Capítulo 24: "Arribando"

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Como si de una corriente serpenteante se tratase, así se ataviaba el denigrante ambiente que rodeaba al único e inigualable enemigo de nuestros héroes, pues se encontraba en un trono que no podía denominarse como suyo, ya que su real dueño estaba besando el suelo debajo de la bota de Samael, quien lo presionaba para que se quedará arrodillado contra la alfombra roja, pero además, el individuo temblaba de miedo por ese ardiente sujeto.
 
—Estos tipos, al parecer, no aprenden —anunció Samael ejerciendo presión sobre la espalda del jovensito.
 
—¡Por favor, no me lastimen! —anunció el desdichado chico que no tenía (al parecer) más de catorce años.
 
—Samael, déjalo en paz —le ordenó Hakim a su compañero en lo que dejaba caer una bola de cristal que tenía sobre su palma, la cual al chocar contra la superficie que pisaban, terminó hecha pedazos, dejando también entre ver el mal humor de Vitali.
 
—¡Oh! ¿Por qué ha arrugado su bello rostro, majestad! —le exclamó Belfry estando a su lado.
 
—Esos malditos derrotaron a Cruil aun con la trampa que les planté —cerró los ojos el albino.
 
—¡Eso es terrible! —volvió a decir con ese mismo tono de angustia y con un drama muy particular.
 
—Sin dudas son malas noticias joven Hakim —aseguró Samael, quien no le daba tregua al pobre rey a pesar de la orden dada.
 
—¿Qué van a hacer conmigo? —preguntó a base de llantos la pobre víctima de esos mal vivientes.
 
—¿Qué tal si le cortamos el cuello y se lo ofrecemos a la raza de los vampiros? Seguro que se unen a nosotros enseguida por darles semejante ofrenda —se rió con malicia el pelirrojo.
 
—¡Eso es horrible, además, no podemos dejar que su majestad se manche las manos con sangre! —le reprochó a su hermano el peliazul.
 
—¡Silencio! —el rey de los zorros parecía perder su humanidad con cada segundo que pasaba.
 
De ahí el lugar se ensombreció junto al rostro de Hakim, quien ahora parecía estar otra vez maquinando cosas horrorosas para aquellos que deseaban oponerse a él, no obstante, el escenario en donde parecía haberse instalado la parca, pronto fue removido por su voz que se manifestó casi enseguida y en un tono solemne.
 
—Viendo las circunstancias, tendrás que hacer todo lo que nosotros digamos —anunció el dueño de las tierras de Taizan en lo que abría sus ojos—. Eso… si es que quieres mantener con vida a tus padres, príncipe Semaid, heredero de los licántropos.
 
Ante la amenaza de Hakim, el chico que era sometido, no podía hacer otra cosa que bajar la cabeza ante ese ser, pues sus habilidades eran más que limitadas, sin mencionar, que fue testigo de cómo fueron masacrados sus guardias por esos dos lobos que lo acompañaban, así que con la voz temblorosa y manchando el tapete con sus tiernas lágrimas, cedió con un movimiento de cabeza.
 
—Como usted ordene, señor Hakim Vitali.
 
—Así está mucho mejor —en el rostro del zorro se manifestó una sonrisa de satisfacción en lo que sus ojos brillaban con una indescriptible maldad.
 
***
 
Pobres son aquellos que viajan sin rumbo, pero peor es para los que tienen un objetivo y les cuesta alcanzarlo. Azotados por una feroz tormenta, justo entre Serdonía y Brinis, el pequeño grupo de Léa se movía con gran dificultad, pues sus pies se hundían en las fangosas tierras del tramo que surcaban.
 
—¡Esto está mal señorita Léa! —gritó Zaid para que lo escuchase, pues la ventisca que soplaba ahogaba sus voces y no les permitía comunicarse tan fácilmente.
 
—¿Qué has dicho Zaid? ¡Apenas puedo escuchar tu voz! —declaró la rubia.
 
—¡Oye, princesa, esta enana va a ser llevada por el viento! —señaló Alik con el nivel más alto en su tono, pues también le era imposible oírlos.
 
—¡Deja de decirme enana! —a pesar del ruido, Iris atendía perfectamente los insultos de su compañero, los cuales no dejaba escapar por algún motivo sobrenatural.
 
—¡Para eso sí escuchas! ¿Eh? —anunció el de mechones dorados que al parecer tenía las mismas habilidades sensoriales.
 
—¡Cállate!
 
—¡Chicos, eligieron el peor momento para pelearse! —aseguró Léa, que a pesar de que no entendía lo que decían, comprendía que detrás de ella estaban discutiendo, más que nada porque reconocía la voz chillona de Iris cuando Alik la importunaba, no obstante, apenas ella se volteó vio que ya no estaban—. ¡Desaparecieron! —gritó con desesperación la chica.
 
