Capítulo 26: "Segundas intensiones"

Soy un temerario mi amor ©

visibility

241.0

favorite

0

mode_comment

0


Por ahora todo parecía pintar bien. Apenas pasamos por el pórtico de la casa, un delicioso y amable perfume invadió mis fosas nasales, esto hizo que quisiera respirar hondo para atragantarme con el aroma. Creo que sabía cuál era esa fragancia, la reconocía a la perfección, por lo que enseguida me llegaron las imágenes de Lili contra el sol, pero para ser más preciso, recordaba el momento en que el alba la rodeaba cerca del cementerio unos pocos minutos antes de besarla. ¡Qué afortunado me sentiría de poder volver a rosar sus labios!, pero aún más si llegaba a tocar a más profundidad su carne. Sin embargo, mis pensamientos fueron detenidos cuando algo golpeó mi estómago haciendo que saliera un poco de aire de mis pulmones.
 
—Deja de soñar despierto Romeo, y usa eso —bajé mis orbes esmeraldas hacia lo que me había entregado Louis, y era un cambio de ropa. Esto me hizo tensarme, no era algo que yo había comprado antes, más bien… ¡esto estaba todo nuevo! ¿Qué significaba que me entregara tantos favores?, sé que no éramos amigos demasiado cercanos, por lo que me preocupé.
 
—Oye Louis, entiendo que quieras ayudarme, pero esto me parece demasiado —traté de sonar lo más amable posible, pero es que era verdad, no podía seguir aceptando tantas cosas de su parte. Sin embargo, él tan sólo rió y me miró de una manera extraña. Tal vez yo lo había interpretado mal, pero casi, casi… podría asegurar que me estaba observando así como yo miraba a Lili. Y vuelvo a aclarar, esperaba que me estuviera maquinando cosas.  
 
—No te preocupes, ya te lo dije, voy a ayudarte con mi hermana —yo entre cerré los ojos. ¿Incluso en la forma de vestirme tendría que ayudarme?, aunque no niego que Louis era particularmente elegante, y quizás… atractivo también. En lo que se alejaba aproveché para quejarme un poco de él.
 
—Igual esto parecen esos regalos a los que se les hace una mujer —bajé un poco la mirada hacia la ropa, pero escuché los pasos del otro volver enseguida, y cuando menos me di cuenta ya lo tenía sobre mí, lo cual casi me da un paro cardíaco.
 
—Si estás dispuesto a renunciar a mi hermana, entonces podrías considerarlo así —¡espera un poco, esto ya me causaba miedo! Pero volviendo al tema principal, al parecer me había escuchado, pero peor aún, me había acorralado con una mano contra la pared del pasillo.
 
—¡No dije nada!, aparte… no sé a qué te refieres con eso —mi voz se tornaba más seria y a la vez la iba disminuyendo, eso era por la impresión que me generaba al tenerlo tan cerca. Trataba de no angustiarme, ya tenía suficiente con Gael que había intentado matarme, ¿y ahora esto?, sólo faltaba que Lili fuera trapito, lo cual rezaba que no fuera de ese modo con todo mi ser.
 
—Sabes… —se acercó Louis a mi rostro al doblar su brazo en la pared, entonces ahí fue cuando verdaderamente me dieron ganas de golpearlo, pero me contuve, y simplemente me incliné de lado para evitarlo—. Yo podría ser mejor partido que mi hermana —me susurró al oído aprovechándose de que estaba mirando a otro lado. Esa porquería de murmullo hizo que me estremeciera, pero no en el buen sentido, ahora tenía miedo de ser violado. De todas formas, al fin reaccioné, esta vez motivado por los coqueteos de Louis, y lo empujé con las manos junto al conjunto que me había dado para alejarlo de mí, y una vez hecho esto, lo señalé con el reverso de mi dedo muy seriamente.
 
—Has llevado tu chiste muy lejos, así que déjame decirte que te quedes con esa porquería de ropa, y que no te me acerques el resto del día —le informé, y luego lo dejé con las cosas que me había dado. En verdad, ¿que se había pensado a la hora de decirme semejantes tonterías?, ¿pero qué haría si realmente me hablaba en serio?, la verdad es que no lo sé.
 
De todas formas me fui a mi nueva habitación, la cual estaba con mi nombre en la puerta, y además, al frente, tenía la habitación de Lili. ¡Vaya mala jugada que me hizo!, ¿acaso esperaba que me dejará llevar por mis malos instintos?, no, no iba a dejar de ser un caballero, por eso me metí a mi habitación. A los pocos minutos me estaba volviendo en mis pasos y me puse a espiar por el agujero de la cerradura. No podía verla por ninguna parte, ¿acaso no estaba? Observé un rato más sin obtener muchos resultados, por lo que me aparté de la puerta, pero apenas retrocedí, sentí que choqué contra algo, por lo que me medio giré, y vi a Lili en toalla.
 
