Capítulo 10 ; Oportunidad

Cuentos de Media luna

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Natt y Layla acababan de marcharse y aún así podía percibir el leve olor en el aire, las cosas se habían complicado lo suficiente como para mantenerse lejos de mi alcance, sólo podía rezar porque sus recuerdos volviesen pronto. Por ahora sólo debía actuar acorde a la situación y en esta ocasión el deber me llamaba, nadie conocía aquel castillo como yo, y sabía que haría de ante mano mejor que ella misma, éramos el equipo perfecto aunque no lo recordase.
 
 
—Deja de andar en las nubes Igdrix — me reclamó Wolf.
—Se me olvidaba que tu solito no tienes ni idea de dirigir un equipo — dije con picardía.
—Ella no opina lo mismo — se moro. 
—Ella no sabe lo que le conviene — contraataqué.
—Te equivocas es más que consciente de las decisiones que toma — dijo con firmeza manteniéndome la mirada.
—Sabes que bastaría una sola palabra mía para cambiar la idea que tiene de ti — le espeté furioso.
—Es una completa lástima que no puedas hacer nada al respecto, jamás podrás ese fue tu castigo.
 
 
Se regodeó con malicia, dando justo donde más dolía, él lo sabía, todos lo sabíamos, el consejo celeste me maldijo por toda la eternidad por la osadía de no aceptar su voluntad en nombre de un amor que no debía sentir.
 
 
—¡Callaos de una vez quejicas! — interrumpió Travis — hablar de una sola mujer durante siglos es aburrido ¡pasad página de una vez! — nos regaño. 
—No todo el mundo es una maldita sabandija como tú — sonrió Wolf.
—Sólo digo que deberíais pasar página, hay muchos peces nadando en el mar — dijo con aires de don Juan.
—¡Dejad de vaguear idiotas,  esta entrando! — Alissa señaló al gran portón del enorme castillo.
—¡A reunirse! — indiqué — yo dirigiré esta operación, ninguno conoce el terreno como yo ¿alguna queja? — observe con el ceño fruncido a todos.
—Me fastidia admitirlo pero tiene razón — dijo Wolf.
—Estamos contigo ex-capitán — sonrió Cole.
—Bien, este es el plan ; entraremos por las catacumbas, el resto es ir subiendo, apuesto lo que sea a que esas runas están en la cámara secreta de la biblioteca de la torre, el equipo principal irá allí, los demás haced equipos de dos y dispersaos.
—Suena sencillo — añadió Drew.
—Exacto para que complicarse, no buscamos un enfrentamiento en terreno enemigo, sólo recuperar lo que necesitamos y salir a toda prisa ¿entendido?
—¡Si, señor! — gritaron al unísono.
—Y si alguno de vosotros os encontráis con Fafnir… huid, no miréis atrás — dije con gran inquietud.
 
 
En cuanto terminamos de ultimar la estrategia los guíe por el flanco izquierdo de nuestro escondite entre los jardines hasta llegar al pequeño cementerio, algunos se quejaron, pero era la única entrada segura.
Sorteamos entre las lápidas hasta llegar aún pequeño mausoleo, donde abrí una tumba vacía pues en ella estaba el pasadizo hacia las catacumbas, alumbramos con magia el siniestro y oscuro lugar, el silencio era sepulcral salvo por nuestras pisadas, una vez que el camino llegó a su fin, pasamos a una sala más iluminada y pequeña con forma de círculo que tenía una enorme escalinata en forma de espiral y que era interminable.
Travis y Wyatt vigilaban nuestra retaguardia mientras Tyler y yo asegurábamos el avance. Continuamos hasta el largo final sin bajar la guardia,  inspeccioné la rústica puerta que conectaba a la primera planta del palacio. 
Hice señales con la mano, y todos se pusieron en posición, acerqué mi rostro a la puerta para escuchar más no se oía un alma. Puse cuidadosamente mi mano derecha en el pomo y tampoco ocurrió nada, agarré con mayor seguridad y abrí la puerta, me adentré con sigilo esperando por una seguridad que no había lo cual me resultó perturbadoramente extraño y no era el  único que lo pensó. 
 
 
—Capitán… — dijo en un susurro de advertencia, Dylan.
—Yo también lo noto, seguid andando .
 
