Capítulo 19 - Juntos

La verdad secreta

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We are broken - Paramore
*
Yeik no pudo haber dado una peor clase a los principiantes que la que había dado aquella tarde, y todos lo habían notado. No podía expresarse, no podía demostrarles los movimientos y, sin duda, no tenía el mismo buen humor que lo caracterizaba. No tenía esa buena vibra que hacía que sus alumnos prefirieran estar con él en lugar del mismo entrenador. Claro estaba, todo fue producido, entre otras tantas cosas, por su incesante pensamiento en Arlet, quien había faltado al entrenamiento. Y una vez terminada la clase, Yeik comenzó a recoger sus cosas para irse a casa, ya que no tenía permitido entrenar.
No. Él no quería entrenar.
Sin embargo, se cruzó con ellos. Luego de ver cómo Gache lo ignoraba totalmente y cómo Yésika entraba con Rai al gimnasio, se dirigió sin más consuelo a su casa, donde se encerró en su habitación, tiró todas sus cosas al suelo y se echó en la cama boca abajo para hostigarse nuevamente con todos sus pensamientos.
Pero a diferencia de lo que él pensaba, tanto Yésika como Gache estaban pasando por lo mismo. La joven solo había logrado la mitad del desempeño normal en los combates, mientras que Gache no había podido desempeñarse en ninguno. Y de la misma manera, ambos salieron de su entrenamiento, se dirigieron a sus casas y se encerraron en su casa del árbol y su taller, respectivamente. Incluso ambos intentaron seguir con sus quehaceres, pero no lo lograron.
A pesar de la lejanía que había entre los amigos, un mismo deseo los mantenía unidos mediante un lazos casi invisible. Y junto con ese mismo deseo, les llegaron las mismas preguntas.
¿Cómo fue que llegaron a estar tan separados?
¿No volverían a dirigirse la palabra nunca más?
¿Toda la confianza que se tenían se esfumaría así, sin más?
¿Todos esos años de amistad que tuvieron... simplemente... desaparecerían?
Luego de esos pensamientos recordaron que tenían una foto en particular que los tres se habían hecho hace menos de un año: luego de ganar una competición de magnen por equipos, el trío se había tomado una foto con sus respectivas medallas y se habían abrazado frente a la cámara. Una foto muy significativa para ellos, sin duda, pero sabían que si algo no cambiaba, aquel gran recuerdo no sería más que simplemente eso: un recuerdo.
 
Sin haber abandonado sus guaridas hasta entonces, los tres tomaron sus cuadros y se asomaron por sus ventanas para contemplar el cielo nocturno. Fue entonces cuando los tres recordaron aquel momento clave: en la noche anterior al combate final de aquel torneo, los tres se habían reunido en la casa del árbol. Yeik, con cierto nerviosismo, les había dicho lo preocupado que estaba por la posibilidad de no llegar a la meta:
~
—Dale, Yeik. Lo decís como si tuvieras miedo ¡No va a pasar nada de eso! —decía Gache con total confianza, golpeando suavemente el hombro de Yeik.
—No hay forma de que perdamos —intervenía Yésika con optimismo—. Porque ganaremos de la única forma que siempre lo hicimos.
Y como cábala que habían formado por el paso del tiempo, los tres chocaron sus puños al mismo tiempo y los alzaron en lo más alto mientras gritaban al unísono una sola palabra:
—¡Juntos!
~
Recordar eso siempre les hacía sonreír. Y esta ocación no había sido la exepción, a pesar de que eran de los peores momentos que les tocaba vivir a los tres. Dejaron las fotos en sus lugares, esbozaron una pequeña sonrisa de esperanza y se dieron unas breves pero concretas palabras de apoyo a sí mismos:
—Juntos... Es la única forma.
*

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