Capítulo 32 - Daño irreversible

La verdad secreta

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—Aaah… Mi cabeza… —dijo Yeik mientras abría los ojos—. Qué… ¿Dónde…? ¿Qué fue lo que pasó?
Aunque le costó un poco, pudo erguirse sobre el puff en el que estaba acostado. Todo a su alrededor daba vueltas y vueltas hasta que, finalmente, pudo notar con claridad que aún seguía en el mismo sitio. La televisión, aún encendida, seguía mostrando el noticiero, el cual ya había conseguido la foto del “prófugo”, tal como Gache había anticipado.
Luego de eso, Yeik observó la pequeña mesa con cierta extrañeza, pues el libro negro ya no estaba allí; no así el cuaderno de Rai, que tenía una gran anotación con un claro mensaje:
“Perdón”, más una carita feliz. La letra correspondía a su amigo de pelo blanco.
Cuando Yeik quiso tomar el cuaderno, sintió que un calambre se apoderaba de su mano, el cual se fue desvaneciendo lentamente cuando comenzó a abrir y cerrar los puños.
—Hmmm… ya recuerdo —dijo para sí, molesto—. Fue el shock del guante de Gache, cuando le di la mano ¿Cuánto tiempo he estado inconsciente?
Yeik tomó su teléfono celular y revisó la hora, la cual marcaba las 7 pm ¿Un hora desde que Gache se había ido? Eso era demasiado tiempo. No obstante, eso no le llamó tanto la atención como cuando desvió la mirada hacia el suelo, donde yacían restos de un particular líquido celeste.
A medida que siguió el rastro hasta su origen, la incertidumbre y la desesperación se iban apoderando de él; el líquido provenía del tubo de curación, que estaba totalmente vacío.
—No… no puede ser. No me digas que… —. Luego de balbucear un poco, Yeik estampó su mano contra su cara—. Argh… No puedo creer que haya hecho esto ¡¡¡Yésika!!!
El joven no pudo seguir el rastro mucho más de unos metros, ya que el mismo desaparecía. Y a pesar de la magnitud de la casa, Yeik no dudó ni un segundo en comenzar a recorrer todos y cada uno de los rincones de todas las habitaciones.
Mientras tanto, para ahorrar tiempo, el de pelo azul tomó su teléfono y marcó el número de Yésika, que no daba respuesta. A pesar de que él la llamaba frenéticamente, ella no contestaba. Entonces, cuando estaba por estampar el aparato contra el suelo, producto de la desesperación, éste comenzó a sonar. Así, atendió inmediatamente:
—¿¡Yésika!?
—¿Qué Yésika, boludo? Soy yo, Gache. Escuchá, tuve un pequeño…
—¿¡Dónde carajo estás!? ¿¡Por qué tardas tanto!?
—Bueh, evidentemente ya te recuperaste bien de la descarga eléctrica ¿No?
Yeik había entendido el mensaje. Por lo tanto, para bajar un poco la alteración que llevaba encima, cargó sus pulmones y dio un largo suspiro:
—Perdón, Gache. Estoy buscando a Yésika ¿Sabes dónde está?
—¿Dónde está? ¿Qué clase de pregunta es esa? Ella tiene que estar con vos.
—Pues no lo está —respondió Yeik, que comenzó a tener un tono más desesperado—. El cilindro de curación está vacío y hay rastros de líquido celeste en el suelo del gimnasio ¡Yésika se fue sin avisar nada!
Gache se detuvo unos segundos a meditar detrás del teléfono. De tal manera, pudo sacar una rotunda conclusión al respecto:
—Definitivamente esa chica está loca.
—Ya los sé, Gache. Así que va a ser mejor que te apures, así la buscamos antes de que lleguen sus padres.
Yeik cortó la comunicación y siguió buscando a su compañera por toda la casa, dejando que su impaciencia y su ansiedad lo consuman. Buscó en el living, en el comedor, en la sala de juegos y en todas las diferentes habitaciones del primer y segundo piso.
No podía encontrarla. Sin embargo, mientras lo hacía, su celular no tardó mucho en volver a sonar; el número de Yésika en la pantalla del pequeño aparato le devolvió el alma a su cuerpo. Por lo tanto, el joven Lix no dudó ni un segundo en atender:
—¡Yésika! ¡Gracias al cielo contestaste el teléfono! —. Entre una convinación de regaño y alivio, él continuó—. ¿Por qué no avisaste que te ibas? ¿Dónde diablos estás?
