Capítulo 22 - Tienes que creerme

La verdad secreta

visibility

156.0

favorite

0

mode_comment

0


Más allá de quedarse peleando inútilmente frente a la puerta del aula, ambos continuaron mientras paseaban por el gigantesco jardín que contenía aquella institución, en espera de la próxima materia; aunque Yésika seguía enojada con Yeik, lo cierto era que las bromas y el perseverante buen humor del chico pudieron ganarle, en parte, a su mal temperamento.
Sin embargo, luego de un tiempo, tanto Yeik como Yésika mantuvieron una cierta seriedad mientras caminaban lentamente entre plantas y flores, hablando de temas meramente banales. Los dos sabían que había un tema pendiende por arreglar y, a pesar de que habían quedado discutirlo a la salida del colegio, sabían que era un buen momento para hablar sin que nadie los escuchara.
Por ende Yésika, apartando la mirada hacia los árboles, dio el primer paso:
—Bueno... creo que querías decirme algo ¿No?
Yeik la miró. Luego bajó la mirada y dio un suspiro con una expresión ciertamente afligida:
—¿Cómo has estado durante este tiempo?
La de cabello puntiagudo le devolvió la mirada, un poco desorientada, pues ella esperaba otro tipo de respuesta:
—Emmm... Sinceramente, no del todo bien.
—Bueno, supongo que es una buena señal—dijo Yeik, a su vez que su compañera lo miró de modo más desconcertado—. ¿No lo crees, Yésika?
—¿Cómo que una "buena señal"? Yeik ¿Acaso me estás tomando el pelo?
—Bueno, siempre trato de ver las cosas con optimismo —respondió el de cabello azul, encogiéndose de hombros—. Si durante todo este tiempo hubieses estado bien, no tendría sentido querer arreglar las cosas ¿No?
La muchacha sabía que tenía razón, por lo que decidió no responder al respecto y dejó hablar a su compañero.
—Yess, lo que pasó en la casa del árbol... solo ocurrió porque estaba preocupado por ti. Ni yo ni Gache quisimos hacerte daño. Solo quisimos que entraras en razón.
—¿"Entrar en razón"? —contestó Yésika con un aire enfadoso, a su vez que detuvo la marcha de Yeik y se puso al frente de él—. En primer lugar, a las personas se las hace "entrar en razón" cuando no tienen la razón. Y en segundo lugar, no se hace "entrar en razón" a las personas por medio de gritos y luego empujándolas al suelo de su propia casa del árbol.
—¿Y cómo es que estás tan segura de tener la razón?
—Porque soy yo la que se junta con Rai y porque soy yo la que practica magnen con él. No tú, ni Gache, ni nadie —se defendió la joven.
—¿Entonces realmente crees que te estamos mintiendo?
Yésika enmudeció repentinamente ante la pregunta de Yeik. Quiso contestar, pero tragó sus palabras en ese mismo instante mientras ponía una mano detrás de la nuca.
—Vamos, Yess ¿Luego de todo lo que pasamos? No tiene ningún sentido echar nuestra amistad a la basura por algo tan absurdo como una mentira. Además, sabes que no es el estilo de Gache aprovecharse de nadie y mucho menos el mío ¡Somos tus amigos! ¡Sabes que jamás te mentiríamos!
Yésika siguió en silencio por un momento. Luego dio un suspiro y terminó por sentarse en uno de los tantos asientos de piedra que se encontraban en aquel jardín. Por último, desvió tímidamente su mirada hacia el suelo:
—No lo sé, Yeik —dijo la muchacha—. No es que no quiera creerte, pero la realidad es que desde ya hace un mes que Rai es mi amigo y jamás me hizo nada. Son tus palabras contra los hechos.
Viendo que Yésika jugaba con sus dedos bajo una mirada triste, el joven Lix decidió tomar asiento al lado de su amiga y trató de encarar el asunto desde el lado más positivo posible, pues bien sabía que si no lograba arreglar sus problemas con Yésika, todos sus esfuerzos habrían sido en vano:
—Solo piénsalo por unos segundos, Yess ¿Para qué te mentiría?
—Creo que es obvio ¿No? —respondió su compañera, mantentiendo la mirada en sus manos—. Porque diciéndome eso me mantedrías alejada de Rai. Por lo menos esa es la razón por la que terminé enojándome contigo y con Gache.
