VI

Memorias Caídas

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-De nuevo despierta. Te oí caminar por el pasillo.
-Siento que si duermo me estaría dando el lujo de perder el tiempo más de lo que ya lo hago.
-Solo te queda una cadena y todo terminará. -suspiró.
-Es fácil decirlo.
-Descansar es importante ¿Con qué energía pelearás cuando sea el momento? Por cierto, si la cadena desapareció ya recuperaste la memoria...
-No del todo.
-Pero es algo.
-Tengo miedo de ver.
-¿Crees que yo no? tengo menos de quince años y aquí estoy sin quejarme ni hacer reproches de cosas que una adolescente debería. Le temo más a fallar que a morir.
-Tú no vas a morir.
-¿Igual que Aquila? 
-No, tú vivirás. Me aseguraré de ello. 
-Sabes, a veces creo que debería odiarte.
-¿Pero?
-No hay pero. Simplemente no lo hago.
Me tiré en el sofá de la sala a dormir un poco. Las ojeras eran una clara señal del mal sueño que he estado teniendo.No fue hasta que me caí del cómodo sofá donde recordé el estado de salud de Eruca al ver la chimenea encendida. Sentí el sonido de alguien cortando fruta en la cocina. El olor. Manzana. Se me iluminaron los ojos al instante. Llegué y divisé a Chispitas cortando manzanas y colocándolas en un plato. Quise tomar una en silencio, pero movió el plato de lugar con recelo. No debí de sorprenderme. Pareció darse cuenta de lo que hizo y me lo volvió a acercar.
-¿Cómo te encuentras? -no tomé ni una rebanada de la fruta. Por un momento creí que ella estaba en perfecto estado. Mi culpa, el lado angelical me nubló por un momento.
-Bien. -me sonrió. -estaba tratando de distraerme y Aramis me dijo que tenía un poco de hambre. Lo único que había eran manzanas...
-Dilo.
-¿A qué te refieres? -continuó rebanando con más fuerza. El sonido era inquietante.
-Sabes de lo que hablo. Dilo. -clavó el cuchillo en la tabla de madera y me miró sonriente.
-Si no vas a comer algo, ve a otro sitio.
-A Aramis le gustan las verdes -pensé que lo sabía... a él le causan arcadas por alguna extraña razón. Di la vuelta buscando una razón a eso y una sensación de calor me pasó por el costado del brazo. Parpadeé y la pared frente a mí se estaba incendiando. Eruca había intentado herirme. Frené de inmediato pensando si era una de sus bromas pesadas.
-Vaya, al parecer siempre sabes todo en el momento preciso ¿Quieres que hable? ¡hablemos! -lanzó otra. Sus guantes ardían. Ella estaba furiosa. La temperatura del lugar se elevaba sin control. -Te odio. Te odio con todo mi ser. -gritaba una y otra vez. En este punto me dedicaba a esquivar el fuego que me arrojaba mientras procesaba sus palabras. Los pocos que presenciaron el hecho se hicieron a un lado bajo mis órdenes. Nadie debía intervenir. -Eres un estorbo. Por tu culpa lo perdemos todo.
-Detente, estás quemando todo. -no había manera de razonar con ella en ese estado. Su cuerpo estaba elevando la temperatura a gran velocidad, su ropa comenzaba a arder.
-Mataste a Victoria, a Aquila, a mi hijo. Me lo arrebataste como si nada. Lo usaste como sacrificio para salvarte en esa maldita fuente. -no entendía de qué hablaba. Yo no había hecho tal cosa. Me sujetó del cuello e intentó golpearme, pero logré zafarme de su agarre. Apenas podía respirar. Me había quemado la garganta y me curaba lo más rápido que podía entre las hiperventilaciones y la sangre, pero era difícil porque debía concentrarme en sus siguiente ataques. Mientras disparaba, diversos portales se abrían al mismo tiempo para redirigir el fuego fuera de casa. No calculé la trayectoria, no había tiempo a nada. Ella era muy rápida.
-Yo no lo hice. -di un paso atrás horrorizada ante semejante acusación. -déjame explicar...
-¡Mentirosa! Vi como te cortabas la mano y mi vientre se sacudía del dolor. Luego "casualmente" llegó Caleb. Eres un monstruo, solo traes mierda contigo. -recuerdo haber pensado "esa no es la Eruca que conozco, ella no diría esas cosas, Chispitas siempre vela porque regrese a casa sana y salva y jamás me juzgaría así". Pensé que me regañaría o reiría de mi sarcasmo... pero entendí que la Eruca que yo conocía no era la verdadera sino una máscara para ocultar todo ese odio reprimido, para mantenerme controlada y estable.
-¡Yo no lo maté! ¡te dije que regresaras! No quisiste. Jamás le...
-¿Jamás le harías daño? -rió. -¿piensas que soy idiota? -su cuerpo ardió por completo. -He visto lo que puedes hacer, vi los cuerpos aquel día. No te importó ninguno de ellos, ¡por qué te importaríamos nosotros!
