II

Memorias Caídas

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-Es increíble la cantidad de vegetación. -llegamos a un claro que apenas nos dejó divisar nuestro alrededor.
-Es obvio, está deshabitado y fue intervenido por el hombre. -dijo Lissandro agitado.
-Lo sé -caminaban distraídos como si el peligro se hubiese esfumado. Me detuve a pensar qué podría haber sido esa cosa. Busqué en cada rincón criaturas posibles y ninguna coincidía con lo que vi PORQUE NO HABÍA NINGUNA. -aunque... -chocó contra una gran estructura de piedra.
-¿Qué mierda? -alguien sabe insultar... Me despojó de mis pensamientos y reí. Realmente se había golpeado contra un muro.
-Es una montaña. -aclaró Lissandro.
-No lo creo. -le contradije. -En los mapas no aparece nada. Es un muro.
-¿Mapas? -me miró extrañado. Ayudé a Alex a incorporarse.
-Aquí. -apunté a mi cabeza. -No podremos atravesarlo. -le di un fuerte golpe y apenas se agrietó. -Y quizá tiene más de varios metros de profundidad. Además, no sabemos que demonios hay del otro lado. Les recuerdo que no quiero morir.
-Rodearlo. -muy lento.
-¿Qué habrá del otro lado? -se preguntó Alex entre murmullos.
-Si lo supiera tendría que matarte.
-Lo entiendo. Por suerte ya tengo mi testamento.
-¿Tan rápido? Eres raro, pero quizá me agradas un poco más. -reí. -Noto que al parecer no me tienes miedo.
-Para nada.
-Pareces de esos secuaces del mal -bromeé. -¿Estás seguro de lo que dices?
-Lo digo en serio -me miró a los ojos sonriente. -Siempre hablamos de eso con Joel. Me dice que no es fácil ser una híbrida perfecta por lo que a veces me pongo en tu lugar.
-Bien. -Le devolví una mirada intensa sin dejar de buscar en sus ojos algún pecado. Limpio. -Miren -señalé a la distancia -, creo que allí hay una cueva. Pronto va a llover.
Ellos avanzaron con seguridad mientras tomaba una rama del suelo y con ella le di un fuerte golpe en la cabeza a Alex que cayó al instante en el suelo.
-¿Qué te ocurre? ¿Por qué lo golpeaste? -Lissandro se me acercó furioso.
-Joel está muerto. -dije sin fuerza. - Alex es su escudo... el reloj. Lo vi marcar la hora en su maldito reloj y lo trajimos con nosotros. Todo este tiempo estuvo entre nosotros.
-¿Escudo? No puede ser. -No me creía. Se sujetaba la cabeza para entrar en razón. -Explícate.
-Utilizó a Alex para ocultarse entre nosotros. Debió poseer el cuerpo de Joel en algún momento. Ya debe saberlo. Si volvemos algo malo pasará. -estaba garantizado.
-¿Qué sugieres? -lo levantó como a una bolsa de papas y lo arrojó en la cueva a un costado. Posó la vista sobre el panorama general y divisó el cielo un tanto enojado con intenciones de dejar caer sobre nosotros la lluvia para alejar quizá a la criatura que no perseguía o tal vez dificultarnos más la visión.
-Que comiences a hablar de lo que ocurre en Pandora. -me miró pensativo por unos segundos. De seguro consideraba sus opciones con sutileza. Pero aún si me contara la "verdad", ¿sería capaz de creer en sus palabras? Al final habló.
-Victoria fue por nosotros y nos buscó uno a uno en persona de entre tantos. -se sentó en una roca. -Dijo que buscaba algo especial, lo mejor de lo mejor.
De todos los escuadrones solo nosotros podemos usar la habilidad sin cansancio. Somos descendientes directos... los demás eran como experimentos fallidos. -mi seño se frunció mientras escuchaba más y más. -Un día como si nada nos apartaron de los demás y para no levantar sospechas amenazaron a nuestra familia.
-Su familia los abandonó.
-Ellos son mi familia. -sus ojos estaban nerviosos, se imaginaba lo peor ante tal amenaza. -Mis amigos lo son. Si algo les ocurre por mi culpa, yo no sé qué haría. -ya lo hiciste. -A los días llegó un hombre de traje y corbata negra, era pálido y de cabello blanco, miraba impaciente un reloj de bolsillo. Estaba enojado.
-¿Qué quería? -ya sabía quién era.
