Epílogo

Averno (YAOI)

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El camino de graba gris desordenada no era mas que uno de muchos obstáculos que Hans tenía que superar para poder avanzar por el cementerio de la ciudad, si no fuera por el agente Andrew que lo acompañaba apenas habría podido pasar la puerta metálica y lúgubre de la entrada. El silencio pesaba como nunca, era un efecto que los cementerios tenían, especialmente cuando pasabas junto a las tumbas frías y descuidadas de los muertos olvidados por sus familiares.
-Bueno... debería estar por aquí.- Andrew miraba el papel que le habían pasado con la ubicación de la tumba hasta que al final detuvo la silla de ruedas frente a una zona relativamente nueva del cementerio, se acuclilló y leyó la inscripción reciente de una de las lápidas.- Aquí la tenemos... Estoy seguro que tanto tu mujer como tu hija estarían felices de que hayas movido cielo y tierra para recuperarlas.
-Gracias por acompañarme Andrew...- miró la lápida con pesar.
-No hay de que, sin tu ayuda no habríamos resuelto el caso.- Miró al cielo relajado y tomó aire.
-Tarde o temprano lo habríais hecho.- Suspiró algo más animado, tampoco iba a hundirse frente a su familia, ya había llorado bastante por ellas.
-No tiene nada que ver la versión de las frías pruebas recopiladas en una investigación que la de alguien que ha estado viviendo en ese infierno.- Sacó un cigarro y le ofreció otro que Hans aceptó.- Aunque es una pena que nadie haya ido a la cárcel por ello... El caso de Edgar Mcdawell terminó como conflicto entre bandas por el robo del cuerpo de su hijo, no te imaginas la de maldiciones que se soltaron en la central cuando nos dijeron que estaba muerto, lo teníamos como principal sospechoso.- Se rió amargamente y revolvió la grava con el pie.- Al final todo esto ha quedado como una oscura mancha en la historia de la ciudad que tardará demasiado en borrarse... seguramente cuando todos estemos muertos seguirán recordándolo.- dio una profunda calada al cigarro mordiendo el filtro con molestia.
-Es lo que hay, todos tendremos que cargar con ello.
-Si... por cierto, aún no me cuentas por qué decidiste esperar para contarlo todo.- Lo miró curioso.
-Asuntos personales, nada importante pero por muchas veces que me lo preguntes no te lo diré.- sonrió de medio lado.
-Tsk... algún día te lo sacaré.- Miró su paquete de cigarros viendo que no le quedaban.- Voy a comprar tabaco, ahora vuelvo.- Se alejó caminando tranquilamente para salir del cementerio a una de las tiendas cercanas.
Hans miró la tumba familiar en silencio y sonrió débilmente.
-Aún no puedo ir con vosotras...
Revolvió en sus bolsillos ahora que tenía un momento a solas y sacó una carta ligeramente arrugada por los bordes y doblada proveniente de algún punto de Asia que no localizaba, sabía perfectamente la clase de contenido que tendría, tanto Dan, Dorian y Cóndor le escribían de vez en cuando para contar sus andanzas y como iban las cosas al mismo tiempo que Hans les ponía al día de los acontecimientos para saber cuando podrían volver al país. Hans adoraba recibir sus cartas, eran las únicas personas del mundo que lo comprendían y se habían convertido en buenos amigos a pesar de no verlos más que en fotografías... Aunque tampoco importaba. Suspiró en solitario sumergido en sus pensamientos.
Aún le costaba creer la clase de relación que había entre ellos, lo comprendía, sinceramente los admiraba y casi envidiaba aquella armonía que habían logrado. Podía verse el amor y respeto que había en sus miradas y también se veía claramente que era algo profundo y verdadero.
Leyó la carta donde esta vez Dorian relataba como Dan se había caído sin querer dentro de un pozo sagrado y los habían echado a patadas del lugar, adjuntando una fotografía disimulada de Cóndor dándole un sermón a Dan mientras le secaba el pelo con una toalla. Hans soltó una risa al ver la imagen y guardó la carta de nuevo en el bolsillo al escuchar los pasos seguros de Andrew acercarse. No tenía pensado revelar la existencia de aquellos tres ni bajo tortura.
-El tabaco de esta zona de la ciudad es carísimo... ¿Nos vamos ya?- Lo miró mientras guardaba el paquete en su abrigo.
-Claro.- Hans giró la silla de ruedas por su cuenta mientras Andrew se colocaba detrás para empujarla.-- Y a partir de ahora creo que necesitaré tu ayuda para venir hasta aquí.
-No hay problema, no me importa y tampoco somos precisamente desconocidos, ¿no crees vecino?- Aumentó ligeramente la velocidad.
-Aún no me he mudado así que técnicamente no lo soy.- Hans se rió mientras salían del cementerio, le habían puesto en esa casa totalmente a propósito por si acaso y para tenerlo vigilado, aunque para Hans solo significó una casa gratis.
Los días pasaron y con ellos las semanas y meses, la gente dejó de hablar del asunto gradualmente y la vida normal regresó a la ciudad... aunque la sombra de aquella catástrofe continuaba con todos sus habitantes...Mientras que en el otro lado del mundo tres hombres disfrutaban del tiempo juntos, viviendo mil experiencias diferentes sin desperdiciar ningún segundo de sus largas o no tan extensas vidas...
Hasta que un día...
 
''ALARIDOS DEL PASADO'' SECUELA
 

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