Humanizar

INV(F)IERNO

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Seguimos pensando que la poesía solo son palabras que riman creando un verso de amor, olvidando que el amor también precede al odio. 
 
Vengo a mostrar la sociedad desde el punto de vista de alguien a quien le quedan muchas cosas por vivir, pero, no nos equivoquemos, la falta de experiencia, no implica ceguera, sino aprendizaje. 
Porque hemos convertido la sociedad en un teatro cruel, en una actuación sin telón tan absurda, que ni siquiera nos damos cuenta, y quien cae en la cuenta de que esto es una locura, es silenciado por miles de personas que esconden su rostro tras un nombre de usuario en redes sociales. 
Es por eso que quiero, quiero hablar desde la garganta del mudo, que pudiendo hablar, dejó que le robaran la voz. 
Quiero ver desde las pupilas de ese niño que ríe en clase y solo tiene lágrimas en casa, por ver como su padre cada día le roba un poquito más de vida a su madre. 
Quiero sentir desde la piel de esa familia, fracturada por las bombas y la metralla, tratando de huir del infierno, para ir a un lugar donde solo van a ser juzgados por la piel, y no por el alma. 
Y me parece increíblemente absurdo, que la palabra humanidad siga existiendo después de todas las cosas que pasan día a día, y que simplemente ignoramos porque lo hemos normalizado tanto, que ya nada nos asombra y todo es un simple "día más", y cuando pasa algo fuera de lo normal, afirmamos que no es cierto. Qué pena que no sepamos ver aunque tengamos los ojos abiertos. Es por eso que quiero llorar desde los ojos de ese chico de diecinueve años, que todos los días es maltratado por su novia, pero nadie lo toma enserio porque claro, "eso nunca pasa".
 
También quiero ser la impotencia de Matt, que viviendo en Argentina, le juzgan por su homosexualidad. Que viviendo cada día más apagado con apenas dieciséis años, tiene que rechazar el sentimiento llamado amor, solo porque Cupido ha puesto su flecha en otro chico. 
Y sobre todo, quiero ser como el alma de esa viuda, que desde los doce años ha vivido con su marido, corriendo y gritando a los cuatro vientos que se aman. Y ahora, ese mismo viento se lleva las cenizas de todos esos recuerdos, y solo queda el silencio. 
 
Toda la vida nos han educado dentro de la jaula, hablándonos de todo lo malo que encontraremos si salimos de ahí, intentando asustarnos. Negamos lo que oímos diciendo ser libres y revolucionarios, volando sin parar dentro de una jaula sin rejas. Encerrados por el miedo, temiendo salir de ese terreno, por si todo lo que hemos negado con tanta fuerza resulta ser cierto. Acojonados por conocer; viviendo en la mentira por miedo a la verdad. Esperando que todo se solucione sin hacer nada. Y ahora solo somos marionetas encadenadas a la tecnología, afirmando no poder vivir sin algo de lo que siempre hemos prescindido. Basta de tanta incredulidad, de andar con los ojos vendados y la boca cosida, basta de confundir la razón y el sentimiento con la estupidez. Abre las alas y sal de esa maldita jaula, porque hoy ya no quiero ser, hoy soy. 
 
Hoy grito desde la garganta del mudo que no soporta ni un día más vivir en silencio pudiendo alzar la voz más que el vuelo. 
Hoy tengo la fuerza de ese niño que al salir de clase, va directo a comisaría deseando que arresten a su padre y abrazar a su madre, que de milagro sigue con vida. 
Hoy soy el señor que paseando por la playa, reconstruye a esa familia, diciendo que el color no es más que un envase, y demostrando que tienen un alma más pura que cualquier político blanco. 
Hoy soy el amigo de ese chico de diecinueve años, testificando en contra de la novia, por el homicidio de ese chico que luchó tanto en vano por la incredulidad de esta sociedad equivocada. 
Hoy soy la felicidad y la fuerza de Matt, que decidió olvidar al mundo entero y centrarse solo en él, así que encontró esa flecha en el pecho de otro chico tan perdido como él, y decidieron empezar juntos una historia preciosa, amándose con la misma fuerza que el mundo equivocado los odia. 
Pero sobretodo, hoy más que nunca soy el espíritu del difunto esposo de esa viuda que todas las noches llora por los pocos recuerdos que tiene a causa del Alzheimer. Soy ese difunto marido que le da todas las fuerzas que va perdiendo esa viuda, para ver crecer a sus nietos que la adoran con locura, para disfrutar como nunca. Ya tendrán tiempo de formar parte de ese viento que les unió, volando juntos de la mano. 
Hoy, me dirijo a quien sea que me esté leyendo, para decirle, independientemente de su edad, sexo, enfermedades, religión, raza, y demás factores que no tienen importancia, que todos hemos sufrido, ya sea por amor, por odio, por dolor, todos tenemos un corazón dentro de nuestro pecho que conforme vamos creciendo vamos silenciando sin darnos cuenta. Todos tenemos heridas de momentos difíciles, ya sea en la piel, o en la mente, hemos perdido trenes que pensábamos que nunca iban a volver a pasar, hemos perdido a personas que lo han sido todo para nosotros, y sin embargo, han desaparecido como un poco de polvo en mitad de una tormenta. 
Tenemos canciones que son personas, sabores que son momentos, voces que son fantasmas...y a veces, solo nos quedan los recuerdos que sabemos que nunca van a volver, para saber que este mundo es real, por eso nos deprimimos, nos enfadamos, nos revolucionamos, pero hay algo que siempre nos cuesta recordar; y es que quizás hayamos sufrido, pero nos olvidamos de todo lo que seguimos teniendo, muchas veces nos olvidamos de que la felicidad no es un estado de ánimo sino un sentimiento que deberíamos tener con más frecuencia, porque la vida sin felicidad es como una obra de teatro completamente vacía, sin actos, ni telón, ni público, y sobre todo, sin aplausos.
 
-Maria

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