CULPA

Memorias Caídas

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"Prométeme que serás una niña buena y no volverás a desear el mal a nadie".
-¿Recuerdas cuando nos recostábamos aquí a descansar? -Ella se reflejó en la pared de la cueva.
Con el tiempo las paredes se cubrieron de un particular cobre pulido en el que se lograba ver tu reflejo con bastante claridad. El cuerpo de Tata quizá haya sido el responsable de este fenómeno. Sonreí nostálgica.
-Sí, luego nos la pasábamos tomando pequeñas flores de las enredaderas.
-Era lindo.
-Éramos felices. -admití sin darme cuenta.
Ella estaba rota, a su rostro le faltaba un pedazo, las grietas parecían más profundas y ya no contaba con parte de su antebrazo izquierdo.
-¿Estás bien? -la interpelé con algo parecido a la preocupación. Sonrió afligida.
-Estoy asustada. Estoy sola, me siento sola, pero si preguntas seriamente y no te vas a reír de mí pues no, esto no es estar bien. -reí sarcástica ante su repentina respuesta.
-¿Y esa melancolía? -ella apareció en la pared apenas entré a la oscuridad de la cueva donde apenas unos casi imperceptibles hilos de luz se atrevieron a acompañarme. Parecía triste y no lograba entenderlo del todo. Luciérnagas ingresaron detrás de mí como un torrente de adrenalina iluminando el lugar en segundos. Me habían estado esperando desde hacía tanto tiempo.
-No me quieres. -No se inmutó, me observó en silencio ¿de qué va todo esto? Peleamos por un mismo cuerpo y su control... ¿luego qué?
-Estar solo es peligroso en mi también... a pesar de que estés ahí. -aclaré. Di vueltas en el centro del lugar mirando cada detalle en su respectivo sitio tal y como lo recordaba.
-"Me gusta estar sola que con quien sea, pero aún así -suspiró. -continuo sintiendo muy adentro de mí esta incomodidad". -hizo una breve pausa para tragarse las lágrimas. Era la primera vez que podíamos comunicarnos de esta manera. -Es un error. Lo que hemos hecho es un gravísimo error que jamás podremos reparar ¡me está matando! ¡mírame! estoy quebrándome -¿por qué después de todo lo que han hecho por mí continuo siendo una imbécil? Recordé a tori vagamente, había olvidado su rostro. -Me hace mal.
-Yo... es como si...
-"Si no significaras nada" ¿eso ibas a decir? -dijo con los ojos apagados.
-¡No es mi culpa! Una vez que me alejo empiezo a pensar. No es es bueno pensar. -me justifiqué.
-O te lo hicieras a propósito... -su sonrisa se quebró. Dábamos vueltas en el lugar.
-No quiero ruido. Necesito silencio. -me acerqué al reflejo paso a paso sin dejar de encontrarme en ella.
-No lo soportas porque no te atreves a lidiar con la verdad tanto que dices cosas como -caminaba hacia la vertiente de la cueva sin perderme de vista . -"No tengo problemas conmigo, pero cuando alguien llega siento que puedo compartir mi persona, pero por algo las cosas no funcionan. Siempre siento que es mi culpa y eso me desarma". -es como si me leyera.
-¿Tu culpa?¿mi culpa? "A mi me importan un carajo todos. Voy por la vida causando pánico como si nadie fuese realmente importante". -la imité. Reí divertida.
-"Así que tengo un gran ego cuando estoy cerca de las personas lejanas o mejor dicho las cercanas". -me miró feliz con los ojos abiertos sintiendo que me había quitado las palabras de la boca.
-¡Exacto! vete al diablo.
-Me tengo que obligar a sentir algo... incluso con mis amigos. -era cierto, ella era un ángel. Debía esforzarse el triple para todo. -y lo sabes mejor que nadie, pero prefieres hacerme ver como la mala con tal de quedar como la buena para que nadie te deje atrás.
-Entre menos me acerque... -le dije.
-¡Eso! -carcajeó. -¿Tú? pero si quien aparece cuando no logras mantener las cosas en control soy yo. "Más me dejo ser y estoy bien. Incluso le caigo mejor a todos..." tú me entiendes, nadie sufre. Mejor dicho, todos lo hacen a costa tuya. -le sonreí. Pues sí, la entendía a la perfección.
-No me quiero acercar, no quiero que sepas que pienso ni en qué creo ni en mis problemas, pero sería lindo que preguntaras. Todo lo que quiero gritar es ¡Ayúdame! Pero nadie escucha por conveniencia ¿quieres que te de la razón? está bien, tienes razón en todo lo que dicen, ahora dime ¿que cambió con eso?
-Nos tienen miedo ¿cómo no tenerlo con lo que nos han visto hacer? -agachó la vista decepcionada. -Tengo mis expectativas, arruino las cosas. Todos lloran. -ella se afligía al dejarlo salir. Un ángel sincerándose con un demonio, lo he visto todo. -Y no expectativas sobre el otro, sino sobre la relación que me esforcé en crear.
-¡Era necesario! ellos querían hacerles daño. -pensé en todas esas personas que cayeron por mi mano y en las que salvé. -Siento que los otros no hacen lo mismo por mí...
-Pues obviamente no lo harán, ellos no son capaces de hacer lo que nosotras. Nadie podría aguantar semejante carga en sus hombros. A pesar de arruinar mi forma de ser y comiencen a verme mal, que crean que valgo menos por tomar en serio mi destino... no quiero que ocurra. Me vuelve loca.
