VII

Memorias Caídas

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Caminé unos pasos a través del humo y las cenizas. Me desplomé en la grisácea tierra gritando sin consuelo. Me abracé tratando de parar el dolor en mi pecho. Tomaba aire con dificultad.
Ninguna lágrima cayó.
Escuché pisadas detrás de mí. Lissandro saltó el portal con la esperanza de seguirme el paso. No lo vi. Estaba muy distante en mis pensamientos como para notarlo.
-No deberías estar aquí. -estaba rota. Todo lo que traté de proteger jamás existió. -regresa a ese lugar.
-No.
-¡Vete! -grité con la voz cambiada. Se detuvo.
Se sentó alejado a esperarme a pesar de lo que había hecho, del daño que le causé. Comencé a cantar con tristeza y las flores que quedaban de desprendieron del suelo hacia las alturas del cielo llevadas por las plegarias de los pocos creyentes que quedaban. No importaba religión, raza, cultura... importaba su dolor, su esperanza. Todas aquellas personas pidiendo ayuda. Se las llevaron lejos en busca de un lugar tranquilo donde poder descansar en paz.
-Ya no están. No habrá paz en mi mente luego de esto. Ya no puedo regresar a ese lugar... -Miraba mis manos -¿cuánto más quieres tomar de mí? -golpeé la tierra con ambas manos cargada de remordimiento. El suelo se hundió tras la furia que me recorría el cuerpo.
Quizá Evren me haya escuchado lamentar, quizá haya visto lo injusto que fue no poder explicarme, tal vez sintió pena o vio la única manera de calmar la ira que cargaba por dentro o simplemente fue lo que debía pasar... porque cuando bajé la mirada al agonizante suelo una pequeña flor negra creció entre las grietas generadas por el golpe.
Volví hacia Lissandro a mi paso. El clima con las horas empeoraba, las nubes se hacían más intensas y su tamaño generaba cierta sensación o presentimiento de que algo se acercaba. El fin.
-Debo encontrar un lugar para quedarme. Necesito ir al pueblo.
-No debes irte.
-Tengo qué. Ellos no me desean aquí.
-Entonces déjame acompañarte al menos.
¿Quieres acompañar a quien acaba de asesinar a tus amigos? ¿qué tengo que hacer para que me dejes en paz en este punto sin retorno?
Terminamos en un hotel que se caía a pedazos. El tipo me reconoció de la catástrofe de la ciudad, parecía simpático a pesar de lo poco que tenía para ofrecer. Su casa había sido destruida por la explosión de un derterio en la zona. Dijo haberme visto a los ojos cuando abrí el primer portal. Vio que me interpuse para salvar a una niña. Ese pequeño "gracias" me hizo sentir un poco mejor. Fue el primero que me habían dado por hacer algo.
Me dio la llave de mi cuarto y nos acompañó hacia la puerta del mismo.
-¿Puedes quedarte? -le pregunté sosteniendo su camiseta.
-¿Estás segura de esto? Aún podemos regresar.
-¿Tanto te cuesta cerrar la boca y aceptar un poco de sexo gratis? -entré y dejé la puerta abierta.
Se quedó mirando el interior pensando por unos segundos. Dio un paso y entró. Se escuchó el sonido del cerrojo.
-¿Qué piensas hacer ahora? -estábamos en la cama apenas cubiertos por la sábana de color azul. Nada como una buena charla luego de un poco de movimiento.
-Marco y Jacob planeaban matarme desde que llegaron aquí.
-No pregunté eso. -suspiró.
-Lo piensas desde que atravesaste el portal.
-No te odio. También lo habría hecho si fuese necesario.
-No es cierto. Eres muy compasivo y testarudo como para tomar grandes decisiones como esas.
-Los penitentes... -guardé silencio en lo pensaba una respuesta convincente.
-Son un pecado divino de los ángeles. -y yo había creado uno. Perfecto, otra mierda más a mi lista. -Comenzaron a querer revivir a los humanos y a otras criaturas cuando estos morían por su culpa. El desinterés en ellos es abrumador y tóxico. Era muy tarde cuando voltearon a ver a sus "mascotas". Notaron que no era como esperaban. Se lo consideró un pecado divino y ordenaron a los demonios a hacerse cargo de limpiar los restos. Fue cuando la guerra de los humanos había llegado a su culminación poco después de mi partida. Los muertos eran tantos que no se podían contar. La culpa era demasiada para unos pocos. Luego de eso se les negó pisar tierra fértil a ambos.
-¿Los ángeles pueden hacer tales cosas?
-Ellos hacen lo que quieren. No tienen la capacidad para sentir empatía como los demonios. Ese pecado fue resultado de ello. No entienden la importancia de la vida.
-Tuviste suerte de no verlo.