-No lo sé. -apenas lo entendía. -en verdad, no lo sé. Yo no sacrifiqué al niño, yo quería protegerlo. -los ojos se me llenaron de lágrimas. los nervios no me permitían hablar con claridad -Proteger una vida aunque sea, solo una. Y fallé Eruca. Lo lamento tanto. Realmente lo siento. -me temblaba el cuerpo. No podía creer lo que estaba diciendo.
-Guárdate tus putas excusas. Ya no me las trago. -tomó aire y sopló fuego por la boca. -salté a un lado del salón. El candelabro se incineró y cayó.
-Nada de lo que hagas lo traerá de vuelta. Aunque lo intente no será bueno.
-¿Entonces sí podías hacerlo? Pudiste haber regresado a nuestros amigos pero no lo hiciste. -Jacob quien se había mantenido apartado bajo mis órdenes intervino para sumarse a la discusión. Ante la desesperación de lo que estaba pasando abrí un portal hacia afuera. Me tropecé con Lissandro en el patio trasero preocupado por los gritos.
-¿Estás bien? -me extendió la mano.
-Ellos vienen, no hay tiempo. Ruido. -balbuceaba cosas. Él vio como uno por uno sus amigos salían de casa junto a Eruca en llamas. Yo vi como se repetía el pasado. Ceres y Alex observaban por la ventana desde arriba y Aramis bajaba apresurado las escaleras. El ruido en mi cabeza aumentaba, las voces me gritaban a no más poder que terminara con eso.
-Ahora entiendo, tú puedes tenerlo a él -señaló a liss.  -y nosotros nada. -ella no era quién hablaba sino su dolor. Eruca era muy explosiva con sus sentimientos y emociones por eso siempre se controlaba.
-¿Qué demonios está pasando? -Lissandro no entendía nada.
-Puede revivir a nuestros amigos, pero se niega a hacerlo. -protestó Tyler.
-Eruca, detente. -Aramis la tomó del brazo. Su mano se quemó, pero él no le daba importancia. Mi amigo me miró preocupado recordando lo que le mencioné aquella vez.
-No, ella merece sufrir. -sus ojos consumían las lágrimas al instante. Se evaporaban en segundos. el fuego emanaba por todo su cuerpo.
-Aramis, sabes que no fui yo. Dile... -quería explicar lo que pasó en ese lugar, pero nadie escucha las palabras de un loco. Mi amigo no hizo nada.
-Sabes, ahora que lo pienso... hay algo mejor que él para herirla, pero me adelanté sin darme cuenta. -ella miró hacia la izquierda con felicidad explosiva. -Aquel campo de flores se vería aún más hermoso ardiendo por completo. -había redirigido el fuego al campo de flores, me dolió el pecho porque parecía no importarle que era un santuario exclusivo para sus amigas.
-No te atrevas. -saqué mi daga. Miraba a Aramis con decepción.
-¿Me lastimarías por quemar flores? -lloriqueaba solo para joderme la existencia.
-Te mataría por hacerlo.
-Ya basta. Esto no arreglará nada. -me vio a los ojos el otro ángel que me acompañaba en vida. No lo hizo por gusto, claramente él no pensaba intervenir hasta que el fuego de las flores se expandió con mayor velocidad. -Eruca, por favor... ven, vamos a otro lugar. No lo vale. -disparó hacia el cielo y cayó en las flores. Explotó. Grité tan fuerte que las aves en las copas de los árboles se quejaron conmigo. Ellos cayeron al suelo de inmediato tapando sus oídos con fuerza. Jacob colocó un campo de fuerza evitando la muerte de todos al instante. Aramis sabía el castigo que conllevaba profanar el santuario de un caído.
-¡Scarlet! -me gritaban para que parara. Tenía la mirada perdida en el suelo, me sujetaba la cabeza con ambas manos, susurraba cosas que nadie entendía.
-Hay que hacer algo -los reclutas se hablaban conspirando. El fortachón se levantó con un cuchillo que tomó de la cocina y se acercó a mí mientras aún permanecía aturdida sin reacción alguna. -Has causado mucho daño a todos. -sacó el cuchillo. -Con tu muerte pagarás por ello. -Arremetió hacia mi cara con violencia.
El cuchillo se detuvo en el aire y él sin poder controlar su cuerpo comenzó a herirse. Puñalada tras puñalada. Lo observaba hacerlo como si nada, desinteresada al respecto. Pensar que eso mismo iba a ocurrirle a Chispitas horas antes...
Todos estaban expectantes y alterados siendo incapaces de apartar la vista de él. Terminaron por prepararse a defender su vida. La sangre me salpicaba. Ella había hecho algo imperdonable. Tomar voluntad propia sobre un santuario de flores. La ira me consumía a un punto en el que ya no mostraba expresión. La muerte era el castigo merecido sin oportunidad a juicio ni purgatorio, pero no podía. Ella era mi amiga pensé, ella está triste y enfadada creí. Entonces fue cuando decidí escuchar... Los susurros, las voces y ruidos de mi cabeza que me aconsejaban en busca de una solución. Ya era tarde para dar marcha atrás. 
