Capítulo 11 ; una jaula de oro

Cuentos de Media luna

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Nidavellir, Castillo de Hreidmar. Gran salón.
 
 
La tensión durante la cena fue aumentando, podía sentir el nafilice de un gran rey cero. Sólo esperaba que pudiesen salir con vida, yo misma había derrotado uno y en gran manera fue con la ayuda de otro gran rey cero, Nébula. 
Si bien yo sabía que estábamos apostando nuestras vidas en aquel lugar, también creía firmemente en ellos. Y ellos confiaban en que pudiese brindarles más tiempos.
 
 
—¿Puedo preguntaros algo, Lady Nébula? — dijo mirándome entre las pestañas.
—Por supuesto, adelante — contesté con aire relajado.
—¿Hasta que punto estaríais dispuesta a probar vuestra lealtad?
—¡Que osadía! ¡¿cómo os atrevéis a preguntarle algo tan impertinente?!
—La impertinencia es de aquella sirvienta que no conoce su lugar — dijo dando un suave y tranquilo sorbo a su copa. 
—Disculpadla  por favor, mi acompañante sólo piensa en mi bienestar. 
—No me habéis dado respuesta — dijo con sequedad.
—Si me preguntáis hasta donde, os respondería ; hasta las últimas consecuencias.
—Ya veo, muy bien.
 
 
La mirada siniestra que transmitían sus ojos me puso alerta, esa pregunta era más que una confirmación de bandos, buscaba algo, tramaba algo y yo para mi desgracia, lo desconocía. 
Miré a Layla  quien me la devolvió con la misma inquietud, ella también lo sabía pero ¿qué podíamos hacer sin fastidiar el plan? Mientras me rompía la cabeza pensando, uno de los sirvientes de  Hreidmar, se acercó hasta su señor y algo en el rostro del enano cambió, su sonrisa maquiavélica apareció y cruzó su mirada con la mía. 
 
 
—Creo que tenemos visitas inesperadas, princesa.
 
 
El miedo me invadió por completo, estaba asustada ¿nos habían descubierto por completo? ¿Cuánto sabían de nuestra infiltración? A pesar de todo tenía que mantener mi papel lo suficiente.
 
 
—Ah... ¿Con que es así? — dije con aire despreocupado dando un sorbo a mi copa, rezando para no hablar de más.
—El hijo de la muerte y el ladrón del gran anillo del Nibelungo.
 
 
Mis ojos volaron raudos hasta alcanzar su mirada que ardía con fuerza, el hijo de la muerte...una punzada de dolor cruzó nuevamente mi cabeza pero fingí no sentir el dolor que palpitaba en mi cabeza.
 
 
—Como entenderéis debemos  eliminar cualquier amenaza ¿no opináis lo mismo, princesa? 
 
 
Su manera de decir esa inocente palabra en apariencia me hizo estremecer, pero aunque deseaba apartar la mirada tragué una bocanada de aire y con calma respondí.
 
—Por supuesto, mi Lord.
—Bien — dijo el enano mirándome directamente con esos ojos libidinosos — será mejor que nos apresuremos para que  podamos hablar con calma ¿no lo creéis, mi princesa?
—Por supuesto, después de todo estamos del mismo bando.
 
 
Se levantó primero con gesto solemne y engreído, muy predecible pensé. Layla y yo lo seguimos, debíamos jugar nuestro papel. Pero a cada paso que nos acercaba al objetivo el pecho se me encogía un poquito más, algo muy malo iba a pasar y mis intuiciones suelen ser acertadas.
Llegamos a un gran arco donde se vislumbraba una batalla, en un principio me rehusé a creerlo pero no podía negar lo que veía ante mis ojos. <<Fafnir>> deduje y a unos metros una imagen  conocida pero aterradora a la vez, Tyler era quién atacaba y de ante mano supe que pretendía aquel enano. Pero no se saldría con la suya, de eso me encargaría yo en persona.
Nos quedamos observando la destructiva lucha entre aquellos fieros guerreros. Fafnir era la personificación del poder liberado, pero descontrolado. Tyler por el contrario me asustaba mucho mas con su fría calma, la frialdad que había en aquellos ojos de distinto color pero igual determinación no eran aquellos con los que me miraba y lo supe entonces. No era Tyler el hombre frente a mis ojos era el líder de los guerreros del alba y lucharía hasta las últimas consecuencias.
 
