Susúrrame

Géneros: Romance

Soy África, tengo casi 17 y vivo en Austen. Desde muy pequeña mis padres me han enseñado que debo ser educada, correcta y amable con todo el mundo. La vida no me ha ido mal siguiendo sus consejos, por lo que aunque sus decisiones no me entusiasmen demasiado, es correcto que las siga al pie de la letra. Harta de no tener muchos amigos, decido juntarme a un tipo de gente que, según mis padres, no me conviene. Si quieres saber como acabé, lee aquí como empieza mi historia.

Capítulo 1

Susúrrame

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Eran las 7 de la mañana y mi madre me despertó. 
-O te despiertas ahora mismo o te quedas castigada -me medio susurró mi madre desde la puerta de mi habitación.
-Voy madre, voy.
Me levanté de la cama, me puse mi achuchable bata blanca y me dirigí a la cocina. Mi madre, como de costumbre, había hecho el desayuno; unas tostadas con mermelada de fresa, algunas piezas de frutas y dos tazas de café. Me senté y agarré la caliente taza de café con ambas manos, me había quedado fría al levantarme de la cama.
-¿Cómo piensas ir hoy al instituto? -preguntó mi madre- Tu padre está de viaje, recuerda.
-Mh -era cierto, no me había parado a pensar en cómo iría desde mi casa, en Austen, a mi instituto- puedo cogerme el autobús. 
-¿El autobús? ¿A estas horas? -preguntó sorprendida. Meditó durante unos minutos mirando a la nada, haciendo muecas con la cara, contestándose ella sola mentalmente- Está bien, pero únicamente hoy. Ya buscaremos otra forma de que vayas al instituto.
Asentí, continué con mi café mientras mi madre desaparecía por el pasillo. Nunca comprendí el miedo, o repulsión, que tiene mi madre hacia la gente que no es como ''nosotros''. Mi familia tiene mucho dinero y mi padre tiene una estupenda reputación, ¿acaso las familias así no pueden ir en autobús, o ir ellos mismos a la compra, por ejemplo?
Terminé, me limpié la boca con una servilleta y llevé la taza al fregadero. Fui de nuevo a mi habitación, donde me puse la ropa que ya había preparado el día anterior. Solía tener esa manía, la de tener todo preparado desde antes.Ya vestida, fui al baño a asearme. Me lavé la cara, los dientes y me peiné. Miré mi rostro en el espejo, hoy no parecía que iba a ser de mis mejores días. Tenía unas ojeras enormes debido a la falta de sueño, me encontraba mucho más pálida que de costumbre, y para colmo, un grano apareció en mi frente. Tras un buen rato determinando como podía esconder el grano, lo tapé disimuladamente con el pelo. Salí del baño y fui a mi habitación a por mi mochila.
-Me voy, madre -dije desde la puerta de casa.
-Ten cuidado, cariño -me advirtió mi madre.
Salí de mi casa y me apresuré hacia la parada del autobús. Nunca me había fijado en lo bonito que en realidad era Austen, sobretodo en esta época, cuando el frío se te mete hasta los huesos y los árboles, completamente deshojados, se vuelven blancos debido a las duras heladas nocturnas. Nunca me había fijado en el silencio que se sentía. Ni un pájaro. Nada. En ese momento tropecé con mi propio pie y caí al suelo. Mis claros vaqueros echados a perder, completamente llenos de tierra. Efectivamente, no iba a ser un buen día. Me levanté del suelo con dificultad y continué mi camino a cascarrabias. 
******* 
Había estado más de diez minutos esperando al autobús mientras intentaba eliminar la suciedad de mi pantalón. Esas manchas de tierra se habían grabado en el pantalón al parecer. Subí al autobús y me senté delante del todo. Conecté mis auriculares a mi móvil y puse música. De pequeña, cuando mis padres me dejaban sola y yo escuchaba música, jugaba a intentar adivinar la canción sin ver el nombre. Habían pasado muchos años desde que empecé a jugar a eso, pero nunca dejé de hacerlo, parecía una tontería pero era muy entretenido. Varias canciones después, subió Paula al autobús. Paula era a la que podría llamar mejor amiga, pero no era exactamente eso.  Con la que mejor me llevaba de todas mis compañeras de clase, sí, eso sí era. 
-Hol... Wow, ¿qué le ha pasado a tu pantalón? -preguntó Paula con una sonrisa.
-No preguntes... -dije poniendo los ojos en blanco- ¿cómo llevas el examen de Física?
-¿El examen de Física? Áf, queda un mes para ese examen.
-Bueno... No es fácil, deberíamos quedar para estudiar algún día -sugerí con una sonrisa intentando convencerla.
