IV

Memorias Caídas

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Mi corazón sintió un golpe y el estómago casi hace que devolviera el Whisky y las manzanas que me había comido en la semana y no hubo ilusión que pudiera evitarlo.
¿Podría ser que incluso después de morir no tendrían descanso?
¿Podría ser que luego de tanto esfuerzo no obtuvieran ni siquiera la consideración de dejarlos irse en paz?
¿Por qué tuvieron que agonizar hasta el punto de rogar en una fuente de milagros para tontos ayuda divina?
-Yo... -me tambaleé ante tal escena. Sería la siguiente si no hacía algo al respecto.
-Tú debes hacerlo no solo por ti, sino también por ellos. levanta la cabeza y no te atrevas a llorar. -Ceres tenía razón. No lloraría por nadie, por lo menos ese día. Me incorporé con el orgullo intacto gracias a la pequeña que al parecer era más madura de lo que creía.
-Bien... nadie toque el agua. -logré balbucear. Una lluvia de recuerdos se aproximaba siendo completamente opuesta a la calma del manantial.
-No pienso hacer nada para matarme, te lo puedo asegurar.
-Deberías regresar a casa, estoy cerca de algo importante y eso significa problemas. No quiero que me culpen si algo le pasa al crío que llevas dentro. -abrí un portal. Un escalofrío me recorría el cuerpo.
-Ni soñando. Me quedo. -insistió.
Avanzamos hasta llegar a la orilla del agua que se encontraba tan quieta como las rocas de una montaña. En la orilla, sobre el lino petrificado de hacía tanto tiempo se encontraban más runas escritas que se traducirían como "Valle de lágrimas".
-Valle de Lágrimas... -pensé. Había un libro sobre manantiales míticos. -El agua de aquí es tan pura como las mismas lágrimas. Nadie que tenga las manos sucias puede tocarla o beberla sino el cuerpo acuoso se entristecerá.
La leyenda contaba de un caballero que huía con su pequeño hermano de las atrocidades que en el mundo generaba sin descaro, pero al llegar a este paraíso perdido cayó en una grave enfermedad que acabó con su vida. Fue enterrado debajo de este suelo por las manos de su hermano quien lloró y lloró desconsolado tras la pérdida. El caballero lo había protegido con valentía arriesgando su propia vida. Evren sintió su dolor y convirtió al fallecido en una fuente con el deseo de poder acabar con toda pena y mal alrededor de las lágrimas que el pequeño había juntado por tanto tiempo. Tomó al niño y lo arropó con cuidado para que no despertara, cesó a las ondulantes aguas y lo acostó en ellas apaciguando el agravio que le recorría el cuerpo entero. Allí reposaba el amor de ambos hermanos convertido en un manantial para evitar que otros sufrieran de la misma manera. Pero quien intentara usar el deseo para propio beneficio despertaría al niño de su calma y enfurecería al hermano que reclamaría el deseo con intenciones de defender al pequeño nuevamente.
-Y eso, ¿qué pasaría si lo hago? -preguntó Chispitas preocupada.
-Te aplaudiría por ser el nuevo cadáver ganador de la lotería en imbécil.
-No podría haberlo dicho mejor. Por lo menos sería la primera ganadora.
-¿Tu crees?
-No veo que alguno de ellos esté celebrando en un yate con alcohol y drogas. -señaló a los cuerpos.
-Buen punto.
Di un paso hacia la fuente rodeada de cuerpos putrefactos, donde polulaban moscas y otros insectos que cumplían con su corto propósito de ayudar a la descomposición. Un portal se abrió y crucé hasta aquella superficie de tierra rodeada de agua tan cristalina que podías ver reflejadas tus más oscuras intenciones.La fuente tenía monedas de oro y diferentes talismanes.
