Capítulo 13 ; Sombra de muerte

Cuentos de Media luna

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Palacio de Hreidmar, llegada del alba pasadizo secreto.
 
 
El frío penetrante en aquel lugar helaría a cualquiera y sin embargo ese no era el motivo de que mi pelo estuviese de punta o que mi piel estuviese erizada o mi pulso disparado al borde de un ataque cardíaco.
Sentía una opresión siniestra, hasta ahora no había sentido un nafilice tan pesado y no tenía nada que ver con el rango, era más una cuestión de intenciones y este en cuestión llevaba la sombra de la muerte.
 
 
—Natt, respira — me dijo Layla con el miedo dibujado en el rostro.
 
 
Ella lo sabía ¿qué lo sabia? a quien trataba de engañar, claro que lo sabía, probablemente tenia pleno conocimiento de ello, mientras yo sólo daba una pequeña pincelada en la superficie. En ocasiones como esta odiaba mis lagunas, siempre iba un paso por detrás. 
 
 
—Con calma, respira — volvió a decir al ver que mi ritmo cardíaco aumentaba en vez de disminuir — te lo prometo estas a salvo.
—No puedo… respirar — dije a duras penas,  mientras hiperventilaba.
—Creo que todo esto es demasiado para ti, todavía no estas preparada — colocó una mano en mi hombro.
—¡Estoy harta de que todos me digáis lo mismo! — aparté su mano con brusquedad.
 
Un pinchazo me atravesó como un trueno, un fuerte dolor de cabeza me nubló la vista, mi consciencia se desvanecía mientras daba chillidos de dolor y maldecía con todas mis fuerzas sosteniendo con ambas manos mi confusa y dolorida cabeza.
 
 
 
*Flashback*
 
Cuando abrí los ojos todo estaba en calma, pero mi paz no duró demasiado, en un abrir y cerrar de ojos aparecí en un lugar diferente, un lugar que yo ya había visto, el palacio de cristal donde se crío Nébula.
Con la gran diferencia que ahora ardía en llamas, se oían gritos por todos lados, llantos profundos y lastimeros. Había cadáveres inertes tendidos por el suelo. Me tapé la boca con ambas manos al borde de las lágrimas ¿Quién había hecho esto? Recordaba la primera vez que estuve en ese lugar, el padre cariñoso y la niña llena de vida,  <<padre>> pensé reaccionando, me interné en el castillo tan rápido como pude.
La primera imagen que recibí hizo que mis ojos se abrieran de par en par, todo el lugar estaba lleno de caballeros oscuros, luchando contra los valientes guerreros del sagrado  Valhala.
 
 
—¡Ven a por mi espectro! ¡Alphahatum! — gritó un guerrero.
 
 
Una llama de color blanco plata voló hasta el encapuchado más no le afectó y arremetió contra su adversario con su guadaña en mano.
 
 
—Un perro como tú debería agradecer que vaya a devorado.
 
 
El caballero oscuro le clavó su arma en pleno pecho más seguía con vida cuando este comenzó a absorberle la vida. Gritaba de dolor.
 
 
—¡Maldito, jamás lograrás apagar mi voluntad! ¡¿Princesa, por que nos habéis traicionado?!
 
 
Un surco de lágrimas descendieron con rapidez por mi impactado rostro mientras aquel hombre agonizaba mientras su vida se escapaba lentamente. Era horrible, pero lo peor fue cuando terminó y dirigió su capucha hacia mí, mis ojos se abrieron debido al miedo y retrocedí hasta oír una voz   a mi espalda.
 
 
—¡Perros de Helheim, salid de nuestro sagrado Valhala! 
 
 
Mi rostro siguió  la voz y se topó con un Tyler muy distinto al cual yo conocía. Llevaba armadura y su mirada era pétrea, casi intimidatoria, aquel hombre era un completo desconocido para mi.
 
 
—Si es nuestro renegado favorito, el señor Hoodum estará complacido cuando le lleve vuestra cabeza  — rió a carcajadas.
—Los muertos deberían cerrar la boca.
 