Era una habitación a oscuras y fría debido a la gran humedad, pequeños roedores vagaban por las vigas o columnas de aquel lugar, echo de piedra mohosa y descolorida. Entramos caminando despacio tratando de orientarnos en aquella oscuridad.
Una opresión nunca antes vista se hizo presente, alguien o algo nos espiaba, nos vigilaba desde las sombras aguardando el momento, debíamos tener cautela pero no podíamos detenernos en ese punto del tramo.
 
 
—Flanco derecho, tres y media capitán — dijo Jass confirmando mis sospechas.
—Maldición… manteos unidos — dije concentrándome en distinguir algo entre las sombras.
 
 
Una sinuosa voz depredadora se oyó unos metros por detrás en la profunda oscuridad, lo acompañó un sonido de algo arrastrándose, casi podía sentir su mirada cazadora encima, no había seguridad porque estaban seguros que nadie saldría con vida de esta sala mientras su mascota se ocupara de devorar a los incautos.
 
 
—Capitán mire allí — señaló Sanders una columna metros más adelante — es una escama.
 
 
Corrí alcanzarla y el pulso se me detuvo en seco, no podía ser cierto, de todo el catálogo del bestiario que conocía tenía que ser ese precisamente, debíamos salir de allí a toda prisa sin perder un segundo o todos moriríamos hay abajo.
 
 
 —¿A que nos enfrentamos Igdrix? — exigió saber Wolf.
—Niddhör … — susurré cerrando los ojos con fuerza como si sólo decir esa palabra doliese más que nada.
—Tiene que ser una broma, vive en las cavernas de Ändïore ¿qué hace aquí?  — dijo exasperado.
—¿Acaso lo preguntas? Esta claro que nos esperaban.
 
La realidad acababa de golpearme en la cara, estábamos haciendo exactamente lo que ellos querían, planeaban algo con Natt pero no nos querían vivos ni cerca de ella y eso hacía saltar aún más las alarmas ¿Por qué jugar a la realeza con ella? ¿Por qué perder el tiempo?
El gran basilisco gruñó  de nuevo advirtiendo su presencia, era hora de luchar a muerte, todos en el fondo lo deseábamos. Habíamos nacido para ello, vivir milenios en paz no nos había desgastado lo más mínimo y lo demostraríamos.
 
 
—Nada de ser descuidados ¡¿entendido?! 
—Por fin algo divertido tras siglos cogiendo polvo — dijo con tranquilidad  Travis — no suelo tomarme nada en serio pero, creo que podría hacerme unas buenas botas contigo engendro. 
—Una vez más lucharemos codo con codo — comenzó Wyatt.
—Para poder sobrevivir — terminó su gemelo.
 
 
 
Todos ardían en determinación y yo no iba a ser menos,  debía esforzarme más que nunca pues aquella criatura de pesadilla era una de las más antiguas que conociese, la ancestral serpiente que dará luz al destructor del mundo.
Su veneno puede corroerte como el ácido o envenenarte y morir en cuestión de segundos, colmillos de casi un metro de largo, una velocidad imperceptible y una fuerza bruta imparable.
Niddhör  nos  rodeó  vigilando y calculando  cada mínimo movimiento, la tensión en el grupo iba en aumento, Scott dio un paso adelante y la serpiente lo derribó con su destructiva cola en respuesta, la roja sangre empapaba su desgarrada ropa dejando entrever una herida en el muslo derecho.
 
 
—Calma chicos — dije mientras ayudaba a Scott a levantarse — abrid bien los oídos, formación de alerta.
 
 
Nos movimos hasta formar un círculo en aquel lugar mal iluminado. Entonces el murmullo de la bestia resonó por todo el lugar, se deslizó amenazante nuevamente hacia nosotros golpeando su cola mortal contra el suelo. Era una serpiente entre cuatro y seis metros, de bastante grosor y de un tenue azul metálico, unas membranas adornaban los laterales de su cabeza y las hacia vibrar cuando gruñía.  Su cola imponente y destructiva contaba con púas afiladas y negras. Sus ojos no se apartaba de mi equipo mientras sacaba su viperina lengua olfateándolos.
 
