Leaf Soul

Géneros: Acción, Fanfic, Fantasía

El poder de la magia siempre ha estado en las manos de aquellos que nacen con la voluntad de dominarla, en el mundo de hoy, esas personas son mejor conocidas como magos. Por mucho tiempo, los magos y los humanos han intentado coexistir en armonía incluso cuando entre ellos, nacen individuos con hostiles intenciones de sembrar oscuridad. No obstante, la magia, en su mayor puro elemento, siempre buscará aquellos de nobles corazones para recordarnos que antes de oscuridad, fuimos luz. Trade Dogan un solitario mago capaz de utilizar una de las siete magias naturales del mundo, vaga sin rumbo, con la esperanza de cumplir cierta promesa hecha hace mucho tiempo. Su viaje lo llevará a conocer un gremio de magos con los que, después de ciertos acontecimientos, será forzado a convivir con ellos. Historia inspirada en el universo creado por Hiro Mashima. No es necesario conocimiento previo a dicha obra.

Prólogo

Leaf Soul

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El escenario bajo mis pies ya era una imagen común en mi cabeza. Escombros. Humo. Sangre. Incluso el olor de los huesos carbonizados de las personas ya era algo que me traía sin cuidado. 
Recuerdo el tiempo en el que alguna vez me causaron pesadillas. Los gritos sofocantes de las personas, mientras sus últimos suspiros se escapan de sus voces al mismo tiempo que voy sintiendo como el palpitar de su corazón se detiene. Noches continuas sin soñar nada más que sangre y sufrimiento, y lo que más me aterrorizaba, era ese profundo silencio que quedaba al final. 
Más esos días habían quedado atrás, tan lejos que, cuando me esfuerzo en recordar, solo veo muerte y destrucción. Pareciera que siempre he estado rodeada de ella.
Mientras caminaba sumergido en mis pensamientos, escuché un leve gemido a mi derecha. Alcé la vista del suelo cubierto de brasas y al dirigir la mirada, observé como una figura grande y regordeta se agitaba levemente sin control alguno. El hombre, se arrastraba de entre una pila de escombros en un intento desesperado por buscar aire. Débiles sollozos se escapan de sus labios al igual que unas delgadas gotas caían y se deslizaban por sus pálidas y sucias mejillas. Una delgada barra de metal se le había incrustado en el dorso y sus pies se encontraban negros, completamente carbonizados por el fuego. Soltaba alaridos de dolor mientras temblaba y se retorcía con cada empujón que su cuerpo daba. 
No llegó muy lejos. 
—Por favor... alguien... —fueron sus últimas palabras antes de quedarse inmóvil. 
No tenía que confirmarlo. Estaba muerto. Como todos los demás después de un trabajo bien hecho.
Desvié el rostro de su inerte cadáver y continué mi camino hacia adelante.
No importaba.
No era la primera vez que veía a alguien morir, y tampoco sería la última.
El fuego continuaba arrasando sin piedad, todo a su paso: ardiendo, desbastando y acabando con todo lo que se interpusiera en su camino. Todo menos a mí.
Los llantos y gritos poco a poco fueron cesando, hasta que solo permanecieron unos pocos, aunque eran tan sutiles que apenas y podías contarlos. Alcé la vista al frente y observé con desgano el paisaje a mi alrededor: solo un cascarón vacío de lo había llegado hacer una ciudad alguna vez.
No había nada que el fuego no destruyera.
Bien. Fue suficiente.
No fue necesario hacer nada. Con solo hacer sentir mi voluntad, las llamas que aún continuaban ardiendo esparcidas por todo el pueblo, se sintieron atraídas por mi silencioso llamado y se fueron juntando hasta que rodearon mi cuerpo formando una sola columna de fuego que se extendía hasta el cielo. Solo me tomó un suspiro para hacer que todas las llamas volvieran a mi interior, justo de donde habían salido.
El silencio reinó y ahora una extensa oscuridad me rodeaba. El humo había impregnado el aire e impedía que el reflejo de la luna y las estrellas iluminaran el lugar. 
Suspiré y empecé andar silenciosamente por la inerte ciudad. No necesitaba luz para ver, podía sentir el débil calor que irradiaban los objetos y personas que no habían sido completamente calcinados, ellos marcarían mi salida.