-Salvar una vida, eso sería grandioso. Incluso me preocupo demasiado por hacer lo correcto, mira a donde me llevó. Eruca me verá como un monstruo para siempre ¿me lo merecía realmente? ¿era una especie de prueba? Ni siquiera me dejó explicar lo que pasó.
-Son humanos... solo debes hacer tu tarea y recordar que no eres uno de ellos sin importar cuanto te encariñes. Tú sabes que no hiciste nada malo y basta para mantener tu conciencia limpia. Lastiman porque sus heridas no sanan, por supuesto no todos son así, pero cuando la herida es muy profunda... se dañan para siempre.
-Supongo que por naturaleza nos gusta el drama ineludible de su falta de comprensión por la vida y la muerte. -reí. -eso es lo que nos atrae de ellos tal vez. Ya no quiero pensarlo. Sin embargo...
-Nos tienen que importar... Ah, pero no siento nada... odio esto de mí.
-Aún así... es lo que te hace ser tú. -le expresé tranquila.
-¿Por qué tuve que nacer siendo un ángel? No es justo.
-No saber cómo lidiar con mi persona, eso me parece más problemático que ser un ángel o un demonio. Al fin y al cabo somos...
-Iguales. -nos miramos fijamente por un segundo intentando comprender lo que había admitido. Sonrió de oreja a oreja.
-Cerca de cumplir veinte años y actuando como una niña inmadura. Sabes, cuando tori murió desaparecí porque no quería lidiar con eso. Ver como la única persona que me entendía esfumarse por mi culpa... no pude soportarlo. -no somos muy diferentes.
-No podía sentir nada y menos saber qué hacer -sus manos temblaban de nerviosismo al recordarlo. La había escuchado gritar de una manera tan desgarradora en mi cabeza mientras estaba lejos. No me atreví a acercarme por miedo a escucharme decir que todo esto era mi culpa... -Tampoco quería aceptarlo -buscó mis ojos. -Luego lo hice, pero sentí esa sensación de responder "¿y?"
-Lo sé. -desvié la mirada. -Total apatía por todo. Quisiera ser más como tú.
-Quisiera ser más como tú. -rió devastada. Ambas nos estábamos quebrando, solo que yo me negaba a ver las grietas.
-Ya no quiero sentir nada.
-¿Tan malo es ser capaz de entender a quienes te rodean?
-Es solo que... terminas viendo cosas en el otro que no existen. Invento para hacerme sentir a tal punto que me lo creo real. -las imágenes de quienes formaron parte de mi vida a lo largo de los años me producían una repulsión, me hacía arder de rabia. -Después lo pienso y nunca fue como lo creí. Es peor, si haces que alguien te importe lo más probable es que sea solo un producto de tu cabeza. Terminas llorando por nada y nadie. -pensé en todo hasta ahora.
-No lloro -mintió porque lo estaba haciendo justo en ese momento. -Es como si fueran descartables... ya ni lo intento. Pero sería lindo sentir algo por alguien. -sonrió imaginando un escenario tan perfecto como ese. Aquella inconformidad, ese sensación que le invadía el corazón, de creer no sentir nada cuando en realidad sus ojos lo gritaban con lágrimas, la capacidad de no poder manejarlo y la incapacidad de no entenderlo. Eso era ella. Eso somos.
-Parece como si me lo hubiera hecho a propósito.
-Lo hicimos a propósito. Todo fue nuestra culpa. Estamos pagando un pecado tan grande que ni un millón de vidas podrían reparar y no te atreverás a preguntar porque todavía no me quieres. -se rompió.
-¿No crees que es suficiente? -una suave brisa llegó por sorpresa causándome un poco de fresco. Me abracé muy fuerte para contenerme de él y de lo qje estaba por afrontar.
-Estoy agotada... es un círculo vicioso. Un bucle sin fin. Estamos cansadas ¿cuánto más vamos a seguir así? Me estoy rompiendo tratando de aguantar el dolor sola. -cayó de rodillas cabizbaja siendo sus lágrimas y su respiración entrecortada lo único visible.
-Yo... -mis ojos se hundieron en la misma situación. -caí frente a ella. -lo siento. Soy un monstruo. Todo esto es por mi culpa, lamento tanto habernos hecho esto. -dolía como el demonio. Apenas podía modular lo que decía, me sujetaba con fuerza y las lágrimas humedecían la tierra seca de la cueva. "Te perdono" resonó suavemente en mi mente acompañado por la última gota caer al vacío.
La cueva sumergida en la oscuridad en un inicio recibió la visita de varias luciérnagas que pululaban cerca de mí ¿o estuvieron allí todo este tiempo y no las había notado? Me di cuenta de que el lugar no era tan oscuro como pensaba. Tomé un respiro. Levanté la vista al percatarme de su presencia a unos centímetros de mi rostro. Se interponían entre el espejo y mi persona como si me dijeran "oye, no te preocupes, todo está bien". Las alejé un poco de mí, no quería aspirar ni comer insectos de ninguna clase. Se alejaron con el movimiento de mi mano agitándose de lado a lado. Ello me condujo a divisar nuevamente el espejo.
Me vi en él luego de tanto tiempo. Ya no había pelea, todo estaba en orden. Ya estaba bien.
 
 

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