Capítulo 25: "Progreso"

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Unas botas caminaban a la par de unos florita muy sofisticados, y ambos aplastaban la fina hierba que encontraban, a su vez, jadeos y quejidos se empezaban a hacer presentes en el ambiente, pues el sol que estaba sobre ellos, les plantaba una cara muy desafiante, de ahí que el muchacho bien gallardo que acompañaba a la señorita que estaba con él, no tuvo de otra que ponerle una pausa a su caminata.
 
—El sol no nos está dando tregua. ¿Por qué no nos detenemos un momento? —preguntó Alik limpiando el sudor que se le plantaba en la frente con su antebrazo.
 
—No podemos, si lo hacemos… perderemos la única pista que tenemos; esa tormenta no va a durar para siempre, ¿sabes? —le aclaró ella deteniéndose a su vez bastante agitada.
 
—Dices eso enana, pero estás incluso peor que yo —le sonrió de lado y se acercó inclinándose para ver el rostro enrojecido de ella.
 
—¡Te dije que dejaras de molestarme con eso! —le exclamó con furia, pero el abrupto cambio de ánimo hizo que le bajara la presión, por lo que se mareó y se empezó a caer de lado. De no ser porque el galán de su compañero reaccionó rápido para atraparla en el aire, ella hubiera terminado teniendo un encuentro con el suelo.
 
—Vaya, eres más delicada de lo que te haces ver —dijo suspirando, y algo preocupado por ella en lo que la sostenía. No obstante, a pesar de que esas palabras que había soltado parecían un poco despectivas, lo cierto es que las dijo con un tono suave, y dejó entre ver que no lo decía con mala intensión.
 
—Idiota —susurró ella muy cansada, a lo cual él volvió a suspirar, pero esta vez, la tomó en brazos, e hizo que Iris se sobre exaltara—. ¿Qué haces? —mencionó alarmada, y su rostro se llenó de un notable sonrojo que reflejaba más allá del calor que le provocaba el mismo clima.
 
—¿No es obvio? Es mejor de esta manera, así podrás descansar un poco —aseguró él con una sonrisa amable, la cual Lux veía por primera vez.
 
El momento se volvió algo enternecedor, así que eso dio un giro a su alrededor, es decir, la sonata del viento se encargó de sazonar el momento con el sonido de un delicado piano.
 
—Luego no te quejes de que peso, o si no te golpeo —mencionó entre dientes con vergüenza la más baja, quien luego se atrevió a mirar a otro lado, pues el corazón se le empezaba a descarrilar de una forma inexplicable. Si bien, él le había entregado muy malos tratos, y no dejaba de molestarla cada vez que podía, no obstante, hubo varios momentos con ese hombre que no podía dejar pasar, y este era uno de los tantos que les implicaba, pues era la primera vez que Alik le demostró cortesía por su parte, ¿o quizás no?, pues recordando, no lo era, ya que hubo otras ocasiones que terminó siendo protegida por esos fuertes brazos, por ejemplo: él la había cargado cuando se encontraba débil, también la cuidó cuando se caían del barranco, tampoco hay que olvidar aquella vez en la que la atrapó cuando las aguas de la fuente dejaron de sostenerla, sin mencionar lo que pasó hace poco dentro de la tormenta, lo cual le daba muchos puntos a este chico, así que esos pequeños acontecimientos, más el tiempo que pasaban juntos, hacían que aquel morocho adquiriera un poco más de valor para ella.
 
—Ahora que lo dices… —la expresión de Iris se empezaba a llenar de molestia otra vez frente a esas palabras, y él estuvo a punto de fastidiarla, pero al ver que el estado de ella era delicado, y que la alteración la había hecho casi desmayar, lo pensó mejor, así que decidió abstenerse— en realidad eres más liviana que una pluma —aseguró él a ojos cerrados, y empezó a retomar el camino.
 
—¿Qué? —la reacción de Iris cambió a una de desconcierto, pues pensaba que iba a seguir indiscriminadamente con su desagradable juego, pero en lugar de eso, prefirió hacerle un pequeño halago.
 
—Lo que escuchaste —le dijo, e Iris simplemente se quedó pasmada.
 
Ella no lo entendía, le era complicado comprender la naturaleza de ese chico menor que ella, pero a su vez, empezaba a aceptar su incomoda manera de ser, no obstante, eso no significaba que también lo hiciera respecto a la forma que tenía de llamarla, es decir, los apodos que le daba.
 
Inesperadamente, la caballerosidad de Alik se extendió un poco más de lo que ella misma pudiera haber calculado, especialmente cuando llegaron a un pequeño riachuelo de aguas poco profundas, en el cual él se inclinó aún con ella en brazos para tomar un poco de agua con su mano.
 
—Esto podría servirnos a ambos —el precioso muchacho tuvo la cortesía de ofrecerle a ella primero antes de beber el agua, pues pensaba que su situación era mucho más urgente que la suya—. Puedes beberla, es clara y está bastante fría —notificó él.
 
