III

Memorias Caídas

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En el debate todos éramos iguales por lo que nadie mostraba sus alas. Era algo sumamente racional. Fuimos a presenciar el hecho en la parte más baja de las gradas. 
-Los humanos están desorientados. No pueden permitirse el libre albedrío, no son capaces de entender la vida y pretenden que puedan manejar decisiones tan complejas como el tomar la vida de otra criatura por "supervivencia". Todo se está descontrolando. -un ángel de dulce voz y rostro de preocupación manifestó su pensamiento. -Hay que parar esto y tomar el control como lo hicieron nuestros ancestros. 
-Nuestros ancestros con suerte entendían al hombre y a la mujer. Pretender tomar las decisiones de otros te hace más poderoso. Si todos somos criaturas libres e iguales, ¿por qué manejarlos como marionetas buscando "lo mejor"? No somos sus padres, mucho menos su raza. -Respondió otro de su misma clase.
-¡Pero para eso nos han creado! Dejar el libre albedrío es darle la espalda a Evren. ¿Están usando sus cabezas para pensar lo que dicen? El dejar de hacer nuestro trabajo, nuestro propósito es acabar con nuestra especie. Los humanos fueron a la guerra hace un siglo por nuestra falta de interés. 
-¿Interés? ¿qué sabe un ángel como tú de interés? -le recriminó un demonio. -Ustedes nos envían a limpiar sus desastres debido a su mierdoso desinterés y apatía. Los penitentes son la prueba más certera de ello. No comprenden los sentimientos humanos, no saben lo que es ser obligado hacer algo sin opción. ¿Creen que es fácil matar a uno porque es su turno? ¿Alguien sabe dónde está La Muerte? Estamos hartos de considerarlos como los más superiores. Si hablas de igualdad, entonces córtate las alas y come carne. 
-Los tiempos han cambiado, es clave mantenernos unidos y llegar a un acuerdo. Nadie quiere la guerra. Esto no es algo que beneficie a ningún ser vivo. Los Penitentes nos han dejado una mala memoria de que la guerra no es la opción correcta. Por favor, ¿qué sugieren que hagamos con respecto a los humanos que pecan sin nuestro control? 
-La Muerte. Evren la ha mencionado desde siempre y jamás se ha presentado. Si alguno de ustedes llega a ser la criatura responsable de dicha tarea, hágase cargo y termine con esto de una maldita vez. 
-La Parca no es la solución. La muerte no es lo que buscamos.
-¿Sugieres que los encerremos? ¿eso dónde sería? Los pecadores van al Inframundo a sufrir. La Parca es el único conducto que regula el paso ¿No es la solución? Nosotros no somos capaces de percibir el bien del mal ni mucho menos saber cuando es el momento de alguien. Jugamos a ser Evren más de una vez. Nos saldrá caro.
-Propongo revivir a los inocentes. -habló un ángel.
-Eso va en contra de todas las reglas que se nos han impuesto. Sigues con esa estúpida idea luego del desastre de los penitentes. Te salvaron el cuello y sigues en la misma idea. No sé como es que no estás maldito. 
-¿Desde cuando les importan las reglas? -le respondió. -Si ese fuera el caso no estaríamos aquí y continuaríamos llevando por el "buen camino" a los humanos sin importar si somos ángeles o demonios.
El debate continuó por dos horas más. Estaba alucinada con la cantidad de personas que había de mi especie, pero nadie era como yo. Eso me entristecía.
Fui a una zona donde había varios demonios hablando. 
-Disculpen... -pregunté.
-¿Qué hace una niña en medio de un lugar como este? Ve con tu madre. -Dijo el demonio con un dulce tono. Lo miré con los ojos vacíos. -no tienes... 
-No. Necesito que me ayudes a encontrarla, por favor. -Había logrado que alguien me escuchara. 
-Bien, acompáñame. -me guió hasta un grupo mezclado de ambas razas. -Eleonor... -dijo el joven con los ojos repletos de afecto hacia ella. 
-Alvar ¿qué ocurre? -dijo el ángel preocupada. 