 
—¡Hachas del infierno! — gritó Fafnir lanzando sus hachas como si de bumerangs se tratase.
—¡Aullido del gran lobo! — contraatacó Tyler juntando sus dos manos y cerrándolas como si de las fauces de una bestia se tratara.
—¡Remolino de calcinación! — Las hachas volvieron y comenzaron a girar alrededor de Tyler creando un remolino de llamas — ¡si las tocas estas muerto! — rió a todo pulmón.
—¡Maldición! 
 
 
No daba crédito a lo que veía ante mí, Fafnir era un gran rey cero pero Tyler era lo bastante fuerte su nafilice estaba más o menos a la  par. Podía sentirlo tan claro como el miedo en mi pecho, su fuerza rugía queriendo, pidiendo ser liberado. Pero por alguna extraña razón aun no lo había hecho, me preguntaba porque cuando el rey habló a mi lado.
 
 
—Como bien puedes ver, mi Lady se requiere de tus magníficos talentos, lo necesitamos vivo y mi hijo — hizo una pausa escalofriante con una sonrisa sombría antes de hablar de nuevo — no es de los que saben moderarse.
 
 
La indirecta me atravesó como una flecha pero me mantuve inquebrantable, alcé el mentón en un acto de autoridad y rebeldía.
 
 
—Lastima, supongo que hubiese sido más divertido observar .
—Lamento que no estés satisfecha al tomar las riendas de someter a nuestro invitado non grato pero.... — dejó la frase en el aire sólo con una intención.
—No tratéis de endulzar  la situación, se cuales son vuestras intenciones  — dije en tono acusativo lo cual fue como abofetearlo con guante blanco.
—Ruego me disculpéis — me hizo una reverencia en señal de disculpa, falsa, obviamente — no os lo toméis a mal, es algo  — paró buscando la palabra adecuada — rutinario.
 
 
Sonreí con saña, que no recordara lo suficiente (todavía) me recordé, no significaba que no lo viese de venir, era un mentiroso pero, debía admitir que sabía jugar sus cartas, lástima que no funcionase conmigo.
Me encaminé hacia delante, con tormentosa lentitud haciéndome esperar. Fafnir y Tyler dirigieron sus miradas hacia mí, que mantenía la mirada clavada en el suelo mientras iba liberando más y más de mis llamas las cuáles representaban mi nafilice. Sentí que mi piel quemaba y unas verdaderas runas se grabaron a fuego en mi mejilla derecha desde debajo del ojo hasta casi la altura de mi boca.
 
 
—¡No te atrevas a interponerte maldita perra Aesir! — me espetó con furia el gigante.
—Apártate — mi voz sonó baja pero espeluznante tanto que el miedo en él se hizo visible pero al mantenerse clavado en el sitio temblando fui más clara — ahora.
 
 
No le hacia falta responder, no podía y eso me asustaba a mi también que era lo que yo podría albergar para asustar a ese asesino consumado. Pero no tenía tiempo para darle más vueltas. Me planté frente a Tyler el reconocimiento recorriendo sus iris, nos separaban unos metros y el silencio se impuso.
 
 
—¡Nitra stignux! — gritó Tyler preparándose.
 
 
Un enorme lobo de fantasmagórico azul pálido y blancas llamas apareció frente a mi enseñando sus colmillos. La energía que desprendía era enorme y supe que por muy fingida que fuese debíamos dar espectáculo.
 
 
—¡Agne Thilia Eromo! — dije colocándome,  preparada para luchar.
 
 
Convoqué un gran halcón que revoloteaba por encima de mi esperando mi orden, Tyler dio un paso hacia delante esperando responder a mi ataque pero en vez de eso solo di media sonrisa antes de que las palabras saliesen.
 
 
—¡Ven a mi Velvet! — dije con mi mano estirada al frente.
 
 
El espléndido látigo de oro se hizo presente, los ojos de Tyler se abrieron como platos y otra media sonrisa asomó mis labios. Corrí a su encuentro blandiendo mi látigo, pero el lobo flameante me cerró el paso de un  zarpazo, el cuál evité.
 