-Algún día -respondió mientras me empujaba para sentarse conmigo.
No hablamos mucho más en el trayecto. Ella se puso sus auriculares y yo continué jugando a adivinar las canciones. 
*******
Iba a empezar la clase y Paula y yo entramos al aula. Nos sentamos en nuestro sitio, juntas en medio del aula. 
Llegó la profesora de Psicología y lo primero que hizo fue darnos los exámenes realizados hace dos semanas.
-Enhorabuena, señorita Pérez, ha sacado una nota excelente -dijo la profesora dándome el examen.
-¡Un diez Af, has sacado un diez! -gritó Paula, ilusionada.
Paula se ilusionaba más que cualquier persona por las buenas cosas que les suceden a los demás, y eso me agradaba, me agradaba muchísimo. 
- En vez de sacar tantos dieces deberías lavar los pantalones, Afretrasada -me susurró Vanesa, situada detrás mío.
-En vez de buscar tantas cosas que llevarte a la boca deberías sacar por lo menos algún cinco, Vanesa -respondí sin mirarla.
Toda la clase rió, alterando a Vanesa tanto que parecía que iba a echar humo por las orejas. Paula me dio un pequeño codazo mientras se reía como una loca. Menos mal que a mis padres nunca sabrán lo que acababa de decir a la compañera  de detrás. Ese tipo de comentarios eran intolerables para ellos, sobretodo dichos por mí, una señorita procedente de una familia respetada. 
-¿Quién te has creído que eres, pijita? -volvió a susurrarme Vanesa- Puede que haya sido estúpida por mi comentario, ¿cómo ibas a lavar tú tus pantalones? Apenas sabes hacer amigos, excepto ese grano que tienes, ese debe ser tu único amigo -soltó una pequeña risita.
-Mira Vanesa, haz lo que quieras, pero déjame en paz. Que quieras arruinarte tu futuro me parece perfecto, pero no arruines el mío y déjame atender para poder sacar mis estudios -repliqué resoplando.
Me miró durante unos segundos, posiblemente pensando cómo responderme para dejarme en ridículo delante de toda la clase, pero finalmente se sentó sobre su silla. Quién conozca a Vanesa desde hace casi cinco años, como yo, pero no la haya visto desde entonces no podría reconocerla. Ella siempre había sido estudiosa, reservada e incluso tímida, pero después de lo que según los rumores la ocurrió, como el alcoholismo y suicidio de su padre, no era la misma ni física ni mentalmente, y en vez de ser estudiosa, reservada y tímida, era rebelde, asquerosa y borde. Era comprensible que cambiase, pero lo que pasó no era excusa para que tratase a la gente como la trataba. 
******
Habían acabado las tres primeras clases y era la hora del recreo. Al estar en el curso que estaba, me dejaban salir a la calle durante esa media hora. Compré mi almuerzo, una deliciosa palmera de chocolate.
-Tendrías que haber visto la cara de Vanesa cuando la has respondido en Psicología -comentó Paula con la boca llena de su bocadillo.
Asentí con una sonrisa falsa. Me sentía un poco mal de haberla contestado así, era la chica más popular y la había contestado delante de toda la gente. A pesar de todo, a mí no me importaba la reputación que pudiese tener en el instituto, mientras que ella no vivía por otra cosa.
-¿Me estás escuchando? 
-¿Qué?
-¿Por qué no me escuchas? ¿Qué acabo de decir? -me desafió apoyando su mano sobre su cadera.
-Lo siento -respondí agachando la cabeza.
Ella mantuvo su mirada fija en mí durante algunos segundos, haciendo alguna mueca casi imperceptible, hasta que continuó.
-Decía que Vanesa ha estado hablando con sus reclutas, algo de ti por lo poco que he oído, y no creo que sea nada bueno.
A las ''reclutas'' que Paula se refería era al grupo de chicas, también ''populares'' que imitaban en absolutamente todo a Vanesa. Daba igual si fuesen buenas o malas acciones, ellas deseaban, y anhelaban ser completamente igual que ella. ¿Por qué? Porque Vanesa, a pesar de su carácter y personalidad, era una de las chicas más deseadas del instituto. 
-No tengo miedo, Vanesa suele hablar mucho y en verdad nunca hace nada -respondí encogiéndome de hombros.
-Estás como una cabra -concluyó Paula riéndose.
Acabó el recreo y volvimos a clase.  Vanesa, que por desgracia coincidía en todas las clases conmigo, no como Paula, que coincidíamos en algunas, estaba en la puerta de mi aula. Iba sola, ya que Paula tenía latín en un aula en la otra punta del edificio, y Vanesa, obviamente, aprovechó para atacarme.