—Bueno... sé que tienes tus motivos para pensar eso —dijo el joven Lix, subiendo los pies al asiento y cruzándolos entre sí—. Pero creo que también tengo una buena razón para decir que mentirte sería una gran estupidez.
—¿Ah sí? —contestó la chica de cabellera extrovertida y castaña, mirando a su amigo con cierta extrañeza—. ¿Y cual es?
Yeik, como respuesta, dio un suspiro y le devolvió una profunda y sincera mirada.
—Que te extraño. Esa es mi única razón.
Ambos mantuvieron su mirada por unos segundos. Sin embargo, luego de que Yésika se sonrojara, trató inútilmente de ocultarlo volteando hacia otro lado, en tanto Yeik continuaba con sus palabras:
—Te extraño, Yess... y mucho. Te extraño a ti y a todo. Y si lo que te dije únicamente fuese "una mentira", pues arreglaría todo el problema con solo admitirlo. Pero prefiero la verdad, porque quiero cuidarte. Aunque eso signifique... perder todo lo que tenía valor para mí, incluso Gache.
—¿Gache? —dijo Yésika, con cierta sorpresa—. ¿Qué ha sucedido con Gache?
—Tuve una discución con él, bastante... fuerte. Justamente por este problema.
Ambos quedaron en silencio, sin cruzar absolutamente ningura mirada, ninguna palabra. Yésika estaba pensando, procesando en su cabeza una pequeña frase que quedó rondando allí desde que la había escuchado de boca de Yeik.
"Te extraño".
Era mutuo. Era exactamente lo que ella también sentía y, de hecho, era la principal razón por la cual le había dejado a Yeik un pequeño espacio para hablar.
Luego de tanto tiempo, Yésika volvió a sentir esa pequeña conexión que hacía a su amistad con Yeik, un tanto especial:
—Yo también te extrañé, Yeik —dijo Yésika un poco apenada, a su vez que Yeik la observó con algo de asombro—. Te extrañé a ti y a todo. Extraño a Gache, a nuestros entrenamientos, cuando nos juntábamos a comer en mi casa... extraño mucho nuestra amistad... muchísimo. Pero sobre todo te he extrañado a ti, Yeik. Aunque no de la manera que piensas.
Consecutivamente de sus palabras, Yésika tomó suavemente el hombro de su compañero con una sonrisa:
—Creo que todo este asunto con Rai te ha enloquecido un poco. Pero de no ser porque te conozco desde hace tiempo, diría que no estás arrepentido de todo lo que ha pasado.
El joven de ojos claros sintió de repente que las puertas al fin comenzaban a abrirse para él y que el camino hacia la solución finalmente había comenzado a aparecer de una vez por todas. Contuvo el aire y esperó a que Yésika, quien lo miraba fijamente, concluyera:
—Prométeme que no volverás a tratarme mal —dijo suavemente la muchacha—. Nunca.
—Entonces, si lo prometo... ¿Significa que volveremos a ser amigos? —preguntó Yeik, entusiasmado.
—Exacto. A menos que quieras hacer otra actuación, ya sabes...
La joven fue inesperadamente interrumpida por un repentino abrazo de Yeik, quien por la emoción no pudo contener su alegría e hizo a ambos caer al suave y esponjoso pasto que había en ese enorme jardín.
Ambos comenzaron a reír. Yésika, claro estaba, no iba a dejarse vencer tan fácilmente por su compinche y comenzó a forcejear para tratar de dominar la amistosa riña. No obstante, la muchacha no pudo superar los astutos movimientos de Yeik; él, presionando ambas muñecas de Yésika contra el suelo, impidió cualquier clase de defensa que su amiga podía realizar con sus brazos o con sus puños.
La combatiente quizo esforzarse más, pero la risa producida por su propia alegría le quitó todas las fuerzas restantes, de manera que desistió y se dejó vencer. Pero eso no le importaba en lo absoluto; luego del vacío que le había producido estar alejada de Yeik por tanto tiempo, lo que ella más anhelaba era tenerlo cerca otra vez, para así poder mirar directamente sus celestes ojos y su típica sonrisa desbordante de alegría.
Ambos hicieron silencio y se observaron por unos segundos, de manera que solo podían escuchar sus agitadas respiraciones debido a la pequeña lucha.