—Eso es algo que no puedo decirte aún, Yeik.
Su sensación de alivio desapareció al instante. En cambio, un frío y helado escalofrío recorrió toda su espalda y lo dejó totalmente congelado. Era la voz de Arlet que había respondido del otro de la llamada:
—¿Qué pasa que no hablas? ¿Se te atoró algo en la garganta? —contestó la muchachita, riendo—. Mira que he tenido una reciente experiencia con Ali al respecto. Si quieres que te ayude…
—Arlet ¿Qué… qué haces con el teléfono de Yésika?
—¿No lo sabes? Ella me lo prestó. Aunque en realidad no lo sabe… La pobre aún sigue inconsciente luego del golpe que le dio Rai.
—¿Qué hicieron con ella? ¡¿Dónde está?!
—Ya te dije que eso es algo que aún no puedo decirte—. A pesar de que Yeik aumentaba el volumen de su voz, la joven se mantenía serena y burlona—. Pero si lo que te preocupa son sus heridas quédate tranquilo, ya están bien.
—¡¿Tranquilo?! ¡Arlet! ¡Más vale que me digas dónde está o…!
—¿O qué? ¿Qué vas a hacer?
Se hizo silencio. El chico de pelo azul había olvidado el hecho de que no tenía la más mínima idea de dónde encontrarlos.
—Escucha. En primer lugar, Arlet ya no está aquí. Me llamarás Ártika, de ahora en más.
—Arlet, me importa poco y nada cómo quieras que te diga ¡Esto no es un juego!
—Y en segundo lugar, más vale que te tranquilices, Yeik —dijo la chica, agravando el tono de su voz—. Porque no estás en condiciones de hacer ninguna clase de amenaza. Y mucho menos cuando Yésika está en… Mmm… ¿Cómo se dice esto…? Ah, sí. En peligro de muerte.
El terror asaltó todos los sentidos de Yeik, quien tardó un momento en reaccionar:
—¿C…cómo? ¿Peligro de muerte?
—Oh… veo que ahora sí estás interesado en escucharme—. Luego de largar un suspiro, continuó—. Cómo cambia la gente por amor… ¿No lo crees, Yeiky?
—Por Dios, Arlet… argh… ¡Ártika! Dime de una vez dónde está Yésika ¡Te dije que no estoy jugando!
—Oh… es una lástima. Yo sí quería decírtelo —contestó la muchachita, simulando pena— ¿De verdad no quieres jugar un poco? Podríamos hacerlo como cuando éramos amigos.
Estaba acorralado. Por ende, sin más opciones, el chico tomó su pelo y comenzó a caminar en círculos por los pasillos de la casa.
—Bien ¿Qué quieres?
—Genial ¡Que comience el juego! —. Luego de una aparente alegría, la jovencita comenzó a carraspear—. Veamos… ¡Preguntas y respuestas! ¿Quién fue Yakson Werner y por qué es importante en la historia del distrito de Gaudiúminis?
—Pero… ¿Qué tiene que…? —. Yeik, enfurecido, golpeó una pared y comenzó a gritar— ¿¡Qué diablos tiene eso que ver con Yésika!?
—Oh… qué fácil te enojas, pequeño Yeiky ¿Entonces no quieres saber dónde está tu princesa?
La impaciencia y el enfado lo consumían. Luego de golpear un par de veces una pared, apoyó su espalda en ella y presionó sus dedos contra su frente, a modo de concentración:
—Hmm… Yakson Werner fue ingeniero hidráulico nacido en… el año 2985… reconocido por devolver la paz y la prosperidad a Stella Amoris. Detuvo la guerra creando el molino hidráulico más grande de la historia. El molino “Werner”.
—¡Exacto! ¿Y cómo fue su muerte, Yeik?
Esa pregunta fue un golpe bajo para él, pues recién en aquel momento cayó en la cuenta de que estaban hablando de su padre, de que ya no estaban hablando más del “famoso ingeniero”. Pero mientras el de cabello azul pensaba su respuesta, se dio cuenta que en realidad tampoco sabía cómo había muerto su padre. Lo único que le había dicho su madre hasta entonces era que él “había muerto valientemente luego de la guerra”. Pero jamás quiso darle más detalles al respecto.