Después de dar unos cuantos pasos, sentí una presencia familiar que se aproximaba torpemente hacia mí.
—¡Por un demonio, Trade! ¡Al menos deja algo de luz para los que no podemos ver nada! —su voz se escuchó entre las sombras, pero sabía perfectamente desde dónde me hablaba—. ¡Vamos! ¿Qué esperas? ¡Dame algo de tu maldita luz!
Sería una muy buena oportunidad para finalmente deshacerme de él.
Algún día... 
—Acerca algo para quemar —le ordené, encendiendo una pequeña llama en la palma de mi mano.
Mi petición pareció molestarle ya que soltó un quejido y escuché como empezaba a agitar rocas hacia los lados, en busca de algún objeto.
—¡Oh, tengo algo! —exclamó con júbilo mientras lo escuchaba arrancar algo del suelo—. Bien. Toma. Dame algo de luz para así poder salir de esta mierda de ciudad.
Acerque mi mano hacía donde sentía el calor de su brazo y con la luz del fuego observe la forma del objeto que había tomado. Estaba ligeramente oscuro y desgarrado por el fuego, pero aún podía reconocer un brazo humano cuando la veía. Alumbré su rostro y lo observé con una expresión de desagrado.
—¿Qué? Tu dijiste algo para quemar —replicó él.
Me aparté de él y con un solo impulso de rabia, a sus espaldas creé un delgado camino de fuego que se extendió hasta las afueras de lo que alguna vez fue el pueblo de Miznar. Sin decir nada, caminé por el sendero, impaciente por salir de ese lugar.
—Ja, no disfrutas del trabajo —replicó él, liberándose del objeto de las manos y siguiéndome a mis espaldas. 
—Y tú, lo disfrutas demasiado —respondí.
—¿Qué pasa? ¿El quemar ciudades ya no te divierte? Te comprendo, se convierte en algo aburrido después de un tiempo. ¿Por cierto cuántas van hasta ahora? ¿Doce? ¿Quince?
Responder a sus tonterías era una molestia, por lo que él sólo continuó hablando.
—Deberías alegrarte. Hemos terminado nuestro trabajo antes de la media noche. Al Maestro le gustará saber que cumplimos con nuestra parte antes del tiempo asignado —como si esas palabras hubieran desencadena algo de júbilo en él, empezó a reírse desenfrenadamente entre dientes—. ¡Vamos, Trade! ¡Vas a decirme que no te emociona ver la reacción del Consejo cuando se enteren de esto! Lloverán ofertas por nuestras cabezas hasta el final del año. A puesto a que cuando volvamos, seremos la envidia de todos en el gremio.
No me sorprende tal comentario viniendo de alguien que solo sentía éxtasis después de una masacre.
Ignoré sus palabras y continué mi camino sin prestarle mucha atención a lo que decía. De pronto, una leve señal de vida apareció frente a nosotros. Me detuve y miré sin asombro alguno, a quien nos espiaba de entre las sombras. La figura dio un paso hacia mí, tambaleándose hacia los lados, pero reacia a caer al suelo. Se trataba de un niño. Tenía la piel y los cabellos cubiertos en su totalidad con cenizas y su ropa estaba desgarrada hasta tal punto que casi parecía estar desnudo. El niño se detuvo frente a nosotros y sus ojos verdes, que brillaron gracias al resplandor del fuego a nuestros pies, me observaron fijamente. Solo a mí.
—Vaya, tal parece que tenemos un sobreviviente —soltó mi compañero, dando un paso hacia el niño.
Este no retrocedió, pero percibí como sus manos empezaban a temblar. Mis sentidos reaccionaron y percibí como el calor de su cuerpo empezaba a agitarse y como las palpitaciones de su corazón aumentaban.
Este niño, todavía puede...
—¿Por qué? —soltó débilmente la criatura pese a estar presa del pánico—. Fueron ustedes... ustedes hicieron esto. ¿Por qué?
—¿Ah? Que pregunta tan estúpida —respondió el hombre frente a él y sentí como un hilo peligroso se asomaba en sus ojos—. ¿Por qué lo hicimos? Porque eran nuestras órdenes, así de fácil.
—¿Ordenes? —masculló el niño, más no podía comprender lo que tales palabras significaban.
—Ahh, por esto es que detesto a los niños. Siempre son una maldita molestia —enmarcó una siniestra sonrisa y una idea cruzó por su cabeza al mismo tiempo que percibía como su pulso se aceleraba—. Dime, Trade... ¿Cuánto crees que el precio por mi cabeza aumente, si el Consejo encuentra el cadáver destrozado de un niño junto a nuestro mensaje?
