V

Memorias Caídas

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Vagamente recordé a los muchachos que aguardaban a mi regreso junto a Azar. Abrí un portal en aquel lugar y esperé unos segundos para cerrarlo. Me era difícil mantener la concentración en él estando agitada ante semejante situación.
Me levanté a toda prisa y el techo compuesto por inmensas lianas y ramas secas estaba descendiendo a gran velocidad. Pronto no quedaría cúpula ni paredes que atravesar. Una inmensa liana estaba por caer sobre Eruca quien continuaba en shock y apenas lograba respirar tendida en el suelo tras la cobardía de mi ex. Abrí un portal, lo atravesé, la tomé en mis brazos y salimos de allí hasta quedar en un claro de la isla rodeado por más grietas y magma desbordante. Vi mi alrededor, Tábita estaba muerta. No me preocupaban los ojos porque la lava pronto los consumiría sin dejar rastro. Antes de partir, le otorgué a la biblioteca el lugar más seguro del mundo... una isla hundiéndose. Nadie volvería a usar la sabiduría como un arma atroz.
Una última vez más abrí un portal y llegamos a casa. Caí al suelo con Eruca en mis brazos. La gran mayoría estaba allí luego de que Ceres apareciera inconsciente en la enfermería. Mica estaba limpiando el lugar cuando la pequeña apareció. Alertó a Aramis y para cuando todos fueron avisados sobre el posible peligro que corríamos, Alex y Lissandro, aparecieron en el gran salón cubiertos de lodo.
Aramis estaba desesperado, Eruca no regresaba. Su alma casi sale volando por el techo antes de tiempo. Mica trató de calmarlo, pero él no escuchaba nada porque toda su atención estaba concentrada en su imaginación que le jugaba en contra de todas las maneras posibles. Caminaba de un lado a otro cerca de la escalera, miraba al suelo, y sujetaba sus manos una con otra porque no podía esconder el miedo a través de ellas, le temblaban.
-¿Qué hiciste? -murmuró sin poder creer lo que estaba observando. Tomó a Eruca en sus brazos y revisaba la herida. Aramis estaba llorando y todos allí no dijimos ni una palabra para evitarlo.
Mica se acercó junto a Alex y Sam para ver si había posibilidades de salvarla. Las había de milagro. Traté de acercarme y evitar que su alma comenzara a escapar a través de la lesión.
-No te atrevas a ponerle un dedo encima.
-Aramis puedo salvarla. -la rabia le impedía pensar con claridad.
-¿Puedes curarla? -Me interpeló con un tono susurrante Sam, ella estaba preocupada.
-Sí, pero debo calmarlo antes de que sea muy tarde. -trataba de controlar mi respiración hiperventilada.
-Eres un monstruo. -me dijo sin escrúpulo, sin verme a la cara.
Mis ojos se tornaron rojos, junté aire cargado de nerviosismo "duerme" dijeron las voces entre murmullos. Mi amigo estaba tendido en el suelo junto a su amada que luchaba por mantenerse con vida. Sam y Mica procuraron asistirnos en lo que necesitáramos para ayudarla, pero simplemente pedí que nos dejaran solas.
Me quité la camiseta ensangrentada y abrí mi ala derecha, busqué en ella la pluma más blanca de todas con cuidado. Tras buscar por unos minutos la indicada, la coloqué sobre la herida y un enorme circulo blanco de runas nos rodeó iluminando el oscuro salón. Mis ojos se tiñeron de negro, su herida se cerraba al mismo tiempo que diferentes y somnolientas voces nos acompañaban llevando un pequeño puntito de luz blanca hacia las alturas donde desapareció por completo. Eruca estaba a salvo. El círculo de luz se desvaneció sin dejas rastro. Unas inmensas ganas de vomitar junto a una puntada en mi vientre me hicieron abrazar mi estómago con ambos brazos para apaciguar el dolor. Me balanceaba de adelante hacia atrás de rodillas en el suelo. Varios reclutas bajaron las escaleras curiosos sobre el estado de Chispitas, entre ellos, Lissandro se mostró distraído luego de atravesar por poco vivas el portal, como si pensara que esto era la escena de una película o algo así. No caía en que era verdad. Estaba limpio después de la jugarreta que Azar les hizo a ambos para pasar el rato mientras me esperaban. Bajaba con una toalla colgada en su hombro.
