1. Incomodidad

Obscuridad (Sombras y Fantasmas #1)

visibility

1.01K

favorite

4

mode_comment

0


—Cierra tus ojos y céntrate en esa voz que escuchas. Permite que sea tu guía —pidió Lissie mientras observaba a la anciana hacerle caso.
El aire se volvió más espeso y el frío invadió por completo la habitación. Las luces comenzaron a parpadear y la claridad fue volviéndose escasa.
Fue entonces que Lissie escuchó de forma lejana la voz de un hombre que pedía ayuda. Se giró en busca del fantasma, pero la habitación se encontraba vacía. La anciana comenzó a respirar con rapidez y parecía estar sufriendo demasiado. Lissie tomó un trago de su vaso de agua y cerró los ojos.
Quedó sorprendida al descubrir que ya estaba en el lugar donde estaba el fantasma. Reconoció el pequeño lago escondido en el bosque de Blunt. Había muchas personas vestidas con ropa antigua. Comenzó a caminar lentamente entre las personas que parecían no darse cuenta de su extraña presencia.
«Inmortales» seres que no son fantasmas. Quedan varados eternamente en el lugar que murieron.
Saltó un pequeño bache y levantó la mirada encontrándose con que uno de los fantasmas la estaba observando muy detenidamente.
«Bien» pensó Lissie. Había dado con su objetivo.
El fantasma no alejó su mirada mientras ella se acercaba. Sabía quien era y sabía lo que estaba haciendo allí.
—Hola, mi nombre es Lissie —comenzó diciendo de forma cordial.
—Se quién eres —respondió el fantasma con voz seca.
—A tu esposa no le queda mucho tiempo de vida. ¿Crees que es justo para ella que andes indagando en sus últimos meses? Esta sufriendo.
—¿Y a ti que te importa? —contestó el fantasma molesto.
Lissie miró a su alrededor.
—Soy la persona que puede ayudarlos a ambos. Ella confía en mí, pero tú ¿confiarías en mí? Si no haces lo que te recomiendo —le señaló el lugar—. Quedaras como ellos.
—Tu solo quieres que no me acerque a mi mujer. ¡Que la deje sola! —ella negó.
Lissie vio una piedra gigante a pocos metros y caminó para sentarse. El fantasma del esposo de su clienta la siguió en silencio. Ella vio a lo lejos a las personas desesperadas, vueltas locas. El accidente del avión había sido desastroso y la mayoría había muerto en el acto.
Aunque casos como los de ese fantasma eran muy particulares. Había sobrevivido al accidente y habían durado bastantes días vivo. La falta de comunicación y recursos fue un grave problema. Entendía que para ese tiempo no hubiera celulares, sin embargo no podía creer que no hubieran conseguido alguna forma de encontrar a todas esas personas.
Reconocía que a veces no valía la pena justificar los hechos.
Él no era un espíritu vengativo. Solo deseaba estar con su esposa, la cual no había vuelto a casarse. Su corazón llego a achicarse en el momento. Era difícil no sentir empatía con sus clientes. Después de todo ella podía escuchar sus pensamientos, podía ver lo que habían hecho durante toda su vida con solo un roce y encima sabía ver el futuro y el pasado que les deparaba.
Su don era una tortura que había aprendido a utilizar a través del tiempo. No podía sentirse deprimida con lo que tenía, ese tiempo había pasado y una persona le dijo que tenía un don hermoso para ayudar a las personas y que no podía desaprovecharlo.
Lástima que no pudiera ser sincera con esa persona que tanto bien le hacía.
Despejó sus pensamientos y volvió a centrarse en el fantasma.
—Estas muy equivocado, pero te comprendo. Estas asustado con esta nueva aventura. Tienes miedo de que yo sea como los demás que se centran en cruzarte al otro lado y listo.
El fantasma comenzó a prestarle más atención. Aprovechó el momento para continuar hablándole.