—Veo que no lo sabes—dijo la joven con voz juguetona—. Pierdes la segunda pregunta, así que vas una respuesta correcta contra una incorrecta. Ahora vamos con la tercera pregunta.
—¡Basta! —gritó nuevamente Yeik, molesto—. Esto no tiene sentido ¿Hacia dónde me lleva este jueguito de porquería?
—¿Tan pronto quieres terminar? ¿No quieres saber más sobre tu padre?
Más silencio. Yeik apretó sus dientes, golpeó una vez más la pared y luego dio un respingo, dejando hablar a la chica:
—Así está mejor. Sin embargo, para decírtelo, primero necesito que respondas la tercera pregunta —dijo carraspeando de nuevo— ¿Quién fue Adam Feijo para Stella Amoris?
Nuevamente no tenía respuesta alguna para dar. El nombre daba vueltas por su cabeza, pero en realidad no podía recordar quién era ese hombre, y mucho menos qué era lo que había hecho. Sin embargo, antes de que pudiera decir cualquier cosa, volvieron a interrumpirlo:
—¿Cómo? ¿No lo sabes, Yeik? Mmm… ¿Por qué será? —. Arlet, de repente, comenzó a hablar seriamente—. Oh, ya recuerdo. Aquella clase que te lo preguntaron estabas muuuy entretenido con Yésika… tanto que los sacaron de clase. Es una lástima que probablemente no vuelvas a verla.
—¡Maldita sea! Arlet, Ártika, o como quieras que te digan. Yésika no te ha hecho nada ¡Déjala en paz!
—No, no, no, Yeiky. Aún no has terminado el juego. Y por el momento, vas perdiendo con dos preguntas en contra —dijo la joven, recuperando su tono burlezco en el habla—. Pero como soy tan bondadosa, te diré las respuestas que no pudiste contestar. Quizás te sirvan para responder la última pregunta.
Yeik no hacía más que comenzar a recorrer impaciente toda la casa de Yésika, a su vez que refunfuñaba y, de vez en cuando, pateaba algún mueble de aquel lugar. Al fin y al cabo, era lo que podía hacer mientras escuchaba el celular.
—Adam Feijo fue el padre de Rai, y es altamente reconocido por ser el creador de las primeras armas de aire comprimido en Stella Amoris. Si no hubiese sido por su invento, tu padre, Yakson Werner, jamás hubiera terminado de construir el molino. Y si no hubiese sido por él, tu padre tampoco habría muerto ¿No es curioso el parentesco que tienen tú y Rai con ellos dos?
—Momento ¿Qué es lo que quieres decir con que mi padre no habría muerto? —preguntó Yeik, con cierta sorpresa.
—El gran molino Werner actualmente es un patrimonio cultural, Yeik. La razón por la cual solo es considerado como un edificio histórico es porque perdió el 80% de su utilidad, luego de sufrir graves daños debido a una bomba de aire comprimido. Una bomba que explotó en un molino cercano y que tu padre trató de detener… en vano.
Al de cabellos azules comenzó a conectar cables dentro de su cabeza. Muchos de los sucesos que él ya conocía habían quedado más claros e incluso algunos de esos le generaban cierta rabia. Sin embargo, a pesar del descubrimiento, Yeik no tenía tiempo para pensar en el pasado. Tenía circunstancias del presente que debía resolver.
—Bien, genial información —dijo el chico, serio—. Pero todo esto sigue sin tener sentido para mi. Pasemos de una vez por todas a la última pregunta y terminemos con este estúpido jueguito.
—Oh… pensé que te gustaba jugar… así como lo hiciste con mi amistad. Pero ya que estás apurado, te haré una pregunta fácil ¿Sabes dónde queda el gran molino “Werner”?
El joven paró en seco su caminata, ya que probablemente podía significar la respuesta que él estaba buscando. Y él la sabía perfectamente:
—Al pie del Gran Titanus. Allí se encuentra el molino “Werner”.
—¡Respuesta correcta! —respondió la muchachita, simulando entuciasmo—. Con dos respuestas correctas y dos erradas, solo queda hacer un desempate para…
—¡No! ¡Nada de desempate! —interrumpió Yeik con un grito enfurecido— ¡Dijiste que esa era la última! Así que quiero que me digas donde está Yésika ¡¡¡Y quiero que me lo digas ahora!!!