Comencé a toser desesperada por aire, el cabello me tapaba la cara de a momentos al mismo tiempo que me mecía tratando de no vomitar. Vio el estado desastroso en el que me encontraba y bajó a las corridas. En ese intante pensó "oye, esto no es un juego, está ocurriendo. Por poco morimos". Vomité sangre y mi vientre sangraba, pero poco a poco se recuperaba a pesar de ser lo contrario con mis brazos y parte de mi rostro.
Era un desastre, pero al menos la había salvado.
-Ustedes lleven con cuidado a Eruca a su habitación. Dejen que descanse hasta que se recupere, Aramis está en enfermería junto a Ceres por lo que no van a molestarla por un rato.
-¿Qué harás con ella? -preguntó el Jacob. Quizá Liss no logró ver la mala intención en el rostro de su amigo o lo que tramaba, pero le resultó extraño la manera en que lo dijo.
-Hay que limpiarle las heridas y luego la llevaré a la enfermería con Mica y Sam para que le hagan una revisión.
Cada uno cumplió lo dicho con buena predisposición. Lissandro me llevó al baño de mi cuarto y me sentó en la bañera, buscó vendas y alcohol. Primero me limpió el cabello de toda la mugre y sangre que tenía. Me lo recogió con una banda elástica, tomó una venda con agua y la pasó con cuidado por las quemaduras de mi cara.
-Esto de ser enfermero te queda bien. -estaba débil.
-No hables y menos si sale mierda de tu boca. -me sonrió.
-No me digas que hacer.
-Está bien, pero solo si esta vez lo haces.
-Ya no quiero obedecer a nadie.
-Trata de estirar tu brazo con cuidado hasta donde puedas. -Los limpió con delicadeza. -al final tuvimos que tirar tu ropa, estaba rota y muy sucia.
-Por eso uso negro. Esta vez no fue muy buena idea.
-¿Lograste encontrar algo?
-Hice muchas cosas, pero logré una sola.
-¿Me dirás?
-No quiero.
-De acuerdo. - suspiró. No era un buen momento para gastar bromas.
-¿Puedes levantarte? hay que ir a la enfermería por unas vendas.
-No hace falta...
-Scarlet, necesitas asistencia.
-No estoy herida, es todo mentira. Será real solo si lo crees. Ese hijo de puta siempre jugó con nuestras mentes. Su poder es crear ilusiones. Todo este tiempo... la isla estuvo muerta, la bestia que nos persiguió, el niño, Leviathan, todo ¿Cómo pude caer en algo tan estúpido? -Las heridas poco a poco comenzaron a desaparecer demostrando que tenía razón al respecto. Si supones que es falso, desaparecerá como una sombra.
Su poder básicamente era crear seres, objetos o elementos que consideráramos comunes en nuestra realidad y los adaptaba a través de nuestros miedos, recuerdos y deseos. Si crees en esas ilusiones, serán reales. Si te dañan, será real el daño. Tan real como tú quieras. El problema es qué tan poderosa es tu propia mente como para discernir entre lo verdadero y lo falso. Uno no puede andar por la vida sin creer en nada, sin confiar en nadie, sin sentir algo. Caleb se aprovechaba de esa debilidad para hacernos ver cosas que jamás existieron. Nos engañó a todos. Si lo hubiese sabido a tiempo podría haber salvado a Victoria, Aquila... mi ala. Ya no podré volar.
Me lo estás quitando todo porque no te amé como tú querías que lo hiciera.
Una vez en una pieza completa, me di una ducha, busqué ropa cómoda y fui a ver a Ceres con urgencia. Abrí la puerta con cuidado de no despertar a nadie, pensé que ambos aún dormían. Ceres estaba sentada a una esquina de la cama con la mirada perdida hacia sus pensamientos.
-¿Cómo te sientes?
-Estoy bien, ¿Eruca?