 
—Capitán ¿qué hacemos? — preguntó Drew con la inquietud bailando en los ojos.
—Estoy pensando en ello — gotas de sudor frío caía por mis sienes debido a la presión — mantened la calma mientras tanto .
—Tal vez podríamos hablarle ¿no? — dijo una meditabunda Alissa.
—¡Ninguno habla parsel! — dijo Cole — ¿Cómo lo haría  Potter? 
—¡Esto no es la maldita cámara secreta! ¿de acuerdo? — añadió Wolf indignado.
 
 
La bestia acometió de nuevo entre las sombras golpeando al centro para dispersarnos,  su rugido ensordecedor nos advirtió de un nuevo ataque que iba hacia Alissa la cual lo esquivó con suerte.
 
 
—Seguimos siendo capaces de usar magia — se quejó Cole — somos perfectamente capaces de hablar con ese basilisco — señaló a Niddhör. 
—¡Vamos eso no es un basilisco! — contestó Wyatt  — más bien es como una cobra rey.
—¡Ni de broma, es una egipcia mira sus ojos! — contestó Maia.
—¡¿Enserio vamos a discutir sobre la especie que es?! es una bestia ancestral y por si lo habéis olvidado ¡quiere matarnos! — dije exasperado. 
—¡Preparémonos, sacad vuestra armas! — gruñó Wolf.
—¡Algol de la estrella de Perseo, ven a mi Sigfrido! — dijo Cole.
—Yo Merak de la estrella de la osa mayor  reclamo tu presencia Alphatus — dijo un valiente Dylan.
—Einath de la poderosa estrella de Tauro convoco a la Revienta Cuernos — dijo Maia.
—Deneb de la glacial estrella del cisne, ven mi amada compañera, Invernal — dijo Alissa.
—Yo el llameante Archernal  de la flamante estrella del Fénix te invoco El Estigia — dijo Travis.
—Yo Minliar de la hidra invoco al  Devorador — dijo Jass.
—Mesarthin de Aries ven a mi  Estelar — dijo Drew.
—El gran Vega de Lira invoco a Nidel — dijo  Sanders.
—Apus de la estrella del pavo te llamo a ti Taladradora — dijo Maggie.
—Sherathan de la estrella de Piscis, ven Corta Mare — llamó Wyatt.
—Poisson de Piscis invoco a Estiphione — dijo Scott.
 
 
Yo y mis compañeros nos preparamos para la batalla pero nada asustaría a Niddhör quien impasible atrapó de un veloz ataque a Alissa, quien trataba de resistir y liberarse pero nuestro letal enemigo clavó sus colmillos en ella quien aturdida fue segundos más tarde lanzada por los aires.
 
 
—¡Alissa! — corrió Travis ha su encuentro.
—¡Atacad por los flancos! — grité a pleno pulmón.
 
 
Todos comenzaron  sus ataques con gran furia, pero la serpiente era muy astuta y esquivaba cada golpe devolviéndolos uno por uno. 
 
 
—¡Gran Explosión! — dijo Cole provocando un gran terremoto que asoló el suelo abriendo una gran brecha.
—¡Pagarás por lo que por lo que le has hecho, maldita reliquia olvidada! — La ira de Travis rozaba la locura — ¡Jass cuida de Alissa! — tendió el cuerpo inconsciente de la joven al lado de Jass — ¡es mi turno, flecha de Lázaro! 
 
 
Una gran y rauda flecha de fuego infernal atravesó el aire para clavarse en las escamas del basilisco, pero no fue de gran ayuda pues seguía atacando a su libre albedrío.
 
 
—¡Cántico  caótico! — Sanders atacó con su espada .
 
 
Un gran canto acompañado por un tifón de agua envolvió a la bestia sacudiéndola de un lado a otro, di un suspiro de alivio y di la espalda aquella imagen para ver a mis camaradas. Pero sus ojos no eran de tranquilidad.
 
 
 
—¡Capitán a su espalda! —  advirtió Jass.
 
 
Un fuerte coletazo me dio de lleno a la altura del pecho mandándome varios metros hacia delante e impactando contra una columna. Adolorido y rozando la inconsciencia escuché a mis amigos moverse.
 
 
—¡Maia sácalo de hay, ahora! — ordenó Travis.
—¡Dalo por echo! — dijo saliendo a mi encuentro para sacarme de en medio.
—¡Tenemos que seguir! — dijo Dylan.
—¡Travis, Sanders, a la izquierda, vamos! — les dijo Drew.
 