»Yo no soy así. Me aseguro de dejar ambas partes bien, satisfechos y dispuestos a recomendarme con otros fantasmas en desespero. Doña Isa es un amor, una clienta muy dulce y cariñosa. Siempre me hace pasteles de chocolate porque sabe que son mis favoritos. ¿Cómo podría yo hacerle algo que la lastimara?
—Sé que si te hago cruzar ella jamás me lo perdonara. Por eso estoy aquí. Ella necesita hablarte. Quiere saber cómo te has sentido, lo que sucedió.
»Doña Isa se encuentra concentrada en escucharte. Ahora es tu turno de hacerlo. Cierra tus ojos y busca su voz. Llega hasta ella y tengan su momento. No pienses en lo que usualmente te han dicho. Tú puedes salir de este punto por cortos periodos de tiempo.
El fantasma la miró con sus ojos aguados. En todos esos años nadie le había dicho esas palabras. Nadie había sido tan dulce y honesto con él. Esa clarividente, bruja o lo que fuera, le estaba dando la oportunidad de oro.
Cerró sus ojos sintiendo su corazón latir con fuerza. Vería a su amor, a Isa. Apretó las manos haciéndolas puños y se concentró fuertemente en el sonido de su voz llamándolo.
Una mano acaricio su mejilla y él abrió los ojos de inmediato. Allí, delante de él y con un hermoso traje floreado se encontraba la mujer más hermosa que hubiera visto jamás. Ella sonrió acercándose hasta él y tomó su rostro acercándolo despacio al suyo.
Lissie sonrió al verlos. Ya había cumplido una parte de la consulta. Ahora les dejaría un tiempo a solas a esa pareja para que puedan hablar y entregarse al momento que llevan esperando por tantos años. Abrió sus ojos y vio el cuerpo de Isa sentado y recostado levemente, mientras tenía una sonrisa en su rostro.
Salió de la habitación y se aseguraría de que la anciana estuviera cómoda. A lo que ella tenía su encuentro, caminó hasta la cocina y sacó de la nevera una botella de agua. Mientras la abría se acercó hasta el pequeño sofá y se sentó mirando el techo.
Estaba cansada y triste. Su pecho dolía, el sentimiento de que algo se le estaba escapando de las manos no desaparecía.
¿Pero que debía hacer? No tenía respuesta. Cerró sus ojos y dejó que una lágrima se escapara. ¿Por qué no podía regresar el tiempo atrás? ¿Por qué la vida debía ser tan injusta con ella?
Y lo peor de todo.
¿Por qué no podía simplemente amar con total libertad a la persona que ella sabía que le amaba con toda su alma? «Que tonta eres» se quejó mientras se limpiaba con rabia sus lágrimas.
****
Mathias abrió la puerta de su apartamento y se encontró con sus tres mejores amigos con paquetes de cervezas en sus manos. Los miró ceñudo mientras ellos sin decir nada entraban riendo. Debió haber sospechado que algo así pasaría.
—Hoy cumples un maldito año más de vida y no te apetece ir a celebrarlo. ¿Qué clase de subnormal eres? —preguntó Peter mientras metía uno de los paquetes a la nevera.
—¿Alguien que reconoce que mañana tiene trabajo y no quiere amanecerse? —contestó con una leve sonrisa. Se acercó hasta el sillón de cuero negro y se dejó caer con pesadez.
Edward le trajo una cerveza.
—Por eso tuvimos la genial idea de venir a tu apartamento a celebrar un rato que cumples ya 29 años. Que rápido pasa el jodido tiempo.
—Ni que lo digas, Ed. Yo temo despertarme un día y descubrir que soy un viejo desagradable —dijo Esteban poniendo una expresión de terror.
Peter le golpeó la cabeza para luego sentarse en el único sillón vacío.
—Yo prefiero vivir mi vida sin preocupaciones. Hacer siempre lo que quiero y cuando quiero.