Luego de aquel alarido le siguió un profundo silencio. Un silencio que al de cabellos azules solo le decía que lo que había hecho no había sido una buena idea. Y él, con la esperanza de que ella no cortara la llamada, quedó esperando a que dijera algo.
Para su suerte, o quizás no, recibió una respuesta:
—Ya te di las pistas para que la encuentres. Yésika está dentro del molino de Yakson Werner. Está al frente de una bomba de aire comprimido, igual al del último incidente. Deberías apurarte.
—¿¡Qué!?
En un abrir y cerrar de ojos, Arlet apareció de manera súbita al frente de Yeik, quien se espantó completamente y cayó hacia atrás. Y aunque sacó la espada de su cintura, a modo de defensa, no logró intimidar ni un poco a la joven:
—Ahora comienza el verdadero juego, Yeiky —dijo esbozando una escalofriante sonrisa siniestra—. Y el tiempo no es lo único que tienes en tu contra.
Así, haciendo unos pasos hacia atrás, la joven comenzó a convertirse en una especie de humo negro hasta desaparecer. Yeik, que aún seguía en el suelo, estaba pasmado por lo que había ocurrido y también por lo que había escuchado. Pero él tenía en cuenta una cosa, y era el hecho de que no podía perder más tiempo allí sentado.
—No… No, no, mierda ¡¡¡Esto no puede estar pasando!!!
 
Seasons- Dragonforce
*
Guardó su espada y corrió inmediatamente hacia la puerta de salida de la casa de Yésika.Y para su sorpresa, cuando sacó el seguro y abrió la puerta, ambos padres de Yésika estaban al frente, a punto de entrar. Aún así el joven Lix los esquivó:
—¿Yeik? ¿Qué haces aquí? ¿A dónde vas? —preguntó la madre.
—Al molino de Werner ¡Debo buscar a Yésika!
—¿Yésika? —preguntó el padre— ¿Qué hace ella…?
—No hay tiempo de explicar. Debo irme ya. Y si Gache pregunta por mí, díganle…—. Yeik pensó  unos segundos el peligro que estaba corriendo, de manera que tomó la decisión de no arriesgar a nadie más—. Díganle que no me busque. Él ya hizo mucho por mí.
Sin más, se echó a correr por las calles de Gaudiúminis, en dirección al molino.
Con toda la velocidad que el magnen le había brindado, Yeik fue recorriendo los caminos más cortos que conocía, tratando de ahorrar todo el tiempo posible para llegar a su destino. Y mientras lo hacía, de tanto en tanto, daba un gran salto hacia arriba para poder visualizar mejor el gran molino y poder guiarse.
Gaudiúminis era una ciudad pequeña. Si continuaba así, lograría llegar rápido.
En un momento dado se detuvo, pues la calle tenía una bifurcación. Eso significaba que tenía que elegir cual camino le resultaría más corto para llegar hacia el molino. No obstante, cuando ya había decidido por dónde seguir, una voz lo detuvo:
—Si quieres llegar al molino sin problemas, lo mejor será que tomes el otro camino, Yeik.
Cuando el joven de cabellos azules se volteó para ver, pudo ver a nadie más y a nadie menos que a Rai Apraiz, quien estaba apoyado en un poste de luz y con los brazos cruzados.  Parecía como si lo hubiese estado esperando desde un principio.
—Vete al infierno —dijo Yeik, molesto—. No necesito de tus inútiles recomendaciones.
—El camino que vas a tomar está lleno de patrullas de policía, imbécil. Estás por tomar el camino que pasa por la academia de Gaudiúminis, y sabes muy bien que te están buscando ¿Acaso quieres que te atrapen o eres estúpido?
El joven Lix comenzó a dudar. Por un momento había olvidado que él era un “prófugo” y que había salido en todas las noticias. Si se quedaba quieto por demasiado tiempo, las personas comenzarían a reconocerlo.
—¿Por qué debería creerte? —preguntó Yeik— ¿Por qué debo pensar que ahora quieres decirme la verdad?
—Si quieres que la policía te atrape y que Yésika muera ¡Pues bien! ¡Será decisión tuya! Pero si por lo menos conservas un poco de tu inteligencia ¡Entonces toma el otro camino y lárgate de aquí! ¡¡¡Ahora!!!
Yeik no confiaba en Rai. No lo hacía ni una pizca. Pero el tiempo apremiaba y no podía tomarse el lujo de reflexionar al respecto. Por ende, su mente decidió hacer caso a las acertadas palabras de su rival y continuar su carrera hasta el gran molino Werner.
