Capítulo 30 - Pelea decisiva

La verdad secreta

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La joven y habilidosa combatiente se encontraba en camino a la academia de Gaudiúminis, portando su arma y su brazalete de defensa. No se sentía ni triste ni feliz, pero sí se sentía ansiosa. A las 3:27 de la tarde, aún faltando media hora más para tener su respectiva clase de magnen, ella realizaba sus pasos con cierto apuro e inquietud. Necesitaba ver a Rai, necesitaba contarle que ya había tomado la decisión de formar un equipo con él.
Tenía que anunciarle que estaba por iniciar un nuevo ciclo en su vida.
Fue entonces cuando lo vio al doblar una esquina. De cierto modo, le sorprendió encontrarlo a esa hora, ya que él no era una persona que iba antes de la hora estipulada. Pero no le importó en absoluto, ella solo quería contarle de una vez su noticia.
Se acercó corriendo hacia él con una sonrisa inmensa, la cual desapareció paulatinamente al ver el rostro pálido y totalmente inexpresivo de su compañero:
—¡Rai! Qué... bueno encontrarte por aquí —. A pesar de que esperó un poco, no recibió respuesta alguna, solo una mirada que, por alguna razón, le costaba un poco reconocer—. Emmm ¿Te sientes bien? Estás un poco...
—Estoy bien, no te preocupes.
Yésika comenzó a mirar con más detalle a su amigo. La tonalidad de su piel le daba un cierto aspecto de muerto viviente, al igual que su cansada voz:
—¿Ibas a decirme algo, Yess?
—¡Oh! Sí, cierto —dijo la joven, comenzando de cero y tratando de ignorar el aspecto de Rai—. Bueno, solo quería decirte que luego de todo lo sucedido con Yeik, pensé en... aceptar tu propuesta.
Yésika primero se sonrojó, algo nerviosa. Luego, para disimularlo, miró con entusiasmo a Rai y aplastó la palma de la mano con su puño:
—¡Y seremos el mejor equipo de todo Gaudiúminis! Así que espero no te sientas intimidado.
Su compañero, como respuesta, sonrió lo más que pudo.
—Es bueno escuchar eso.
—Es más... ¿Qué tal si luego de magnen nos vamos a mi casa a practicar? ¡Tengo muchas cosas que mostrarte! Como el salón de entrenamiento, mi habitación, mi casa del árbol, mi...
—Entonces ¿Estás segura de que dejarás a tus amigos?
Yésika detuvo sus palabras en seco. Nuevamente, todos sus grandiosos recuerdos del pasado comenzaron a surgir en su cabeza. No obstante, estos comenzaron a poblarse de gritos, peleas y sangre a medida que dejaba fluir sus pensamientos.
Yésika, en ese instante, aborreció la terrible amenaza en la que Yeik se había convertido.
—Sí —dijo afligida—. Aunque duela, creo que lo mejor es dejar el pasado atrás.
Inclinó su mirada hacia el suelo, sin ánimos de levantarla nuevamente. Porque sí, el pasado la hería, le pesaba. Porque sabía que luego de aquel acuerdo, iba a tener que acarrear con ese dolor para siempre.
Sin embargo, como ella no se sentía con el valor suficiente para elevar la mirada, Rai tomó su mentón con suavidad y elevó levemente su cabeza:
—Eres fuerte, Yess. Podrás con lo que sea.
Yésika lo miró nuevamente a los ojos, pero no pudo establecer ningún tipo de conexión con él; aquella mirada tan vacía que su compañero portaba le causaba una extraña sensación.
La extraña sensación de que Rai no estaba allí.
Dying to leave- Egypt central
*
—¿Entonces? ¿Somos un equipo? —continuó Rai.
Él había dejado de sostener el mentón de la joven para ofrecerle la mano, como si de un acuerdo se tratara. Y Yésika, aunque tituveó, se puso firme con ella misma y volvió a recordar que había que comenzar un nuevo ciclo.
Pero cuando extendió la mano para concretar el nuevo equipo, oyó un grito desaforado que se acercaba hacia ellos:
—¡No te atrevas a tocarla, hijo de perra!
Repentinamente, Yeik empujó con su hombro y con todas sus fuerzas a Rai, quien salió expulsado varios metros lejos de su compañera. De tal manera, Yeik quedó entre medio de ambos combatientes.
—¡Yeik! ¿¡Qué diablos crees que haces!? —gritó Yésika, enfurecida.
—¡Yésika! ¡Escúchame! ¡Estás en grave peligro!
—¿Ah sí? —dijo Rai, quien se había recuperado rápidamente y se dirigía fastidioso hacia Yeik—. Tú serás el que corra el grave pe...
—¡DIJE QUE TE ALEJES DE ELLA!
Yeik, ante la desesperación, sacó su espada de la mochila que cargaba y la apuntó a la cara de Rai, quien retrocedió unos pasos. El joven Lix, con su otra mano, tomó distancia de Yésika y logró así retener a ambos de su inminente accionar de ataque.