—¡Qué! —exclamó el zorro mirando a todos lados pero no los encontraba—. ¡Se nos perdieron otra vez! —dijo agarrándose la cabeza alarmado.
 
—¡Separémonos y busquemos! ¡No podemos dejarlos solos en esta tormenta! —le ordenó Léa y así lo hicieron.
 
A pesar de los descomunales esfuerzos, la pareja de catalizadores no fue hallada, y la principal razón de esto, era que habían salido volando como si fueran barriletes. De igual forma también se fijaba una duda en el ambiente, ¿cómo podía ser posible que los únicos arrastrados fueran ellos y no también sus compañeros? En sí, había un misterio que se ocultaba ante sus ojos, o más bien, entre el follaje, ya que un sombrero verde se escondió entre los arbustos pasando desapercibido por el resto del grupo, e ignorando que esa cosa formara parte de su desgracia.
 
Mientras tanto, desde una cierta altura, Alik quien había agarrado a Iris para evitar que fuera despedida, también cayó víctima de un vendaval que lo impulsó junto a ella, y así los dos  terminaron por levitar a una altura poco segura, pero que sin dudas pondría en riesgo sus vidas.
 
—¡Nos estamos alejando de los chicos y no nos oyen!  —gritó aterrada Iris mirando cómo se apartaban de sus compañeros en lo que se aferraba a las ropas del pelinegro, pues estaba demasiado asustada por la tormenta, y dado el caso, pensaba que habían quedado atrapados en el ojo de algún huracán.  
 
—¡No hay mucho que podamos hacer, sólo sujétate a mí! —dijo en lo que abrazaba bien a la chiquilla para evitar que se le escapara de las manos, pues la lluvia acortaba su visión, y las cosas que volaban cerca de ellos hacían de la situación algo más peligrosa y complicada.
 
Semejante escenario pondría los pelos de punta a cualquiera, pues no se podía saber a ciencia cierta qué sería lo que podría golpearlos, de ahí que el miedo de Alik se convertía en algo constante al igual que el de Iris. Sin embargo, las cosas cambiaron de un momento a otro, y esto se debió gracias a la intromisión de unos ángeles que pertenecían al reino de Brinis, el cual estaba sobre las nubes, y que casualmente ellos en su recorrido se toparon con éstos sin ser vistos por los catalizadores, pero además, como muestra de su piedad, transportaron a un lugar seguro a la pareja; a un lugar lejos de la tormenta y de sus amigos sin que ellos se dieran cuenta de la ayuda recibida.
 
Al cabo de media hora, despertaron sobre el pasto seco, y sí, ambos habían quedado inconscientes debido a la magia angelical, así que no supieron bien qué sucedió.
 
—¿Dónde estamos? —mencionó Iris llevándose una mano a la cabeza.
 
—No lo sé, pero… —se interrumpió Alik mirando el cielo, en donde vio un trozo gigante de tierra flotando no muy lejos de ellos—. ¿Qué diablos es eso? —preguntó señalando aquellas tierras, a lo cual ella atendió sus dudas al divisar el objeto indicado.
 
—Es el reino de Brinis —le informó, y luego exclamó lo siguiente angustiada—. ¡Ah! ¡Estamos muy lejos del lugar al que íbamos a ir!
 
—¿Qué tan lejos? —preguntó él bajando su mano.
 
—¡Muy muy muy lejos! ¡Sólo basta con mirar al horizonte para que te des una idea! —dijo exasperada agarrándose la cabeza con frustración.
 
—¿A lo lejos? —él miró, y notó que había una tormenta desarrollándose a la distancia—. ¿Cómo hemos llegado a parar aquí? —exclamó el joven catalizador compartiendo su misma desesperación en lo que enseguida se ponía de pie, e Iris copió su accionar.
 
—Quizás alguien nos ayudó durante la tormenta —aclaró ella agitándose el vestido y luego suspiró—. Tendremos que caminar —anunció.
 
—Pero estando tan lejos… ¡nos llevará más de un día! —se quejó el pelinegro.
 
—No hay nada que hacer. De todas formas no es como si hubiéramos tenido un vehículo para trasladarnos desde que empezamos —aclaró ella.
 
—¿Y la carreta? —levantó las cejas él.
 
—Esa chatarra no cuenta, así que vamos —mencionó.
 
Con todo el peso del mundo, los dos catalizadores emprendieron rumbo para el regreso con sus amigos, y la única pista que tenían para reencontrarse con ellos, era ir hacia donde se veía la tormenta aislada. Mientras tanto, Zaid y Léa habían logrado refugiarse en una cueva. Por ahora, decidieron que lo mejor era ocultarse y esperar a que el clima cesara, pues no podían ni siquiera moverse por la fuerte lluvia como por el viento que los empujaba.
 