 
Un aura de fantasmal azul comenzó a emanar del cuerpo de Tyler, nafilice, el mismo que había sentido en el túnel. Era pesado, oscuro y despiadado, jadee una vez más abrumada por tanta hostilidad, gotas de sudor frío cayeron por mi frente, resistir aquella opresión sería todo un reto.
Alcé la mirada justo a tiempo para ver a Tyler invocar una lanza y lanzarse sin perder un segundo al ataque, sus armas arremetían una y otra vez chirriando. 
 
 
—¡Destelliom abructus! — gritó Tyler.
 
 
Invocó una gran ráfaga de luz que nos deslumbró a todos en la sala, decidí aprovechar para correr y alejarme de aquella imagen. 
Mientras corría oía el fragor de la batalla y la explosión  de varios hechizos por todo el lugar pero no me detuve a mirar. El instinto o algo totalmente distinto me llamaba a subir la enorme escalinata de caracol hasta la Torre.
Mire a mi alrededor y no daba crédito había  sangre por todos lados, oscuros  absorbiendo la vida de sus oponentes aún vivos que gritaban de dolor. Cadáveres por el suelo, me obligué a recomponerme como pude y comencé a subir aquellas escaleras casi sin final.
Jadeaba mientras corría con desesperación, un mal presentimiento oprimiéndome el pecho, lágrimas apunto de desbordarse y la asfixia casi presente ahogándome. Una vez en lo alto me vi delante de una enorme puerta de bronce, mi temblorosa mano se alzó hasta tomar el pomo y con vacilante decisión abrí aquella puerta. 
 
—¡¿Por qué ella?! ¡¿Por qué siempre es ella?! — exigió saber el padre de Nébula quien observaba con precaución a Lunafreya quien empuñaba la daga estelar —¡¿Por qué nunca la has amado?!
—¿Cómo puedes ser tan ingenuo Agnux? ¡¿Cómo podría amar a una aberración?! ¡Un monstruo como ella… no debería haber nacido! 
—¿Cómo puedes hablar así de tu propia hija?
—Jamás reconocería a esa abominación como hija mía.
 
 
El llanto que estaba tratando de contener se desbordó sin freno, llantos lastimeros brotaron de mi ¿cómo podía referirse de ese modo a su hija?
 
 
—Basta de charla, es hora de acabar con esto.
—¿Qué es lo crees estar haciendo Lunafreya que es lo que pretendes? 
—El poder, destrucción, la muerte de esa cosa a la que tan orgullosamente llamas hija, por su culpa todos me han dado la espalda pero muy pronto, esa deuda quedará saldada.
—Yo jamás te di la espalda siempre te he amado.
—¡Mentira, siempre ha sido ella, ella me lo arrebató todo! ¡Nébula me arrebató el trono, a mi padre y a ti….! 
—¡Eso no es así! ¡¿Cómo puedes ser tan egoísta! 
—¡Cállate, maldito traidor! ¡todos me habéis dado la espalda, pero, no te preocupes, tu amada hija irá después de ti! 
—Estas loca… 
—No te imaginas cuanto.
 
 
Lunafreya clavó la daga en el pecho de mi  padre sin siquiera pestañear, él la miraba con la traición bailando en sus ojos, mientras ella sólo podía reír triunfal ante aquella imagen. El cuerpo de aquel buen hombre cayó al suelo, sus ojos habían perdido todo rastro de vida y un charco de su sangre comenzaba a formarse en el suelo. Se escuchaba el resonar de unos pasos por las escaleras, sentí su presencia antes de quedarse de piedra analizando la escena.
 
 
—No… — la palabra le salió con voz ahogada — papá… no, tu no ¡tú no maldita sea! 
 
 
Corrió por fin reaccionando hasta caer de rodillas al lado del cuerpo inerte ese su padre, se recostó en su pecho llorando a pleno pulmón y maldiciendo .
 
 
 —¡¿Cómo has podido?! ¡dime madre! ¡¿cómo has sido capaz?! 
 
 
Su mirada atravesó a Lunafreya quien mantenía su semblante impasible, una sonrisa maliciosa surgió en sus labios.
 