 
—¡Traidora! ¡¿porque?! — me gritó y no por ser mentira dolía menos.
—¡No tengo que darte explicaciones, mi destino me pertenece ahora! — ¡chiita tryar! 
—¡Nosotros contábamos en ti!
—¡¿Ah si?! ¡¿dónde demonios estabais mientras yo moría una y otra vez?! ¡¿Quién de vosotros vino a salvarme?!
 
 
El halcón voló arras del suelo hasta envestir al lobo, derribándolo. Vi mi oportunidad de inmediato y corrí audaz por el terreno ya hecho escombros hasta cruzar armas con Tyler.
 
 
—¡Flamigerante del gran estigia! — una gran columna de fuego se hizo presente antes de que un fiero grifo rugiese de entre las llamas.
 
 
La bestia cargó contra Tyler mandándolo por los aires a varios metros. Di una risa cruel antes de encaminarme a su posición pero algo sucedió entonces.
 
 
—Aprésalos ahora hijo — ordenó aquel traicionero rey.
—De inmediato padre.
—¡No te acerques a mi o te convierto en polvo! — amenacé, lo cual lo hizo dudar pero desapareció tan pronto como surgió.
—Has usado mucho nafilice, ya no eres una amenaza ¡Anaxe paipolum! 
 
 
Unos polvos extraños revolotearon alrededor de mi, unos segundos mas tarde ya sentía entumecido el cuerpo. La visión era borrosa y pronto me derrumbé en el suelo. Fafnir se acercaba cada vez mas a un inconsciente Tyler, traté de arrastrarme con mi consciencia desvaneciéndose y la visión cayendo en penumbras, mi ultimo recuerdo fue de Fafnir agarrando a Tyler diciendo que no era mas que escoria.
 
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Vi caer frente a mi a Nattalie, se había esforzado yo lo hubiese creído de no saber nuestras intenciones. Pero no lo vimos venir, ya lo había dicho Jay en las catacumbas. Nos esperaban, lo sabían no comprendía como pero lo supieron antes que pusiésemos un pie en Nidavellir.
Estaba demasiado exhausto de mi primera batalla contra Fafnir como para oponer resistencia. Me agarró y cargó al hombro mientras su padre cogía con suma gentileza el cuerpo de Nattalie. La ira que rugió en mi no tenia nombre.
 
 
—¡Suéltala maldito enano, como le hagas lo mas mínimo te enseñaré lo que es el verdadero infierno! 
—Grandes palabras para un pobre moribundo ¿no crees? A demás ¿quien te crees que eres? Tú no eres masque un maldito destronado. No me extraña que tu padre te diera la patada chico.
—¡No lo nombres, le odio igual que a todos vosotros de igual manera que odio mi maldito origen!
—¡Vaya, vaya!  ¡te lo advertí pequeño ladronzuelo, aquel anillo sería el principio del fin! 
 
 
Sentí un fuerte golpe en la cabeza y las tinieblas me llevaron poco a poco, mi último pensamiento fue Nattalie. El lejano recuerdo del día que la conocí.
 
 
*Flashback* 
 
Sagrado Valhala, ladera norte del monte Frost, hogar de las Valquirias. 6.000 años antes. 
 
Era muy joven lo que en Midgar se denominaría infancia, mis doscientos años equivaldrían a cinco o seis midgardianos. Vivía en Helheim, el Hades, el más allá, lugar de reposo, infierno elige tú el nombre todos acaban en el mismo punto ¿y que hace alguien tan pequeño en ese lugar? Sencillo es mi reino, príncipe heredero de este nido de huesos y sombras, donde el hedor de la muerte te helaría hasta los huesos. No me enorgullece, odio mi mundo, odio a mi padre y si cabe desearía con todas mis fuerzas no ser más que un alma más aquí abajo, al menos ya estaría muerto.
Mi caótica vida tiene que girar entorno a lo que mi padre ordene y para mi gran desgracia me obliga a hacer su trabajo las suficientes veces como para que los muertos me respeten más a mi que a él.
 
 
—¿Qué te sucede? — me preguntó mi tía .
—Hay veces, en que desearía con todas mis fuerzas salir de este vertedero.
–—No hables así de nuevo o te castigaré!  ¡¿qué diría tú difunta madre?! 
—Quién sabe… ¡a quién le importa después de todo una estúpida muerta más! 
 
