Capítulo 46: "¡Qué gran vino!"

Soy un temerario mi amor ©

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La competición entre ambos equipos había tomado un rumbo carente de sentido. ¿Cómo era posible que este imbécil se atreviera a arriesgar la vida de Lili de esa manera?, ¡y más por un estúpido perfume! ¡Era completamente absurdo! ¿Qué era ese espíritu competitivo que movía a Gael para hacer semejantes tonterías?, la verdad es que no lo comprendía.
 
—¡Eres un patán, encima te atreviste a decirle que la amabas! —lo señalé sin miedo, y acompañado de un sentimiento de odio eufórico. Sin embargo él me miro con el debido desprecio para luego dirigirse a mí.
 
—Esa valentía que tienes… ¡es propia de un idiota! —me señaló, y a continuación yo bajé mi mano para escuchar qué diablos tenía que decir—. Te crees tan fuerte, tan digno de ella, pues entonces hagamos de este evento algo más interesante —la masa de gente que estaba allí presente enmudeció frente a las palabras de Gael, quien parecía haber atrapado al público. 
 
—Que interesante —dije—. Pues entonces que así sea.
 
—Bien, si yo gano la siguiente competición, te cortaré la lengua —mencionó, y antes de que él propusiera mi recompensa, yo me adelante.
 
—Y si yo gano, me darás tiempo para volverme fuerte para enfrentarte —le exigí. Y por lo que vi en la cara de ese sujeto, no estaba del todo de acuerdo, pero al final decidió ceder.
 
—Prepárate, porque no te daré ni una oportunidad —me dijo, y luego se retiró a descansar con sus compañeros.
 
—Bien… ¡Qué así sea entonces! —la muchedumbre empezó a murmurar, y prontamente llegó a mí Louis, quien al parecer escuchó la discusión; el rubio se veía preocupado.
 
—¡Dalton! —me llamó con algo de desesperación—. ¿Estás seguro de lo que haces? —al parecer, la frustración que él exhibía daba a entender que esta vez no podría ayudarme.
 
—Estaré bien, no te preocupes —le sonreí.
 
—Pareces confiado —me dijo un toque más relajado.
 
—Es porque no está en mis planes que me corten la lengua —le notifiqué—. Además, la competencia que viene es de degustación de vinos, ¿no? —me cruce de brazos, y mi vista se dirigió a la mesa que estaban preparando debajo de las palmeras.
 
—Sí, ¿cómo lo sabes?
 
—Bueno, no hay que ser un genio viendo que lo están armado ahora —relajé un poco mi mirada.
 
—Tienes razón, fue una pregunta tonta. De todas maneras, ¿podrás con lo de los vinos? Sabes que no puedes detenerte hasta que tu contrincante se desmaye.
 
—Eso no lo sabía, pero no soy malo tomando —me giré hacia él en lo que le informaba.
 
—Entonces vamos a tener que confiar en ti —me sonrió y luego me dio un par de palmadas en la espalda.
 
—Sí, todo estará bien. Por cierto, ese chico Davis… —le mencioné en lo que miraba de reojo al pelinegro.
 
—¿Qué?, no me digas que estás celoso —canturreó él.
 
—¡Por qué debería si no somos nada! —le dije algo molesto.
 
—Sólo estaba bromeando. ¿Qué pasa con él? —respondió entre risas.
 
—Bueno, ¿en verdad tendremos que enfrentarnos a él?, parece un buen chico, realmente es diferente a Gael —suspiré con algo de pena.
 
—No te dejes llevar por su comportamiento, él es un cuervo —me aseguró, y luego lo vi cerrar sus ojos con seriedad—. Puede que no lo parezca, pero tiene sus propios motivos por los cuales enfrentarnos, además, nunca le negaría su ayuda a su hermano, aun cuando él es un maldito psicópata.
 
Louis decía eso de Davis, pero a mí me parecía un sujeto que no era realmente malo, aunque, sinceramente, a pesar de que no diera confianza como él mismo decía, a mí lado tenía el ejemplo perfecto de la traición, después de todo, muchas desgracias habían sido por su causa. Contrariamente a lo que yo podría haber esperado de aquel rubio, él pudo rectificarse, y si había razones detrás de Davis, entonces creo que él también podría hacerlo al igual que Louis.
 
“Estimados concursantes, hemos llegado a la final de esta competición, en la que sufrimos algunos contra tiempos. ¡Pero no se preocupen, ahora es la hora de la verdad! Competidores, tenemos aquí a la degustación de vinos.”
 
La voz de la coordinadora resonaba fuertemente por las bocinas, y daba a entender que esta era nuestra oportunidad.
 
—Ya es hora, deséame suerte —le dije al hermano de Lili.
 
—Ya lo he hecho, no necesitas que lo repita —se rió y me dejó ir, a continuación, me senté en la mesa de competición, y por lo que veía, sólo quedábamos cinco.
 
“¡Las reglas son simples!, el primero en caer perderá, y el último en quedar ganara.”
 
