Cap 78

Averno (YAOI)

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La atmósfera era pesada y la casa solo estaba iluminada por la luz tenue de algunas lámparas que le daban una ligera penumbra al lugar, en cualquier otro contexto habría sido muy agradable. Dan y Edgar se miraban sin decir palabra mientras una creciente lluvia golpeaba las grandes ventanas que de vez en cuando filtraban la luz de algún solitario rayo que a su vez iluminaba de una forma siniestra el rostro de Edgar por una milésima de segundo, proyectando una gran sombra que representaba perfectamente el alma de aquel hombre.
Dan se movía inquieto en su sitio, temiendo por cada pequeño movimiento que hacía Edgar... Ya no había marcha atrás, si quería salir de allí tendría que ser ahora.
-Dante ríndete, no tienes nada que hacer contra mi.- Sonrió con arrogancia.- Y en poco tiempo tampoco tendrás donde volver, mis hombres acabarán con ellos... Y mi oferta sigue en pie.
-Olvídalo, creo que ya te he dicho suficientes veces que lo de ser una nevera con patas no es lo mío.- le sacó el dedo a pasear mientras tomaba una posición defensiva.
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-¡MIERDA!- Cóndor iba gritando de pura rabia mientras escuchaba como les disparaban desde otro coche.-¡Lanzales algo Dorian!
-¡¿Qué quieres que les lance exactamente, pastillas?!- Dorian observaba desde su sitio por los retrovisores como se les acercaban... no habían tardado mucho en dar con ellos gracias a la temeraria forma de conducir de Cóndor, había sido cuestión de tiempo.
-¡LO QUE SEA!- Dio un volantazo tratando de darles esquinazo pero no lo logró.
Dorian por su parte se desabrochó el cinturón y pasó a la parte trasera de la furgoneta en busca de algo que pudiera hacerles ganar tiempo por poco que fuera. Revisó todo lo que las sacudidas del vehículo le permitían hasta que se decantó por una bombona de oxígeno... que lanzó tras abrir la puerta rápidamente... Aunque la explosión que esperaba no ocurrió, fue decepcionante. Cerró la puerta y se tumbó en el suelo de la furgoneta sintiendo una bala pasar entre sus cuernos, así que regresó arrastrándose hasta su sitio de nuevo derrotado por su misión fallida.
-No lo lograremos Cóndor.- Miró la carretera mojada agradeciendo que al menos no iban en dirección contraria.
-¡Ya estamos cerca, solo tenemos que mantener el ritmo!- Prácticamente derrapaba en las curvas como si se tratara de una carrera... Aunque a ese paso terminaría conduciendo un colador con ruedas.
Dorian se agarró a su asiento considerando seriamente si saltar del vehículo aún en marcha mientras escuchaba las balas impactar en el metal, era simple y llanamente aterrador no saber en qué momento una de esas balas podría llegar tranquilamente a tu cabeza... Aunque Cóndor no parecía percatarse de ello, estaba demasiado centrado en conducir.
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-Vamos, déjate de tonterías y ven aquí.- Edgar señaló el suelo como si estuviera llamando a un perro.- Vamos.- Empezaba a perder la paciencia mientras veía que Dan no se movía un centímetro.
Dan solo lo miraba sin saber qué hacer... si se mantenía ahí solo perdería su oportunidad de escapar... pero, ¿cómo? Era imposible salir por la puerta ya que Edgar tenía la única clave que podía abrirla y de todas formas él estaba en la trayectoria de cualquier vía de escape...
-Dante, ven de una vez... o despídete de todos los privilegios que te he dado hasta ahora.
-¿Privilegios?- Dan se rió secamente de eso.- ¡¿Esto te parecen privilegios?!- Agitó las esposas que aún llevaba.
-Claro que lo son.- Dijo muy convencido.- ¿Acaso ya has olvidado el armario de mi tienda de hace diez años? Atado, amordazado, completamente a oscuras y sin comer... Creo que esto sí son privilegios así que ven aquí si no quieres pasar el resto de tu eternidad en un armario como ese.
Dan sintió un escalofrío al recordar la experiencia, incluso su cuerpo tembló ligeramente, lo suficiente como para hacer tintinear la cadena de las esposas y que Edgar lo escuchara. Le tendió una mano para incitarlo a acercarse.
-Vamos Dante... Ninguno de los dos queremos eso... no pasará si vienes aquí ya.- Le hablaba con un todo relativamente dulce, tratando de engatusarlo. Dan dio un par de pasos en su dirección, inseguros sin dejar de mirar al suelo, en una actitud de penitencia.- Eso es, ven aquí.- le sonrió.
Dan dejó de andar, levantó la cabeza y le dio una hermosa sonrisa a Edgar antes de coger impulso y correr con todas sus fuerzas hacia él en busca de un fuerte placaje que cogió a Edgar completamente desprevenido. Dan siguió empujando, notando como Edgar sacaba una pistola del interior de su americana... Pero era demasiado tarde, Dan saltó con Edgar contra una de las enormes ventanas rompiéndola en miles de pedazos. Dan observó los cristales a su alrededor que se mezclaban con la lluvia de la calle... todo parecía ir a cámara lenta. No podía ver la cara de Edgar por la posición en la que estaban pero sí podía imaginarse la expresión de furia en su rostro... Aunque no le importaba, poco a poco el asfalto estaba más cerca así que Dan cerró los ojos y esperó el impacto.
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-¡Por ahí no, es una calle cortada!- Dorian le gritaba a Cóndor antes de sentir como una de las ruedas se pinchaba y el vehículo empezaba a hacer movimientos raros.-¡MIERDA, MIERDA!
Se agarraron a lo que podían esperando una colisión al ver como la dirección se iba a la porra, pero el vehículo terminó frenando por un giro sobre sus ruedas delanteras... se quedaron confundidos y algo mareados mientras escuchaban las ruedas del otro coche chirriar por el frenazo que acababan de dar... Era su fin.
-Cóndor... ¿no tendrás algún arma por ahí escondida, no?- Dorian ya empezaba a admitir su destino pero una gran sacudida repentina le hizo saltar del asiento.- ¿Qué diablos...?- Miró atrás y pudo observar como el techo de la furgoneta de había abombado y eso solo podía ser una cosa.
Los hombres que acababan de salir del coche se detuvieron al ver dos personas caer sobre el vehículo que perseguían... pero en cuanto vieron a una de las dos levantarse apuntaron todas sus armas hacia la silueta que se movía... Estaban realmente sorprendidos y a la vez extrañados, una caída así habría matado a cualquiera.
-¡Quieto o disparamos!- gritó uno de ellos olvidándose por completo de a quienes perseguían.
Dan sin embargo ignoró por completo su advertencia, abrió la americana de Edgar y tomó la pistola que había estado a punto de sacar para disparar rápidamente a aquellos molestos hombres para después dejarse caer a un lado para llegar al suelo, sin creerse que su improvisado plan hubiera funcionado.
 

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