-Llamó a una audiencia con el Consejo. Él representaba a los pequeños pueblos y ciudades expuestas a ataques continuos.Su turno de hablar llegó y no se escuchó ningún ruido más.Nosotros fuimos llevados a un cuarto separado de todos los demás por el coronel Warren. Lo notaba preocupado. Lo último que nos dijo en ese mes fue "tengan cuidado que las paredes escuchan". Mica habló con él con sus poderes. Dijo que todos estábamos en peligro y que ese hombre estaba juntando miradas para algo grande. ¿Te imaginas que pasaría si tuviera a los descendientes de ángeles y demonios directo?
-Todos gritarían. -me perdí en una imagen que llegó a mi mente. Me vi matar a tantos como si fueran hormigas, no podría ser capaz de imaginar qué pasaría si la cantidad se multiplicaba.
-Pasaron los meses y nosotros nos mantuvimos al margen de la situación y entre la multitud, no buscábamos resaltar ni nada por el estilo. -se detuvo por un momento pensativo y con la voz cargada de dolor. -Mi mejor amigo no era como nosotros... Al tiempo supimos que Victoria había muerto y nuestras esperanzas de escapar desaparecieron. Pasó un mes de misiones como algo normal y un día una señora bien vestida entró con un maletín acompañada del hombre con el reloj a buscar a dos personas de cada habitación, un hombre y una mujer. La señora parecía feliz. Esos chicos no regresaron sino hasta una semana después.Así continuó sucediendo, uno a la vez en los siguientes días.El coronel nos había estado evitando a toda costa, procuraba no exponer nuestras habilidades, él había visto algo y tenía miedo de hablar. Hasta que una noche hace dos meses, tal vez más, se comunicó con alguien pidiendo ayuda desesperado.
-Eruca. -me negara o no los traería de igual manera.
-Ella pidió por nosotros esa misma noche.
-No le negaron la posibilidad porque levantaría sospechas...
-Correcto, pero solo porque tú estabas aquí. Ellos no sabían qué era capaz de hacer un alado. No se han visto en tanto tiempo... Claramente "nadie" sabe de esto. Aunque todos nosotros notamos lo que pasó durante aquel día cuando todas las naves cayeron. Parece que los periódicos, la televisión y la radio no hablan de ello por miedo o porque alguien los controla y las personas se niegan a hablar al respecto. Están aterrados. Dos meses después de aquel desastre llegamos aquí, pero antes de eso, al volver al cuartel se notaba la ausencia de la mayoría en la habitación. Esa señora regresó junto al coronel y al ver los pocos que éramos sonrió satisfecha. La vi a los ojos y sé que ella me notó. Vio que había sobrevivido, me reconoció. -estaba furioso. -El coronel ya no sabía que hacer para mantenernos alejados del peligro. Mica habló con él por última vez y descubrió que todo fue a propósito...
-Les lavaron el cerebro para matarlos sin que hubiese evidencia. No les importaban los ojos.
-Querían debilitar nuestras fuerzas para estar a la par de Azar. No entiendo aún cómo es que entraron.
-Es muy sencillo, si no puedes destruir algo, lo corrompes desde adentro. Esa señora y otros funcionarios deben rendir culto a Azar. El coronel debió ver algo que los puso en evidencia, pero ¿qué?
-No lo sé... Estaban a punto de enviarme fuera del cuarto cuando recibieron una llamada y nos dijeron que preparáramos nuestras cosas. Eruca exigió que nos dieran el pase de salida de inmediato. -no se había atrevido a ver la expresión en el rostro de sus "superiores".
-¿Saben de Aramis? -estaba alerta.
-¿Qué deben saber de él? -me miró a los ojos fijamente buscando por todos lados que titubeara o mostrara algún signo de vergüenza o culpa sobre algo. A él no le causaba seguridad mi querido idiota amigo lo cual era entendible sabiendo que me acosté con él en el pasado, pero eso Lissandro no lo sabía. Sus celos estaban por otra cosa que aún no lograba leer.
-Aramis es un ángel puro. -me acerqué y sonreí. -Si Azar lo llega a mencionar estaremos todos muertos. -se puso de pie y se me acercó.
-¿Por qué no acabas con esto rápido? -se acercó a las pocas gotas de agua que estaban cayendo.
-¿Qué? ¿Piensas que me levantaré y saldré a matar porque se me dio la regalada gana? Parece que te estás juntando mucho con Aramis.
-¿Es cierto? Lo de Alemania... -parecía decepcionado.
-¿Qué? -no entendía a que se refería.
-El culto que atacaste en la Catedral. -abrí los ojos con un leve dolor en el pecho. Me sentía mal porque él lo supiera, lo que puedo hacer.
-Ah... -pensé por un momento. -No me agrada memorizar lugares. Siempre cambian de nombre. No me ayuda.
-¿Es cierto? -insistió. Cerré los ojos para no enfrentarlo.
-Sí, -aclaré la garganta. -yo los maté a todos con mis propias manos. -voleé los ojos.