Si Yeik no seleccionaba bien sus palabras, podía costarle muy caro.
—Bien, idiota ¡Dame una explicación en este mismo momento si no quieres que me ponga en tu contra! —dijo la chica mientras desenvainaba su arma.
—¡Te matará! —respondió su compañero con alteración—. Te quiere muerta, Yésika. Lo vi ¡Lo vi con mis propios ojos!
—¿¡De qué mierda estás hablando!? —respondió la chica.
—¡Las bravuconas murieron! ¡Eres la próxima! ¡Tú... tú...!
Su mente comenzó a enrederase, y no podía tomarse el lujo de que eso ocurriera. Por ende, Yeik sacó de su mochila el cuaderno de Rai y se lo extendió a Yésika
—Todas son anotaciones de Rai ¡Todo estaba planeado!
Ella, con cierta extrañeza, tomó el cuaderno y comenzó a leer una por una las cosas que estaban allí anotadas.
Sin embargo, antes de que Yeik pudiera evitarlo, Rai se encontraba casi empuñando el arma en su cintura. Y cuando lo hizo, ambos iniciaron la pelea reaccionando casi al mismo tiempo; Rai rechazó de inmediato la espada del joven Lix y éste, ni lento ni perezoso, siguió con un segundo ataque con una patada dirigida al estómago. Aún así, el de cabellos claros tomó el pie con firmeza y alejó a su rival con una rápida media vuelta.
Cambiaron roles. Era Rai, entonces, quien se interponía entre Yeik y Yésika:
—¡Aléjate de ella, maldito mentiroso! —gritó el joven Lix, colérico.
—¡Mira quién me dice mentiroso!
Luego de escuchar al enemigo, el veloz combatiente se reincorporó y volvió a la ofensiva, a pesar de que Rai solo se limitaba a rechazarlo y a empujarlo lejos de Yésika:
—¡Ambos deténganse! —intervino la muchacha de repente. Sin embargo, nadie la escuchó.
—¿¡Ahora no atacas!? —gritó Yeik a su rival, rabioso—. Cuando estamos a solas no eres tan bondadoso ¿Eh?
—¡¡¡Dije que se detuvieran los dos!!!
Rai contrarrestó a Yeik otra vez y quedaron alejados de nuevo. Entonces, atendiendo al fin a Yésika, ella comenzó a hablar con su nuevo compañero, quien le estaba dando la espalda:
—Rai ¿Qué significa este cuaderno?
—No sé de qué estás hablando.
—Este cuaderno tiene tu nombre. Y aquí has anotado cada uno de mis movimientos, los de Yeik, Gache y otros más —dijo Yésika, acusadora— ¿De dónde sacaste toda esta información?
—Vamos Yésika. Es imposible que yo sepa todo eso ¿Vas a volver a creer en Yeik?
Yésika quedó en silencio. No sabía qué pensar. Ella entendía que era imposible que Rai supiera todo eso de alguna manera ¿Y si Yeik tenía razón? Sin embargo, no tenía tiempo para decidir. Y debía analizar mejor la situación si quería entender bien qué estaba ocurriendo.
—¿Confiarás en él después de todo? —insistió Rai.
Estaba indecisa. Tenía que tomar una decisión y debía ser en ese instante. Sin embargo, fue el momento justo para que los engranajes mentales de Yeik le proporcionaran una idea:
—¡Yésika! ¡La última nota!
Y así lo hizo la muchacha. Sin la posibilidad de poder pensar con claridad en aquel momento, cualquier tipo de información nueva le servía. Fue entonces cuando pudo ver la última anotación, la cual indicaba su nombre en el "último día", hecho con trazos de sangre.
Finalmente reaccionó, pero había sido tarde.
Cuando Yésika quiso realizar un corte sobre la espalda de Rai, el golpe ya había sido bloqueado. En un abrir y cerrar de ojos, la joven se topó de frente con Arlet, quien portaba dos brazaletes de defensa y su ondulada espada de doble filo. Entonces, mientras detuvo el ataque con uno de sus brazaletes, utilizó rápidamente su arma para herir el abdomen de Yésika, quien trastabilló unos metros hacia atrás. Pero más que sorprenderse por la fuerza de su ataque, a la experimentada luchadora le extrañaba la velocidad que Arlet parecía haber ganado de la nada; en otro abrir y cerrar de ojos, la pequeña de cabello oscuro ya se encontraba detrás de ella para atinarle un certero golpe en la parte baja de la espalda.
—¡Déjenla en paz!
Pero Yeik, a pesar de que atacaba y atacaba a Rai, siempre salía repelido lejos de su compañera. Y mientras lo intentaba, Yésika trataba a duras penas de protegerse de Arlet, pues había comenzado a superarla rápidamente por la confusión que experimentaba: golpes y cortes llegaban a las piernas, a los brazos y al torso de Yésika Warlk.
