Trilogía del espacio

Géneros: Acción, Aventura, Ciencia ficción

Rebecca, ha perdido a su familia a manos de los Turaki y busca vengarse, poco a poco descubrirá cosas que la obligarán a tomar decisiones difíciles Esta novela está en proceso, la dejé a medias hace años, solo tiene 4 capítulos Sé que será una trilogía, tengo la idea pero no tengo ni título Espero que os guste :)

Prólogo

Trilogía del espacio

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Espero que os guste esta novela, está incompleta con solo 4 capítulos
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Se quitó los auriculares al creer que la llamaban y así era. Aunque la molestó dejó a medias aquella canción que tanto le gustaba, algo suave y relajante que solía ponerse nada más levantarse para empezar el día de forma tranquila.
–¿Me habías llamado, mamá? –preguntó Victoria una vez bajó las escaleras.
–Sí, queremos deciros algo muy, muy, muy importante –empezó a decir con gran alegría y energía. Victoria no recordaba la última vez que había visto a sus padres así de activos. Su padre también estaba allí junto a su madre, con una gran sonrisa.
–¿Qué pasa? –preguntó Margaret somnolienta una vez bajó y se puso junto a su hermana. Eran bastante diferentes a pesar de ser gemelas. Su hermana era rubia con tirabuzones, ella misma tenía el pelo moreno liso, además de la actitud, pues su hermana era más revoltosa, ella era más tranquila. Tampoco eran parecidas en físico, sí en muchas facciones pero no eran idénticas.
–Nos movemos al centro de la ciudad –anunció su madre dando saltos de alegría.
–Estamos cerca de conseguir la paz con los Turaki. Ahora nos mueven al centro donde se acabarán las negociaciones, seguro que con éxito –explicó su padre.
–¡Eso es estupendo! Hay que celebrarlo –sugirió Victoria.
–Lo haremos con el resto del mundo cuando tengamos la paz –se acercó su madre y les removió el pelo a ambas.
–¡Ay! –a Margaret no le gustaba que le tocaran el pelo.
–Id a recoger cosas, nos vamos –anunciaron sus padres a la vez con entusiasmo. Ambas fueron a sus respectivas habitaciones a toda prisa, a preparar una maleta con lo que necesitaran con más urgencia, el resto lo irían llevando poco a poco.
Victoria pudo escuchar la conversación que tenían sus padres, ya que estaban pared con pared en el piso superior:
–¿Crees que estarán bien? –preguntó su madre preocupada–. Apenas tienen 7 años.
–Cuando estemos en paz con los Turaki claro que estarán a salvo. No volverá a repetirse la guerra, ¿la recuerdas? –hubo unos segundos de silencio–.  Imagina un mundo dentro de muy poco donde nadie tenga que volver a pasar por eso. El resto de jueces de paz y nosotros podremos hacerlo posible.
No hubo más palabras, se imaginó que estarían abrazados entre lágrimas, por una parte de revivir recuerdos malos y por otra de imaginar recuerdos buenos futuros.
Empezó a coger cosas importantes para ella. Mientras, quería acabar la canción que había dejado a medias, pero un extraño sonido enrareció el ambiente. Un rayo verde atravesó el techo de la casa, dejando ver el cielo y haciendo que cayeran algunos escombros, el resto que el rayo había tocado se había desintegrado.
–¡Imposible! ¿Los Turaki? –gritó el padre.
Victoria salió al pasillo y al igual que sus padres.
–Vic… –su madre no llegó a terminar su nombre, otro rayo los alcanzó a los dos. Se desvanecieron al igual que todo su mundo en un solo segundo. «No es real…», pudo pensar únicamente la pequeña. Podía ver el exterior de la casa por el lado que acababa de entrar aquel rayo desintegrador.
Otro atravesó la parte baja de la casa, por lo que el segundo piso empezó a tambalearse. Intentó ir a la habitación de su hermana.
–Aaah… –Margaret gritaba, pero otro rayo atravesó su habitación y el grito quedó cortado a mitad. Victoria no podía creerlo.
El piso cedió bajo sus pies y la casa se desmoronó sobre ella.
 
 
¿Años, meses, quizás solo segundos? No sabía cuánto llevaba durmiendo en aquel hospital. Cuando despertó solo pudo llorar. Notó que estaba de una pieza pero todo le dolía y un daño irreparable sería el de su corazón.
Pasaron unos meses hasta que pudo recuperarse por completo. Durante ese tiempo le explicaron que los Turaki con aquel acto habían roto el acuerdo de paz, habían matado a otros jueces de paz.
Lo malo para ella era que los Turaki siempre acababan con todos sus objetivos, incluso aquellos relacionados con los jueces. Le habían cambiado la identidad, se llamaría Rebecca, la hicieron pelirroja y nadie sabía que ella había sobrevivido, por su seguridad.
–¿Qué piensas hacer ahora, Rebecca?
–Conseguiré la paz…
–Eso es muy noble por tu… –pero ella lo interrumpió.
–Ayudando a exterminar a todos los Turaki, acabaré con esa raza de malnacidos –dijo sin apartar la vista de la ventana, mirando al cielo con odio–. Los estrangularé con mis propias manos si hace falta.
–Vic… –iba a decir de forma inconsciente el doctor.
–Rebecca, me llamo Rebecca. Victoria está muerta –dijo sencillamente. El doctor se preocupó por el estado de la pequeña–. Entrenaré hasta que pueda ir a la academia militar –se apartó de la ventana y sin siquiera mirar al doctor abandonó la habitación.
Él quiso detenerla, pero sabía que no podía. Podía comprender perfectamente cómo se sentía. Millones de personas se sintieron como ella en su día durante la guerra, llenas de ira y con sed incondicional de venganza.

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