-Sana y salva. Ceres, la explosión era una ilusión... -me cayeron lágrimas de los ojos como lo hizo desde aquel templo en sentido contrario. Le conté lo que había descubierto con mucha precaución. Sus heridas habían sanado al igual que las mías. Lo único que quedaba por descubrir era el tiempo límite en el que te afectaba para siempre la ilusión.
-Deberías ir a descansar, yo me ocuparé de las tareas que quedan por hacer. Ellos no despertarán tan rápido.
-Ceres. -me miró. -Gracias.
Cerré la puerta y me fui hacia el refri por un poco de mantequilla y licor para calmar los deambulantes nervios y ansiedad que me quedaban. Luego en mi cuarto, me senté en el suelo a comer insatisfecha de lo que había logrado. De lo que casi pierdo. El espejo estaba frente a mí estático como un simple objeto en una simple habitación aunque el reflejo de lo que veía me disgustaba.
-¿Comerás y beberás esa mierda hasta que mágicamente todos tus problemas se resuelvan? Patético. No me sorprende. -dijo ella con un toque de molestia en su estirada sonrisa. Le di un trago a la botella. Había impaciencia, cansancio tal vez en su voz. -Recordaste parte de lo que vivimos y no te atreves a mirar el desastre que causamos.
-Yo no hice nada de lo que deba arrepentirme. -admití mirando al suelo.
-Sí debes. -sentenció. -la culpa me está matando, nos está matando. -crack. -Me observaba repleta de decepción. -No te preocupes, seguiré aquí hasta que lo aceptes. -su sonrisa había desaparecido. Sus palabras estaban desgastadas. Su piel marcada con grietas como las de la porcelana fina, se estaba rompiendo poco a poco y no podía hacer nada para evitarlo.
-¡No intentes convencerme con esas estúpidas lágrimas! -grité alterada. -No es mi culpa, jamás lo será. -lancé la botella contra el espejo y este se rompió. Varios pedazos cayeron al suelo. Ella se había ido y sus lágrimas surcaban mis mejillas.
Huí hacia el jardín. Estaba irritada de buscar un lugar tranquilo, pero todos aquellos lugares que consideraba pacíficos para mi mente estaban repletos de ruido e incomodidad. Murmullos, voces, dolor en el pecho y el vago recuerdo de mi sangre cayendo en la fuente. La cicatriz no había desaparecido.
-Falta poco...
Hacía tiempo que no me sentaba a añorar el cielo como se lo merecía. Levanté la vista y me encontré con un clima curioso. Eran nubes que jamás había presenciado en mi vida. Tan esponjosas y de tonalidades amarillezcas y grises con un toque de rojo. Eran voluptuosas, pesadas, pero estaban bien en lo alto del cielo. Estaba claro de que pronto se acercaría el final de la paz que me acompañaba sentada en las flores.
Me recosté y dormí. Dormí lo más que pude como si ese sueño fuese capaz de aletargar el tiempo y me permitiera quedarme un poco más con ellos.
Soñé muchas cosas, entre ellas... Tata.