—Debimos haber esperado un poco más en el pueblo de Natalla y True en lugar de apresurarnos para seguir con el viaje —dijo con cierta pena el rubio, quien ahora cubría a ambos con su chaqueta porque el agua goteaba sobre sus cabezas.
 
—No se pudo evitar. Si dejamos pasar los días, no sabemos de qué es capaz Hakim —mencionó con convicción la chica, pero también un poco arrepentida por haber tomado la decisión de seguir, principalmente porque ya los había dejado a su suerte a sus catalizadores por segunda vez, y eso la hacía sentirse muy mal.
 
—Ellos estarán bien, ya que ya estuvieron solos una vez —aseguró con gran confianza el zorro, pues creía en Alik, quien había sacrificado su orgullo para tan solamente salvar a la dueña de su corazón.
 
—¿No te molesta que estén solos? —le dijo divertida Léa rompiendo así con todo el ambiente serio.
 
—No empieces —le advirtió el zorro con mala cara.
 
—¡Sí que te molesta! —se rió de él, más sólo el chico desvió su cara a otra parte notablemente ofendido, pero con sus mejillas reflejando un débil rubor—. ¡Vamos, al menos deberías quejarte un poco más! —le reclamó la princesa en lo que se inclinaba para ver mejor la cara del chico.
 
—¡Ah! ¿Acaso no se puede comportar de una forma más seria? ¡Se supone que usted es la grandiosa princesa del reino de Shion! —le reprochó él volteando a verla completamente estresado.
 
—Pues… —ella se rió nerviosa y se rascó la mejilla—. En realidad esta es mi verdadera personalidad —sacó su lengua sonriendo.
 
—¿A qué se refiere con eso? —le mencionó Zaid levantando una ceja.
 
—Bueno, es que en el castillo no puedo expresarme con libertad, y cuando supe de este viaje, no encontré mejor excusa para salir de ahí, pero además, es una buena oportunidad para hacer algo bueno por la gente que me rodea —aseguró ella.
 
—Ah, así que es por eso —Zaid posó sus ojos azules en la vista lluviosa que le entregaba el clima y entonces agregó—. Usted está comprometida, ¿no es así? ¿Acaso también ve este viaje como una oportunidad de buscar el amor verdadero en lugar del que le imponen? —él no tenía por qué abstenerse en preguntar, pues ella no reparaba en burlarse de sus sentimientos, así que también se sentía en libertad de hablar como quisiera de vez en cuando.
 
—¡No! ¿Para qué querría hacer eso? —exclamó ella moviendo su mano en un sentido de negación—. A mí no me importa con quien voy a casarme, más que nada porque confío en mis padres, además, mi objetivo en realidad es divertirme mientras hacemos nuestro trabajo. Yo siempre soñé con salir al mundo y conocerlo, cosa que no podré hacer más que en este momento —aseguró ella.
 
—Oh, pensé que tus deseos eran un poco más egoístas —mencionó un tanto extrañado viendo que ella salía del estereotipo.
 
—No, soy bastante simple —mencionó ella con una gran sonrisa.
 
—¿Y sabes quién es tu prometido? —le preguntó.
 
—La verdad es que no, y por el momento no me interesa, pero lo sabré una vez terminemos este viaje —mencionó ella con los ojos cerrados—. Aunque no deberías hacerme pensar en eso, la verdad es que no tengo muchas ganas de mentalizarme en cosas tan complicadas como lo es el amor —dijo suspirando, a lo que el zorro se rió.
 
—Eres todo un caso.
 
Un leve silencio se apoderó de nuestros salvadores, en donde pudo también apreciarse con más entusiasmo la tan impactante lluvia que ahora iba bajando su intensidad.
 
—¿Y tú Zaid? ¿Qué harás luego de esto? —le preguntó.
 
—No lo sé, pero creo que dejaré que el viento me lo diga en su momento —aseguró él con una sonrisa a ojos cerrados. Por ahora, Zaid se sentía un poco más cercano a la princesa, no tanto por el lado romántico, pero sí respecto a su amistad. Hablar de esa manera le traía cierta paz que había desconocido últimamente, no por los peligros que acontecían desde que se sumó a ese extravagante grupo, sino también por los acontecimientos en su hogar de nacimiento, los cuales había arremetido con violencia el corazón del rubio, y rememorar aquello, le hacía poner una expresión de angustia, cosa que no pasó por alto la heredera al trono de Shion.
 
—Todo se resolverá, ya lo veras —como si ella le hubiera leído la mente, le soltó aquellas palabras, y por obviedad, Zaid mostró sorpresa, pero luego le siguió una enternecedora sonrisa.
 
—Tienes razón.

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