-Ellos tuvieron la oportunidad de no encontrarse en mi camino. Los derterios ya habían aparecido para ese entonces. Los penitentes no llegaron a ser más de cien. Gracias a Evren los detuvieron a tiempo.
-Realmente parece un cuento de hadas todo lo que hablas.
-Lo bueno de los humanos es que son tan manipulables que no costó nada excepto la muerte de no más de cien ángeles.
-¿Qué tengo que hacer para que me dejes estar contigo?
-¿No estamos juntos aquí ahora?
-No te desvíes del tema.
-Me gustas, pero estar conmigo no es lo correcto.
-¿Qué te hace pensar eso? Solo deja que las cosas se acomoden por si solas y si se da la posibilidad...
-Lissandro, ¿crees que puedo darme el lujo de tener una relación luego de verme actuar en el jardín de esa manera? ¿puedes hacerlo? ¿Me aseguras que jamás me harás daño ni me tendrás miedo? ¿Me prometes que nunca dejarás de quererme aunque mate a cada uno de tus seres queridos de ser necesario? Recuerda que yo soy La Muerte.
-¿Qué te hizo ese idiota para que pienses así? Solo pones excusas para librarte de esto.
-¡Él no hizo nada! Esto no tiene que ver con Caleb.
-¡Nada! No importa lo que haga me sigues viendo como su reflejo. No soy él. Yo no te haría daño jamás.
-¿Qué quieres que haga? ¿Que olvide lo que sucedió solo porque mágicamente apareciste? Cuando te veo, eres igual a él y no hay nada que puedas hacer al respecto. No es tu culpa. Eres un buen chico que quiere estar con una mala chica.
-Ja... que cursi.
-Más o menos, sí.
-¿Alguna vez le has dicho esto a alguien más?
-No tengo muchas personas a las que comentarle lo que me ocurre. Por lo general están nueve metros bajo tierra.
-Amo ese humor negro.
-Lo sé, me hace "super" diferente.
-Cuéntame más, si quieres... Me gustaría escucharte, sólo si quieres quitarte un peso de encima. -tan tierno.
-¿De verdad te interesa?
-Sí.
-Pues a mí no.
Ojalá hubiese logrado contestar directamente su pregunta. Nadie sabía lo fastidioso que era sentirse perseguida constantemente al caminar en cualquier lugar sin compañía, que cuando me hizo daño y los demás lo supieron no hicieron nada al respecto. Me golpeaba de tal manera que al salir de mi habitación con la ropa hecha un desastre y el cuerpo adolorido bloqueaba lo que había pasado al instante.
Estaba enferma, no veía la realidad de las cosas por su estúpido poder. No era tan grave hasta que logré alejarme. Me aparté de él y conseguí ver lo que realmente pasó.Él fue una mentira para acercarse... cumplir las palabras de alguien más.
-Scarlet, tú no vas a morir. -era la única amabilidad que parecía real por el momento.
-Tu manera de ver las cosas es muy tierna. -le sonreí. -Ojalá supiera el futuro. -si quisiera... -debes irte. Deben estar esperándote o buscándome. Es ridículo como cambian las cosas en un parpadeo.
Al final terminé sola en la habitación de un hotel que se caía a pedazos. Me levanté acompañada de un bostezo y el cabello despeinado. Tomé una ducha rápida, me vestí. Necesitaba recuperar mi libro y un poco de ropa.
Abrí un portal a mi habitación, lo atravesé. Aramis estaba sentado en la esquina de mi cama pensando quién sabe qué. No le di ni un gramo de atención, busqué un bolso, abrí mi armario y junté la ropa que pude.
-¿De verdad vas a irte?
no respondí. Recordé buscar algo de fruta y licor en la cocina. Ceres estaba allí. Me abrazó con fuerza aunque no la seguí. Tomé la botella y unas cuantas manzanas en una bolsa. Abrí otro portal y regresé a mi cuarto.
-¿Qué pasó en la fuente?
Guardé la fruta y la bebida con cuidado. Pensé en buscar un peine y objetos de higiene personal en el baño.
-¡Pajarito! -me detuve en seco.
-No vuelvas a llamarme así nunca más.
-Dime...
-No, dime tú, de seguro ella te habló sobre lo que había en el lugar ¿qué entendiste de todo aquello?
-Fueron objetos de pacto.
-¿Acaso yo le abrí el estómago para quitarle lo que cargaba dentro y arrojarlo en la fuente? -no respondió. -vamos, dime, ¿lo hice?
-No.
-Ella no está bien, no debiste presionarla.
-Tienes razón, no debí hacer muchas cosas. Sabes que no puedo cambiar el curso de las cosas por mi cuneta como si nada, el destino vuelve a su curso. Te lo he dicho una millonada de veces antes. Ella pudo hacerlo, pero se negó a regresar.