Y tenía razón. Mientras recorría aquella calle, podía observar la academia de Gaudiúminis a lo lejos, rodeada de policías. Fue entonces, mientras corría, cuando las dudas comenzaron a surgir: ¿Por qué Rai lo estaba ayudando? ¿Primero deja inconciente a Yésika y luego quiere que la rescaten? ¿Por qué entonces la había puesto en peligro?
Sin embargo, por más preguntas que le surgieran, Yeik sabía que contestarlas no le iba a servir de nada en aquél momento. Por lo tanto, con una velocidad que solo era característica de él, aceleró aún más su carrera y avanzó velozmente hacia las afueras de la ciudad, es decir, hacia los molinos del Gran Titanus.
Allí estaba el de Yakson Werner, caracterizado por ser cinco veces más grandes que los demás y por su defectuosa estructura; la inclinación hacia la izquierda del enorme edificio dejaba en evidencia el principal daño que había recibido.
Yeik fue inmediatamente a buscar una forma de entrar. Pero a pesar de que esta edificación contaba con numerosas y grandes puertas de entrada, lo cierto era que estaban todas selladas, de manera que ningún extraño pudiera entrar.
Aún así, el joven no se dio por vencido y pensó en una posible alternativa.
Tomó distancia para tener una mejor vista y allí la encontró: una ventana. Y aunque se encontraba a una altura considerable, él podía llegar escalando las piedras del muro.
—Bien, si es mi única alternativa ¡Pues aquí voy!
Entonces, comenzó a correr nuevamente en dirección al edificio y dio el salto más potente que sus piernas le permitían. Pero para su mala suerte, la altura que consiguió no logró ser ni la mitad de lo que esperaba; alguien había tomado su tobillo y lo había lanzado violentamente contra el suelo, lejos del molino.
Armada con una espada de hoja ondulada y protegida con dos brazalestes, se encontraba Arlet interponiéndose al objetivo de Yeik.
—¿¡Qué es de un juego sin un poco de diversión!? —gritó la muchachita mientras reía de manera desquiciada.
—Ya te lo dije —respondió Yeik, mientras se reincorporaba del suelo con agilidad— ¡Esto no es ningún juego para mi, Arlet!
—¡Y yo te dije que mi nombre es Ártika!
Ella fue la primera en embestir, de manera que el de cabellos azules comenzó a defenderse con su espada. Sin embargo, luego de desviar uno de sus movimientos, pudo comenzar a tomar la ofensiva con sus rapidísimos ataques sobre el cuerpo de la rival.
Aún así no era suficiente para superarla. Parecía que ninguno de sus golpes eran lo suficientemente rápidos para lograr vencer a los brazaletes de la muchachita, quien quería volver a tomar la delantera.
Pero antes de que eso ocurriera, Yeik decidió cambiar la táctica de velocidad hacia la de fuerza: si lograba que solo uno de los bloqueos de la contricante cediera, podría comenzar a agredirla con efectividad. Entonces, tomando su arma con ambas manos, realizó un ataque hacia el costado de la cadera de la enemiga con todas sus fuerzas disponibles.
Aún así, ella fue más astuta.
Arlet esquivó ese movimiento fácilmente con un salto y luego pateó ferozmente la cara de Yeik, quien trastabilló unos pasos hacia atrás. Y ella, aprovechando el desequilibrio que éste tenía, se abalanzó sobre él y buscó una verdadera ventaja, tratando de atravesar con su espada el estómago del contrincante.
Hora del contraataque para Yeik.
Con un pequeño y firme movimiento logró evitar que lo perforaran. Luego tomó el brazo de Ártika, tiró bruscamente de ella y finalmente, cuando la tenía de espaldas, pudo atinarle el primer corte y alejarla de él. Y tenerla lejos significaba que podía intentar ingresar nuevamente al molino.
No desperdició ni un solo segundo. Tomó velocidad, saltó lo más alto que pudo y se alistó para prenderse a la pared y comenzar a escalar. Sin embargo, sus cálculos habían sido nuevamente interrumpidos por un inesperado movimiento de la joven: su espada, cubierta por un aura violeta oscura, había lanzado una ráfaga cortante contra la espalda de su rival, quien se estampó contra la pared y comenzó a caer nuevamente. Por último, demostrando una vez más su increíble y nueva destreza, la pequeña combatiente interceptó a Yeik con una patada y lo dejó pegado al muro del molino Werner. Luego lo tomó de su remera, lo lanzó lejos del molino y lo atacó con otra ráfaga cortante, produciéndole otra herida al chico de cabellos azules.