 
Los tres asintieron como si hubiesen comprendido sin siquiera decir una palabra más, el trio corrió a sus puestos y pusieron en posición formando un triángulo alrededor de Niddhör.
 
 
—¡Arpegios de la Sonata finale! — juntó sus manos al frente y una luz blanca azulada comenzó a acumularse.
—¡Resurrección de cenizas! — dijo Travis copiando la postura de su compañero.
—¡Gran destrucción! — Drew imitó a sus compañeros.
 
 
Una gran  cantidad de nafilice comenzó a brotar de gran manera uniendo las tres auras de manera perfecta. El poder que emanaba aquella combinación daba pavor, nunca antes había presenciado algo semejante, pero no me sorprendió siendo tales hombres los que intentaban lograr aquel milagro que no se regía por las normas del destino.
 
 
—¡Supremo Meteoro de Gaia ; gran  Nova! — gritaron los tres hombres al mismo tiempo.
 
 
Un gran impacto de Luz cegadora nos dio de lleno, todos salimos despedidos por la gran onda de choque, grandes rocas volaron y casi pensé que acabaría sepultado, tratamos de levantarnos a duras penas aún cegados y cansados. Pero lo que vi al recuperar la vista me helo la sangre.
Niddhör seguía intacto y se jactaba de nosotros pavoneándose mientras se arrastraba hacia nosotros, estaba exhausto y al revisar con la mirada a mi equipo no estaban en mejores condiciones. Más entre todo aquel caos dos de ellos se levantaron dispuestos arriesgarse un asalto más.
 
 
—¡Scott por la izquierda! ¡es hora de un dúo! — gritó Wyatt a su hermano.
 
 
Los hermanos corrieron a cada lado de la violenta serpiente cuya atención seguía en nosotros, cuando llegaron a la cola subieron por las columnas al llegar al final y se miraron antes de ponerse en posición. 
 
 
—¡Gran tsunami! — dijo Scott elevado y mano izquierda.
 
 
Al darnos cuenta de sus intenciones todos trepamos con nuestras plataformas, mientras una gigantesca ola lo arrasaba todo a su paso, Niddhör gritaba mientras luchaba por salir del agua.
 
 
—¡Este es tu fin maldito engendro! ¡Era glacial ; congelación  subcero! 
 
 
Todo cuanto cubría el agua se congeló al instante, como si de la gran Antártida se tratase todo se redujo a puro hielo blanco, el frío del ambiente nos golpeó de lleno, pero habíamos ganado tiempo, o eso creímos.
Todo comenzó a temblar, y el hielo se resquebrajó de inmediato liberando de nuevo al reptil.  Quien de un simple soplido derribó las columnas donde se hallaban los gemelos.
Una vez nos miró, escupió una lluvia de ácido, quemándole  un brazo a Travis. Nos pusimos a la defensiva e invocamos escudos protectores pero ¿cuánto más resistirían?
 
 
—¡No podemos seguir así! — gritó Cole — ¡Cuerno de tormenta ! 
 
 
Su espada brilló y una fuerte descarga de rayos comenzó  a caer  la bestia ni se inmutó, muy al contrario los absorbió, sin casi pestañear.
 
 
—¡Renacimiento mortal! — se levantó Travis.
 
 
Un infierno de llamas rodeó a la resistente serpiente, quien apenas recibió daño alguno, siseó en tranquila respuesta mientras no apartaba los ojos de mi  lanzó otra ronda de ácido en nuestra contra, teníamos tres bajas, Alissa descansaba junto con Jass en una plataforma y los gemelos que yacían inconscientes en el suelo, Travis, Sanders, Drew y  Cole lo habían dado todo y no había recibido ni un solo rasguño, descendimos de nuevo a tierra. Nos dispersamos por la sala.
 
 
—¿Qué vamos hacer Igdrix? — la desesperación en los ojos de Wolf reflejaba mi propia inquietud.
—Sigamos atacando, debemos resistir.
 
 
Travis corrió hasta nuestro enemigo para asestarle un hechizo pero Niddhör fue mas rápido y lo golpeó con su cola  elevándolo por los aires. La sangre había bañado aquel lugar, la situación no paraba de complicarse, decidido a cambiar nuestra suerte salí de mi escondite junto a Wolf y llegué a toda prisa hasta el basilisco.
 
