Capítulo 6: "Canción pueril"

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En las entrañas del castillo, dos personas estaban siendo consumidas por una historia que provenía del pasado, una historia que tenía que ver con Alik Reverse y Léa Milenios.
 
No había pasado más de cinco años desde que la nueva generación fue creada, y como era de esperarse, una fiesta de bienvenida se impuso por parte del reino de Shion, pues de esa manera se recibía el nacimiento de esa nueva cadena de sangre. Los invitados eran obviamente los catalizadores en formación, y la misma princesa Léa. En este acontecimiento, se le entregó a la joven y futura reina una tarjeta de invitación especial, la cual ella misma le regalaría en persona a un catalizador de su edad, pues de esa manera, se aseguraría de que éste concurriera en años venideros a la gran ceremonia.
 
En tal reunión, se daba un gran festín, pero además, se repartían variados juegos que permitían que la princesa conociera más a fondo a los postulantes y empatizara con ellos. Sin embargo, la realidad que contaba Alik, era que ella no había logrado hacerlo, y debido a ello, la inmaculada princesa se separó del grupo en el que estaba, para inmediatamente, ponerse a deambular a los alrededores del palacio real.
 
El pequeño miembro de la familia Reverse, quien vestía una diminuta camisa de volados y un jardinero arriba de ésta, espiaba cerca de unas vallas que estaban cerca de la entrada del castillo. El chico, sin ningún talento destacable aún, no había sido invitado por la terrible razón de poseer una destacable reputación por parte de sus parientes, de modo que había sido pasado por alto, pero él, no descartó la idea de autoinvitarse al festejo, pues estaba ansioso por ir.
 
Quizás el muchacho no tenía mucha suerte, o tal vez sí la poseía, puesto que la joven princesa, notó su intento de colarse en la propiedad, de allí que ella frustró sus planes al atraparlo con las manos en la masa.
 
—¡Oye! ¿Quién eres tú? —al reconocer que no lo distinguía de entre los demás invitados, el chico, un poco más bajo que ella, se encogió de hombros y algo angustiado dijo.
 
—Lo siento —se disculpó el niño comenzando a sollozar, lo cual sorprendió a la princesa.
 
—¡Oh! No tienes que disculparte —la muchacha se acercó al jovenzuelo, y acarició amablemente su cabeza, deteniendo así su inminente llanto—. ¿No te han invitado a la fiesta? —preguntó con suavidad.
 
—No. Mi familia no recibió la invitación —se le escuchó decir con evidente pena.
 
—Eso es un poco raro. ¿Cuál es tu nombre? —preguntó ella.
 
—Me llamo Alik Reverse —cuando ella escuchó su apellido, cayó en la cuenta del porqué no había recibido tal invitación, lo cual le pareció notablemente injustificado, ya que estaba convencida de que todos tenemos que tener las mismas oportunidades al menos una vez.
 
—Comprendo, aun así, creo que tienes el potencial a pesar de que todos digan lo contrario —afirmó ella con una enorme sonrisa, la cual, cautivó enormemente el corazón afligido de Alik.
 
—¿De verdad lo crees? —ella asintió con firmeza, y tomó entre sus finas manos las del muchachito.
 
—Yo creo que de verdad puedes hacerlo, así que no dudes —las mejillas del más bajo, se tiñeron de un carmín encantador, mientras que su expresión demostraba un tierno decline a la sorpresa.
 
—Pero yo... —sus palabras desaparecieron al minuto en que las dio a conocer, pues la falta de aire que le producía aquel inesperado encuentro, produjo aquel inesperado resultado.
 
—No te preocupes —las manos de la rubia, se retiraron con cuidado de las suyas, dejando así entre ver la tarjeta que la princesa tuvo alguna vez consigo.
 
—¿Qué es esto? —preguntó confundido el pequeño al notar la invitación que estaba tibia aún entre sus dedos, aunque también, no salía de su impresión inicial, así que sus mofletes mantenían ese destacable fulgor.
 
—Es una invitación. Ahora podrás venir a la ceremonia para demostrarles a todos que serás elegido como el mejor catalizador —ella se enderezó y cerró su puño en el aire mostrándose emocionada—. ¡Pon todo de ti, ya que estoy segura que lo lograras! —dijo con gran seguridad.
 
—¡Ah! ¡Sí, prometo que lo haré! —Alik se llevó la invitación a su pecho con ambas manos, y se apresuró a decir aquello con sus ojos ahora llenos de ilusión.
 