—¿De verdad? —mencionó ella un poco avergonzada por la posibilidad que se le presentaba,  y él asintió.
 
—Adelante —le insistió Alik, a lo que ella aceptó y se inclinó un poco para beber. La mano del catalizador era grande, pero también parecía ser suave, sin embargo, no deseaba comprobarlo, así que con mucho cuidado, corrió sus cabellos a un lado, y bebió lentamente la helada agua que sostenía aquella palma.
 
—¡Wow! ¡En verdad está deliciosa! —exclamó la jovensita levantando la cabeza en un gesto lleno de sorpresa—. Debes beber también Alik. ¡Te la recomiendo! —le aconsejó con grandes ánimos.
 
—Sí, eso haré —le contestó, y volvió a juntar agua en su palma para así beber.
 
En el proceso, casi le pareció a Iris observar a una tierna criatura que se rehidrataba con un cuenco improvisado, pero que a su vez le permitía resaltar una de las más hermosas cualidades que poseía el muchacho, más específicamente hablando, sus labios. Ignorando que ella se encontraba observando descaradamente su comisura, el chico se levantó rompiendo su encanto para luego surcar con ella en brazos la dichosa agua que ambos habían saboreado momentos atrás.
 
—¡Ah! ¡Si cruzas de esta manera podríamos hundirnos en algún lado! —advirtió ella en lo que veía como pasaban entre la corriente, y por lo mismo, se aferró a él con cierto temor.
 
—No tires mala onda al asunto, ¿quieres? —le reprochó él, y finalmente, llegaron al otro lado—. ¿Ves?, no ha pasado nada —le dijo deteniéndose en la orilla en lo que cruzaba unas miradas con ella.
 
—Ah… sí —respondió pausadamente la chica, y a continuación miró a otro lado, pues no podía evitar sentir que los nervios volvían a echarle un terrible contra ataque—. ¡Perdona, pero ya puedes bajarme! ¡Ya me siento mejor! —aseguró ella, y él un tanto extrañado le preguntó lo siguiente.
 
—¿Enserio ya no te sientes mareada? Mira que no me molesta seguir cargándote un poco más, aunque… no te acostumbres, mira que no quiero que te enamores de mí —le canturreó lo último, por lo que daba a entender que su ego volvía a las andadas.
 
—Ya empezamos —dijo con angustia ella mientras se baja de sus brazos—. Como sea, sigamos.
 
—Ah, realmente no tienes nada humor —mencionó moviendo sus hombros con decepción, y luego volvió al tramo junto a ella.
 
Ya pasadas unas dos horas al menos, el calor empezaba a disminuir, por lo que hacía del día un poco menos pesado, por otro lado, la tormenta que estaba frente a ellos ya había desaparecido, y no podían evitar pensar que probablemente sus camaradas habían seguido adelante sin ellos.
 
—Ah… estoy exhausto —se quejó Alik apoyándose debajo de la sombra de un árbol en lo que inclinaba su cuerpo sobre sus rodillas.
 
—Yo igual —notificó ella también apoyando su espalda en el mismo árbol con el pecho otra vez agitado.
 
—Descansemos —le dijo él dejándose caer sentado sobre el pasto.
 
—Sí, supongo que será lo mejor, de cualquier forma no llegaremos tan pronto —mencionó con decepción.
 
—Ajam —se le escuchó expresar a Alik.
 
En lo que se tomaban aquella pausa, el aire arrastraba lentamente unos cuantos copos de una planta de león, la cual surcaba con gracia un camino indeterminado. Mientras tanto, en lo que se apaciguaban sus almas, Iris vio una oportunidad de oro, una en la que podría aprovechar para agradecerle lo que él hizo por ella en el pueblo destrozado de Babil, pues antes no había encontrado el momento adecuado como para hablar respecto a eso, y el ambiente ahora se prestaba para ello.
 
—Oye, Alik —le llamó ella.
 
—¿Qué pasa? —levantó su cabeza para mirarla.
 
En ese instante, la pequeña catalizadora, sintió que le venía un terrible sentimiento que le hacía sellar sus labios, pero que también, le provocaba un nudo en la garganta, e incluso, le hacía temblar el cuerpo como si estuviera experimentando algún tipo de terremoto.
 
—Bueno, veras… —se detuvo un momento, y tragó algo de saliva para quitarse los nervios—. Quería agradecerte por lo que hiciste por mí en Babil —dijo casi en un susurro.
 
—Oh, eso —a Alik se le notó ligeramente sorprendido, pero ella no fue capaz de ver cuando las mejillas de él se apenaron—. No tienes por qué agradecerme.
 
—Claro que tengo. No esperé que te animaras a cargar con la responsabilidad de hacer a Zaid tu compañero, principalmente porque parece que no se llevan bien —le respondió ahora un poco más relajada—, y eso lo veo como un gran gesto de tu parte.
 
