Capítulo 8: "El desgraciado rito"

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Ahora mismo, el piano que sonaba de fondo para ambos catalizadores, no era nada alentador a pesar de que su sonido era más que gratificante, pues a fin de cuentas, quisieran o no, debían llevar a cabo el tan estructurado acontecimiento.
 
—No debería de existir tal cosa —se quejó Alik, quien se quedó en su lugar sin mover ni un solo musculo, aunque en realidad se cruzó nada más de brazos.
 
—Bueno, de todas maneras, conociendo a Léa, seguramente nos lo hubiera pedido de todas formas —Iris, contrariamente a Alik, se deslizó por la habitación hasta el enorme armario, el cual tenía algunas vestiduras que encajaban perfectamente con ellos—. Aquí están los trajes ceremoniales —indicó ella, para acto seguido, tomar entre sus manos un hermoso y claro vestido de una percha, el cual, parecía que al mojarse se volvería transparente. Cuando la más baja se retiró de delante del ropero, el muchacho se acercó elevando una ceja, y preguntando a su vez lo siguiente.
 
—¿Aquí también está el mío? —se inclinó un poco, y sacó de allí un pedazo de tela con una pequeña bolsa plástica que tenía algunas joyas, tales como un collar negro con rombos de bordes color oro—. ¿Esto es todo? —dijo entre cerrando los ojos algo alarmado.
 
—El mío dice que no use ropa interior, y que tú tampoco —a la pequeña Lux le costó entender un poco esto, pero no le dio mayor importancia, después de todo, mientras no se mojaran, no había problema, ¿no?
 
—Esto no tiene lógica —mencionó algo angustiado, y sin darse cuenta, se dirigía a ella con un poco más de normalidad, pero bueno, quizás se debía a la situación.
 
—Aunque no la tenga, Léa es Léa, así que vamos a cambiarnos y a bajar —mencionó a ojos cerrados, y más tarde, se turnaron para utilizar el baño.
 
Para estas alturas, estímulos para la vista no faltarían, ya que el pecho descubierto de Reverse, parecía esculpido, pero además, aquella tela que estaba atada en su cintura, dejaba entre ver una de sus mayores cualidades, de la cual no entraré en detalles. Por el lado de Lux, ella se veía como toda una Diosa, a pesar de su carencia en busto y de su parte posterior, su belleza no era menor, así que su rostro resaltaba perfectamente.
 
—Es una lástima que no tengas nada —mencionó como mala broma el otro, e irritada, Iris le devolvió el golpe.
 
—Es una lástima que no tengas cerebro —dijo ella colocando sus pequeñas manos en su diminuta cintura.
 
—¡Deja de tratarme como idiota! —le gritó.
 
—¡Tú primero deja de burlarte! —contestó ella en defensa.
 
Entre ambos individuos soltaron unos gruñidos, pero luego cayeron en la cuenta de que tenían que irse, es por eso que Iris le dio la espalda.
 
—Terminemos con esto de una buena vez —y decidida a lo dicho, la pelinegra de largos cabellos, salió con pie firme de la habitación.
 
—Ah —suspiró para sí mismo mientras se llevaba una mano a la cabeza—. Ella es tan fácil de hacer enfadar.
 
Iris, quien adelantaba a Alik, lo guió a su destino compartido, el cual era, para su desgracia, una enorme fuente con dos estatuas de leones albinos que arrojaban agua.
 
—¿Qué es esto? —preguntó sorprendido el hermoso muchacho.
 
A los alrededores del enorme manantial, se encontraban varios sirvientes que vestían ropas normales, y que solo podían identificarse como tales, gracias al símbolo real que portaban en su pecho. No obstante, los detalles no terminaban ahí, ya que la princesa estaba flotando en su trono dentro de la misma fuente.
 
—¡Sean bienvenidos! —los recibió con entusiasmo la joven, y los ojos del chico brillaron al ver a la princesa con un vestido trasparente mostrando en un mayor detalle las curvas que antes cubría.
 
—¡Muchas gracias por el recibimiento, mi bella princesa! —como si se tratará de un lobo, Alik fue el primero en acercarse, pero su majestad le puso un alto al colocar su mano por delante de ella.
 
—Quieto ahí, joven Alik —ordenó ella, y luego hizo aparecer un abanico, el cual usó para darse algo de aire.
 
—Si serás tonto. ¿Se puede saber en qué piensas? —preguntó Iris, quien ahora se paraba junto a él, y claro, aquello que dijo sólo Reverse lo pudo escuchar.
 
—No te concierne —le respondió su compañero.
 
—Que soquete eres —se quejó ella.
 
Pero antes de que una nueva e interminable disputa empezara, la futura reina le hizo una pequeña señal, la cual les indicaba que deberían hacer ahora.
 
—Antes de empezar, déjenme decirles que las ropas ceremoniales que he elegido, les queda muy bien. Por otro lado, recuerden, el baile a veces es primordial para esto, así que no olviden hacerlo lo mejor posible, ahora comiencen.
 