 
—¡Luz relampagueante! 
 
 
Una luz brillante emanó de mi espada, cegando a Niddhör  quien se quejó, traté  de  clavar con determinación la espada en su cuerpo pero todo cuanto logré fue arrebatarle una escama.
 
 
—¡Igdrix sal de hay! — gritó Wolf a mi espalda.
—¡Ojo del huracán! — grité. 
 
 
Invoqué una enorme vorágine que envolvió a Niddhör por completo, estaba encerrado en aquel cruel y violento tornado, era todo cuanto podía hacer en mi condición actual, miré a mi equipo, me devolvieron cálidas sonrisas y sonreí a mi vez. La ira del basilisco creció y comenzó a golpear las paredes de aire.
 
 
 —¡A las columnas, ahora! 
 
 
Cada uno se ocultó como bien pudo, La serpiente a su vez se liberó una vez más sin sufrir daño alguno. Comenzó a dar coletazos destrozándolo todo, hasta descubrirnos uno por uno. Yo corrí  pero un nuevo coletazo impacto justo por encima de mi en la columna que tenía al lado, me cubrí la cabeza y corrí para alejarme pero enrolló mi pierna  con su cola.
 
 
—¡Suéltame fósil viviente! — saqué un cuchillo del bolsillo para clavárselo.
 
 
Chilló adolorida y logré liberar mi pierna, invoqué mi espada y miré a mi desunido equipo quien me daban gestos afirmativos, su confianza hizo temblar mi corazón recordando tiempos mejores, todo aquello me llevó a una conclusión, yo debía quedarme mientras ellos avanzaban o moriríamos todos.
 
 
—¡Marchaos! — gruñí adolorido.
—¡¿Estas loco?! ¡sólo es imposible que sobrevivas!
—Todavía hay algo más importante que hacer, tenéis que seguir ¡es una maldita orden Cerberus, sácalos de aquí ya! — mi mirada atravesó a Wolf quien con un gesto de cabeza se dirigió al equipo.
—¡Ya habéis oído, andando! 
 
 
Las quejas de cada uno llegaron a mis oídos pero también a mi corazón, tenía que salir vivo, tenía que sobrevivir y romper el ciclo para poder regresar a mi auténtico lugar y, aquella serpiente era sólo uno de los muchos obstáculos que tendría que superar si quería lograr mi objetivo.
 
 
—Eres un insensato — habló Niddhör cuándo todos se fueron — ¿Qué crees que un repudiado como tú puede hacerme a mi? Un condenado por los altos cargos celestes por un sueño que iba contra el destino.
—¡Yo regiré mi propio destino! — lo apunté con mi espada.
—¡No se puede ir en contra el y te enseñaré el porque si tanto insistes! 
 
 
La veloz serpiente corrió a mi encuentro, con gran perspicacia  esquivó mi frío acero y clavó sus fauces en mi brazo zarandeándome y lanzándome por los aires.
 
 
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Salimos de la sala a toda prisa mientras se oían los gritos de lucha de Jay, yo estaba ahora al cargo había  jurado en una silenciosa promesa en el momento en que su mirada atravesó la mía que los protegería con mi vida.
Seguimos moviéndonos por el Castillo sin señales de seguridad, sala tras sala hasta llegar a la sala principal una gran habitación donde en el centro se imponía una enorme escalera de roja alfombra y dos desviaciones que supuse nos conducirían a las alas este y oeste. Jay había dicho que la Torre estaba en la oeste y era allí donde nos dirigiríamos.
 
 
—Vaya ¿que tenemos aquí? — dijo una voz misteriosa entre las sombras.
—¡Muéstrate! — exigí saber. 
—Que descortés, yo debería pedirte lo mismo, eres tú quien ha interrumpido abiertamente en mi palacio.
—¡No juegues con nosotros, después de ver a vuestra mascota sabemos que nos esperabais! ¡¿No es cierto?! 
—No sois tan ingenuos como dijo padre, bien, seréis un buen entretenimiento.
Unos pasos suaves y acompasados  salieron de las sombras dejando ver al dueño de la voz, Fafnir, mitad enano mitad gigante. El más poderoso de su mundo y amante de la guerra, un salvaje sin piedad temido incluso por sus compatriotas.
Era un hombre pelirrojo, rapado con una única cresta en mitad de su cabeza, era  de piel dorada y ojos verdes, una gran barba trenzada acompañaba su rostro, era esbelto y fuerte. De aspecto vikingo. Una gran sonrisa asesina asomó sus labios.
 