 
Su mano voló rauda y cruzó mi cara en un fuerte bofetón, me escocia la mejilla con lo que la acaricié para apaciguar el dolor pero unos casi imperceptibles gemidos me hicieron elevar la vista y clavarla en la mujer delante  de mi.
 
 
—No… no hables así de ella jamás… 
—Tía… — la misma palabra se me clavaba como un puñal cada vez mas hondo en el pecho — yo….
—Déjame sola un rato… por favor… Cerberus.
 
 
Me alejé hasta la puerta pero me giré para un último vistazo sólo para ver cómo se derrumbaba en el suelo y lloraba desconsoladamente por una pérdida que yo mismo había  provocado.
Mi madre la más hermosa de los Vanir se unió en matrimonio con un príncipe Aesir,  mi padre. Pensaron que de ese modo las guerras entre los dos clanes acabarían. Ingenuos. 
Sólo acababan de empezar, poco tiempo después mi padre exigió un heredero y no tuvo que esperar mucho para que yo viniese en camino. Mi madre era feliz, estaba ilusionada con mi llegada según mi tía para ella yo sería la luz que iluminase la eterna oscuridad de Helheim. Pero el alumbramiento se complicó y mientras yo vencí a la muerte mi madre sucumbió a ella. Por lo cual mi padre me culpa y odia, para variar mi criadora, mi tía tampoco puede mirarme a los ojos sin llorar. No fui la luz, fui la oscuridad que devoró la poca luz que había.
Mientras me sumergía en mis pensamientos, no noté los pasos que se iban acercando, ni siquiera lo vi venir hasta que colocó su mano derecha en mi hombro.
—Te estaba buscando, niño.
—¿Padre? — dije confuso.
—¿Quién si no, estúpido? ¡Ahora escúchame bien vamos a visitar Valhala, porque  mi padre quiere verte pero más te vale no dejarme en vergüenza! ¡tu vida depende de ello! ¡¿me oyes?!  
 
 
Asentí una sola vez y se alejó sin mirarme nuevamente, con el corazón vacío volví a vagar sin rumbo fijo por aquel paraje espectral  y nubloso, aquel paisaje retorcido describía bien como me sentía por dentro, muerto.
Unas horas más tarde llegamos al lugar que mi padre había mencionado, mis ojos hechizados por aquella hermosa visión no paraban de deleitarse. Hierva verde y fresca, un cielo cubierto de estrellas, flores hasta donde alcanzaba la vista, un hermoso castillo de cristal que relucía con destellos de colores, hermosas canciones eran entonadas con gran empeño y sentimiento. 
Estaba vivo, aquel lugar respiraba y era increíble, mi padre me apretó la mano en el cuello y me empujó con disimulo hacia delante. Nos adentramos en el castillo y un maravilloso olor me atravesó. Me asombré sobremanera al observar el entorno de aquel bello lugar, lámparas de araña de cristal iluminados como estrellas por las brillantes velas, columnas y techos incrustados en piedras preciosas, oro y plata.
Suelos de reluciente cristal, risas y sonrisas hasta donde me alcanzaba la vista, pero la más hermosa de las visiones estaba en el lugar al que mi padre me guiaba, el gran salón donde me encontré con lo que creí, era un ángel.
 
 
—Hola pequeño, estaba muy ansiosa por conocerte — miró entonces a mi padre — Hoodum.
 
 
La mujer era hermosa y tenia un aura de ternura que imaginé como maternal, algo, que yo jamás tendría. Su sonrisa iba dirigida para mi, era la primera que había recibido en todos mis años de vida.
 
 
—Hola a ti también Lunafreya — contestó mi padre — este es mi hijo, Cerberus — su gesto era de asco hacia mi, como si decir aquellas palabras le quemase la lengua.
—Lo deduje nada mas verlo, es la viva imagen de Gwendolyn. Pero ya hablaremos de eso, seguro que el pequeño tiene hambre.
Me tendió su mano con una cálida sonrisa en el rostro, la cual acepté encantado, su delicada mano no tiraba de mi, no me lastimaba, sentí entonces ganas de llorar al entender lo que debería poder tener y no tenía.
 
 
—No debes preocuparte, yo estoy contigo.
 