Me encontraba en medio de una nebulosa repleta de pensamientos repentinos sobre la importante decisión que tomé. Aramis no me perdonaría jamás por lo que hice, Ceres... tendría que verse obligada a convertirse en una adulta para ayudar a Eruca. Muchos morirán, no es que realmente me importe, sino que todo lo que me rodea está teñido de eso. Muerte. Morir. No había descanso. No era como estar en un juego y poner pausa para ir al baño o dormir un rato, sigue siendo una cuestión más allá de la comprensión misma de la palabra: Muerte. Me espantaba más mientras me alejaba para ver el panorama completo... lo que conlleva ser quien soy, las decisiones, las personas, los sitios, cada roca colocada en un preciso lugar significativo, ordenado para que cumpliera un rol necesario. Llegar aquí hace tanto tiempo y al fin encontrar un hogar, tener una cama propia, una familia que me diese la contención suficiente como para no mandar todo al carajo. Lo estoy perdiendo de nuevo... ese lugar al que creí pertenecer. Si cada cosa orgánica o inorgánica es necesaria, el sufrimiento que me acompaña, las sensaciones de traición, de dolor, los sentimientos claros y oscuros ¿también lo son? Los males, el caos al que me enfrento para ganar en cada batalla, esta insensata lucha entre el destino y el azar que tan proclamada se encuentra por el poder supremo de controlarlo todo ¿es necesaria? ¿no nos alcanza con saber que hay algo más ahí, en algún lugar diciéndonos que no estamos solos? Ya no le veo el sentido a recordar como tanto lo deseaba ¿para qué? ¿encontrarme con situaciones poco agradables y sumar traumas a la colección? Me atrevería a mirar, me atrevería, quizá más de una vez si todo se solucionara mágicamente y aquellos males a los que me enfrento desaparecieran y me dejaran regresar en paz a casa con mi familia. Pero. Pero solo soy una pieza del tablero del destino. Y no se me está permitido ir en contra de él. Tal vez sea tiempo de reconocer ciertas cosas como aceptar que esa fantaseada vida no es mi camino, velar por ellos mantendría parte de esa felicidad intacta, que todo lo que ha pasado hasta ahora es necesario e injusto para un propósito mayor y aceptar que no soy humana.
Ya había perdido mucho tiempo sin llegar a nada sin darme cuenta de ello hasta que el sol rojizo me alertó del horario. Fueron las cuatro de la mañana y continuaba sin dormir. Siendo sincera, no creo que alguien lo haya hecho. Fui a recorrer la casa con la expectativa de que la mañana fuese acompañada el canto de las aves. Nada. Decidí evitar la biblioteca, de seguro Aramis estaba ahí y no desaprovecharía la ocasión para fastidiarme. El salón de entrenamientos fue la mejor de las opciones salvo por el pequeño detalle de que Miss Simpatía volumen dos estaba allí. Lissandro entrenaba con su inusual guante, en realidad, parecía más una muñequera que otra cosa. Golpeaba cosas con el puño derecho ¿Qué sería capaz de hacer si su puño tocaba algo rebosante en vida?
-¿Problemas para dormir? -Dio un salto y arremetió con un golpe al blanco móvil.
-Algo así.
-Entrena conmigo entonces. -tomó un poco de agua. Se me acercó mientras se secaba con una toalla pues estaba sudado.
-Estoy comenzando a pensar que tienes algún extraño fetiche por quedar en enfermería. - lo miré de arriba a abajo.
-¿Tienes miedo?
-JA, si quieres que los demás descansen, entonces ven afuera y averigüemos que tan idiota eres. 
-¿Qué pasa si gano? -dio un paso adelante.
-Tendrás la satisfacción de no terminar en coma. -estábamos muy cerca el uno del otro.
-Si gano quiero una cita contigo. -y caí en la realidad de lo que ocurría. Estábamos coqueteando. Otra vez.
-Debes estar bromeando. -reí.
-Entonces significa que no puedes vencerme. -lo miré titubeante.
-Bien, pero si yo gano, debes prometer que dejarás de molestarme. -y eso señores, fue la mejor mierda que se me ocurrió. Podría haber pedido algo como "se mi sirviente por un día", "cocina para mí un pastel de manzanas", "cae de un risco y no sobrevivas" ¡o lo que sea! ¡IDIOTA!
-¿Molestarte? ¿y cómo es que te molesto? -dio otro paso a lo que yo retrocedí.
-Dame un respiro, me es difícil cambiar mi punto de vista.
-¿Qué? -me vio desentendida.
-Me recuerdas a él. No, a lo que me refiero es que... -necesitaba aclarar las ideas antes de que lo malinterpretara.
-Está bien, no tienes que obligarte a nada que no quieras. Cuando necesites hablar de eso estaré para escucharte. Tranquila. -me acarició el cabello.
-Gracias.
Terminamos entrenando por unas dos horas y faltaba poco para el desayuno. Nos fuimos cada uno por su lado siendo la victoria reemplazada por un empate. Me di una ducha de agua fría. Ocho y media, nadie estaba despierto. Quizá Aramis dio la orden de descansar a los reclutas pues no aparecieron hasta las diez de la mañana.
 

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