—No hagas nada innecesario —intervine antes de que se precipitara—. Nuestras ordenes ya fueron cumplidas.
—¡Vamos, no te preocupes! No pienso quitarte crédito —exclamó y mientras elevaba sus manos, estas comenzaron a tomar la forma de una bestia, con dedos peludos y uñas tan largas y afiladas que sabía que podían llegar a atravesar el metal—. Me aseguraré de que sepan que fui yo. Al final... todo el mundo reconoce un trabajo de el Chacal.
La pequeña e indefensa criatura vio a través de sus intenciones y muy despacio, comenzó a retroceder.
Cualquier cosa que intentara decir para detenerlo, seria en vano. La sed de sangre ya había invadido su cuerpo y no iba a desistir de sus planes hasta tener sus manos cubiertas con la carne de su presa.
Que molestia
Suspiré de mala gana y con un leve chasquido, hice arde su ropa antes de que pudiera dar otro paso hacía el niño.
—¡Woo! Pero... ¡Que mierda haces! —soltó sorpresivo. Se alejó hacia un lado y se arrastraba por el suelo en un intento por apagarlas.
Aproveché el momento.
—¿Qué esperas? Vete de aquí —me dirigí hacia el niño. 
Este, me miró temeroso, pero no hizo caso alguno a mis órdenes.
—U-Ustedes hicieron esto... —tartamudeó entre dientes—. Mi padre. Mi madre... ¿Por qué?
—Fueron mis órdenes —le respondí—. El Maestro de nuestro gremio nos ordenó reducir a cenizas la ciudad, así que eso hicimos
—No... no entiendo —balbuceó el niño.
Que molestia. 
—Si no te vas a hora, te incineraré junto con los demás cadáveres que reposan bajo los escombros de la ciudad —fue mi última advertencia y levantando mi mano, de entre mis dedos lancé una pequeña braza de fuego que golpeó uno de sus hombros desnudos. El niño cayó al piso y soltó un grito ahogado de dolor—. Bajo mis manos, tu muerte será menos agonizante. Eso puedo prometértelo.
El niño se retorció en el suelo y sus ojos me fulminaron con ira.
—¡Los... Los odio! —me gritó eufóricamente.
—Está bien. Si quieres odiarme, entonces hazlo. Con eso no vas a matarme, pero te dará una razón porque vivir. Ahora lárgate. No lo repetiré una vez más.
Me contempló una última vez y levantándose con dificultad se alejó por entre la oscuridad.
Si tienes suerte niño, nuestros caminos no volverán a cruzarse de nuevo.
Al menos por ahora... 
—¡Trade! —gritó el idiota, a mis espaldas— ¡Ya dejaste que se fuera, ahora quítame tus malditas llamas de encima!
Chasqueé mis dedos una vez más y las flamas desaparecieron de su cuerpo. Chacal soltó un gruñido y de un saltó se puso de pie, se acercó a mí y como era de esperarse su piel estaba intacta. 
Aunque lo intenté, se necesitaba más que fuego para matarlo.
Soltó otro quejido y arrojó al suelo la chaqueta que cargaba y que ahora se encontraba toda chamuscada. Me contempló molesto.
—Te compraré una nueva —solté, con la intención de no escucharlo hablar más del tema.
—Desgraciado... sabes, para ser conocido como el Hacedor de Cenizas, eres demasiado suave con tus víctimas —dijo—. Matarlo habría sido más divertido.
—Lamento si no comparto tu deseo ferviente por abrir y destripar cuerpos.
—Claro, tú disfrutas más del olor a carne y hueso calcinado, ¿no es así?
No respondí. Para que hacerlo.
Cualquiera que habría sido mi respuesta no importaba. Yo sólo estaba aquí por una razón.
Nos pusimos de nuevo en marcha y mientras nos alejábamos, su incansable voz sonó de nuevo.
—No entiendo por qué el Maestro nos ordenó quemar una ciudad tan apartada de la capital. Fiore tiene ciudades muchísimo más importantes que esta. Hubiera preferido ir a Fressia, Clover o incluso Magnolia... aunque sea allí, habría tenido gente con la que me hubiera podido divertir. En esta ciudad solo había patéticos humanos, ni siquiera tenían un solo gremio de magos ¡Que desperdicio de mi presencia! Ninguna de estas basuras me sirvió de calentamiento
—¿Cuándo llegará el informante? —pregunté, impaciente por dejar de escuchar sus quejas.
—Yo que se.... el Maestro dijo que nos encontraríamos con él a las afueras del pueblo, después de completar nuestra misión. No ha de tardar.