 
Cálidas lágrimas se desbordaron por mis ojos, los sentimientos enterrados y la frustración acumuladas comenzaron a brotar desde lo mas profundo de mi alma. La mujer amablemente se paró y se agachó para estar a mi misma altura.
 
 
—¿Porque lloras pequeño? — su voz sonó suave lo que hizo romperse por completo mi coraza.
—Nunca antes nadie me habían tratado así señorita... — dije llorando como nunca antes en mi joven vida.
—¿Nadie antes te trató con cariño? — sus preciosos ojos se agrandaron como nunca antes lo había visto.
—Nunca... mi madre no está y padre me odia... y mi tía llora siempre...
—Inconcebible — dijo tajante — vamos, Cerberus hay alguien a quién debes conocer sin falta.
—¿A quién? — dije sin comprender aceptando la mano que me ofreció.
—Tú nueva luz — dijo con una sonrisa brillante.
 
 
Caminamos entre la gente que entraba y salía del palacio, el bullicio cada vez era mas estruendoso pero todo aquello me producía expectación y un calor en el pecho que no sabría describir. Pasamos un gran arco. Y una fuerte luz se hizo presente, una vez en la sala ella susurró en mi oído.
 
 
—Hoy celebramos, así que bienvenido al salón de actos.
 
 
Miré con gran entusiasmo aquel espacioso lugar, destacaba una enorme mesa llena de todo tipo de deliciosa comida humeante. Muchísimas personas de todo tipo revoloteaban felices de aquí para ya, dando saludos y risas a todo pulmón.
Lunafreya me dejó asimilar unos minutos mas aquella imagen antes de darme un suave toque en el hombro y seguimos caminando hasta llegar al lado de un hombre enorme y musculoso, de aspecto fiero y solo un ojo porque donde debía estar el otro tenia un parche, me estremecí y comencé a temblar lo que me llevó de inmediato a esconderme detrás de la cálida mujer.
 
 
—¡De que te escondes muchacho, se un hombre y da un paso al frente! — rió aquel hombre que me producía escalofríos con voz cantarina.
—Papá — le regañó en voz baja Lunafreya — le estás asustando.
—Mi nieto no es un cobarde — me miró de nuevo esbozando una sonrisa — ¿verdad hijo? 
—¿Tu eres mi abuelo? — pregunté en un susurro.
—Así es, así que ven aquí muchacho deja que te vea.
 
 
Hice lo que demandaba y me moví hasta quedar frente a el. Me miró con orgullo, algo que nunca había conocido y lo que me trajo de nuevo más lágrimas de sufrimiento. Mi padre quién debía amarme, me odiaba y saberme amado por personas que hasta hoy desconocía fueran mi familia me habían aceptado. 
 
 
— ¿Que le ocurre al chico? — preguntó con seriedad mi abuelo.
—Papá debemos hablar — su voz era tan seria como la de él, me miró antes de hablar de nuevo mientras soltaba un suspiro cansado — Cielo, crees que puedas ir a dar una pequeño vistazo alrededor, come lo que quieras hasta que te llamemos, los mayores debemos tratar un asunto importante.
 
 
No lo entendía, pero sus ojos eran una súplica silenciosa asi que no me quedó mas remedio que aceptar con obediencia después de todo había hecho por mi más que nadie en mi corta vida. Asentí con timidez y me di la vuelta para encaminarme por la sala, observando y escuchando retazos de conversaciones ajenas mientras iba de aquí para ya cogiendo trozos de comida, que era lo mejor que había probado probablemente nunca.
 
 
—Si he escuchando que es la más hermosa de todas en Valhala — escuché decir a un hombre espaldas a mi, y Lunafreya vino a mi mente tras su descripción.
—Dicen que es la viva imagen de su padre — los comparé en mi imaginación pero no encontré rastro de los rasgos de los que hablaban ¿me habría equivocado? 
—También dicen que es el orgullo del gran Odín. 
—Sólo es un bebé todavía — se rieron.
 
 
Hablaban de un bebé, pero no lo entendía, si no hablaban de Lunafreya ¿de quién? Porque de todas las mujeres que había visto ninguna podía ser mas bella que ella.
Decidí alejarme de aquella confusa conversación y seguir mi camino, agarré un muslo de jugoso pollo y enfilé hacia delante. Después de un par de mordiscos mientras andaba distraído tuve la mala suerte de chocar con alguien, caí de espaldas al suelo y mi comida rodó lejos de mi alcance.
 