 
—Tenéis agallas al venir aquí, lo admito, sin embargo — dijo en tono amenazante mientras sacaba dos hachas de su espalda — ¡ no vais a pasar de aquí!
 
 
Di un paso adelante y saqué mi propia lanza, miré de reojo a mi equipo, quien me miraban expectantes, ahora entendía lo que pensó Igdrix al arriesgarse de esa manera tan suicida, éramos todos o él. Le dolía mandarnos a ciegas a cumplir el objetivo dado que él era nuestro mapa, pero lo comprendí. Prefirió arriesgarse para que pudiésemos seguir, nosotros éramos su esperanza.
 
 
—¡Wolf! ¡No lo hagas! — gritó Jass llenándose sus ojos de lágrimas.
 
 
Le sostuve un segundo la mirada con una sonrisa de disculpa y me lancé de cabeza al frente sin dudarlo. La muchacha siguió gritando a mi espalda.
 
 
—¡Noo, capitán! — rompió en llanto mientras mis chicos la retuvieron  — ¡capitán! 
 
 
Fafnir cruzó armas conmigo a mitad del camino, nuestras fuerzas parecían parejas pero ambos éramos conscientes que no había hecho más que empezar,  lo forcé a cambiar la posición  para despejar el camino al grupo.
 
 
—¡Ahora corred, es vuestra oportunidad! ¡Wyatt, Scott, dejó el resto en vuestras manos! 
 
 
Fafnir me golpeó en un descuido, pero no me moví un ápice necesitaba darles tiempo, contraataqué y él los desvió todos, nos separamos para volver a cruzar golpes, nuestras miradas reflejaban lo mismo y en cambio luchábamos por distintos ideales.
 
 
 
—¿Crees que les has hecho un favor? — rió con saña — los has enviado a la muerte, mis hermanos los esperan.
—No los subestimes,  mestizo — lo provoqué.
 
 
Enrabietado me dio un cabezazo, sus ataques eran más letales aunque más descuidados y tenían aperturas que yo aproveché al máximo.
 
 
—Más te vale sacar todo cuanto tienes chucho o vas a morir.
—¿Tantas ganas tienes de morir? Por que te aseguro que eres tú el que va a caer.
 
 
Nuestras miradas ardían, ninguno planeaba fracasar. Por eso subimos la intensidad de nuestros ataques y nos volvimos precavidos en la defensa.
 
 
—¡Eres un cobarde! ¡creo que tendré que enseñarte el verdadero significado de la palabra fuerza!
 
 
Fafnir clavó sus hachas en el suelo riendo desquiciado, mientras adoptaba una postura extraña, parecida a una de karate o jiujitsu. Empezó a reunir una extravagante cantidad de nafilice para luego juntar simplemente sus puños.
 
 
—¡Explosión galvánica!  — hizo gesto de dar un puñetazo al aire.
 
 
Una gran onda de choque me arrastró al final de la sala donde impacté con un muro, pero sólo fue el principio, sentado contra la pared y algo aturdido alcé la vista y vi meteoros que se acercaban a mi posición, debía ponerme en pie y contrarrestarlo o no lo contaría.
Traté de sostenerme en pie pero me faltaban las fuerzas, tras nuestra lucha con Niddhör no estaba en las mejores condiciones para Fafnir pero de igual  debía intentarlo o el sacrificio de Igdrix habría sido en vano.
 
 
—Iluso, mi ataque no puede evitarse  — rió triunfal.
—¡Aullido del lobo blanco!
 
 
Mi ataque lanzó un gran rayo blanco como la nieve contra los asteroides que se aproximaban reduciéndolos  a mero polvo estelar. Fafnir no daba crédito pero no le afectó demasiado pues no tardó demasiado en volver a la carga.
 