 
—Me has ahorrado la gran molestia de irte a buscar a tu escondrijo — rió con cinismo — tranquila pronto irás con él. 
—¡Vas a pagar con tú vida tal atrocidad! 
 
 
La mirada de Nébula no era de un zafiro profundo como siempre, era de un ardiente y penetrante aguamarina. Su pelo gradualmente se tornó rojo fuego, el Nafilice que desprendía ya no era del mismo rojizo que sus llamas ahora había adquirido un tono negro ceniza. La imagen que ofrecía me heló de pies a cabeza, no parecía la Nébula de mis recuerdos.
 
 
—Veo que el odio por fin te ha cegado, ya iba siendo hora.
—Espera a probar lo que te espera — sus palabras guardaban una promesa aterradora .
—Yo te lo he arrebatado todo, ven por mi.
—¡Velvet!
 
 
Nébula rugió en cólera y cargó contra Lunafreya,  quien blandía una espada en una mano y la daga en la otra. Los metales chocaban y chirriaban entre si, el poder que ambas desataron pondría de rodillas a cualquiera.
 
 
—¡Eterna Phoenix  Celestia! — un gran torbellino de negras llamas envolvió a Lunafreya.
—¡Una prisión tan débil no me va a detener! ¡Corta Tijereta! 
 
 
Su espada brilló y cruzó el aire hasta llegar a la cintura de Nébula causándole un corte  profundo. Nébula desató todo cuanto tenía y una gran onda expansiva que rompió todos los cristales y nos mandó a volar por la habitación.
Las llamas negras lo envolvieron todo, mientras ella caminaba a paso lento hacia Lunafreya quien comenzaba a levantarse. 
Sonrió y saltó a toda velocidad por la ventana, miré a Nébula y un segundo después ya no estaba, giré con rapidez mi cabeza y me apresuré a levantarme para llegar a la ventana rota. Daba vista al jardín justo debajo donde ambas se miraban frente a frente. 
 
 
—No necesito esto para hacerte pedazos.
 
 
Nébula dejó caer su látigo al suelo, un segundo después ya estaba dando patadas circulares que desequilibraron a Lunafreya. Quien logró alejarse con una voltereta para estabilizarse pero no tuvo tiempo de reaccionar, Nébula no tenía intención de dejarla respirar y ya estaba dando precisos y fuertes puñetazos que alcanzaron sus costillas.
 
 
—Todo lo que has hecho… me das asco. Tú eres quien deberías estar muerta igual de muerta que estas por dentro, no tienes perdón.
 
 
Las palabras siniestras de Nébula hicieron soltar una carcajada a Lunafreya quien se levantaba a duras penas.
 
 
—¿Tu vas a darme lecciones de moral? no eres más que un error, una aberración algo que jamás debió pasar.
—Velvet… 
 
 
El látigo volvió aparecer en la mano de Nébula quien lo blandió y dirigió hasta el cuello de  su madre donde se enroscó y apretó.
 
 
—Drena y estrangula. 
—¡Asfinge  yctiol! 
 
 
Una gran pantera de humo se hizo presente corrió hasta Nébula y hundió sus fauces en su muslo derecho lo que le arrancó un grito ese dolor.  Nébula estiró  su látigo para asestarle un latigazo aquel animal de humo quien después del impacto desapareció , ambas ya sangraban pero aún quedaba mucho, lo intuía .
Nébula echó  a correr para desaparecer un segundo y al otro colocarse con sigilo en la espalda de Lunafreya hasta asestarle una fuerte patada en la espalda que la hizo volar hasta impactar contra el muro del castillo. 
 
 
—Maldito engendro… fenómeno antinatural… — dijo adolorida.
—Fénix oscuro. 
 
 
Una gran cantidad de Nafilice se concentró por encima de su cabeza donde comenzó a tomar forma un ave de fuego negro. Iba a tratar de deshacerse de ella de un solo golpe.
 
 
—¡No lo harás! — se escuchó entre las sombras.
 