Fue tal y como él dijo, en cuanto pisamos los restos de la empalizada que rodeaba la ciudad, sentí la presencia de alguien que nos esperaba cerca del bosque. A los pocos segundos una figura, encapuchada de la cabeza hasta los pies, se nos acercó sigilosamente. Tenía una respiración peculiar y su ritmo cardiaco era más lento de lo que estaba acostumbrado a escuchar.
—Excelente trabajo —nos dijo con voz suave y pausada—. No esperaba menos de ustedes.
—Silent Farce siempre cumple con lo que promete —soltó mi compañero orgulloso de sus acciones—. ¡Solo hay que darle un vistazo a eso!
Señaló a sus espaldas y ambos miraron con gran placer y gozo, los restos del extinto pueblo de los que aún continuaba saliendo humo.
—¡Espléndido! —susurró el hombre y deslizado una mano bajo su traje, sacó una pequeña, aunque abultada bolsa—. Consideren su trabajo terminado.
Chacal contuvo una risa eufórica entre dientes.
—Esto va a hacer muy feliz al Maestro —soltó él, tomando la bolsa e inspeccionando su contenido—. Oye... ¿Crees que llegue a notar si faltan una o dos monedas? Si... probablemente me mataría si se llegase a enterar.
Ignoré sus tonterías y continué mirando al hombre fijamente. Ahora estaba intranquilo.
—Caballeros. Nada de esto ha ocurrido —dijo, para luego empezar a retirarse lentamente.
El hombre dio solo dos paso, antes de que enviara mis llamas a que le cortaran el camino.
—No estoy de humor para juegos, anciano —intervine, molesto de que me hicieran esperar.
—¡Oh! Tal y como esperaba del afamado Hacedor de Cenizas, tus sentidos son verdaderamente agudos.
El viejo empezó a reír y metiendo su mano por entre una manga, sacó un pequeño pergamino enrollado.
—Esto, es para ti —me dijo.
Tomé el rollo y lo guardé rápidamente en un bolsillo de la chaqueta. Cuando volví la vista hacía en frente, la figura del viejo había desaparecido.
No importa. Ya tenía lo que quería.
—Ohh, así que fue por eso que aceptaste el trabajo, ¿creí que ya habías concluido con ese asunto?
Ignoré su comentario y me puse a andar.
Nos alejamos sin que nadie notara que estuvimos allí y muy pronto, dejamos atrás las cenizas de un pueblo sucumbido por las llamas. Mis llamas.
Escuché el sonido de un rayo a lo lejos y a los pocos minutos, una débil agua comenzó a caer sobre nosotros.
—¡Ah! Vaya hora para que empiece a llover. Es una suerte que termináramos a tiempo. Por obvias razones, sé que tu magia no se ajusta muy bien al agua. Aunque es una pena, la lluvia cubrirá casi todo nuestro rastro. Les será más difícil al Consejo averiguar quién lo hizo ¡Demonios! Ahora tendré que esperar un año para lograr ver números altos en mi recompensa. Quizás si la siguiente vez hago un...
Ya no le ponía atención a sus palabras.
Cerré los ojos y escuché el sonido de la lluvia que se evaporaba al contacto con mi piel.
Es una pena. 
Con este cuerpo, no podía sentir el frío de las delgadas gotas que caían sobre mi rostro. 
 _____* ______ 
Bienvenidos
Gracias por acompañarme en esta nueva obra. 
Creada desde el corazón para fanáticos y para el público nuevo. 
Como lo dice su descripción, esta es una historia inspirada en un manga creado por Hiro Mashima, utilizaré el mundo en el que es ambientada agregando algunas modificaciones, no obstante, todos los protagonistas y personajes son originales y creados por mi persona por lo que no es necesario conocimiento previo de la obra original. Solo me base en su universo para crear mi historia. También cualquier detalle del país, del gobierno y el sistema mágico lo iré explicando poco a poco debido a que en mi historia transcurre en tiempos diferente a la obra original. 
Si has llegado hasta aquí y te gustó lo que haz leído, te invito a que le des una mirada, eso te lo agradecería de todo corazón. 
 
  • Tomás Lobato Brotons-image Tomás Lobato Brotons - 09/09/2019

    tu estilo me encanta, sigue así :D Ya tienes reseña lista, espero que puedas llegar a más gente :D

  • Navilante-image Navilante - 13/05/2019

    Gracias por tu comentario xD Quería hacer algo diferente.

  • Kohaku-image Kohaku - 12/05/2019

    En comparación a lo que es fairy tail esta es una perspectiva bastante oscura XD

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