—Miles de gracias, Yess —dijo al fin Yeik—. No sabes la enorme alegría que acabas de darme.
—No es nada —dijo la muchacha entre risas—. Yo debería darte las gracias a ti.
Yeik iba a contestar cuando escuchó a lo lejos dos voces que al parecer solo pasaban por allí. Y más que meterse en problemas, como ellos creyeron que iba a ser, se toparon con una cituación bastante incómoda, pues las voces eran de los mismos conserjes que habían ayudado al joven Lix:
—¡Wooooooow! ¡Bien hecho muchacho! —gritó uno de ellos, quien tenía mayor altura.
—¡Lo estás haciendo muy bien! —gritó su compañero más pequeño.
Ambos adolecentes se percataron finalmente de que, por más de que solo había sido un juego, él se encontraba encima de ella y, de por sí, la situación se transformaba en excesivamente comprometedora. Así, aunque los empleados de la academia ya se habían ido, Yésika se puso totalmente colorada y se liberó de Yeik dándole un cabezazo en el pecho y librándose de él inmediatamente.
Mientras el joven tosía para recuperar el aire, la muchacha quedó inmóvil, sentada en el suelo:
—No vuelvas a hacer eso —dijo, avergonzada—. Menos aquí.
Yeik, antes de contestar, dio su última tanda de tosidos:
—Bueno, agradece que solo fueron los conserjes. Imagina que justo hubieran aparecido Rai y... Arlet... para entrar a clases...
Y lamentó haberlos nombrado. Yeik sabía que acababa de mencionar un tema que, como una chispa en un bosque, podía provocar un incendio en el momento menos adecuado. Yésika, entonces, comenzó a rememorar ciertos pensamientos de su cabeza cuando volteó a ver con intriga a su compañero:
—Por cierto... ahora que los mencionas, quería hacerte una pregunta. —La chica, quien había quedado sentada en el césped, se puso de frente hacia él—. Rai me dijo algo sobre Arlet y tú... solo quería saber si era cierto.
—Oh... ¿Lo de Arlet? Pues...
Lo dicho, dicho estaba. Por ende, no podía ya echarse hacia atrás.
—Bien, como te dije, prefiero siempre decirte la verdad —dijo Yeik, decidido, mientras se ponía de frente hacia Yésika—. No sé cómo te lo dijo, pero sí, es cierto.
—Oh... qué mal —respondió la joven, rascándose la cabeza—. Si quieres puedo...
—¿Arreglar las cosas? —se adelantó el de cabello azul—. Eso ya está en el pasado. No te preocupes. Aunque sí fue un poco extraño...
—¿Extraño? —dijo Yésika, inclinando la cabeza—. ¿Por qué extraño?
—Verás... sucede que ese día, cuando entré al baño de varones, me llamó la atención encontrarla a ella sola...
Yeik no se había dado cuenta, pero su compañera ya estaba con el ceño fruncido y con una mirada que expresaba suprema confusión.
—Pero el problema no fue ese —prosiguió Yeik—. El problema fue que cuando ella estaba por salir de la casilla, entraron unos chicos...
—Yeik ¿De qué estás...?
—Entonces... —siguió, interrumpiendo a su amiga—. Si no hacía algo al respecto, iban a descubrirla allí dentro. Por esa razón me metí sigilosamente a su casilla y...
En un abrir y cerrar de ojos, Yeik pudo sentir en su cara una fuerte y furiosa cachetada que lo dejó totalmente pasmado. Él, al voltear hacia el frente nuevamente, vio una gran expresión de desconcierto en Yésika.
—Pero... qué... —comenzó a decir el chico, mientras acomodaba sus ideas—. ¿Por qué hiciste eso?
En silencio, la joven no paraba de mostrar decepción y horror con su mirada. Por tal motivo y sin comprender nada, el joven volvió a insistir:
—Ey ¿Qué te sucede? ¿No me estabas preguntando acaso por eso?
—N... no...
En ese instante, Yeik se dio cuenta del enorme paso en falso que había cometido. Sintió que aquel camino que lo llevaría a solucionar sus problemas se había transformado repentinamente en un abismo sin fondo.
—¿Eh? Espera ¿Cómo que no? ¿De qué me hablabas entonces?
—Rai me había dicho que Arlet y tú... habían... peleado...
Ambos quedaron en silencio, quizás esperando a que alguno dijera que todo había sido una broma de mal gusto. Pero no fue así. Yésika, angustiada, se puso de pie y miró con incredulidad a su compañero:
—... pero ahora que lo recuerdo, Rai también me había dicho algo sobre este "pequeño episodio" ¿Y sabés que fue lo peor? —comenzó a hablar en un acusador tono mientras lo señalaba punzantemente con el dedo—. Que no le creí. A pesar de que era la única persona con la que podía contar, no le creí. Y no lo hice porque confiaba en ti, Yeik. Creí en lo que tú me habías dicho porque jamás pensé que ibas a ocultarme la verdad sobre lo que hiciste con Arlet.
Indignada, dio media vuelta y comenzó a alejarse del lugar. Acto seguido, Yeik se incorporó rápidamente y fue a buscarla.
—¿Qué dices? —dijo el muchacho, tomando el hombro de su amiga—. No, no, no, alto. Estás confundida, no es lo que crees.
—¡Ya no importa qué es lo que crea o no! —respondió Yésika, apartando la mano de su compañero—. Porque cuando realmente creo que vas a ser totalemente sincero, resulta que termino equivocada. Porque no mentir, para ti, es lo mismo que no decirme toda la verdad ¿No?
—No, Yésika, espera, eso no es así.
—Mejor ahorrate tus explicaciones, imbécil. Ya no pienso creerte ni una sola palabra más de lo que dices.
Nuevamente, dio media vuelta y comenzó a alejarse de Yeik. Pero ahora lo hacía dentro de los pasillos de la academia. El joven Lix, en tanto, caminaba detrás de ella intentando calmarla:
—Yésika, no ha ocurrido nada con Arlet ¡Tienes que creerme!
—¿Por qué? —se detuvo súbitamente la la joven de mirada furiosa—. ¿Porque somos amigos desde la infancia? ¿Porque "siempre me dices la verdad"? ¿O porque te quedarás solo si no lo hago?
Ella esperó en silencio a que el de pelo azul cotestara, aunque sabía que no iba a hacerlo. Entonces, con una combinación de enojo y tristeza, ella continuó:
—Ya le fallé a Rai una vez al no creerle. Y no pienso fallarle otra vez. No como tú ya hiciste conmigo. —Yésika comenzó a contener unas lágrimas al escuchar sus propias palabras, porque sabía lo que eso significaba para su amistad—. Realmente no entiendo cómo pudiste cambiar tanto, Yeik... así que tómate esto como una despedida.
—¿Des...pedida? —dijo Yeik, con el corazón totalmente partido—. No, Yésika, espera...
—No vuelvas a hablarme —lo interrumpió la joven, con la voz temblorosa—. Y no vuelvas a buscarme. Porque desde ahora ya no somos amigos.
Ella rápidamente se volteó y comenzó a dirigirse a una puerta: el baño de mujeres. Yeik, sabiendo que no iba a tener otra oportunidad, la siguió inmediatamente y tomó su hombro para detenerla.
Pero fue totalmente inútil:
—¡Te dije que no te acercaras a mí!
Con un alarido ensordecedor, Yésika volvió a apartar la mano de su compañero y, esta vez, le atinó una cachetada mucho más fuerte que la anterior, de manera que el de pelo azul casi pierde el equilibrio. Así Yeik comprendió lo que había pasado: ella ya estaba fuera de su alcance.
—¿Te digo algo,Yeik? Rai también me dijo otra cosa... y es que jamás se termina de conocer a una persona. —Mientras el chico la miraba, atónito, la muchacha se secó los ojos en un inútil intento de superar la tristeza y el dolor—. Y aún no logro entender cómo pudiste ocultarme la verdad... tú no eras así. Y si vuelves a buscarme, prepárate para desconocerme también. Porque la próxima vez ya no será una simple cachetada.
Sin más que decir, Yésika concluyó la discusión metiéndose al baño de mujeres y cerrando la puerta bruscamente.
Yeik, si bien ya tenía el corazón partido, sintió que éste se le partía aún más cuando escuchó los sollozos irremediables e impotentes de su compañera por detrás de la entrada. Entonces, sin saber cómo actuar, apoyó la espalda en una pared, se dejó caer al suelo y se tapó la cara con sus manos, asumiendo que ese había sido el fin.
La solución de sus problemas estuvo en sus palmas, pero eso ya no era más que arena que se había escurrido entre sus dedos. Ahora no tenía nada.
—No... No... No... Esto no puede estar pasando. Yésika, tienes que creerme...
 

Este sitio usa cookies para tu sesión de usuario y mostrarte publicidad.

De acuerdo