Ambos catalizadores se miraron mutuamente, sintiendo a su vez un poco de nerviosismo, pero de alguna manera, al verse a los ojos, sentían que el otro no lo defraudaría, así que asintieron al mismo tiempo, y subieron a la fuente, donde por consiguiente, sus pies tocaron las frías como poco profundas aguas.
 
—¿Estás lista? —preguntó el menor de edad.
 
—Sí —asintió la más baja, y fue allí que ambos tomaron algo de aire para concentrar sus energías para lo que crearían.
 
El ambiente fue llenándose de un aroma floreal, junto a un tono carmín hasta llegar incluso al agua, y la melodía, se regó salpicando los corazones presentes. Y como era de esperarse, el consejo dado por la futura reina, sirvió perfectamente, ya que la persona que empezó a bailar fue más que nada Iris, quien hacía movimientos agraciados al compás de la música, pero que además, su vestido empezaba a ser empapado poco a poco por las rojas aguas.
 
"En las orillas del rio,
 
Todo se tiñe de carmín,
 
Solo existe una verdad,
 
Y si eres tú amor...
 
Entonces está bien."
 
"Que si el sentimiento es al revés,
 
Si tenemos unos roses como ayer,
 
No te preocupes que sólo hay un final,
 
Y ese es nuestro amor,
 
Todo irá bien."
 
Alik fue el que hacía el aporte principal, pues su voz era la que usaban ambos de pilar, y aunque Iris no estuviera cantando, sus cabellos aun así cambiaron de tono inexplicablemente al igual que los de su compañero. El entusiasmo se veía desbordar desde las pupilas de la gente, pero más que nada, de la princesa Léa, quien entusiasmada, movía ligeramente su cuerpo. Mientras tanto, la danza de Iris se tornaba cada vez más sensual, y apasionada, creando a su vez figuras en el agua como en el aire, en donde las gotas a veces se evaporaban realizando corazones o incluso notas.
 
"Nuestros corazones van al son,
 
Nuestros corazones al son"
 
Llegados a la estrofa de repetición ambos se unieron, y la danza se volvió algo mutuo, lo cual permitió ver como las gotas ahora mismo se fusionaban en ambos cuerpos, provocando que las vestiduras se transparentaran, pero debido a lo hipnótico que resultaba el mismo baile como la dichosa canción, pasaron ellos mismos por alto aquel detalle, e incluso, sus manos terminaron por recorrer de forma atrevida el cuerpo del otro, pero esto duró hasta que finalmente llegaron al último tramo de la melodía, en donde ya finalizada la misma, terminaron en una posición muy comprometedora.
 
Para cuando "abrieron los ojos", Alik se dio cuenta de que estaba en una inesperada situación, la cual se podría describir de la siguiente manera: sus manos ahora se encontraban rodeando unas caderas muy finas, húmedas pero cálidas a la vez, y a pesar de que la piel se encontraba revestida con una ligera tela, ésta casi no se percibía, pues era como si sus yemas llegaran a acariciarla a través de ésta. Los siguientes detalles, no los notó por el tacto, sino que venían por su sentido de la vista, el cual le entregaba un magnifico panorama lleno de unas encantadoras curvas, y del claro de la tez ajena, ya que sus cuerpos estaban tan pegados para ese momento, que no llegaba a distinguir el pequeño busto que también destacaba sólo en forma. Atrapado por semejante espectáculo, más la expresión de la chica que denotaba un relajo poco común pero momentáneo, su rostro lentamente se tornó de un intenso carmín, y por lo mismo, quedó anonadado.
 
Por el lado de Iris, quien se percató también de lo sucedido, en primer lugar, se dio cuenta de que Alik estaba demasiado cerca, y no sólo eso, que ella misma, sin haberlo querido por propia voluntad, estaba con sus manos apoyadas sobre el torso descubierto del atractivo muchacho, y como no le bastaba aquella información, su cuerpo le hizo saber que se encontraba mucho más a mano de él, ya que su espacio personal ya no existía como tal. Desde luego, no pasó por alto el hecho de que su físico estaba casi completamente expuesto ante su contrario, y como entendía perfectamente que lo que llevaban se traslucía todo, entonces él también estaba en las mismas.
 
Lo que pasó después del ritual, y la carente reacción de Alik, dieron como resultado que Iris empujara lo más fuerte y lejos posible al morocho, quien cayó de espaldas sobre el agua, terminando de empaparse por completo.
 
—¡Qué crees que haces! —gritó ya sobre el agua el chico.
 
—¡No mires! ¡No mires! —exclamaba la pequeña al agacharse, pero además, se abrazó a sí misma con la esperanza de que no se viera más nada de ella.
 
Los catalizadores de la heredera eran jóvenes inexpertos, que no sabían exactamente lo que significaba esto de volverse compañeros eternos, y más especialmente Alik, quien no entendía a Iris, principalmente por el hecho de que ella le generaba una revolución en su pecho. En primer lugar fue aquella canción que escuchó venir de esa niña, ¿y ahora esto? Sin dudas, las cosas se tornaban cada vez más peculiares e inquietantes para los dos, pero eso no significaba que se dejarían doblegar tan fácilmente. 

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