Como al inicio del combate, Ártika estaba entre medio del molino y del joven Lix. Y a pesar de que él quería analizar la mejor opción para un nuevo ataque, saber que tenía una cuenta regresiva en su contra no le permitía concentrarse en absoluto. Por lo tanto, Yeik se reincorporó y corrió nuevamente hacia la joven, con el fin de descargar toda su fuerza bruta:
—¡¡¡Deja a Yésika en paz!!! —gritó cuando estaba a punto de realizar su ataque.
La pequeña combatiente estaba perfectamente preparada para recibir el golpe de su oponente, mas no así para un factor sorpresa, que incluso tomó desprevenido al mismo Yeik; sin anunciarse, Gache apareció con sus guantes blancos y se llevó por delante a Ártika. A su vez, logró aprehender a la chica reteniendo sus brazos por detrás de su espalda.
—¡Dale, Yeik!  ¡Aprovechá la ventaja ahora! —gritó el canoso, agitado.
—¡Gache! ¿¡Qué estás…!?
Yeik tuvo que esquivar instantáneamente un ataque de ráfaga proveniente de Ártika, quien había comenzado a forcejear violentamente con Gache y había logrado liberar un brazo. Aún así, el canoso volvió a tomar control sobre ella, aunque cada vez le resultaba más difícil contenerla.
—Las preguntas para después, pibe ¡Ahora entrá a ese molino, carajo!
No había más tiempo que perder. Desde donde estaba tomó impulso, dio el salto más alto que podía dar y se tomó de las piedras que sobresalían del molino para comenzar a escalar. Y a medida que lo hacía, algunas ráfagas lanzadas por su enemiga empezaron a llegarle producto de sus salvajes movimientos, los cuales el canoso trataba de controlar a base de choques eléctricos.
Entonces, a medida que hacía lo posible para esquivar ataques, Yeik trataba de apurar la escalada lo máximo posible. Pero casi sobre el final del recorrido, Yeik volvió a tener problemas.
Las piedras sobre las que él se sostenía comenzaron a desprenderse lentamente del muro justo antes de poder llegar al ventanal. Por lo tanto, sin más alternativa, dio sus últimos impulsos y tomó el alfeizar de la ventana con la punta de sus dedos.
Para entonces, el ladrillo que conformaba el alfeizar también empezó a ceder. Y sin poder contar con la ayuda de sus pies, que colgaban en el aire, Yeik miró hacia abajo y midió la altura en la que se encontraba.
Había subido demasiado. Si caía, corría el riesgo de fracturarse.
—No. No voy a fallarle a Yésika ¡No esta vez!
Así, con la poca propulsión que podía darle aquel ladrillo suelto, el joven Lix lanzó un manotazo y se tomó otra porción del alfeizar, pero esta vez con la mano contraria.
El de pelo azul finalmente subió y se adentró en el molino, donde solo pudo ver una serie de grandes engranajes gracias a la luz tenue del exterior. Además, en el medio de esa gran habitación, una escalera en espiral atravesaba el molino hacia arriba y hacia abajo ¿A dónde debía ir?
Luego de escuchar unos ruidos en la planta baja, él ni se lo preguntó. Bajó las escaleras lo más rápido que pudo y dio por fin con Yésika, quien estaba atada a una soga, inconsciente e iluminada por un débil foco arriba de ella:
—Bien, Yess. No te preocupes —dijo mientras desenvainaba su espada—. Te sacaré de aquí.
De repente, una voz lo llamó desde un rincón oscuro de la habitación.
Yeik quedó confundido y temió lo peor. Él reconocía perfectamente quién era. Por ende, para aclarar sus dudas, accionó un interruptor que había justo arriba de Yésika y encendió las luces.
Lo peor fue.
El combatiente no comprendía qué era lo que estaba pasando, pero sabía que era lo más desastroso que podía ocurrir en ese instante. A unos metros de él, su madre se encontraba enredada entre unas enormes cadenas que rodeaban una gran caja metálica, la cual tenía una pantalla en la parte superior que indicaba una cuenta regresiva de 2 minutos:
—No… no, esto no puede ser. Mamá ¿¡Qué estás haciendo aquí!? —dijo el chico mientras corría hacia su madre.
