá la pena que interrumpas su estadía.
            Mathias sonrió por primera vez desde que habían llegado a comer.
            —¿En qué momento te volviste el amigo que da buenos consejos?
            —En el momento en que una chica capturo mi atención.
            Ambos chicos continuaron hablando de temas triviales. Mientras el otro par también tenían su conversación ajena a ellos.
La idea que sembró Peter en su mente fue tomando cada vez más fuerza. Quizás… solo quizás, podría hacer una locura como esa.
****
            Entró al pequeño local de comida rápida. Sabía que era un error estar allí, pero su deseo de ayudar iba mucho más allá de lo que podía manejar. Además, era su cliente y era algo que no podía cambiar. Isla formó una gran sonrisa en su rostro.
            En un pasado, antes de conocer a Lissie, habría dado todo por mantener esa sonrisa en su rostro. Realmente había pensado que esa sería una relación para toda la vida. Luego fue que llegaron los cambios de la chica y al final, se fue dejando la relación finalizada. Al poco tiempo se casó con el hombre del cual se quiere divorciar. Se sentó en la silla que estaba frente a ella.
            —Me alegro mucho de que hayas venido.
            —Dijiste que tenías una información importante para el caso. ¿Dónde está?
            Isla no es una persona grata entre sus amigos y Esteban no sabía que estaba llevando el caso de divorcio de la chica. Sabía que no tenía nada que esconder. Él es un abogado que actualmente está llevando un caso de un cliente al cual conoce. Pero conocía a su amigo. Él se crearía una gran novela en su mente y eso era justo lo que quería evitar.
            —Primero comamos, ¿te parece bien?
            «No me parece bien» es justo lo que hubiera querido decir. Fue otra cosa la que salió de su boca.
            —De acuerdo, comamos y luego terminemos con esto.
            —No entiendo —dijo la chica mientras tomaba la cartilla en sus manos—. Tú no eres un chico hosco con las personas. Pero me tratas como una basura.
            Un pinchazo de culpabilidad se formó en su estómago. Debía reconocer que no estaba siendo el mejor. Respiró hondo y tomó la cartilla.
            —Lamento si te he ofendido en algún momento. De todas formas solo quiero dejar en claro que no somos amigos y que estas salidas qué pides van en contra de mi moral.
            Ella alzó la vista y sonrió de una forma que lo hizo sentir incómodo. Isla tenía demasiada imaginación y realmente sospechaba exactamente lo que estaba pensando. Fue a decirle algo cuando se vio interrumpido.
            —Somos dos adultos teniendo una reunión profesional. ¿Qué hay de malo en eso?
            El mesero llegó justo cuando fue a contestar. Una vez solos intento pensar bien en las palabras que diría.
            —Tú sabes perfectamente que no ves esto como algo… profesional. Me veo en la obligación de recordarte, Isla, que tengo pareja y que no estoy interesado en recuperar nada de lo que tuvimos.
            Vio su labio inferior tensarse. Ella no borró su sonrisa.
            —De acuerdo, Mathias, no hace falta ser tan directo —sacó de su bolso un sobre y lo colocó sobre la mesa—. Aquí están una serie de fotos que fueron tomadas por mi investigador privado. En ellas se ve claramente a mi esposo con varias mujeres en su auto. Tomadas días distintos. En algunas de las fotos se ve cuando él va entrando a una habitación de hotel en compañía de ellas. También hay otras fotos en las que se ve que la lleva a cenar a restaurantes costosos y por ultimo hay fotos de él besándose con ellas.
            »¿Puedes creer que la mayoría de ellas son niñas de 20 y 21 años? —dijo de forma despreciable.
            Mathias ya se encontraba viendo las imágenes.
            —Hablas de estas chicas como si tú fueras una mujer anciana. Solo tienes 28 años, Isla. No debes sentirte como una mujer vieja ante estas chicas.