-Ella necesita ayuda. Dice no encontrar a su madre. -Se hizo a un lado para que Eleonor lograra verme. 
-¿Cómo te llamas? -se me acercó con un aura de paz. Me causaba seguridad. 
-Scarlet. 
-Que bonito nombre... -corrió el cabello de mi cara. -Bien Scarlet, dime ¿qué recuerdas de ella? 
-Nada. Con suerte sé mi nombre. 
-De acuerdo. Mi habilidad es la mente, puedo ver en la tuya. Si me dejas entrar quizá logre encontrar una pista y así lograremos saber donde está tu familia. ¿me das permiso? -asentí.
Nunca supe cuánto logró ver en mi cabeza, pero las lágrimas le caían sin parar. No soportó más y retrocedió. Alvar la sostuvo en sus brazos. 
-¿La encontraste? 
-No...
-No te preocupes, ya estoy acostumbrada a este tipo de cosas. Gracias por intentarlo. -le di una sonrisa amistosa en señal de agradecimiento y me marché. 
-¿Qué viste eli? 
-Esa niña... Alvar, debes abstenerte en la votación. 
El debate se cerró y las votaciones iniciaron. Quinientos participantes fueron responsables de tomar una de las decisiones más importantes de la historia. El juez habló:
-Verde para la guerra en favor al libre albedrío, azul para abstenciones y rojo para la guía según nuestros ancestros. 
Los votos alcanzaron un número par en cuestión de segundos.
Cincuenta abstenciones, doscientos veinticinco azules y rojos. Se requiere de un voto para decidir.                                                                                                                                                                                      Fue la votación más idiota que habré presenciado. Era muy obvio que habría guerra incluso con un debate. Las partes era iguales. Los abstenidos serían obligados a tomar partido por un bando u otro con tal de sobrevivir. Estaba por presenciar lo que mi raza era capaz de hacer. Vería quien era el verdadero monstruo de la historia. 
-¡Antes de continuar! Por favor escuchen -el público se silenció de manera armoniosa -, antes de continuar con esto deseo aclarar que mi hermana se llevará el Libro de los Lamentos lejos de todo. No es bueno para ninguna criatura que lo abra. Esta cosa causó el desastre de los Penitentes. No debe ser abierto por nadie. Ella es la indicada para portarlo hasta un lugar seguro. -esas eran simples excusas para mantener a su hermana lejos de una posible guerra que afectaría a todos. -Ya hemos visto que no somos capaces de controlar su poder por ningún camino. Si hay guerra o no, esto no debe ser usado nunca más. 
-Los que estén a favor levanten la mano. Por una unanimidad el libro será trasportado a un lugar seguro del que ninguno de nosotros será conocedor. 
-Ahora quiero decir algo más. Acabo de encontrar a quien puede sacarnos de esta situación. He hallado a La Parca. 
-¡Blasfemias! Te burlas de Evren. 
-Jamás osaría burlarme de Evren. ¡Es cierto! Está con los malditos. -me buscaba entre lo más bajo de las gradas. -Scarlet, da un paso al frente por favor. -me vio. Jacarta me alentó a avanzar, pero me negué. Al final nadie la escuchó. Las mediaciones de dos bandos compuestos de ambas razas llevó dos años más hasta el primer ataque en los cuales me mantuve entrenando ya que no deseaba morir a manos de nadie y menos sin saber defenderme. Se me daba bien aprender ese tipo de cosas. Utilizaba mi daga y esta se volvió parte de mí. No abría mis alas para volar ni mucho menos usaba mis poderes para hacer daño. Tenía impuesto en mi mente solo atacar si me atacan.   
Leviatán se divertía copiando habilidades y asimilando rostros, tanto que pareció desinteresarse completamente de mí. Estaba perdiendo su centro, ya no era ese dulce niño que vino en mi ayuda... estaba cambiado. Eso me resultó a favor aunque no para los muertos en el primer ataque. Con tal de dar un sí a la guerra llamaron a los malditos y los hicieron participar con la idea de que perderían sus cadenas si luchaban a favor. 
-¿Qué decidirás Jacarta? -me vendaba el puño. 
-Iré a donde vayas. 