 
 
—¿Estas bien chico? — un hombre de grandes ojos verdes me miraban con ¿preocupación?
—Si, señor — dije con recelo.
—Ven te ayudaré a ponerte en pie — me tendió su mano y como prometió me puso en pie — ¿Estas solo?  — negué con la cabeza — ¿donde están tus padres? 
 
 
Me encogí de hombros y su ceño se frunció en desaprobación incluso yo conocía ese tipo de expresión a la cual estaba ya acostumbrado y que hizo que inconscientemente me encogiera nuevamente pero esta vez por un motivo totalmente distinto.
 
 
—¿Me tienes miedo muchacho? — preguntó con calma.
—No señor... — cerré los ojos con rapidez cuándo su mano se acercó a mi.
—Entonces no te encojas, jamás te pondría una mano encima, ahora dime que haces aquí.
 
 
Dudé un segundo pero le respondí con total honestidad algo en estas personas me hacia poder abrirme con suma facilidad .
 
 
—Vine hasta aquí con una mujer hermosa — levanté mi vista y cuando la localice la señalé — con ella — el hombre sorprendido siguió mi dedo hasta que volvió rápidamente su mirada a mi.
—¿Tu eres Cerberus? — preguntó con alegre sorpresa.
—¿Si? — pregunté asustado de nuevo — ¿y usted quién es? 
—¿Yo? Soy tu tío, bueno político pero si, ella — dijo señalando esta vez él a Lunafreya — es mi esposa y estábamos deseando conocerte, jovencito.
 
 
No daba crédito a lo que oía nunca nadie antes se alegró de mi presencia. Toda mi vida me habían mirado con asco, desprecio, miedo... asesino me llamaban las animas. Inútil, fracasado me llamaba mi padre... con lástima me miraba mi tía. Jamás sentí aprecio, jamás pertenecí algún lugar. Siempre permanecí en las sombras y ahora que podía rozar la luz no quería regresar.
 
 
 
—Ven, muchacho. Estoy seguro que hay dos hombres que también se alegrarán de verte.
 
 
Tomó mi mano en la suya con la misma sencillez que Lunafreya y mi corazón latió con fuerza queriendo salir  ¿Porque todos ellos si reconocían mi existencia y la aprobaban? Caminamos hasta llegar a un balcón acristalado donde tres hombres reían, bueno dos de ellos sí. Mi padre solo se limitaba a instalar una atmosfera pesada y hostil.
 
 
—¿Mirad a quien me he encontrado? — dijo alegremente.
—¿Cerberus? — dijo un hombre inmenso de pelo rubio.
—Vaya cuanto a crecido — dijo un moreno — ven aquí enano.
 
 
 
El hombre igual de imponente y moreno me estrechó entre sus brazos cálidos riendo en mi oído, diciendo cuanto se alegraba de verme y que hacia tiempo que estaba deseoso conocerme. El siguiente en abrazarme fue el rubio y una vez más lloré. Incluso con el gesto de reproche en el rostro de mi padre que me rompía una vez mas mi corazón no pude detenerlas y siguieron fluyendo y fluyendo hasta que el hombre me miró y habló.
 
 
 
—No llores más, es un día feliz, estas aquí, pequeño — su sonrisa me hizo dar una media sonrisa mientras secaba con el dorso de mi pequeña mano el rastro de lágrimas.
—Eso es nada de llorar, hoy es un día para celebrar ¿de acuerdo? — dijo el moreno, asentí con una sonrisa sincera.
—Dejad de hacerle caso al mocoso, no es más que escoria, es un fracasado y si seguís así, se convertirá en algo peor.
 
 
Mi padre una vez más escupió su veneno sobre mí lo que me hizo cohibirme, nunca había entendido porque me golpeaba tanto y de tantas maneras. Yo solo buscaba una palabra de aprobación pero nunca la obtenía no importaba cuanto me esforzase o como de bien hiciese mi mandato. Nunca sería suficiente.
 