—Excelente, eres un buen chico. Ahora podrás ir sin tener que entrar a hurtadillas —nuevamente, ella le dio unas pequeñas caricias en su cabeza hasta que fue interrumpida por los llamados de otros infantes—. ¡Oh, lo siento! Ahora debo irme, así que tienes que regresar a casa. Y no lo olvides, mientras tú no te des por vencido, nadie más puede juzgarte —luego de echarle porras al jovenzuelo, ella salió corriendo para volver con su grupo.
 
Alik Reverse, un muchacho que era descartado por la sociedad al carecer de habilidad, fue salvado ese día por la princesa de cabellos como el sol, o al menos, eso relataba el chico que aún se encontraba cerca del balcón.
 
—¿Ahora entiendes como he llegado hasta aquí? —dijo orgulloso de su actual situación, aunque olvidaba el detalle de que todavía tenía que lidiar con Iris.
 
En el caso del su compañera, ella de alguna forma se le hacía un tanto extraña esa historia, pero más que nada, creía reconocerla, fue entonces que agitó su cabeza negando lo imposible.
 
—No puede ser —dijo riendo suavemente para ella misma, y ese comportamiento, hizo que Alik se enojara, puesto que creyó que se estaba mofando de él a pesar de que había accedido a contarle.
 
—¿Te burlas de mí? —la reclamó molesto.
 
—¡Oh, no, no es eso! —aseguró ella deteniendo su accionar, y negó con ambas manos—. Sólo que recordé algo de hace mucho tiempo —sonrió a duras penas, pues ahora se había tensado.
 
—¿A sí? —sin creerlo aún, se acercó a ella y se agachó apoyando sus antebrazos sobres sus muslos mientras miraba con una firme seriedad los ojos de la muchacha—. ¿Y de qué trata? —no dudó en preguntar, después de todo, esa jovencita lo había interrogado hasta que le sacó aquella historia, así que Alik creía que tenía el mismo derecho.
 
—Bueno... —ella, impresionada por la cercanía, desvió su rostro un tanto avergonzada, y mencionó casi en un susurro—. Yo también le entregué mi invitación a un chico en esa fiesta —volvió a fijar sus ojos azules en los ámbar de él.
 
—¿Qué? —la expresión seria de Alik se relajó, y luego marcó una llena de estupor—. ¿Pero entonces cómo es que entraste a la celebración? ¿Y a quién le diste la tarjeta? —quizás Alik era demasiado inocente como para conectar ambos hechos, aunque en realidad, él estaba seguro de lo que vivió, así que no creía que podría estar confundido.
 
—Sólo tuve que decir mi linaje, y me dejaron entrar. Por otro lado, no recuerdo a quién le di aquella invitación —cerró los ojos.
 
—Con razón podías pasearte sin preocupación —mencionó un poco desganado, y luego también cerró los ojos—. Desconozco la razón de porque le diste la tarjeta, pero ojalá que ese chico haya logrado participar al menos —Alik se puso de pie, y descansó sus manos sobre su cintura—, o sino tu esfuerzo seguramente se convertiría en algo en vano —él estiró su mano hacia su compañera con la intención de ayudarla a levantarse, pero de repente, una inusual melodía los envolvió.
 
El nostálgico y suave viento entró por el balcón rodeándolos, ahogando así, la melodía solemne que el mismo reinado les entregaba. Por más extraño que pareciera, Iris sentía que ese chico había logrado hacer más que eso, y que de alguna manera, aunque no pudiera recordar bien del todo aquel suceso. Por otro lado, ella aceptó la ayuda de aquel descarado muchacho, quien al ver la brillante sonrisa de Iris reaccionó corriéndose a un lado y dejando que cayera de cara al suelo, por lo que enseguida se desató una pelea entre los dos.
 
—Deja de poner esa cara de tonta —Alik se cruzó de brazos y miró inmediatamente a otro lado, después de todo, se había puesto algo nervioso, pues recordó la brillante y hermosa sonrisa de la princesa Léa.
 
—¡Simplón! —gruño adolorida la tierna Iris, quien no pudo evitar llevarse una mano a su rostro ahora rojo por el golpe.
 
—¡Enana! —le contestó él.
 
Ella no comprendía como es que podía sentir pena de un ser tan miserable como él, y lo peor de todo, es que volvía a ser engañada, lo cual le llevaba a recordarse que era inútil tratar de simpatizar con este sujeto, por lo tanto, se guardó las lágrimas y siguió peleando con su acompañante por unas amplias horas más hasta que ambos quedaron sin aliento.

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