 
Ninguna lo vimos de venir, justo cuando el fénix estuvo a punto de ser lanzado contra Lunafreya una gran bola de electricidad impacto contra Nébula. Un Nafilice igual de grande y de peligroso surgió, era un hombre moreno con una gran cicatriz en un lateral que le cruzaba la cara y el ojo, empuñaba una majestuosa espada.
 
 
—No eres más que un traidor… — dijo Nébula.
—Me hiciste un favor al no casarte con Cerberus, ahora no puede protegerte, nadie puede.
—¡No lo metas en esto! 
 
 
Se levantó con furia y todo cuando estaba alrededor estalló en negras y ardientes llamas, Hoodum retrocedió sonriente.
 
 
—En realidad fue tu madre quien lo involucró, otro de sus muchos jueguitos.
—¡Moriréis, juro que moriréis! 
 
 
Nébula había perdido la calma y estaba fuera de si atacando a bocajarro a ambos enemigos, el odio la cegaba y no era consciente que la estaban acorralado.
 
 
—¡Nébula reacciona, no dejes que te acorralen!  ¡aléjate de hay! — grité desde mi posición.
 
 
No podía quedarme observando tan de lejos debía acercarme, descendí corriendo las escaleras, atravesé las puertas y me dirigí con el corazón martilleándome el pecho a los jardines. Más cuando llegué ya era tarde, Hoodum la sostenía en el aire con una mano apretando su cuello.
 
 
—¡Nooo! — chillé  pero nadie parecía darse cuenta.
 
 
Me acerqué más, Lunafreya se colocó frente a Nébula y  sonrió, llegué hasta ellos y fue entonces cuando Nébula se retorció tratando de escapar de su agarre.
 
 
—No te muevas querida te necesito viva, por ahora .
—¡¿Qué vas a hacer conmigo?! 
—Voy a usarte para conseguir más poder, voy a usar la magia de los elfos oscuros en ti.
—¡No lo permitiré, suéltame, no! — gritaba golpeando la mano de Hoodum.
—Será mejor que lo hagas ya o de lo contrario le romperé el cuello.
—Querido siempre tan acelerado, bien — dio un paso atrás — Invoco a los espíritus del reino de Svartalfheim , escuchadme bien, os ofrezco un sacrificio a cambio de vuestro favor. Que estas dos almas sean pago de mi trato, que sus vidas sean mi fuerza, para siempre los condeno a ser mi pago en una cadena sin final.
 
 
El cielo se oscureció en respuesta y feroces truenos sonaron mientras una fría lluvia comenzaba a caer. El viento sopló con furia, un mal presentimiento me inundó, las palabras de Lunafreya resonaron en mi mente ¿dos almas? Tyler sol mencionó una....
 
 
—¡¿Qué dos almas madre, que has hecho?! — la voz de Nébula mostraba pánico.
—La tuya y la de tu amante ¿por qué crees que no te detuve el día que huiste? le necesitaba, esta marca — dijo rasgándole el escote del vestido para dejar ver la marca — lo une a ti, si tú estas condenada él también, querida.
 
 
Nébula brilló en una luz dorada, su poder fue menguado cada vez más y más hasta la más absoluta nada. Cuando el esplendor cesó su cuerpo cayó al suelo, estaba a punto de morir. Con su vista nublándose tendida por completo en el suelo arrastró una mano uno centímetros hacia delante .
 
 
 —Igdrix…
 
 
Susurró antes de cerrar su ojos, habían ganado. Acababan de condenar a Nébula a esta espiral de vida y muerte, había visto el día que mi destino fue sellado.
 
 
—¡No quiero ver nada más! ¡basta! 
 
 
Un nuevo dolor de cabeza me hizo caer de rodillas en el suelo antes de desplomarme y perder nuevamente la consciencia, volví a estar en la nada, en la oscuridad.
 
 
—¡Nattalie!  ¡Por Dios abre los ojos! — escuché en la oscuridad.
—¿Layla? — pregunté  aturdida.
—No, no te levantes todavía ¿qué has visto?
—El día que Lunafreya destruyó todo — tapé mi rostro con ambas manos.
 