 
—¡Ya basta Cerberus! — rugió la voz de Lunafreya a mi rescate — ven aquí pequeño es hora de anunciar algo importante a todos, y en cuanto a vosotros tres, dentro padre os espera — el hombre que era su esposo y ella se dieron una mirada cómplice.
 
 
Lunafreya agarró con suavidad mi mano y me llevó dentro, de nuevo a la presencia de mi "abuelo" el cual también me abrazó como antes no lo hizo. Y su mirada reflejaba esperanza, miro rápidamente a su hija, mi protectora quien asintió con una sonrisa y llamó a una mujer mas joven y que le pidió que trajese "al bebé" .
Todos esperamos expectantes, minutos después reapareció la misma mujer con la criatura en brazos, todos tenían razón era más bella que Lunafreya. Era tan pequeña y frágil, pero sus grandes ojos azules eran tiernos e inocentes. La doncella la colocó en los brazos de Lunafreya.
 
 
—Como todos sabréis estamos aquí para celebrar el nacimiento de la nueva princesa de Valhala, mi hija, Nébula — calló un instante dándome un rápido vistazo antes de volver hablar — pero eso no es lo único que celebramos, el príncipe de Helheim, mi sobrino esta presente también esta noche y es para mi un privilegio anunciar lo siguiente, el gran Odín, mi padre a decidido unir a estos dos príncipes en sagrada unión en el futuro por lo cuál el joven Cerberus será tratado y vivirá aquí con nosotros como otro hijo más del gran Odín.
 
 
Toda la sala estalló en aplausos y palabras de felicidad, yo por mi parte estaba en blanco ¿había conseguido mi libertad? Pero si ya no podía vivir en las tinieblas ¿que me deparaba el futuro? Mientras le daba vueltas a mi cabeza Lunafreya colocó a la bebé en mis brazos.
 
 
—Ella algún día será tu esposa, espero que la ames y cuides ¿puedo confiar en ti?
 
 
Miré a la tierna criatura que sostenía en mis brazos, y supe entonces que nunca la dejaría caer, algo en ella ponía en calma absoluta mi intranquilo corazón, entendí que mientras la tuviese a ella no debía temer el porvenir.
 
 
*fin de Flashback*
 
 
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Me desperté en la misma habitación donde nos habíamos cambiado Layla y yo, observé mi alrededor y la encontré en el suelo maniatada e inconsciente. Traté de ponerme en pie pero cadenas me lo impidieron, Layla no era la única que estaba atada. Pero donde ella llevaba solo girones de tejido yo estaba encadenada de pies y manos a la cama.
Grité y me revolví con gran impotencia, la puerta se abrió de golpe y callé súbitamente era Hreidmar y la mirada de odio que salió de mi no pudo ser contenida.
 
 
—Me alegro de que hayáis despertado.
—¡Y tú desearas estar muerto en cuánto me libere! 
—No creo que eso suceda, juego con mis reglas y siempre gano y vos, no sois la excepción querida.
—¡Vete a la mierda, maldito enano! — volví a revolverme pero un dolor agudo en mis muñecas me hizo gruñir y detenerme .
—Vamos sed mas inteligente, por la fuerza no llegareis a ningún lado, sin embargo... — dejó la palabra en el aire antes de continuar — si seguís mis exigencias tal vez podamos llegar a un acuerdo o claro esta, podéis seguir luchando y vuestros amigos sufrirán el castigo en consecuencia 
—¿Mis amigos? ¡¿Que les has echo maldito cabron?! 
—Creo que tendremos que corregir ese sucio lenguaje midgardiano, querida. Pero seré piadoso y os contestaré, están encerrados en las mazmorras y tu puedes ser su salvación o su sentencia vos elegís.
—¿Su salvación? ¿Como?
—Convertiros en mi concubina.
 
 
Mis ojos se abrieron como platos atónita antes sus "exigencias" debía estar loco de remate para plantearme esto. La Propuesta de aquel hombre casi parecía rozar la locura en su máximo apogeo. Lo había subestimado y ahora veía las súbitas consecuencias. Consiguió lo que quería desde el principio nos enfrentó, nos dividió y finalmente nos había sometido. Pero me negaba en redondo aceptar la situación.
 
 
— ¿Me propones ser un pájaro en una jaula de oro?
— Exactamente, si te comportas liberaré a tus amigos.
 
 

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