-Debes ir con Leviatán, él es tu hermano menor. 
-Leviatán puede cuidarse solo. Es fuerte y muy astuta. 
-Entonces no confías en que puedo cuidarme sola. 
-Confío en que puedes hacer más de lo que pareces ser. He visto tus alas, tus ojos, no eres como ninguno de nosotros aquí. Y eres muy astuta al ocultarlo. Pero eres un desastre para colocarte vendas en los puños y ponerte un traje de batalla. 
-¿Sabes que te quiero verdad? Si algo les pasara a ti o a Levi, no sé que es lo que haría. 
-Estaremos bien.  
Ese mismo año, en pleno verano se dijo que sí a la guerra por circunstancias casuales de la vida. El desacuerdo entre ángeles y demonios por la guía de los humanos fue un desastre, una blasfemia a toda racionalidad. Luego de los Penitentes se les había prohibido regresar a la Tierra, pero las negociaciones al tener como tema principal a los humanos, se llevaron a cabo en su territorio. Una patética excusa para no ensuciar su propia casa. Lo bueno era que los malditos conocían el territorio como si fueran la palma de su mano. 
-Se suponía que no accedí a pelear en ningún momento... ¿qué demonios hago aquí? 
-Te invade la alegría de estar con tu gente. No quieres estar sola ¿lo olvidas? -me negué a responder el comentario de un ángel. Estaba en el mismo batallón que Alvar y Eleonor. Se la pasaban mirándome con precaución.  
Nuestros generales defendían el ideal a muerte... que perra. Si me hubiera percatado de lo que hice, quizá nada de esto hubiera pasado. 
Avanzábamos con gran ímpetu, éramos piadosos con quienes suplicaban por su vida. Les dábamos la opción de rendirse y volver a casa o morir. La mayoría regresaba a casa. Hasta el momento era la única niña de once años que participaba de un batallón de guerra, además les causaba intriga la cantidad de veces que había sobrevivido. Me nombraron capitana bajo las órdenes del demonio Daniel. Era un buen tipo que había perdido a su hermano la noche anterior. Me nombraron capitana por si él no podía seguir en el cargo. La presión era mucha. Jacarta se encargaba de extirpar las municiones de los cuerpos tanto de los rendidos como de los nuestros. 
Estábamos cerca de la costa cuando pasó. La vi caer al suelo. Un ataque sorpresa. 
Leviatán había disparado bolas de fuego hacia nosotros. Jacarta estaba agonizando, le había atravesado el estómago y su pierna había sido arrancada. Todo era un caos a nuestro alrededor, médicos iban y venían, otros atacaban y se defendían. No serviría de nada intentar sanarla... era su hora. Y yo no podía hacer nada para evitarlo. 
-Una vez vi dos cadenas en tu cuerpo... son dos plegarias. -las olas chocaron contra la costa. Ese lugar, nuestro antiguo hogar sería su tumba. 
-Me haré cargo de Levi... haré que su mente sane. -creí que eso querría. Que no culparía a su hermano de tal situación como siempre lo hizo.
-Él ya no es mi hermano...  dijo con los ojos repletos de lágrimas. -hace mucho tiempo dejó de serlo. Si no lo matas, te maldigo. Y así serán tres cadenas, tres plegarias lanzadas al viento. -Su voz resonó junto al golpe del agua en las rocas. -Ella sonreía, no quería olvidarla jamás, no quería. Había sangre en la húmeda arena.  El cielo estaba despejado, tomé mi daga y la clavé en el suelo casi por instinto. Un círculo de runas se marcó alrededor de ella y luces azules, rojas, blancas se elevaron al compás de la suya. La batalla se detuvo por un momento, nadie entendía que pasaba. Me observaron con asombro pues Eleonor no se había equivocado. Estaba furiosa y si no mataba a Leviatán no lograría dormir con la mente en paz. 
-¿Por qué lo hiciste?
-¿Hice qué? -sus facciones cambiaban a las de su hermana mayor, la imitaba. Estaba en el cielo volando, sería imposible para mí el acercarme. No quedaban opciones... debía comenzar a hablar de más. 
 

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