 
Me encontraba sentada contra la pared, aún mareada y alterada por aquellas imágenes, lo había imaginado pero en aquel momento lo había sentido, sentí el horror de vivirlo en carne propia.
 
 
—El Nafilice  que sentiste ya ha desaparecido, así que tranquila.
—¿Donde están los demás?
—En la Torre, Jay y Wolf van en camino.
—Gracias a Dios… — susurré — entonces faltamos nosotras.
—No será fácil, otro de los hijos de Hreidmar va de camino a la Torre.
—Y Fafnir también vendrá en cuanto nos detecten, vamos — dije poniéndome  en pie — no hay tiempo que perder.
 
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Yo y Cerberus estábamos por llegar a las escaleras de la Torre cuando sentí el Nafilice de Nattalie cerca. Un inmenso alivio recayó sobre mi, por fin podía respirar tranquilo si estaba cerca significaba que había huido de las garras de aquel maldito enano.
 
 
—No hay tiempo tendrá que alcanzarnos luego, Fafnir se acerca debemos irnos cuanto antes — señaló  Wolf adivinando mis pensamientos.
—Lo se, debemos llegar hasta ellos cuanto antes.
 
 
Alcanzamos los escalones de la escalera y subimos unos cuantos peldaños antes de que  nuevos oponentes nos cerraran el paso.
Ödder y Ringer los gemelos asesinos. No esperaba que Fafnir se rebajase a mandar a sus hermanos y él se quedase a un lado.
 
 
—Espera un momento ¿donde esta Fafnir?
—Quien sabe, de cualquier forma no vas a durar mucho mas ¿verdad hermano? 
—Eso es Ödder.
—Maldición, van tras Nattalie ¿qué hacemos Igdrix? 
 
 
<<maldición si continuamos así nos mataran a todos, no podemos dejar que estos dos avancen, pero... ¿Dejar a Natt y Layla desprotegidas? Mierda esto no me gusta>>
 
 
—Tendremos que confiar en que sabrán cuidarse solas — dijo Wolf a mi lado.
—Sabe hacerlo mejor que nosotros  —contesté.
—Eso es cierto.
 
 
Una media sonrisa asomo mis labios y miré a mi compañero con expresión seria,  alcé mi brazo derecho cerrando mis ojos.
 
 
—¡Rigel, Orión a mi! 
 
 
Ambas espadas aparecieron delante de mi, fruncí el ceño y sonreí desafiante era hora de otra batalla y esta vez seria una victoria.
 
 
—Parece que quieren jugar con nosotros, hermano — Dijo Ringer.
—Entonces juguemos un rato Ödder.
—¿Siempre fueron tan habladores? — dije moviéndome a la velocidad del rayo.
 
 
Electricidad comenzó a envolverme y recorrer mi cuerpo hasta extenderse por mis armas, el filo de Orión cortó el aire buscando atravesar la pierna izquierda de Ödder. Blandí ambas espadas pero mis golpes eran repelidos así que opté por intensificar el voltaje del golpe y al colisionar de nuevo las espadas,  grandes rayos impactaron en el cuerpo de Ödder electrocutándolo.
 
 
—¡Ödder, hermano! — gritó un afectado Ringer.
—No te atrevas a mirar hacia otro lado .
 
 
La lanza de Wolf derribó a Ringer. Con suma facilidad, pero se levantó con la misma rapidez. Wolf sonrió . Cruzaron los aceros varias veces pues Ringer deseaba ayudar a su hermano.
 
 
—Gran dragón de sombras.
 
 
Un gran dragón de ceniza y humo grisáceo emanaba de su arma, pero no tenía tiempo para seguir cada movimiento de su lucha Ödder estaba nuevamente de pie y se abalanzó sobre mi logrando que retrocediera en consecuencia.
 
 
—Vamos Igdrix sabes que puedes hacer mas que eso — me animó Wolf.
—¿Y eso me lo dices tu? — sonreí mientras esquivaba ataques consecutivos de la espada de mi oponente.
—Gran crisálida — dijo Ringer.
 
 
El enano invocó una gran crisálida, no sabía que pretendían pero entendía que no era a la ligera. Ambos hermanos compartieron una mirada sumamente sospechosa.
 