—¡Dios santísimo! —esa frase me salió del alma, y ella con el ceño completamente fruncido levantó su mano y me cacheteó. En menos de unos segundos me había dejado una gran marca en la cara, además, me percaté un poco tarde de que ella ya no estaba. No pude evitar mi estupidez y obtener esos resultados, pero no me arrepentía realmente, aunque seguro que ella no me perdonaría esa. Momentos más tarde me di cuenta de algo—. ¡Cierto, tengo que cambiarme! —recapacité en lo que tenía que hacer, y me fui corriendo a mi cuarto, el cual era modesto, no demostraba ser la gran cosa: así que me puse a desempacar mis pertenencias, tomé un cambio de ropa, y me metí a duchar.
 
Al rato ya estaba listo para salir con ellos: me puse una remera roja, arriba una camisa negra remangada, y unos pantalones del mismo color que hacían juegos con unos zapatos deportivos. Más tarde salí de mi cuarto y observé que me estaban esperando ya preparados. Se encontraban justo al final del largo pasillo que llevaba a diferentes habitaciones, allí podía ver a Louis con un traje blanco, lo cual parecía poco coherente para una velada en un boliche, pero por parte de Lili, ella portaba un vestido rojo un tanto llamativo, y lo digo de esa manera porque brillaba con la luz de la casa. Sus tacones eran del mismo color, y tenía su cabello enrulado como en nuestra cita; quizás era su peinado ideal para esas salidas.
 
—Apresúrate Dalton, o llegaremos tarde —elevé una ceja ante el comentario de él, y me acerqué a ellos.
 
—¿De qué hablas? ¿Acaso no vamos a un boliche privado? —le pregunté algo confuso.
 
—Sí, pero tengo asuntos que atender dentro con unos conocidos —me guiñó el ojo, lo cual provoco que pusiera mala cara, y que además, ella nos mirará extrañada.
 
—Vámonos de una vez —insistí, y el rubio asintió, así que nos movimos para ir a tomar un taxi. Tuve la fortuna de que me tocó estar entre medio de los dos, pero la desgracia era que no dejaba ese maldito de ponerme la mano encima de mi pierna, y dado que se proponía a hacerlo, se ganaba su respectivo pellizco como mis abruptas apartadas, eso también generaba como resultado que algunas risas de Lili escaparán de sus labios, dejándola en evidencia de que se estaba divirtiendo a cuesta nuestra.
Llegamos por fin y por gracia de Dios al dichoso lugar, y entramos sin tener la necesidad de demostrar nuestro carnet de identidad. Al parecer, una vez más tenía una muestra del poder que tenía el hermano de ella, ya que bastó sólo su presencia para poder pasar.
—Bien, yo estaré por allá —señaló un grupo de gente un tanto extraña, y que parecían estar todos en traje.
 
—¿Entonces ese es el grupo del que hablabas? —le pregunté.
 
—Sí, mientras tanto ustedes diviértanse, es decir, traten de llevarse mejor —se retiró con una suave risa, y yo tanto como ella nos miramos, pero al poco mi ángel observó hacia otro lado, lo cual hacía que mi corazón se apretará en un amargo dolor. ¿Qué había hecho para merecer semejante trato?, bueno, sabía qué cosa era, pero se trataba de mi dulce flor, no podía evitarlo. Quizás los minutos pasaron demasiado rápido, pues cuando me percaté de eso, ella ya no estaba.
 
—¿Lili? —me inquieté al ver que no se encontraba ya por ninguna parte, ahora empezaba a pensar que quizás tendría algunas habilidades ninjas, o que yo era demasiado descuidado con ella—. ¿Ahora dónde diablos ha ido? —me dije en lo que observaba a mis alrededores, pero me era inútil, la luz era muy baja, y la distancia, por más corta que era, no me permitía distinguirla entre tantos idiotas—. Si tan solo le hubiera puesto un rastreador o algo a esa chica —suspiré y me resigné por un rato, así que simplemente como los demás, me puse a vagar por la discoteca. Algunas chicas me abordaron, pero claro que las deseché, no quería tener nada que ver con ellas, aparte, estaba concentrado más que nada en encontrar a mi reina.
 
Me había recorrido casi todo el maldito lugar, y aún no llegaba a encontrarla, ¿acaso se estaba escondiendo cada vez que me veía?, la verdad no tenía ni idea, pero no la podía ubicar, eso, hasta que levanté mi cabeza, y una de las luces del techo iluminó su brillante vestido, ahí la vi escaleras arriba. No hubiera sido problema sólo encontrarla, pero me di cuenta de que estaba sobre los brazos de alguien, y eso hizo que mi sangre hirviera, lo peor, es que no parecía estar consciente de lo que hacía, pues en su rostro,  cuya expresión ya conocía, destacaba el miedo.
 
—¡Ahora conocerás el infierno! —aseguré y muchos voltearon a verme pues se lo había gritado. Sin dudas no iba a zafar de mi irá, y si tenía que perseguirlo, lo haría.

Este sitio usa cookies para tu sesión de usuario y mostrarte publicidad.

De acuerdo