—Yeik ¡Debes irte de inmediato! —respondió ella, nerviosa—.
—¡No sin sacarte de aquí!
El de cabello azul tomó su arma con ambas manos y comenzó a utilizar todas sus fuerzas contra las cadenas. Y en tanto él intentaba cortarlas, su madre seguía insistiendo:
—Yeik, vete ya. Vas a morir si continúas. Por favor…
—¡Tu también lo harás si te quedas! —interrumpió—. No voy a dejarte ¡Aguanta un poco más!
—Hijo ¡Deja de intentar! ¡Tienes que huir con Yésika!
—¡¡¡No lo haré, madre!!! —. Yeik se detuvo y se plantó frente a ella, enfurecido y desesperado ante lo que estaba viviendo—. Tú me dijiste que “no intentarlo” era la única forma de perder lo más valioso para mi ¡Entiende que no puedo rendirme!
El joven Lix continuó golpeando las cadenas una y otra vez, utilizando todas las fuerzas que le quedaban. Pero los segundos corrían, él perdía su vigor y las cadenas, en realidad, no habían cedido ni un poco. Yeik, entonces, se detuvo y miró a aquellos indestructibles eslabones con gran terror. Amanda Lix, sabiendo lo que su hijo pensaba, esbozó una sonrisa y dejó escapar una lágrima llena de tristeza:
—Deja de intentar por mí, corazón. Yésika es ahora la que necesita de tu ayuda. Yo… yo ya no…
Llevado por su dolor e impotencia, Yeik abrazó a su madre inmediatamente y explotó en llanto. Y lo hizo todo el tiempo que pudo, pues sabía que debía salir de allí lo antes posible:
—Te amo, mamá —dijo el de cabellos azules con un sollozo—. Te amo. Jamás te voy a olvidar.
—Yo te amo más, Yeik. Mucho más —. Ella, luego de darle un beso en la mejilla a su hijo, le dio una última indicación—. Escucha, cariño. Debes aferrarte de las aspas del molino para bajar con suavidad. Las encontrarás por las ventanas de más arriba. Estarás bien.
Yeik dio las gracias a su madre y le dio un último beso en la mejilla. Entonces, faltando ya menos de un minuto de la cuenta regresiva, Yeik tomó a Yésika en brazos y subió lo más rápido que pudo, hasta encontrar una ventana que daba con el aspa del gran molino.
Él se aferró allí y su mismo peso comenzó a bajarlo hacia tierra firme. Y mientras lo hacía, podía ver el feroz forcejeo que Gache estaba llevando a cabo con la pequeña combatiente de cabellos negros. No obstante, cuando ella vio a Yeik salir del molino, sonrió, se liberó del canoso con un brusco movimiento y comenzó a alejarse del lugar. Para sorpresa ambos, la joven lo hizo elevándose por los aires.
—¡Sal de aquí ahora, Gache! ¡Esto se derriba! —gritó Yeik, quien luego de pisar tierra, emprendió también su camino de huída.
El canoso  también comenzó a escapar a gran velocidad junto con Yeik para alejarse del molino. No obstante, Gache supo al instante que algo más había pasado:
Su amigo, con los ojos llenos de lágrimas, demostraba todo lo contrario a estar satisfecho de haber salvado a Yésika de la muerte. Y Arlet, que se alejaba de ellos, no mostraba ni una mueca de fastidio ante un “plan fallido”, sino que miraba al de cabellos azules con una gran sonrisa burlona.
—¡Nuestra partida ya ha terminado, Yeik! ¡Y el único que perdió aquí eres tú!
Luego de sus palabras envueltas de risas, la joven se transformó en humo negro y desapareció.
Finalmente la cuenta regresiva había terminado. Una gran onda expansiva de aire salió del molino y destruyó su base por completo, de manera que todo el resto del gran molino Werner comenzó a irse abajo. Además de eso, la onda también produjo daños sobre los molinos más pequeños que se encontraban a su alrededor. Por último, la potencia de aquella bomba de aire comprimido también fue la suficiente para alcanzar a los combatientes. Y aunque eso no hizo más que empujarlos violentamente por los aires, el daño, en realidad, ya había sido causado.
Era el daño de un corazón totalmente destrozado. Era el daño del corazón del joven Yeik Lix.
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