 
—No te descuides no sabemos que va hacer continuación — me avisó mi compañero.
—No os dejaré ¡hecatombe Galáctica! — dije blandiendo una vez más mi espada.
 
 
Un gran numero de rocas aparecieron cayendo envueltas en fuego abrasador, su descenso era imparable su fuerza y velocidad eran demoledoras. Salté sobre la superficie de una y corrí atraves de ella, avancé saltando de roca en roca para llegar hasta Ödder.
 
 
—Corre, sigue corriendo — rió cruelmente — ¡gran cañón bala! 
 
 
Juntó sus manos y grandes rocas salieron disparadas en mi dirección como si de balas se tratasen, seguí corriendo entre aquellos meteoros rocosos mientras esquivaba con dificultad cada nuevo ataque .
 
 
—¡Igdrix cuidado!  
 
 
Alcé la vista pero no tuve oportunidad de reaccionar, la gran roca me aplastó antes siquiera de poder mover un solo dedo.
 
—Uno menos — rió con satisfacción Ringer — ahora sigues tú. 
—Maldición Igdrix... — la impotencia de Wolf era enorme — No creí tener que usar de nuevo esta técnica, sin embargo no voy a desperdiciar mi tiempo con vosotros dos.
—Que hablador pero ¿piensas atacar alguna vez?
—Gran code oscuro.
 
 
Una gran onda de choque sacudió todo el lugar y una luz verde brillante me envolvió alzándose hasta romper el techo. La gran columna de Nafilice ocultó mi transformación, mi cuerpo fue cubierto por pelo, mis manos por zarpas, mis piernas por patas. Pasé de hombre a lobo y mi poder se multiplicó por cuatro y mis sentidos se agudizaron . De un golpe la columna desapareció y mis enemigos impactados retrocedieron algunos pasos presas del miedo .
 
 
—¡¿Que demonios eres?! — chilló Ödder. 
—Tu pesadilla — respondí con fiereza.
—Jamás  lograrás  vencernos — dijo sin confianza Ringer.
—Garras de media noche .
 
 
Mis zarpas recubiertas de Nafilice rajaron seriamente la carne de ambos. Más no queriendo perder volvieron a ponerse en pie. Ambos avanzaron a ambos lados de mi, para lanzar un ataque combinado. Los golpes eran demasiado rápidos y como consecuencia me hirieron varias veces.
 
 
—¡Aliento de muerte! — contraataqué.
 
 
Una gran llamarada azul salió por mis fauces quemando a mis enemigos. Debía resistir, Igdrix estaba fuera de combate mientras que yo ya estaba en las últimas y debería jugármelo todo a una sola carta antes que se agotase  el poco Nafilice que me quedaba.
 
—Tormenta de lava — atacó Ödder.
—Explosión terrestre — le siguió Ringer.
 
 
Logré evadir ambos ataques a duras penas, mantener esta forma consumía demasiado poder, demasiada energía y de seguir así moriría en el intento. 
 
 
—Abismo de sombra — dije queriendo acabar.
 
 
Un gran agujero negro se instaló en el suelo atrapando a los dos hermanos, quienes se iban hundiendo cada vez más como si de arenas movedizas se tratase.
 
 
—¡Maldición nos a engañado! — se quejó Ringer.
 
 
Una luz blanca me envolvió y volví a mi aspecto normal caí de rodillas al suelo ladrando y sudando. Me sentía como si me hubiese arrollado un tren por encima, aún así me levanté y caminé hasta donde se supone debería estar Igdrix, a quien encontré inconsciente. 
 
 
—Igdrix despierta, debemos seguir.
—¿Wolf? 
—¿Quién si no maldito estúpido? — le reclamé — vamos, Fafnir esta cerca debemos sacarlos de aquí.
 
 
Le tendí mi mano y él la aceptó para poder levantarse estábamos en muy mal estado, dábamos pena. Pero teníamos que seguir,  nuestro equipo estaba en algún lugar de la Torre buscando con afán nuestro destino.
 
 
 
 

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