Mathias frunció el ceño y le dio un largo trago a su cerveza.
—Tus planes son tener sexo la mayor parte del tiempo. ¿Así planeas seguir?
Peter se encogió de hombros.
—Es lo que tengo. No tengo culpa de haber nacido en una cuna de oro.
Mathias negó sin enfadarse.
—Toda cuna de oro puede terminar rompiéndose —dijo mientras se terminaba la cerveza.
Los cuatro habían nacido en una familia de ricos. No podía culpar a Peter por su inmadurez. Cuando sus propios padres tenían ese tipo de pensamientos. Además, él era el heredero de una gran compañía de vinos y cervezas bastante conocidas. Lo tenía todo a sus manos y encima era mujeriego, una combinación no muy buena.
Reconocía que, aunque la empresa de Peter tuviera problemas. No llegaría nunca a la quiebra. Sus ingresos eran demasiado y eran la principal distribuidora de toda Latinoamérica. Echó la cabeza atrás y cerró sus ojos. Había algunos momentos en los que le gustaría que sus amigos simplemente respetaran su espacio.
Se concentró en el ruido de la lluvia chocar contra la ventana. Hacía mucho tiempo atrás una persona le había enseñado a valorar esos pequeños regalos de la naturaleza. Aprendió a escuchar con más calma el cantar de los pájaros. Todos esos detalles que antes no le importaban, ahora no desaparecían de su mente.
Vaya tiempos en los que creyó que sería verdaderamente feliz. En los que creyó que había encontrado a su compañera de vida. Ahora después de seis años, realmente no creía que todos esos pensamientos de un chico enamorado hubieran valido la pena. O quizás sí que estos pensamientos le ayudaron...
Le ayudaron a ser más celoso con su vida, con sus opciones. A veces anhelaba regresar a esos tiempos en los que su mente, su meta y su vida giraban en torno a ella.
—¿En qué estás pensando, Mathias? —preguntó Esteban cauteloso.
Él lo sabía.
—En como los botare de mi casa —Esteban no logró indagar más porque fue interrumpido por Edward.
—¿Iras a la fiesta de aniversario de la compañía?
—¿Desde cuándo tenemos opción de no asistir a ese tipo de eventos? —preguntó Mathias.
Esteban rio y negó mientras se terminaba de tomar la cerveza.
—Mi madre fue demasiado clara con sus palabras. "Oh vas a la fiesta o tendrás problemas" y créanme que con esta edad no me interesa ser castigado —contestó Edward haciendo una mala imitación de su madre.
Peter comenzó a reír.
. —Esa mujer piensa que todavía tienes tres años. ¿Cuándo se dará cuenta que ya no eres Edward bebe? —se burló Esteban mientras se habría otra lata de cerveza.
—¿Y tú que dices? A ti de seguro también te dieron la misma amenaza. Lo que me hace preguntarme ¿Por qué tienen tanto empeñó de que asistamos a esa fiesta de aniversario?
—Vaya uno a saber. Solo tengo claro que mi tío Rexford me pidió que convenciera a Lissie de ir. ¿Cómo rayos se puede convencer a alguien que sabe lo que piensas? Es escalofriante.
Mathias apretó la mandíbula y continúo bebiendo de su cerveza.
—Tu mi hermano, tienes un gran problema. Lo peor es que no podemos ayudarte. Ella lo sabría incluso antes de acercarnos —dijo Edward encogiéndose de hombros.
Esteban se encogió de hombros y no dijo nada más.
Estaba preocupado.
Lissie es su hermana menor. Estaba próxima a cumplir los 22 años y es una chica especial. Así de claro como el agua. Ella escuchaba los pensamientos de los demás, sabía a la perfección quien estaba a punto de acercarse.
En ese entonces se escuchó un trueno ensordecedor y Mathias supo que tendría que dejar a ese trio dormir en su casa.
