Capítulo 39: "Amigos"

Soy un temerario mi amor ©

visibility

245.0

favorite

0

mode_comment

0


De repente, todo se volvió oscuro, y la música sonaba como si en realidad tuviera tapados los oídos. Poco a poco, también fue apagándose aquella melodía hasta desaparecer de mis sentidos.
 
Esa oscuridad no me duro demasiado, puesto que una luz me cegó, y para cuando me di cuenta, estaba parado junto a un árbol que se encontraba en flor, el cual era conocido por Jacarandá, y éste tiene el significado de amor eterno. Por otro lado, después de echarle una mirada al majestuoso trozo de naturaleza, observé que a mi frente destacaba, por alguna razón, la misma anciana con la que me había cruzado aquella noche, por lo que sin dudarlo mucho, me acerqué a ella. Quizás ese movimiento podría ser considerado algo descuidado por mi parte, pero no podía controlarlo, lo cual me daba a entender que probablemente esto era un sueño.
 
—Las flores del Jacarandá están brotando de nuevo —me dijo con la mirada baja, y con aquel sombrero que cubría su cara, el cual no me permitía ver más allá de su boca.
 
—Sí, creo que son las flores que más me gustan —elevé mi vista sonriendo hacia arriba.
 
—¿Sabes cuál es la historia de este árbol? —me preguntó, y es por eso que moví la mirada hacia su dirección rápidamente.
 
—No, siempre supe que era un árbol que significaba el amor eterno —le expliqué, y fue entonces cuando, al parecer, decidió contarme su historia.
 
—Dice la leyenda… que hace mucho tiempo, un par de jóvenes muy enamorados se encontraban a escondidas debajo de este árbol sin flor —la anciana de vez en cuando hacía algunas pausas colocando cierto peso de suspenso al relato—. El motivo para mantener su amor oculto era el padre de la chica, quien no podía aceptar la relación que tenían mutuamente —la señora en ese momento apretó el bastón en su mano, o al menos eso llegué a notar—. Y fue entonces que una noche antes de la llegada de la primavera, fue cuando su padre los descubrió bajo el mismo árbol, y en consecuencia, fueron asesinados por éste —aquellas últimas palabras que la anciana versó, me estrujaron con una gran viveza el corazón, ya que por un momento sentí que hablaba de mí y Lili.
 
—Es una terrible historia —le dije con algo de pesadumbre.
 
—Lo es, y puede que se repita —me advirtió, lo cual me hizo abrir por demás los ojos.
 
—¿Qué? ¿A qué se refiere con eso? —me exalté demasiado, y respondí aquello casi gritando.
 
—Tu caso es muy especial —ella se giró dándome lentamente la espalda.
 
—Oiga, no me asuste así —le dije aún más inquieto que antes.
 
—¿Ves eso? —me señaló más a la lejanía con su bastón, allí podía ver como alguien estaba parado justo al lado de un árbol llorón.
 
—¿Acaso no es? … —musité. Ella por su parte bajó su bastón y agregó.
 
—Él es la respuesta a tus problemas —me mencionó.
 
—¿Qué? —cuando pude ver al sujeto más claramente, me di cuenta de que se trataba de Marco, y que apenas giró su cabeza, noté como las lágrimas caían por sus mejillas como cascadas; ¿qué era lo que le pasaba?—. Es Marco —¿qué hacía Marco ahí?, pero más importante que eso, ¿por qué estaba llorando?
 
Apenas había llegado a estirar mi mano hacia él, pues antes de siquiera dar un paso, otra vez esa luz me cegó, por lo que todo lo que veía se convirtió en un significado nulo. Ahora me percataba de que otra vez estaba en la realidad, y que además, eso volvía a ser parte del otro mundo. Sin embargo, me quedé con una sensación de que no todo lo que había experimentado en aquel fantástico lugar había sido mentira.
 
—Otro de esos sueños raros —murmuré para mí mismo sin saber que Lili estaba a mi lado estrujando un trapo de cocina que contenía agua con vinagre, ya saben, esa típica receta que te colocan tus padres para bajarte la fiebre; admito que es un truco efectivo.
 
—Despertaste —dijo con un poco de sorpresa.
 
—¿Lili? —le pregunté, y noté algo extraño en mi tono de voz, eso, además de un dolor punzante en mi mejilla, por no decir también que lo sentí en el pecho, pues me dio una terrible puntada al tratar de sentarme en la cama—. ¡Auch! —me quejé.
 
—No te muevas mucho, ¡tienes una costilla rota! —me advirtió, y entonces recordé lo que pasó con Louis. ¿Me había roto una costilla?, “¡a la mierda!”, pensé, si llegaba a hacerme esto en un entrenamiento, entonces no sé qué hubiera sido de mí en una batalla real contra él.
 