-No es divertido -me advirtió.
-Para nada -afirmé. Volteé a verlo indignada.
-¿Por qué? 
-Lissandro, a ti no te debo explicaciones. No me estorbes porque mis advertencias aplican para ti también.
-No lo hago... solo... olvídalo -¿qué quieres de mí?
-¿Es una broma? Aramis piensa que disfruto matar y al parecer ya convenció a todos de eso, que lo amo a pesar de no tener auto control o no dejar expresiones a la vista... ¡Por favor! ¡mírame! Soy mitad demonio, es obvio que mis emociones son más intensas y él lo sabe, la sangre es algo que amamos... -miré al suelo con resignación. -Él creció con los humanos y conoce el efecto que causan en mí. Odio hacerlo, me consume... detesto ver la sangre en mis manos, no soporto no poder dormir en las noches porque me rodean los espíritus de esas almas que me persiguen. No puedo ayudarlos. No puedo enviarlos lejos aún porque no es el momento.
-¿Los dejas que te atormenten? -se lo dije al alguien por primera vez a alguien. Lissandro sentía que no podía hacer nada para quitarme ese peso de la espalda, aún así, lo intentó al escuchar con atención.
-Son las voces que me rodean. -tiré de mi cabello. -Ellos no lo saben, nadie lo sabe. Ellos creen que todo está en mi cabeza y no es así. Me siguen a todos lados. De todas las épocas, cargados de cansancio, dolor y oscuridad.
-¿Están aquí? -se atrevió a pensar mientras sentía la sensación de ser observado.
-Siempre que puedo pensar con claridad. -le sonreí con ternura ante su ingenuidad.
-¿Por qué no has dicho nada al respecto? Si hay algo que podamos hacer para ayudar...
-Porque decirlo en voz alta hace que me odie cada vez más por haberles hecho daño. Es lo único que me queda para recordarles el rostro. No quiero olvidar lo que provoqué.No tienes idea de lo que es ver tus manos cubiertas de sangre sabiendo que en realidad todo está en tu mente.
-No está en tu mente Scarlet, son pecados, se cargan en el alma. Pero aún así, tienes razón, no lo sé. -nos quedamos en silencio por un momento tratando de ordenar los pensamientos y sacar conclusiones. -hemos venido a dejar la biblioteca ¿cierto? -me miró a los ojos con intensidad.
-Sí leíste. -reí para cortar el silencio incómodo.
-No, pero luego de decir un lugar plano y en el que no llegue el agua me dio la leve sensación de estar en lo correcto. Además del hecho de que casi escribes por las paredes de toda la casa como una loca.
-Me está quemando la cabeza.
-¿No has pensado en compartir lo que tienes allí? He leído en libros sobre su trampa de arena para alejar a los egoístas y de la inmensa cantidad de escritos. Y pensar que todo está frente a mí. -me sonrió.
-Lo he pensado, pero luego entendí a esa cosa peluda y supe que el hombre con ese conocimiento lo destruiría todo... Pero no soy tan idiota, leí casi todo.
-¿Todo? -abrió los ojos muy sorprendido.
-¿Eres sordo? Dije casi todo. Cuando estuve en coma tuve mucho tiempo libre para descansar. Incluso aprendí un poco de historia.
-Así que puedo preguntar lo que sea...
-Pruébame. -sonreí con malicia.
-Bien, ¿cómo se llamaba? 
-Eso no te incumbe. -al diablo con toda la amistad.
-Me incumbe cuando alguien quiere hacerte daño. -me vio de reojo. Lo analicé.
-¿Qué me ocurrió? -Alex había despertado y la tensión que me rodeaba los músculos del cuerpo desapareció. Apenas abría los ojos cargados de confusión y pesadez.
-Tropezaste. -Le dijo Lissandro con la intención de cubrirme.
-Pareció más como un golpe en la nuca. -se levantó con lentitud adolorido.
-Es cierto, te golpee. -lo miré apática.
-¿Por qué? -se aseguraba de no estar herido de gravedad junto con la indignación ante mi desinterés.
-Aburrimiento.
-Oh, bien. -rió sarcástico. -La próxima me quedaré en casa. -salió de la cueva con lentitud mientras aún lloviznaba.
-Este lugar tiene muchos cuervos. -vio a la copa de los árboles. Me distraje mucho tiempo... se habían acercado demasiado, por lo menos servirían de alarma por si esa cosa regresaba de nuevo.
-No los mires o te seguirán por todos lados. -le advertí entre risas. -luego terminas viendo gente muerta. ¡Boo! -Parecía divertida ante la situación pero la verdad era que estaba asustada.
-Siempre pensé que te seguirían si eras buenos con ellos. Los cuervos recuerdan a quienes los tratan bien.
 

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