—Esteban sabrá buscar la manera de que su hermana vaya a esa fiesta sin estar obligada. O en el mejor de los casos ¿no crees que ella ya haya visto lo que se aproxima? —preguntó mientras veía hacia la ventana.
—Supongo que es una posibilidad. Aunque últimamente ella me confesó que ha estado dejando en pausa eso de ver visiones futuras. Dice que no se siente bien últimamente. Y sé que ver ese tipo de visiones la agotan demasiado.
—Quizás solo se haya excedido con su trabajo —alegó Peter ya acostándose en el sillón.
—Puede ser —respondió Esteban pensativo—. Mi madre decía que después de los 22 sucedían muchas cosas. Y el cumpleaños de Lissie no esta muy lejos.
Mathias observó a Estaban. No se veía bien y ya iba siendo momento de terminar la fiesta. Se levantó del asiento botando la cerveza.
—Es momento de acostarnos. Esteban, tu hermana sabe manejar mejor que nosotros cuatro juntos cualquier cosa. No te preocupes tanto —dijo mientras se daba media vuelta y se encerraba en su cuarto.
Edward miró a Esteban pensativo.
— ¿Cuánto tiempo necesitará para dejarla ir? —le preguntó en voz baja.
—En estos momentos me gustaría tener la habilidad de mi hermana para saberlo.
Peter ignoró a ambos chicos y caminó hasta la habitación de invitados. Esa noche prometía ser una pesadilla.
Esteban se quedó en el sofá pensando en las palabras de Edward.
¿Cuánto tardaría Mathias en olvidarla?
****
Lissie dejó caer su mochila en la cama y se quitó las botas. Había atendido aproximadamente 6 clientes y se encontraba agotada. La anciana Isa le envió un mensaje al llegar a su casa donde le agradecía toda su ayuda. Ella lo había sentido desde esa tarde, su momento había llegado.
¿Pero quién era ella para decirle que ese día al fin cumpliría su sueño de estar con su esposo? Cuando recibió la llamada de que Isa había fallecido mientras dormía. Lejos de una lágrima lo que formo su rostro fue una sonrisa. Al fin ellos estarían juntos y para ella no había nada mejor que eso. Su corazón se sentía tranquilo al saber que su don continuaba dando buenos frutos.
Se desnudó y caminó hasta la cama de nuevo para tomar su celular. Todavía no era medianoche, todavía estaba a tiempo. Negó dejando caer el celular en la cama y caminó hasta la ducha. Necesitaba acabar con ese martirio que continuaba persiguiéndola. ¿Pero cómo hacerlo? Lo peor de todo es que ella tenía la respuesta y no quería aceptarla, no quería darse cuenta que ese era su destino.
Al salir volvió a mirar su celular. Después de tomarse una relajante ducha su mente había quedado en el limbo. Por lo que no dudo en acercarse y tomar el celular para luego enviar el mensaje. Una vez enviado se dio cuenta que de nada serviría lamentarse. Ya lo había hecho. Cerró sus ojos con fuerza. El dolor se instaló en lo más profundo de su pecho. Quemándola por dentro muy lentamente. Ella era fuerte, ella podía con eso. ¿Verdad?
Se despertó con ese dolor de cabeza horrible. Buscó con desespero en la mesa de noche las pastillas. Odiaba levantarse así. Se masajeo las cienes, los hombros y el cuello. Miró hasta el techo de su cuarto y volvió a dejarse caer en la cama. ¿Debería tomarse unas vacaciones? Ni pensándolo. Se desperezo y estuvo dispuesta a no permitir las malas insinuaciones.
Había estado trabajando en un dibujo cuando recibió la llamada de su hermano. «Puedes venir a casa temprano». Arrugo el entrecejo cuando volvió a guardar el celular.