—Tu hermano es un monstruo —le murmuré, y de repente, sentí algo frío sobre mi mejilla, lo que hizo que me volviera a quejar, y ese tacto helado que sentía era el de una toalla mojada que ella me pasaba. Por lo visto, tenía muy inflamado el cachete como consecuencia del golpe que el otro idiota me había dado.
 
—Tranquilo, sólo lo estoy limpiando —se le escuchaba preocupada—. Lamento que mi hermano te haya hecho esto. Al parecer tendrás que quedarte unos meses en cama.
 
—¿Qué?, no puedo, tengo que entrenar para volverme más fuerte —estaba consciente de que no podría moverme por el dolor de pecho, pero era verdad que la lesión era grave, y eso que sólo me golpeo con la vaina de su bastón.
 
—¡Dije que no! —elevó su voz algo molesta—. Tú y mi hermano son muy parecidos, no entienden un no por respuesta —declaró ella en lo que no se detenía en sus atenciones.
 
—Lo siento —respondí algo avergonzado en lo que me encogía de hombros. A pesar de que Lili era muy dulce, también parecía tener su carácter, y creo que eso agregaba más valor en ella.
 
—No te preocupes, por ahora sólo descansa, yo cuidaré de ti —me aseguró.
 
—Sí —cuando la escuché decir eso último, mi corazón se volvió a salir de su sitio, me puse un tanto nervioso, y eso hizo que no me percatara enseguida de que podría ser esta mi oportunidad. Apenas me di cuenta de lo que pasaba, me atreví a decirle lo siguiente—. ¿Qué pasó con Lulubel? —le pregunté. ¡Esto era malo, no era eso lo que quería decirle!
 
—Ella se fue a su casa, dijo que volvería a visitarte en uno de estos días —mencionó—. ¡Listo! —ella se veía realmente satisfecha después de tratarme—. Creo que por ahora estarás bien así —cuando vi que se levantaba, como acto reflejo la tomé de la muñeca—. ¿Dalton?
 
—Perdona Lili pero puedes… —antes de terminar mi frase, escuché una voz familiar llegar desde el portal del cuarto.
 
—¡Hey!, me alegra que te hayas por fin despertado —lo vi levantar una mano con una expresión realmente feliz en su rostro a Louis.
 
—Pero qué diablos… —me quejé.
 
—¡Lo siento, lo siento!, creo que me dejé llevar en la práctica. No debí entrenarte de esa manera —asintió varias veces en lo que se acercó a nosotros.
 
—Hermano, eso fue peligroso, y pensar que les dije que no lo hicieran.
 
—No tenemos alternativa, además, Dalton ya está en nuestra mafia, tendrá que hacer lo que le digo mientras esté dentro —se colocó sus manos en sus bolsillos luego de mover ligeramente los hombros—. Por cierto, Dalton, ¿qué pretendías hacer? —dijo con una pícara sonrisa al ver que todavía no apartaba mi mano de la muñeca de Lili.
 
—Quiero invitar a Lili a salir, así que vete —me fui directo al grano, pero no pude evitarlo, ya que no me gustaba que se entrometiera en donde no lo llamaban.
 
—¡Qué! —ella exclamó sonrojada, y luego agitó su mano para hacer que la soltara, pero en ese movimiento un tanto brusco, me hizo ver las estrellas por el dolor, así que me quejé con algo de angustia.
 
—¡Lo siento, lo siento! —ella dijo una y otra vez cuando vio los resultados que obtuvo de nuestra abrupta separación.
 
—Ah… ustedes dos no cambiaran —el rubio se llevó una mano a la cabeza al ver la vergonzosa situación.
 
—Cállate —le gruñí como pude a Louis, y luego me dirigí a Lili—. Estoy bien —seguro que para ese momento me veía más muerto que vivo, pero supongo que era natural, después de todo, me encontraba con una costilla rota. En cuanto estuve un poco más aliviado, me acosté de nuevo, pues me sentí fatigado por mi herida.
 
—¿Qué tal si en compensación le das la cita que tanto quiere Dalton? —le dirigió aquellas palabras a su hermana, y ambos nos sorprendimos, pero más que nada lo hacía ella.
 
—¿Estás seguro? —le preguntó, y él le asintió.
 
—Sí, ¿por qué no? —sonrió naturalmente otra vez el rubio.
 
—Espera, no, no quiero que lo haga por obligación, o porque me debe algo —le reproché a Louis—. Quiero que lo haga por su propia voluntad —quizás sonaba contradictorio, ya que sabía que Louis sólo intentaba ayudarme, pero aun así le estaba dificultando las cosas, eso era algo que yo no quería hacer, pues sabía bien la promesa que me había hecho, sin embargo, quería que ella me amara de verdad, y no es que no estuviera seguro de lo que ella sentía, solamente no deseaba presionarla. Ahora nada más necesitaba que dijera un sí o un no como respuesta.

Este sitio usa cookies para tu sesión de usuario y mostrarte publicidad.

De acuerdo