—No es para tanto, era necesario hacerlo, principalmente porque tú no podías, y aparte… era el único que sabía cómo llevar a cabo el ritual —aseguró en lo que acomodaba sus manos detrás de su nuca y miraba el cielo tratando de minimizar aquello que había hecho.
 
—Igual lo valoro mucho —le informó ella—, también valoro todas las demás cosas que has hecho por mí. Hasta ahora me has protegido sin que te lo haya pedido.
 
Alik miró de reojo a Iris, pues la situación era inquietante para él, pero no nada más por esa parte, sino también por el hecho de que se plantó una incómoda paz poco común entre ellos. Todo aquello lo hizo ponerse nervioso, y enseguida contagió a la chica de la misma forma sin saberlo, pues… no le había respondido a las cosas que le decía. Por un momento, notó aquella sensación que tuvo en el castillo de las hadas, y para evitar que ésta se extendiera, se levantó enseguida, pues quería huir de esos sentimientos que ella se encontraba removiendo en su interior.
 
—Será mejor que sigamos —le anunció él—. Aunque la tormenta no esté, puede que nos hayan dejado algo para que podamos seguirlos.
 
Para Iris, fue incomprensible el cambio tan abrupto de tema, por lo que eso hizo que un poco de tristeza se pintara en el rostro de ella, pero… lo entendía, quizás Alik no podía evitar pensar en nada más que en la princesa, así que ella también se levantó con algo de lentitud y decepción.
 
—Tienes razón. Léa nos está esperando —mencionó ella y le sonrió con suavidad, pues sus ánimos se vieron mermados al recordar porqué Alik se movía.
 
Él fue testigo de ese cambio en ella, así que la miró por sobre su hombro poniendo mala cara, e hizo lo que mejor sabía hacer, molestarla.
 
—Poniendo esa cara de cachorro atropellado, no vas a resolver la denigrante situación en la que nos has metido —quizás había ido demasiado lejos cuando expresó aquello, aun así, logró el objetivo que esperaba.
 
—¡Qué! ¡Cómo puedes decirme eso! —ahora se empezaba a alterar otra vez—. ¡Yo no hice nada! —de nuevo comenzó a sentirse indignada por lo que le decía aquel sujeto. ¿Su culpa? ¿Hablaba enserio?
 
—¿Quién fue la que salió volando? —la miró sonriendo cruzado de brazos.
 
—¡Ah! ¡Tú empezaste a volar conmigo! —lo señaló—. ¡Así que no es justo que me eches toda la culpa!
 
—Sí, sí, lo dice la niña que se le dio por atrapar el viento y salir planeando como si fuera una vela de barco —dejó de cruzarse de brazos y extendió éstos expresando aún más ironía por su parte.
 
—Desgraciado —gruñó ella, y tomó una piedra pequeña que le arrojó a la cabeza, y que de una forma divertida, dio en el blanco que apuntaba—. ¡Nunca más voy a darte las gracias!
 
—¡Ah! ¡Salvaje! —gritó él sobándose la zona afectada, pues el golpe sí le había dolido. Pero entonces, cuando vio que ella tomaba más piedras, él optó por correr—. ¡Así nunca lograrás hacerme tu novio!
 
—¡Prefiero quedarme soltera a tener un tipo como tú como pareja! —le exclamó persiguiendo al patán que tenía como compañero.
 
La persecución se extendió a lo largo de unos treinta minutos más, hasta que por fin llegaron al punto inicial en el que salieron volando. Aunque pisaron su objetivo, estos no se dieron cuenta dónde es que estaban, pero principalmente Alik, quien se escondió detrás de unos árboles con el pulso a mil, pues la más baja no dejaba de lado su molestia y quería seguir apedreándole.
 
—Diablos, ¡no sabe cuándo rendirse! —murmuró para sí mismo estando contra el tronco.
 
—¡Sal de una buena vez descerebrado! —le gritó ella, y una vena le salió en el cuello a él.
 
—Esa chiquilla... —gruñó por lo bajo, pero no, no caería en su trampa—. Eso no va a funcionar —dijo medianamente sonriendo con algo de histeria.
 
—¡Si no sales es porque eres virgen! —aseguró ella.
 
—¡No soy virgen! —la señaló él con su dedo exponiéndose finalmente a ella.
 
—¡No puedo creer que hayas caído en eso! —se burló Iris y le dedicó una sonrisa llena de malicia en lo que elevaba sus manos llenas de piedras.
 
—¡Diablos! —retrocedió exaltado.
 
El rostro de Alik no hacía más que expresar horror, pues sabía que le esperaba una situación un poco dolorosa al parecer. Por otro lado, sin saberlo, a unos cuantos metros de ellos, estaba la pista que tanto necesitaban, pero eso lo notarían hasta más tarde, una vez y hubieran resuelto sus diferencias.

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