Una de sus reglas personales es no espiar la vida de su hermano. Lo mismo iba para sus amigos. No le gustaba el sentimiento que tenía de estar haciendo algo malo. Lo que ella podía ser sería catalogado como invasión. Realmente no le gustaba sentir que sacaba ventaja sobre eso. Guardó sus cosas agotada.
****
Dejó el abrigo de salir en el perchero. La cocinera de la casa apareció en la entrada y le sonrió.
—El joven Lorens se encuentra en el comedor. ¿Desea que también le sirva un plato? —preguntó. Ella lo pensó y cuando fue a contestar que no, el sonido de su estómago rugió. Terminó asintiendo—. Perfecto. Espéreme en el comedor.
Lissie caminó a paso lento hasta el comedor. Antes de abrir la puerta escuchó más murmullos. Se concentró más llegando a identificar la voz de Edward. Trago en seco sabiendo lo que eso significaba. Dudó mucho si entraría. ¿Pero a que le temía? ¿Por qué huía como si fuera una criminal? Trago en seco y con su mejor sonrisa entró al comedor. Recibiendo todas las miradas.
«Lo que me faltaba» pensó con estrés.
—¿Esperaban por mí? —preguntó caminando hasta su hermano para luego abrazarle y darle un beso en la mejilla.
—Por supuesto que sí, te envié mensaje. Tardaste un siglo en llegar.
—Oh, claro que lo hiciste. Y siendo sincera me sorprendió. Sobre eso último, no exageres —respondió sentándose a su lado.
Esteban la miró interrogante. Ella le sostuvo la mirada con los brazos cruzados.
»¿Pasa algo? —preguntó. Su hermano negó rápido.
—Solo quería saber si no habías leído mi mente.
Lissie frunció aún más el ceño.
—¿Y porque estaría yo leyendo tu mente? Sabes que no me gusta hacerlo. Escuchar los pensamientos de ustedes es como invadir su privacidad. Así que deja de verme de ese modo, tonto. A caso ¿quieres que indague en tu cabeza? Sabes que con solo pensarlo puedo descubrir todo.
Él negó de inmediato y Peter comenzó a reír. Lissie miró a Peter con el entrecejo arrugado y este rápido dejo de burlarse.
—Que fácil ha sido intimidarte —dijo Lissie mientras miraba a Peter con una leve sonrisa de triunfo. Edward comenzó a reír a carcajadas.
—Peter tiene la loca idea de que tú ves todo lo que hace. No quiere que sepamos sus trapos sucios —explico Edward.
—¿En serio piensas eso? —le hizo la pregunta directa a Peter. Él comenzó a encontrar interesante el florero—. Si te soy sincera no me interesa ver como tienes sexo con una morena plana y sin nalgas. ¿Aunque sabes que es lo divertido? —preguntó Lissie con una leve sonrisa.
Peter trago en seco.
—No estoy seguro de querer saber.
—Sí, tienes razón, es mejor que no lo sepas. Yo solo se muchas cosas que es mejor no decir —dijo adrede.
Se quedó curioso, ella pudo verlo y sentirlo a distancia. Cuando Peter fue hablar la cocinera traía los platos.
Ella evitaba a toda costa hacer contacto visual con Mathias. No quería verlo, le torturaba sentirlo allí. El saber que estaba cerca la ponía inquieta en la silla. Lo bueno es que él no la miraba tampoco. Sabía que estaba pendiente a su celular. Ignorando su presencia.
—¿Tu visión tiene que ver con una futura esposa? O quizás ¿con mi herencia? —preguntó Peter. Lissie tomó la jarra de agua y se sirvió un vaso.
—A ti no te importa la herencia, Peter. Nunca ha sido tu prioridad —se limitó a decir sin mirarlo.
—De seguro tiene que ver con una mujer —apoyo Edward mientras comía.
Lissie sonrió.
—No se burlen a mi costa. Tu jovencita tienes una conversación pendiente conmigo —murmuro Peter riendo.