-Una "simple" fuente de agua. -cinco cuerpos, cinco cosas en la fuente. Al parecer eran objetos importantes para ellos. Monedas de oro de las ninfas del norte, talisman de arena, tobillera de los nativos de Emselení, entre otros. Eran cosas muy personales. No explicaba el por qué estaban muertos aquí hasta que vi mi reflejo en el agua del suelo. Pensé en lo más importante que podría llegar a tener y luego recordé la historia... Miré a Eruca que me observaba con una curiosidad naciente de una histeria por maternidad. El niño iba a morir.Suspiré entristecida por lo que iba a hacer. Tomé mi daga y me corté la palma de la mano, la oscura sangre comenzó a caer a la fuente. Regresé con ellas al otro lado ocultando lo que había hecho. Para mí era lo correcto, a veces, era necesario sacrificar la felicidad de uno para salvar a otro. Me preguntaban qué era lo que había dejado allí y cómo evité quedar con la pata estirada, pero fui tan evasiva como de costumbre. Me limité a decirles que todo estaría bien y que no tenían de qué preocuparse.
Caminamos a paso lento con la tarea de destruir los ojos a toda costa evitando una masacre masiva en el futuro.
¿A quiénes sacrificaste y por cuánto tiempo lo hiciste? ¿a caso los miraste a la cara antes de arrebatarles su futuro, sus sueños y aspiraciones, su familia? ¿por qué llegaste a esto?
Quemábamos los ojos con cuidado de que no quedasen restos de alma atrapados en ellos, por eso mientras Eruca incineraba, yo revisaba las pilas con cuidado junto a Ceres. Si quedaba algún resto, lo quitaba con ayuda de mi puñal.Rabia, sentía desprecio hacia Azar y Caleb. No lograban llegar ni a ser basura. Los montones alcanzaban alturas de dos metros y medio o incluso más. Me sentía el peor ser humano del mundo y apenas habíamos empezado a incinerarlos.El fuego de Eruca resaltaba entre tanto negro y gris ceniza hasta que una gran fuerza explosiva me empujó y caí cerca del manantial. El fuego me había quemado los brazos y parte del rostro que traté de proteger.
Me incorporé aturdida, sumergida en una inmensa confusión. En la lejanía simplemente había figuras que se movían de un lado a otro como si bailaran alrededor de los destellos anaranjados que era el fuego. Mi corazón latía a mil porque presentía el peligro adelante. Me incorporé con facilidad mientras mi piel decidía en si sanar o no. Ya comenzaba a recordar esa sensación que había desaparecido. Las sombras, que bailaban al compás del calor de las llamas provenientes de los ojos ardidos, no eran más que la lucha y el forcejeo entre Eruca y Caleb. Poco a poco fui capaz de enfocar mejor a la vez que mis heridas sanaban y se volvían a abrir. No estaba claro quien de los dos me había dañado. Recordé a Ceres junto a mí y el nerviosismo de encontrarla era más fuerte que verlos a ambos pelear. La vi tirada en el suelo en dirección opuesta a mí. Estaba con vida, simplemente perdió la consciencia. Procuré centrar mi atención nuevamente a Chispitas, pero cuando lo hice, otro destello me quemó. Claramente no era Eruca, su fuego tenía un color anaranjado, este era de un color rojizo que no logré divisar cómo es que ocurría.
Caí de rodillas con los brazos al rojo vivo y la sangre escurriendo desde mis codos hacia las rodillas hasta terminar en la humedad del suelo. Mi cabello pretendía querer arder, pero se mantuvo intacto. El impacto me hizo retroceder apenas unos metros no muy lejos del manantial. Un movimiento en falso y todos moriríamos. Abrí un portal bajo Ceres hacia la enfermería de casa esperanzada de que al menos ella estuviera a salvo.
-Vaya... al parecer encontraste algo interesante. -esa voz fría que me generaba una escalofrío que me recorría el cuerpo. -Sabes, es interesante como las cosas malas te rodean. -Sujetaba a Eruca del cuello mientras le apuntaba con un cuchillo en el estómago. Había perdido en la corta batalla cuerpo a cuerpo. Fue obvio, a ella siempre la mandan a hacer ataques a larga distancia, el combate cercano no era lo suyo porque al final la mayoría terminaba con quemaduras de diferente grado en el hospital.