El joven Lix, entonces, tuvo una idea y corrió fugazmente contra Rai
Maniobra arriesgada, pues su propia velocidad podía dañarlo el doble si Rai lo atacaba con un golpe certero.
Su rival lo sabía. Por lo tanto, preparó su espada y se alistó para recibir al joven de cabellos azules, quien tampoco iba a hacérsela tan fácil: antes de llegar hacia él, Yeik comenzó a moverse de izquierda a derecha rápidamente para forzar a su rival a equivocarse. Y si lo lograba, podría esquivar a Rai, ayudar a Yésika y tomar una situación más ventajosa.
Entonces, cuando Yeik estaba por escabullirse por la derecha de su enemigo, éste efectuó el ataque. Pero antes de que pudiera ejecutar su movimiento, nuestro protagonista cambió rápidamente de dirección y buscó el camino despejado para proseguir con su plan.
Aún así, falló.
Sintió que algo lo retenía; si bien Rai había fallado con su espada, sabía que Yeik solo podía escaparse por un solo lugar, que era su lado izquierdo. Por ende, antes de que siguiera avanzando, el robusto rival utilizó su mano libre y tomó la remera del joven Lix.
—Buen intento, pero no.
El contrincante lo hizo retroceder a la fuerza y lo estampó contra el suelo. Luego, con una potente patada ascendente lo levantó por los aires y, para finalizar su combinación, dio un gran salto y lo remató con una profunda herida crítica por todo su cuerpo: había afectado ambos brazos y su abdomen, provocando que Yeik soltara el arma y saliera expelido lejos de la pelea.
Yésika no estaba mejor. Herida, adolorida y muy aturdida ante todo lo que estaba ocurriendo, ella no pudo más que realizar ataques ciegos a su alrededor para intentar dar con su enemiga. Pero aún así, cualquier acción fue totalmente inútil: Arlet desvió el último ataque de espada con muchísima facilidad y le atinó otro gran corte, de manera que la alejó de ella.
Yésika agradeció por un momento la distancia, pues le daba un respiro. No obstante, no había tomado en cuenta que Rai había quedado a sus espaldas y recibió un fortísimo codazo en la nuca de su parte..
Quedó tendida en el suelo, inconsciente. Y ya con ambos combatientes derribados, el chico de cabellos claros y ojos azules se agachó a buscar a Yésika.
—¿Acaso... no me escuchaste?
Yeik, quejoso y derribado en el suelo, se apoyó débilmente sobre sus brazos y habló con Rai, de manera que este se detuvo. Arlet, en cambio, ignoró sus palabras y le dio la orden a su compañero:
—Llévatela, Rai. Es su turno.
—Quizás... entonces... solo deba repetírtelo—. Yeik levantó la mirada con determinación y utilizó las fuerzas que ya no tenía:
—¡¡¡Te dije que te alejaras de Yésika!!!
Él se puso rápidamente de pie y fue a buscar su arma. Arlet, viendo esto, empuñó su espada con firmeza y la cubrió con un aura violeta oscuro. Acto seguido y como si estuviera cortando el aire, la pequeña comenzó a lanzar ráfagas de energía contra su debilitado rival.
Yeik no se lo esperaba en absoluto. Aún así, esquivó cada ataque que recibía mientras corría desesperado hacia quien estaba a punto de tomar a su compañera..
No pudo hacerle ni un rasguño, todo había sido en vano.
Rai lo enfrentó, desvió con rapidez la agresión y desestabilizó al joven Lix con mucha facilidad, dejándolo desprotegido ante una seguida patada en la boca del estómago. Sin detenerse, el enemigo tomó de punto el pecho de Yeik y comenzó a cortarlo repetidas veces, a su vez que él trataba de defenderse inútilmente. Y sumado al ataque de Rai, Arlet continuaba con sus ráfagas de energía, que le producían más cortes.
Yeik estaba acabado. A pesar de su esfuerzo no podía protegerse de ambos rivales a la vez. Él solo retrocedía y retrocedía ante cada golpe que recibía, pero se resignaba a caer derribado. Y aunque todo indicaba que ya estaba perdido, Yeik siguió aguantando con la esperanza de que ocurriera algún milagro.
Arlet, repentinamente, recibió un golpe en la parte baja de su espalda.
Con sus deslumbrantes guantes blancos y luego de su violenta patada, Gache tomó la cabeza de la chica y le dio una descarga eléctrica, de manera que la pequeña quedó desvanecida en el suelo. Y ya con Arlet fuera de combate, Gache se dirigió hacia Rai para atinarle un manotazo en la nuca, realizando otra descarga eléctrica y también dejándolo inconsciente:
—¡Seguime, pibe! —dijo Gache, mientras alzaba en sus brazos a Yésika— ¡Dale, carajo! ¡No hay tiempo!
El canoso simplemente huyó con su amiga. Y Yeik, con sus últimas fuerzas, corrió detrás de su amigo, aunque no sin antes tomar el cuaderno de Rai, que había quedado en el suelo.
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