—Por supuesto, Peter. Lo único que te adelantare es que no te gustara lo que el destino tiene deparado para ti. Sin embargo, podrías encontrarlo divertido y emocionante.
El silencio se hizo presente de pronto. Ninguno hablaba, solo estaban concentrados en la comida y eso era muy malo.
«Chicos, no se callen» pensó ella con una súplica.
«Debo buscar la forma de convencerla para que vaya a esa fiesta. Si no lo hago tío no dejara de fastidiarme.»
Reconoció la voz de Esteban. ¿Él estaría hablando de la fiesta de aniversario? Pensó mientras se llevaba una cucharada de comida a la boca.
La idea de asistir a una fiesta por obligación la hizo atragantarse. Sintió cuando los cuatro chicos se giraron a verla. No los miró a ninguno.
—¿Estas bien? Te ves como si hubieras tenido una muy mala premonición.
«Perfecto» pensó ella mientras se enderezaba y le sonreía a su hermano.
—No fue mala, solo fue un poco impactante. Yo me disculpo, pero no me siento bien. Iré a descansar un poco —se giró a ver a su hermano—. Luego me dices que es eso tan importante para lo que me llamaste.
Salió del comedor sin mirarlos a ninguno. Cuando llegó a su cuarto y se dejó caer en la cama.
Si su tío le había pedido a su hermano ir a esa fiesta, lo haría. No iba a poner quejas y tampoco iba a preocuparse. La cabeza comenzó a dolerle, pero no hizo caso. Sacó los documentos de algunos de sus clientes y comenzó a revisarlos.
Ella sabía de algunas clarividentes que no ejercían su don como deberían. La mayoría lo ocultaban como si este fuera un pecado. Lo cual ha sido uno de los más grandes errores. Ella era distinta. Le agradaba lo que hacía, le agradaba ayudar y se sentía productiva.
Escuchó que tocaron su puerta y ella levantó la vista para mirarla. A veces se sentía estúpida al creer que la puerta hablaría. Soltó un suspiro cansado y se levantó de la silla.
Su garganta se cerró con rapidez y ella abrió sus ojos como plato cuando se dio cuenta de quien la estaba buscando.
—Mathias... —dijo sorprendida.
Él estaba allí parado frente a su cuarto. Ni en un millón de años ella pensó que lo vería allí, de nuevo.
No lo había visto tan cerca en muchísimo tiempo. Se había prohibido mirarle, buscar información de él. Se había prohibido absolutamente todo lo relacionado a él. Era como si su hermano solo tuviera dos mejores amigos y no tres. Era una tortura después de lo que pasó.
Ambos habían sufrido, habían salido lastimados. Aun siendo clarividente decidió hacer todo de forma normal, sin meter mano. Se fue un año fuera del país luego de cumplir la mayoría de edad. Fue un año de reflexión. Recordar la lastimaba y verlo la lastimaba aún más. No tenía palabras para decir cuando se trataba de él.
Y lo peor es que no importaba cuanto lo alejara. Cuanto tiempo llevara sin saber de él. Su corazón seguía sufriendo el lapso del pasado.
Mathias llevaba el cabello rubio rebelde, tenía una camisa de vestir de manga larga y unos jeans negros. Estaba semiformal lo que significaba que no había habido ninguna reunión importante.
«No es como si eso realmente te importara, ¿verdad?» pensó Lissie.
Dejó de verlo sabiendo que eso solo empeoraría las cosas. Que él estuviera tan despampanante no era de mucha ayuda. No se atrevió a mirarlo a los ojos.
—Tu hermano me rogó que subiera a buscarte, quiere hablarte —habló él con tono indiferente.
«Muy bien, Mathias, continúa así. Tú también sabes que es lo mejor. Sigue hablándome indiferente» suplicó ella en sus pensamientos.
—¿Y para eso te envió a ti? es muy raro por parte de él.
«Vete, vete» pedía ella en sus pensamientos.