-Anda, la niña rara está sola, no te quiere ni tu amiguita, ¿verdad? -exclamó con tono infantil y una sonrisa burlona.
Decidí ignorarla y entré en clase. Dejé la mochila en mi pupitre y me senté. Vanesa, con sus andares de chica creída, venía detrás mío, me tiró la mochila y se sentó en mi mesa.
-África, África, África... ¿Aún no has aprendido que a mí no se me vacila? -dijo acercándose con una sonrisa tan forzada que daba miedo- luego hay consecuencias y no te van a gustar.
-Vanesa, Vanesa, Vanesa, déjame en paz, ¿cuántas veces tengo que decírtelo? -dije tragando saliva, ya que me incomodaba su cercanía.
Vanesa se puso seria en un instante, ya que una de sus ''reclutas'' se había sentado corriendo en su pupitre, lo que era señal de que venía la profesora. Se levantó de la mesa y empujó esta con el culo un par de metros. Entre dientes, me levanté a colocar la mesa en su sitio mientras oía reírse a Vanesa, a la vez que me señalaba con el dedo, cosa que después imitaron todas sus ''reclutas''. La profesora, que estuvo viendo todo desde la puerta, mandó a Vanesa y sus secuaces al despacho del director, acusándolas de bullying, a pesar de que yo insistía en explicar que no me estaban haciendo bullying.''Tranquila, África, no hace falta que las encubras, no volverán a reírse de tí, y encima te han manchado los pantalones'' repetía la profesora una y otra vez, a la vez que me acariciaba el hombro. 
Fui hacia mi pupitre resoplando. Estaba lloviendo, y no me había dado cuenta de cuándo había empezado. Esas gotas en las ventanas, que parecía que competían entre ellas para ver cuál llegaba antes al final, era tan espléndido a la vista. Me habría encantado estar afuera en aquellos momentos, y notar como la lluvia, gota a gota, va empapando mi pelo, mi ropa, mi cara... Y a la vez poder escucharla, ese sonido tan relajante a mi parecer, que podría hacerme dormir incluso habiendo tomado cuatro bebidas energéticas. 
-África, ¿estás bien? ¿Quieres ir al baño? -me preguntó la profesora, al lado de mi pupitre.
-¿Qué? No, no, gracias, estoy bien... -resoplé frotándome los ojos. 
La profesora me sonrió dubitativa, pero finalmente accedió a continuar dando la clase. No conseguía enterarme de nada de lo que explicaba, me encontraba confusa y aturdida y no entendía el por qué. 
-Tal vez debas dormir más, se te ve mala cara -me susurró alguien a mi lado.
Me giré, confusa, a ver de dónde procedía esa voz masculina que no había oído nunca. La voz era de Marcos. Marcos Martínez. Era alto, moreno, bastante estudioso y deportista. 
-¿Eh? -fue lo único que me salió al oírle.
-Que no tienes buena cara -rió al oír mi extraño ruido recién reproducido- deberías dormir un poco más.
******
Había terminado el instituto. Llevaba algunos libros de la mano, para guardarlos en la taquilla. Iba por el pasillo cuando oí mi nombre. Al girarme, choqué con alguien, lo que hizo que todos mis libros se fuesen al suelo.
-Vaya... -suspiré mirando los libros.
-Perdón, lo siento mucho, de verdad -repetía Marcos una y otra vez.
Me agaché para recoger los libros, y él hizo lo mismo para ayudarme. 
-¿Qué querías? -pregunté cuando ya habíamos recogido todos.
-Eh... Solo quería decirte que siento no haber interrumpido lo de Vanesa y sus amigas -dijo rascándose la nuca, nervioso.
-No te preocupes -respondí agotada.
Acto seguido, me giré y continué mi camino hacia la taquilla, la 342. Guardé la mayoría de los libros, dejando mi mochila con poco peso. Eran las dos y media, y mi estómago rugía como loco, a la vez que mi cabeza no asimilaba bien todo lo que ocurría. Esperé en la parada del autobús el cuarto de hora que le quedaba, y cuando llegó, apenas miré al conductor, ya que luchaba por no quedarme dormida. Paula llegó corriendo justo antes de que arrancase, ya que por alguna razón ella salió más tarde. Me senté en la parte de atrás del autobús, me puse los cascos, y simplemente miraba los charcos de la calle cuando el autobús pasaba por encima de ellos.
  • ShiftWZK-image ShiftWZK - 06/08/2019

    Me gusta mucho tu estilo de contar la historia y la pasión que en ella pones. ¡Eres grandiosa!

  • TheYhox-image TheYhox - 25/06/2019

    Me gusta tu redacción, es bastante creativa, te invito a que me leas también. Tienes talento, sigue así. <3

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