            —Tu novia tiene 21 años, ¿cierto? Tú también prefieres a las más… inexpertas —dijo con desdén.
            —En este mundo en el que vivimos niñas de 15 años ya han tenido sexo. A los 21 ya no son tan inexpertas. Lissie es una mujer que me respeta y me hace sentir bien estando en la relación. Esto no es cuestión de si prefiero a chicas más jóvenes que yo o no. Es cuestión de estar con la persona que te complementa —Isla tembló en su asiento.
            Odiaba escucharlo hablar con tanta devoción por una chica que ni siquiera ha visto todavía. Esa rival era demasiado importante para él. «¿Cómo lograría recuperarlo si sabía que estaba muy enamorado?»
Mathias siempre ha sido un hombre romántico y apasionado en las relaciones. La culpaba de forma indirecta por terminar la relación y lo entendía. Debía poner en marcha su plan.
            —Perdón si soné como una mujer celosa.
            Mathias le restó importancia. No tenía caso discutir con ella.
            —Tenemos suficiente información como para que te concedan el divorcio y a su vez puedas obtener una compensación —dijo guardando el sobre en su maletín.
            La comida llegó de inmediato y ella asintió. El celular de Mathias comenzó a sonar y él tragó de inmediato a ver el nombre de la persona, Lissie.
            —Debo atender esta llamada de inmediato. ¿No te molesta? —preguntó.
            —No, descuida, yo te espero hasta que regreses para terminar de comer.
            Mathias asintió y salió fuera del local tomando la llamada.
            —Vaya… pensé que no contestarías porque estarías molesto conmigo —dijo la voz que tanto había ansiado escuchar.
            —No tienes idea de lo mucho que llevo esperando tu llamada. ¿Cómo estás? —preguntó mientras observaba la luna. Escucharla tardar en contestar lo alerto.
            —Estamos bien —respondió ella con tono suave.
            —¿Cómo estás tú? —volvió a preguntar.
            La escuchó respirar desde el otro lado del celular. Si ella estuviera en su casa, no hubiera dudado en montarse en su auto e ir hasta allí.
            —Sufrí un desmayo, pero de verdad que estoy bien. Solo fue un susto.
            Eso no lo dejo tranquilo. Apretó el celular en su mano.
            —No me gusta cuando te sucede eso. No es normal.
            —No te preocupes por esto. Te aseguro que si fuera grave ya estuviéramos de regreso, pero todo está bien. Stacy se fue al restaurante del hotel a insistir en que le den una botella de vino. Ella no quiere pagarla.
            Algunas costumbres nunca cambian y Mathias sabía que ella simplemente había cambiado de tema.
            —Lissie, solo espero que sepas que puedes confiar en mí. Solo espero que… nunca lo olvides.
            —Lo sé —anuncio ella en un susurro—. Cuando regrese… prometo decirte lo que me está aquejando en mi pecho. Ahora yo no puedo decirlo porque no es el momento. Confío en ti. Créeme que lo hago.
            —Y no dudo de que lo hagas. Aunque a veces siento que no confías lo suficiente en mí como para contarme las cosas. Entiendo que retomamos nuestra relación hace poco y… —él no terminó de decir lo que planeaba porque fue interrumpido por la suave voz de Lissie.
            —No hace falta que digas más. Se lo que intentas decirme y en parte tienes razón. Debemos trabajar en nuestra relación. De verdad creo en nosotros y no quiero que lo dudes.
            —Yo solo deseo que te habrás conmigo.
            Otro largo minuto de silencio.
            —Debo colgar, Stacy ya llegó. Te amo, Mathias y de verdad me disculpo por mi comportamiento. Espero que los chicos estén bien —eso le arrancó otra risa.
            —Peter está muy en las nubes.
            —¿Y mi hermano? —preguntó.
            —Él y Edward andan secreteándose mucho. Todos están bien. No debes de preocuparte por él.