Desde mi asiento, podía notar el aura de muerte que me dedicaba aquel otro tarado, pero yo no me dejaría aplastar por semejante cosa. Dejando eso a parte, a nuestros lados, es decir, a la izquierda de cada competidor, había un mayordomo que se encargaría de servir el vino en las copas, por lo que no tendríamos que preocuparnos de llenar los vasos.
 
“Es hora de empezar. Así que, en sus marcas, listos… ¡a beber!”
 
Nuevamente la coordinadora anunció el comienzo del evento, y ahora empezábamos a tragar con evidente entusiasmo. Las primeras copas no fueron un problema para mí, el vino, amargo, pasaba rápidamente por mi garganta, y de mi esófago a mi estómago. Para ese momento, uno de los competidores se retiró por la necesidad natural que le urge al hombre cuando bebé mucho fluidos, y obviamente, eso causo su despido.
 
“Uno de los competidores ya se ha retirado, ¡recuerden que no se les permite ir al baño en medio de la competición!”
 
Después del anunció tan incómodo por parte de Scarlett, tuvimos más retiros estrepitosos como polémicos, más que nada, porque uno de los tipos empezó a dolerle la pansa, y es por eso que tuvo que irse, en cambio el otro, que aún aguantaba, fue descalificado por el simple hecho de que en lugar de beber todo el líquido, dejaba que se le escapara entre la comisura de sus labios. Para ser un acontecimiento bastante simple, he de decir que parecía divertir a las masas, las cuales reían y se impresionaban por nuestra resistencia como por nuestras desgracias.
 
“Ahora tan sólo quedan dos competidores. ¿Quién cederá? ¿Gael Miracle o Dalton Alvey?”
 
Sinceramente para este punto, yo ya no estaba mirando a la gente, por no decir que llevaba unas veinte copas, además, el otro tarado me equiparaba, y para ser sincero, empezaba a sentirme un poco afectado por el vino, es decir, me sentía mareado. La música que estaba sonando en ese momento, para mí era algo bizarra, deforme, y por no decir, completamente ajena a mi mundo.
 
—¡Aguanta Dalton, no cabecees! —me pareció escuchar entre la muchedumbre, pero mis oídos estaban muy taponeados como para saber exactamente quién decía aquello, aunque no es como si me detuviera a pensar dejando de beber, por no decir, que no me frené para nada.
 
—¡Sí ganas te voy a dar un beso! —escuché. Esa voz me era imposible de no reconocer, y aun si no lo hubiera hecho, mi cuerpo hubiera respondido por mí, y entonces habría luchado en lugar de mi conciencia; no hacían falta mis demás sentidos cuando el amor hace el favor de romper barreras.
 
—¡Esto es por ti Lili! —al estar completamente ajeno a mi entorno, y como única meta mi dulce flor, usé toda mi pasión únicamente para ganar, logrando así, no sé si la victoria, porque la verdad, como perdí el número de copas que llevaba, así también me desvanecí.
 
Mientras estaba con los ojos cerrados, y sin resultados de algún sueño, empecé a escuchar algunas voces en forma de eco.
 
—¿Crees que despertará pronto?
 
—No lo sé, tomo demasiado, quizás para mañana abra los ojos.
 
La primera me resultó familiar, más la segunda, me fue fácil de identificar, ya que era la voz de mi ángel, es por ello, y a pesar de que tenía un gran peso en el cuerpo, me senté y abrí los ojos, dándome cuenta de que estábamos ya en casa.  
 
—¿Qué fue lo que pasó? —pregunté suavemente, pues me sentía aún mareado, sin mencionar que estaba también descompuesto.
 
—¡Dalton, que bien que estés bien! —anunció el hermano de Lili—. Te cargué hasta casa, luego de que ganaras te desmayaste —me notificó.
 
—¡Sí, me hiciste preocupar demasiado! —dijo mi bello ángel.
 
—¿Entonces gané? —bueno, era evidente, después de todo aún tenía mi lengua en su lugar—. ¿Y Gael?
 
—Se lo llevó su hermano. Él cayó unos minutos antes que tú lo hicieras, y aceptó darnos unos tres meses para que entrenaras —a Louis se le veía evidentemente feliz.
 
—¿Y el perfume? —me eché los cabellos hacia atrás con mi mano, y me detuve a mirarlos.
 
—¡Aquí está! —me mostró ella la caja con el perfume. Pero lo que más me gustó, fue verla tan sonriente—. Gracias en verdad, Dalton.
 
—No fue nada —le regresé el gesto encogiéndome un poco de hombros.
 
—También tengo algo que darte —respondió ella, y antes de poder contestar, recibí un beso de su parte en mi mejilla, lo cual hizo que Louis soltará una expresión de sorpresa.
 
—¡Lo hiciste de verdad! —se le escuchó decir impresionado, mientras que yo… bueno… me quedé de piedra y echando humo; nunca me hubiera esperado semejante recompensa.

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