Sus guantes estaban dentro de su pantalón, sus manos sujetaban y quemaban las muñecas de Caleb para safarse de su agarre de alguna manera, pero no servía de nada. La sangre le caía a chorros y a él no parecía importarle en lo absoluto. Me levanté dispuesta a todo junto a mi daga, la cual se elevó apuntando directamente a su rostro divertido como el que Azar siempre muestra cada vez que aparecía. No pensaba fallar. Aún así, era peligroso arriesgarme a que él la interpusiera para cubrirse de su destino.
-Caleb... -pensaba en algo para alejarlo de ella. -al parecer encontré tu escondite. -lo provoqué.
-También un par nuevo de ojos. -dijo con falsa sorpresa. El chico que yo conocía parecía haber desaparecido definitivamente o no ser nada más que una mentira bien preparada, porque si lo era, todos habíamos caído con ella. Presionaba lentamente su cuchillo en el estómago de Eruca dándome una señal de que claramente no estaba de humor para juegos. Un pequeño hilo de sangre comenzó a brotar de lo que apenas era un diminuto pinchazo en su vientre.
Escuché un suave tintineo metálico seguido de un crujido. No me había percatado de que mis manos estaban sujetando lo que quedaba de mi cadena de enlace, no dejaba de brillar para luego apagarse, y así, sucesivamente intentando definir su propia existencia. Pero ya no me importaba permanecer en esa tortura de ida y vuelta. La fuerza proveniente de la impotencia que sentía al no poder salvarla se transmitió a mis manos y a mis ojos que lo desafiaban con desprecio.
Crack.
La había partido por mí misma viendo como su rostro de retorcía de dolor con cada gramo de fuerza que le aplicaba al cautiverio que parecía oxidarse por la anhelada libertad que perseguía sin descaro. Las runas en su brazo y las de mi cuerpo se marcaban en rojo vivo. El cuerpo me ardía a más no poder, mis ojos lloraban de rabia y el torrente de una vida pasada me sacudió el cuerpo entero. Eso no le gustó a Caleb. Hacerlo gritar del dolor no le parecía divertido cuando quien lo padecía era él. Aflojó el agarre de Chispitas, que apresurada intentó huir sin mirar atrás, a lo que él, la jaló del cabello como último intento de mantenerla cautiva, y sin perder el tiempo, le clavó el cuchillo en su vientre. Lágrimas brotaron de sus ojos dirigidos a mí, desesperados por ayuda, ayuda que no podía brindarle. Nada de lo que hiciera podía causarle daño al hijo de puta.
¿Tan malo fue lo que hice como para destruir todo a mi alrededor?
Ella bajó la vista confundida tras sentir que su ropa se humedecía con un color cuyo olor metálico le causó pavor. Vio el cuchillo hundido y en un intento por quitarlo, dirigió sus temblorosas manos hacia el objeto punzante a pesar de estar en shock y apenas reaccionar. Corrí desesperada hasta el manantial, necesitaba alcanzarlo sino no lograría salvarla. Tropecé varias veces con las raíces y hojas del suelo sin apartar la vista de ellos, los nervios me jugaron en contra. Nuevamente Caleb acompañó las manos de Eruca que intentaba quitarse el cuchillo del cuerpo, con la intención opuesta, sabiendo que apenas tenía fuerza. Posó ambas manos junto a las de Chispitas listo para apuñalarla hasta matarla. Caí a unos centímetros de la orilla cuando ella levantó el rostro empapado de lágrimas "dile que lo amo" leí de sus labios temblorosos. Estiré mi brazo lo más que pude hasta tocar el líquido.
...se teñirá del color de mis entrañas.
El agua del manantial se transformó en sangre y la fuente comenzó a temblar con fuerza y a partirse dejando visibles numerosas grietas que no cesarían hasta que se destruyera por completo marcando el hundimiento definitivo de la isla. El suelo también lo hizo, partirse con rapidez, dejando ver el magma. La isla completa estaba por desaparecer. La cúpula sin fuerza estructural se caía a pedazos. Caleb perdió completo interés en quitar lo que quedaba de una vida por proteger la suya ante un desastre "natural" de aquella magnitud.
 

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