            —Envíale mis saludos a todos. Dile a mi hermano que me disculpe.
            —Lo haré.
            —Yo… de verdad debo colgar. —volvió a decir.
Mathias sintió un pinchazo en su corazón.
            —Te amo mucho Lissie. Que disfruten.
            Terminar la llamada lo dejó con otro vacío en su pecho. Guardó su celular en el bolsillo y miró hacia la luna.
«¿Qué clase de moral tenía si él mismo no le había dicho a Lissie en ningún momento que estaba llevando el caso de divorcio de su ex?»
            Regresó a la mesa y terminó de comer bajo la atenta mirada de Isla. Ella planeaba decirle algo pero al parecer terminó arrepintiéndose. Cuando terminó dejó el dinero en la mesa.
            —Espero que esta sea la última vez que me busque solo para dar por hecho que deseas retomar lo que quedó en el pasado.
            Isla terminó de dar el último bocado a su comida.
            —No hace falta decir tales palabras, Mathias. Estas siendo muy malo conmigo. ¿Olvidas que tuvimos una relación de varios años?
            —Hasta luego, Isla. No hace falta seguir discutiendo por esto.
            Mathias se alejó sintiendo la sensación de que debía tomar la palabra de Peter. Ir hasta el hotel donde dijo Lissie que estaría e ir a simplemente darle una sorpresa. Estar con ella que era justo lo que más deseaba. Sacó las llaves de su bolsillo y sintió un terrible mareo.
            —Esto ha sido extraño —murmuró mientras se llevaba una mano a la frente y comenzaba a sentirse mareado. Logró abrir la puerta de su auto pero al sentarse realmente se sentía muy mal.
            —No debiste haber jugado con fuego —escuchó que alguien decía, pero se sumió muy pronto a la oscuridad.
****
            —Me pregunto porque tuviste que ser tan imbécil para no darte cuenta que todo esto es para que estemos juntos —comenzó diciendo Isla mientras le quitaba los zapatos a un desmayado Mathias—. Nuestra relación había sido tan hermosa —susurró.
            Su celular sonó y caminó hasta su bolsa que estaba encima de la cama.
            —¿Dónde carajo estas, Isla? —preguntó su marido muy molesto. Ella apretó el celular. «¿Con que derecho se atrevía a tratarla así?» pensó con rabia.
            —Resolviendo unos asuntos que nada tienen que ver contigo —espetó la chica molesta mientras le daba una mirada rápida a Mathias. Escuchó como Christian gruñía desde el otro lado.
            —Eres mi mujer, Isla, recuérdalo. Tu deber es estar al lado de tu marido.
            —¿Realmente estas provocando esta escena? ¡Porque no te queda! Deberías recordar entonces que tú eres mi marido y que tu deber también es estar a mi lado.
            —Te estuve esperando horas para que me acompañaras a una cena de negocios. En donde estuviste metida.
            —Ya te lo dije maldita sea, estoy resolviendo unos asuntos. Yo nunca te pido explicaciones. Así que no vengas a estar pidiéndomelas —volvió a escuchar como Christian lanzaba improperios.
            —Pórtate bien Isla, porque bien sabes lo que le pasan a las putas que se quieren pasar de listas conmigo. Si llego a enterarme de que estás haciendo algo que no me gusta… estarás en problema —ella tragó saliva.
            —¿Y que si estoy siéndote infiel, eh? —soltó sin pensarlo—. ¡Tú te acuestas con cuanta zorra se cruza en tu camino y no te digo nada! Deberías utilizar tus propias palabras, puto.
            Cerró los ojos con fuerza cuando notó que Christian le había colgado la llamada. Se había pasado y ahora sabía que estaba en problemas. Respiró hondo y tomó su maquillaje para retocarse. Luego de terminar escuchó el timbre del apartamento de Mathias. Con una leve sonrisa fuera para abrir la puerta.