-Pero aún así... debiste haber insistido. -se notaba el remordimiento y el dolor de un padre al perder un hijo en sus ojos.
-Ella dijo que su estómago no estaba bien. Su bebé iba a morir de todos modos, así fue escrito Aramis. Me echas la culpa porque sabes que es así y te niegas en aceptarlo. Nadie preguntó qué es lo que yo di a cambio, lo que pedí. Tal vez fue una estupidez ahora que lo pienso. Quizá los humanos son una plaga que no lo vale después de todo. -busqué el libro de mamá, el diario de tori y algunas cosas más en el camino. Bajé las escaleras por costumbre y me encontré con los pocos reclutas que quedaban con expresiones temerosas. Aramis me siguió sin rendirse.
-¿Qué fue entonces?
-¿Qué es lo que todo humano busca? -reí.
Cerré la puerta al salir. No sabía a donde ir y luego miré el cielo oscuro. Curioso que nadie note que el sol cada vez brilla menos.
Eruca entró a mi cuarto y vio el espejo en una pieza, el armario vacío, la fruta y el alcohol ya no estaban.
-¿Qué hemos hecho? Aramis, pajarito nos dejó.
-Fue necesario. -le dio un abrazo de consuelo.
Terminé en la colina a la que siempre solía ir a contemplar el cielo rodeada de flores.
-Al final regresaste. -se sentó a mi lado. Saqué la botella y le di un trago.
-No, estoy dando una última mirada antes de que las cosas se compliquen.
-¿Por qué lo dices? Ya tienes tus memorias y las cadenas se han ido.
-Falta una cadena. Falta un recuerdo. Falta eliminarte Azar y no sé cómo, pero tú sí sabes como matarme. -¿qué te detiene a darle fin a esta mierda?
-Cierto.
-¿Cuánto tiempo queda para que comience el fin de todo? -divagué.
-Hoy. -hizo una pausa dramática. -Mañana, en diez años ¿no has aprendido nada aún? Quizá las cosas hubiesen sido mejor si me hubiera ido con ella. Ya no hay vuelta atrás.
-¿La amabas? -le pasé la botella y le dio un trago.
-Como un demonio ama la sangre.
-Entonces no fue amor maldito psicópata. -me dio la botella. -eso se llama adicción.
-Yo lo describiría más como una especie de amor platónico. Lejos, pero cerca, acegurándome de que no estés con nadie más que conmigo.
-Maldito loco, así que es cierto, mataste a la fortuna.
-Matar... es una palabra muy cruel en este sentido. Digamos que solo huyó.
Mientras hablábamos buscaba en mi mente cualquier tipo de información sobre sellar a un ser intangible. Había leído tanto que no sabía por donde comenzar hasta que hallé varias formas de hacerlo, pero solo podía llevarse a cabo con la ayuda de un ángel... y por el momento estaba en discordia con dos.
Al mismo tiempo trataba de ordenar mis ideas sobre Azar ¿Puede la ira llevarte a semejante caos? ¿Qué te impulsa a dejar de tener una razón por la cual vivir y aún así continuar viviendo envuelto en desastre? Para cuando intenté continuar con la extraña conversación con mi "archi enemigo", él ya había desaparecido.
Me coloqué de pie y abrí un portal. Volteé a ver por última vez la casa antes de partir. Debía afrontar la realidad de los hechos aunque me diera miedo. Necesitaba regresar a donde todo había comenzado, mi verdadero hogar.
Caminé entre escombros de una ciudad de apariencia árabe. No había nadie. El suelo seco, sin vida, las nubes desbordantes de oscuridad. La ceniza caía del cielo. Me abría paso entre ese desolado lugar inundado de muerte y recuerdos. Pensar que una vez hace tanto tiempo viví en este lugar. Ni siquiera los carroñeros rondaban para limpiar lo que quedaba. Las armas reposaban en el suelo. Construcciones hechas pedazos, trataba de dejarlas atrás, pero era en vano. Parecía no tener fin hasta que me encontré con una inmensa roca que bloqueaba el ingreso a una montaña. El lugar estaba todo escrito y repleto de talismanes de protección. Aún así se asemejaba a un lugar turístico al que nadie se atrevió a entrar y en donde se narraban historias de fantasías con tal de ganar dinero. Ahora estaba abandonado. Mi corazón latía a no más poder. Mis ojos brillaron y mi voz ya no era la misma, se podría describir como un susurro diabólico en un dialecto tan antiguo que ni siquiera yo sería capaz de explicar su procedencia. "Sal de mi camino" pensé y la inmensa roca se movió progresivamente hacia un lado. No había luz allí dentro, parecía cortarse ante los límites de la tiniebla.
Di varios pasos hasta quedar frente a la oscuridad de la cueva, en el límite que me causaba inseguridad enfrentar. Tomé aire, cerré los ojos y di un paso sin pensarlo.

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