Ellos querían revivir a alguien, les iba a complacer. Verían con sus propios ojos el horror de traer a la vida un muerto. El mayor pecado conocido por los alados me lo cobraría sin dudarlo.
-Lo mataste. -mis ojos se dirigieron a Marco. Un círculo de runas rojas se formó alrededor del cuerpo sin vida. Se levantó de a torpes pisadas. Sus cuencas estaban vacías. El grandulón frente a ellos no contaba con buenas intenciones. Se lanzó sobre el debilucho y le rasguñó la cara. Quería reventarle los ojos a toda costa. Abrir su cráneo.
El cuerpo se le consumía al pasar los segundos dejando un esqueleto calcinado en putrefacción de apariencia negra debido a los pocos colgajos de carne que aún tenía pegados a los huesos. Era diferente a los derterios, esta criatura no se detendría hasta consumir el cuerpo de su víctima por completo. Esas cosas deseaban ser como nosotros, tomaban nuestra carne, órganos, rostro cualquier parte hasta cubrir sus huesos por completo. Pues ese era el problema con aquellas cosas, jamás lograrían tener nada de eso aunque lo intentaran un millón de veces. Eran cuerpos penitentes. Almas que habían sido corruptas. Sin descanso, sin paz para siempre.
-¿Qué es eso? -se preguntaros asqueados.
-Lo que querían.
Tyler trató de congelarlo y quitar a Marco del medio. Pero esa criatura no se detendría por un poco de hielo. Eruca se vio obligada a interferir lanzando una llamarada de fuego azul por su boca. no dio resultado. Marco fue lo primero que vio o tal vez su último recuerdo.
-Detenlo. -me ordenó Eruca. Tyler apenas resistía con el hielo, Marco trataba de alejarlo con una ventisca inútil. A los penitentes solo le afectan las habilidades de los alados puros.
-¿Por qué? ¿Los monstruos no hacen este tipo de cosas?
-Lo siento. -su cuerpo se apagó.
-Yo no maté al mocoso, pero no importa porque de cualquier modo no me crees.
-Lo siento.
-¿Sigues con eso? -no quería escuchar la misma mentira de nuevo.
¿Has roto todo lo que siempre has querido?
¿Has tenido algo valioso para ti?
¿Te has quebrado como la porcelana?
-Ven, vamos a casa y hablemos. -me extendió su mano esperanzada a que aceptara. No me inmuté ¿Tanto miedo me tienes como para cambiar de opinión en tus actitudes? ¿esperas que olvide esto como si nada?  
-Muere. -Marco cayó al suelo. Tyler se apartó y el penitente comenzó a devorarlo. Abrió su tórax y comenzó a sacar sus órganos desesperado. El penitente gruñía de una manera aterradora sin olvidar parte de la tristeza que le recorría la voz, si es que eso era ya que no importaba lo que hiciera, no se volvería un humano. Aún así, continuaba. Lo haría hasta que ya no quedara nada a lo que llamar Marco.
-Por favor...
-Muere. -Sam. Mica gritó devastada. Tyler no reaccionaba, quedó paralizado viendo lo que le hacían a su amigo, el miedo le recorría el cuerpo asimilando esa escena como su posible futuro. Lissandro recordó... Ella habló con verdad, ambas le advertimos.
Esas falsas disculpas... métetelas por el trasero. Eruca se ocultaba detrás de Aramis para no ver el desastre que había desencadenado. Oh, y Aramis, mi único amigo, veía mis ojos tan vacíos como esa vez en la que casi tomo su vida. Recordaba el pasado a la perfección... vio lo que creyó olvidar una vez más, se dio cuenta que había cometido un error grave y quizá sería imposible corregirlo de nuevo. Ellos entendieron que el "monstruo" que permaneció dormido en mi interior no era más que mi propia naturaleza, a la que le temían sin pensarlo dos veces, a la que me negaba aceptar. Una lastima que se despertara.
Los culpables mueren con la voz de la verdad.
-Scarlet... -la voz de Liss estaba quebrada. Lloraba. Volteé a verlo sin mover un músculo de mi rostro ni mostrar empatía. -para por favor.
-¿No te lo advertí?
-Por favor. -cayó de rodillas al suelo.
-¿Por qué lloras si conocías las consecuencias? -miré el campo de flores hundirse en el fuego y esconderse en el humo negro. Aramis me observaba cauteloso delante de Eruca para protegerla. - Aramis. -no lo vi a la cara porque el próximo sería él. -¿quieres agregar gente a la fosa común? salgan de mi vista.
-¿Qué harás? Hablemos...
-No quiero escucharte. -Mi voz se distorsionó. Volteamos a ver al penitente. Ya no quedaba nada. La siguiente víctima parecía ser Tyler.
Abrí un portal hacia las flores susurrando oscuras palabras que detuvieron al esqueleto en una agonía aterradora. El suelo se abrió y fue arrastrado dentro mientras emitía quejosos chillidos en protesta, se sujetaba de lo que podía, pero ya me había aburrido y terminó por ser tragado hacia el inframundo. Ya no era problema mío.
 

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