            —Ya me encuentro aquí, Sra. Moretz, ¿en qué puedo ayudarla? —preguntó su chofer.
            —Acompáñame al cuarto. Dijiste que eres bueno tomando fotografías. Necesito que hagas exactamente eso y quiero destacar que esas imágenes tienen que parecer naturales. ¿Crees que puedas hacerlo? —preguntó y el hombre asintió. Vio que estaba en un apartamento que no le pertenecía al Sr. Moretz y cuando entró al cuarto entendió a la perfección que es lo que planeaba hacer la mujer del señor Moretz—. Todo esto debe quedar entre nosotros. Eres el único amigo que tengo en esa estúpida casa.
            —Cuenta con mi silencio, Isla —dijo y no mentía en ningún sentido.
            Tragó en seco cuando la vio desvestirse quedándose completamente desnuda. Isla era una mujer muy guapa. Pensar que el Sr. Moretz realmente le era infiel le desagradaba. Porque ella no merecía tal desprecio.
Sin decir nada más esperó que ella se acomodara en la cama del hombre del que desconocía su identidad y comenzó a tomar las fotos. Unas tras otras sin detenerse. Mientras Isla hacia todo el trabajo de acomodarse entre Mathias y hacer ver que realmente son una pareja que recién tuvieron sexo.
            Al terminar Isla le pidió a su chofer que la esperara en el auto. Se cambió de ropa y se acercó hasta Mathias que seguía drogado. Acaricio su frente alejando los mechones rubios pegados.
            —Lamento que las cosas hayan terminado de esta forma. Pudieron haber sido completamente diferentes —le dio un beso en los labios y se alejó.
****
            Mathias se giró sobre la cama sintiendo un terrible dolor de cabeza. Volvió a girarse sabiendo que eso no ayudaría nada. «¿Qué había pasado?» intentó recordar sin abrir los ojos. Sabía que el día anterior había estado hablando con Isla. Había tenido un encuentro con ella, pero después de eso no tenía recuerdos.
            Tuvo la sensación de que algo no estaba bien. Se sentó sobre la cama sintiendo un terrible dolor en el estómago. Eso no fue lo que lo alertó de que algo de verdad no estaba bien. Se sentía expuesto… desnudo. Todo su cuerpo se tensó al darse cuenta que realmente estaba desnudo.
            —¿Qué mierda ha pasado? —preguntó en voz baja.  
            Se levantó negando y llevándose ambas manos en la cabeza. Reconoció su cuarto, pero… ¿Cómo había llegado hasta allí? Sabía que había sufrido un mareo antes de llegar a su auto. Lo recordaba… pero después de eso sus recuerdos estaban sueltos.
            «No debiste haber jugado con fuego» recordó esas palabras.
            Isla.
            «Yo e Isla…» no logró completar esos pensamientos.
Los alejó por completo de su mente. Buscó sus pantalones y encontró su celular en el bolsillo. Marcó el número del único amigo que realmente podía ayudarlo.
            —Mi Mathias, que sorpresa de recibir tú llamada tan temprano —escuchó la voz burlona de Peter.
            —Peter… yo —se detuvo porque no sabía cómo continuar.
            Estaba avergonzado y no tenía ni idea de si su miedo era real o no.
            —Que pasa, tú nunca te quedas sin palabras —dijo.
            Mathias soltó el aire.
            —Yo creo que he hecho algo muy malo y en estos momentos eres el único que puede saberlo.
            Peter se levantó con rapidez de la cama.
            —Estoy en una hora en tu casa —fueron sus palabras.
            Mathias caminó hasta el espejo y vio su reflejo.
            Descubriría que fue lo que paso entre Isla y él. ¡Ni siquiera había tomado alcohol! Tuvo que pasar algo más.
            —Tranquilízate —le dijo a su reflejo.
            Cerró sus ojos y caminó directo al baño. Tenía que resolver lo que estaba pasando.

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