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Niddhör  me tenía contra las cuerdas, había estado esquivando hasta ahora para darle tiempo a mi equipo pero ya era hora de hacer girar las tornas, tenía que acabar con aquella serpiente para ir al encuentro de mis amigos antes que fuese demasiado tarde, desde el mismo instante que cruzaron la puerta un mal presentimiento se apoderó de mí y no dejaba de oprimirme  el pecho.
 
 
—¡Deja de huir maldita escoria!  — dijo golpeando la columna donde me encontraba.
 
 
Su fuerza bruta me había tenido al límite pero  a cambió descubrí que era débil contra el agua que había en el suelo y que evitaba  a toda costa, su velocidad no se comparaba a la mía pero su percepción era mejor.
 
 
—¡Estoy aquí ! — me mofé echando  a  correr.
 
 
Rugió presa de la ira  y comenzó a escupir ácido a mi paso, saltaba tratando de evitarlo pero uno de sus tiros asestó  en el blanco, mi tobillo izquierdo había sido rozado por aquella maldita sustancia que  quemaba como el infierno, caí al suelo de inmediato adolorido.
La piel estaba quemada y dolía terriblemente pero no podía quedarme parado mientras ella abría las fauces y se abalanzaba sobre mi, conjuré un hechizo de restauración y otro para saltar por los aires pisando plataformas, atacó súbitamente con su cola pero logré evitar sus feroces ataques.
Salté de una plataforma para caer justo en su cabeza, molesta trató de zafarse de mi, pero me agarré con ahínco, clave dos espadas en sus ojos cegándola.
 
 
—¡Maldito seas, hijo de la muerte! — me espetó tratando ser librarse de mi.
—¡Ya nadie me llama así! — dije airado.
 
 
Salté nuevamente hasta el suelo, solté tanto nafilice como tenía en  ese momento, hacia milenios que no usaba algo así, pero no tenía alternativa si quería librarme de aquel peligro.
 
 
—Mundo oscuro ; Sueño de la muerte — la palma de mi mano señaló al Basilisco para ser rodeando por hielo negro.
—¡Esto no me matará! — dijo antes que todo su ser fuese cubierto por hielo.
—Tal vez no, pero nos dará una oportunidad de salir con vida.
 
 
Eché  a correr sin perder un solo segundo más. Aquel ataque sólo lograba dormirlo y confinarlo en un sarcófago de hielo, antes o después sería libre. Necesitaba  avanzar con rapidez para reunirme con mi equipo y acabar de una vez lo que habíamos venido hacer, mientras corría rezaba para que todos saliésemos de esta con vida.
 
 
—¡Aguantad, ya voy en camino!
 
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—¡Vamos, Cerberus! ¡¿esto es todo cuanto puedes hacer?!
 
 
Me abalancé contra Fafnir espada en mano, era un poderoso enemigo debía admitírselo, pero no estaba  dispuesto a  perder aquella batalla, nos estábamos jugando demasiado.
 
 
—¡Fuego fatuo de Gilliant!  
 
 
Un gran dragón fantasmal envuelto en llamas apareció con un trueno ensordecedor, miraba con expectación presto a oír mi orden. 
 
 
—¡Reducción Galáctica! — ordenó con autoridad más fue en vano.
 
 
El dragón se lanzó al ataque en contra de Fafnir, mordió su cuerpo y lo elevó hasta los cielos para luego dejarlo caer en espiral con un gran choque. En el gran cráter yacía semiconsciente mi enemigo, con heridas que suturaban sangre y se le veía en mal estado. 
Respiré  aliviado, aún vivo no se atrevería a continuar en ese estado, me di la vuelta para encaminarme  a las escaleras pero un murmullo me hizo girar en redondo.
 
 
—No puede ser… — susurré con ojos como platos.
—¡No vas a librarte de mi, estúpido! ¡Yo soy el gran Fafnir! ¡Ningún guerrero  me ha vencido antes!
 
 
 
Su  nivel de Nafilice alcanzó niveles fuera de lo común no podía dar crédito ¿acaso era un rey cero? No podía ser, era un oponente fuerte y astuto pero ¿de hay  a ser un verdadero rey cero? Era impensable a lo largo del tiempo sólo pocos consiguieron ese título. Sin embargo cuanto más observaba más sentido tenía.
 
 
—¡Vais morir todos, no hay oportunidad!
 
 

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