—Recibí tu mensaje anoche. Gracias por las felicitaciones. —Lissie asintió despacio. Aferró su mano en el picaporte, estaba mareada.
—Espero que hayas tenido un buen cumpleaños. Bajaré en un minuto, puedes decirle eso a mi hermano —respondió controlando su voz con todas sus fuerzas.
Él asintió y comenzó alejarse. Ella cerró la puerta y comenzó a respirar entre cortamente. Se llevó una mano a su pecho y se lo masajeo.
«Todo está bien, ya paso» pensó mientras intentaba tranquilizarse.
¿Él también estaba igual de agitado que ella? Era difícil saberlo. ¿Porque ella no había indagado en su vida? Quizás si lo hacía de una vez sabría que tanto él estaba sufriendo.
Bajó luego de haberse tranquilizado. Agradeció profundamente que ninguno de sus tres amigos estuviera. Al menos ya podía respirar en paz. Su hermano la esperaba en el pequeño salón solo para familiares.
—Bajaste, pensé que nunca lo harías —dijo girando levemente su cabeza.
Ella asintió y se sentó en uno de los sofás para verlo a él jugar con su PlayStation 4. Estaba muy concentrado antes de que ella llegara.
—¿Qué es eso por lo que me mandaste a llamar desde temprano? Ando curiosa.
Vio como él vacilaba. Estaba nervioso y preocupado. Ella odiaba ese tipo de fiesta y su hermano lo sabía. Por eso es por lo que tardaba tanto en decirlo.
—Es complicado, algo que sé que no te va a gustar —comenzó él.
—Esteban, ve directo al grano —respondió cruzándose de brazos.
—¿Puedes ir a la fiesta de aniversario? Tío Rexford me ha pedido que te suplicara que fueras. No sé por qué, pero sé que se veía muy interesado.
Lissie se llevó el dedo índice a su mentón.
—De acuerdo, iré a esa estúpida fiesta.
Esteban se levantó feliz y fue hasta ella para abrazarla. Dejando en el olvido su juego. Ella comenzó a reír sintiendo todo su peso sobre ella.
—No sabes del peso que me has sacado.
—Créeme que lo sé —respondió ella mientras le devolvía el abrazo.
****
Mathias apretó el volate mientras respiraba agitado. Recordaba las palabras de su amigo cuando bajó de darle el mensaje a Lissie. No sabía porque de entre todos le había pedido precisamente a él que subiera. Creyó que lo ayudaba, ahora no estaba tan seguro.
—Eres mi mejor amigo desde hace mucho tiempo, Mathias. Sin embargo, esa chica que está en esa habitación es mi hermana. Y no puedo verlos así. Porque no me hace sentir bien. Deben buscar la forma de que esto se detenga.
—Entiendo que esta situación sea incomoda.
—La situación no sería incomoda si ustedes dos hablaran como adultos y actuaran como adultos. Estoy cansado, ¿entiendes? Que no pueda tener conversaciones normales con mis amigos y mi hermana simplemente porque dos de ellos están con la ley de hielo.
—No quiero justificarme. Sin embargo...
Esteban puso una mano en su hombro y lo miró serio.
—Créeme que sé que mi hermana fue la que cambio. Todo fue culpa de ese viaje. Se que puede ser que ella tenga la culpa de esto.
—La culpa la tenemos los dos, Esteban.
—Yo solo quiero que esto terminé y que dejé de ser incómodo para todos. ¿Crees que puedas cooperar?
—Puedo hacerlo.
Su voz había sonado dura. Conocía a Esteban lo suficiente como para saber que estaba hastiado. Hasta cierto punto, él también lo estaba. Ahora se encontraba de camino a su casa y con un mar de incertidumbre.
Amaba a esa chica. Aunque no podía tenerla. 

Este sitio usa cookies para tu sesión de usuario y mostrarte publicidad.

De acuerdo