Entomofobia

Géneros: Misterio, Terror, Tutoriales y autoayuda

Un hombre, alterado y psicótico, es interrogado en la comisaría. La noche queda sombría y lluviosa, al son de la historia que Rasim tiene que contar...

PRÓLOGO

Entomofobia

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—No lo sé, de verdad que no lo sé —exclamó angustiado con un golpe casi involuntario sobre la mesa.
 
La sala era inquietante, fría, tenebrosa… Estaba únicamente adornada con una sucia y grisácea mesa que le separaba de aquellos dos individuos. Pero, aun teniéndolos enfrente, no pudo más que ver un par de oscuras siluetas mal alumbradas por la cegadora luz de la balanceante lámpara, al compás del viento. El ambiente era frío y tétrico, acorde a como lucía aquella oscura noche, pero, debido a su amenazador silencio, también era dispar a las fuertes lluvias que golpeaban, sin cese alguno, las lejanas ventanas más allá de la habitación.
 
Las siluetas se miraron algo disconformes, la sombra alta y robusta se llevó la mano a la revuelta y áspera barba que crujió chirriante en cuanto fue sutilmente acariciada. El otro individuo, algo más bajo y delgado, se puso ambas manos en la cintura a la vez que tragaba saliva con una palpable preocupación.
 
—Escúchame… —trató de calmarle el policía delgaducho.
 
—Me duele la cabeza —le interrumpió el interrogado, llevándose la mano a la sien mientras se deslizaba por la congelada silla.
 
—Está bien —Alzó el policía una mano mientras volvía a mirar a su robusto compañero—, te traeremos un vaso de agua. —Le hizo un gesto con la cabeza para que fuese a buscarlo cuanto antes.
 
El policía gordo gruñó sin mucha convicción y salió inmediatamente de la habitación.
 
—Escúchame, Rasim —repitió el primero con una voz apaciguadora mientras se apoyaba en la fría mesa, aun evitando intimidar al interrogado—, tienes que hacer memoria, hazlo por tu mujer…
 
—No puedo —volvió a interrumpirle con los ojos llorosos—, de verdad que no sé cómo llegué al lago, y tampoco sé dónde está Mila. —Rompió finalmente a llorar sobre sus propias manos.
 
El policía dio un largo suspiro que denotaba compasión. Finalmente, retornó a la postura de las manos a la cadera y esperó a que su compañero trajese el vaso de agua.
 
Una vez se hubo todo calmado, ambos policías tomaron asiento frente a Rasim e insistieron una vez más, pero no le presionaron con el porqué de su despertar en el lago, sino que le sugirieron que empezase por la mañana donde comenzó todo, es decir, hacía doce larguísimas horas.
 
Obviamente, al igual que cualquier testimonio improvisado bajo un pavor consecuente de una mala experiencia no muy lejana, Rasim cometió todo tipo de errores a la hora de expresarse, repeticiones absurdas, silencios incómodos, una abismal falta de detalles y continuas trabadas ahogadas en lágrimas que hacían de la historia un suplicio aún mayor. Por lo que, sin contradecir ningún punto del testimonio, reflejaré aquí la horripilante historia de Rasim bajo su punto de vista, recreando cada escalofrío que le recorrió la espalda en aquella terrible estancia, y, sobre todo, en aquella interminable noche…
 

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