Capítulo 14 ; Gran code oscuro

Cuentos de Media luna

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Castillo de Hreidmar, precipio de las escaleras de la torre
 
 
 
Recién acabada la batalla y tan exhaustos como estábamos, no podíamos para ahora pronto vendrían más enemigos y aún teníamos una misión que cumplir.
 
Wolf me  tendío  la mano y  la acepté para poder levantarme, ambos  estábamos en muy mal estado, dábamos pena. Pero  nuestro equipo esperaba en algún lugar de la Torre buscando con afán nuestro destino.
 
 
 
 
—¿Puedes seguir? — me preguntó.
 
—Creo que si ¿Y tu?.
 
—A duras penas, pero debemos apresurarnos — dijo Wolf.
 
—Lo se, Fafnir o Hreidmar no andarán muy lejos.
 
—¿Me llamabais? 
 
 
Los dos miramos a la vez al escuchar la voz fanfarrona de Fafnir. Nos miraba desde lo alto de las escaleras que conducían a la torre, su mirada confiada acompañada de una despreocupada pose con su hacha en el hombro .
 
 
—¿Qué hacemos Igdrix? 
 
—Tu estás peor que yo — dije con impotencia siendo consciente de mi estado — tienes que seguir, yo me enfrentare a el.
 
—¡Estas loco! ¡te matará, en ese estado no eres rival para el! 
 
 
Mi mirada ardió con furia y alcanzó los ojos de mi compañero de armas, mi semblante más serio que en todo el último milenio, antiguas leyes olvidadas prendieron el fuego de la guerra en mi una vez más.
 
 
—Has olvidado algo muy importante Cerberus, nosotros somos guerreros y nosotros vivos y morimos por la guerra. 
 
—Con orgullosas cicatrices, tu sangre derramada en el campo de batalla, solo si eres un verdadero guerrero te sentarás a la mesa con el gran Odín mientras las valquirias narran tus hazañas. 
 
—Nosotros crecimos enfrentándonos a  enemigos más duros que el.
 
—Fenrir, Niddhör, Onix, Valrock. Escoge tu — dijo con un destello de humor.
 
—Si he de morir en este lugar lo haré como el guerrero que soy.
 
—Te diría que hoy pisaras el dorado Palacio de Valhala pero ya sabes.
 
—Supongo que con Lunafreya en el trono no sería muy placentero ¿he?
 
 
 
Nos miramos entendiendo que todo estaba decidido y aquellas sonrisas sólo una forma de evitar la despedida que pendía entre los dos.
 
 
 
 
—Buena suerte  Igdrix, que las estrellas te guíen.
 
—Cuida de ellos.
 
 
 
Wolf se dio la vuelta y comenzó a correr, Fafnir ni se inmutó cuando este paso por su lado y siguió escaleras arriba.
 
 
 
 
—¿No vas a perseguirle?
 
—Habías dicho que querías morir como un auténtico Aesir, tengo curiosidad por la muerte que buscas.
 
—¿Cómo estas tan seguro que voy a morir y tu vas  a ganar? 
 
—Porque percibo tu Nafilice, para ser un rey cero estas muy por debajo de mi media. 
 
—No te confíes sólo por eso.
 
 
 
Nuestras mirada reflejaban determinación a partes iguales . Estaba frente a frente con el oponente más difícil de cuantos había enfrentado en mi larga vida. Todo apuntando a la derrota, sabiendo que solo un milagro podría sacarnos de aquí.
 
<<si tan solo la maldición fuera quebrada>> 
 
 
Pensé fugazmente, pero me negué afligirme por lo que no tenia en mi poder en aquel momento, necesitaba mantener la mente fría, tantear sus puntos débiles esta no era distinta a cualquier otra batalla pasada. Era una presa y todo objetivo que cazo siempre tiene una debilidad, Fafnir no sería una excepción.
 
 
 
—¿Que se siente al saber que vas a perderlo todo, Aesir?
 
—Dímelo tu ¿que se siente ser rechazado incluso por tu propia madre?
 
 
 
Rugió cegado por la ira y se lanzó al ataque, con una sonrisa triunfal me preparé hasta que que estuvo seguro que iba a envestirme del mismo modo que haría un toro. Salté sobre su espalda cogiéndolo desprevenido y aplastándolo contra el suelo por el impacto de mi salto.
 
 
 
 
—¡Maldita escoria! — me gritó desde el suelo.
 
—¡Al menos no soy un híbrido al que rechazan los de su propia especie! — contesté riendo.
 
 
 
 
La ira que desprendía cada vez era mas descontrolada, poco a poco dejaba ver su lado animal y eso me daría la oportunidad de vencer. Golpeó salvajemente el suelo con ambos puños gruñendo con frustración antes de levantarse y tomar una de sus hachas que seguía clavada al suelo.
 
 
 
 
—¡Muérete de una maldita vez!
 
 
 
 
Me la lanzó como quien lanza un boomerang, el hacha cruzó el aire en un ángulo circular, la potencia de aquel lanzamiento era algo fuerza de lo común, empuñe mi espada para recibir el impacto, clave mis pies en el suelo retrocediendo por la potencia del golpe mas logré mi objetivo frene el hacha que seguía atrapada en mi espada gire en redondo con fuerza y rapidez y devolví el hacha con una potencia igual.
 
 
 
 
—¡Te la devuelvo híbrido! 
 
—¡¿Pero como...?! — respondió con la guardia baja debido a su asombro .
 
 
 
Los ojos de Fafnir estaban abiertos como platos, su propia hacha se había incrustado en su hombro, llevó su mano al rastro de sangre que comenzaba a brotar de la herida mientras el impacto de lo ocurrido hacia mella en el.
 
 
 
 
—Tu... Miserable insecto... ¡Maldito renegado! 
 
 
 
Sus ojos se volvieron blancos, todas sus venas se marcaban por la presión mientras un gran estallido de nafilice se hizo presente, su piel se torno rojiza y grandes colmillos sobresalían de gran manera.
 
 
 
—¡Reza lo que sepas. Porque voy arrancarte las entrañas mientras te despedazo vivo!
 
 
—¡Entonces ven! 
 
 
 
Se impulso hacia delante con una rapidez tremenda, pero yo no me quedé atrás, arma en mano salí sin dudar a su encuentro. Sacudió su brazo hacia delante cuando estuvo a medio camino y una gran ráfaga de aire me hizo cubrirme.
 
 
—¡Vactöre! (Ingenuo)
 
 
Me acababa de decir ingenuo, en  idioma elfico, pero el único ingenuo era el si creía que con ese sucio truco iba a derrotarme. Me descubrí para ver a Fafnir y contraatacar.
 
 
—¡P?rœ vïu! (¡Demasiado lento!)
 
 
 
 
Lo tenía justo encima, traté de protegerme con la espada pero su ataque combinado con las hachas fue demasiado y mi arma salió despedida por los aires. Fafnir me miró y asestó una patada a la altura de mi pecho que me hizo caer de rodillas en el suelo, no podía respirar.
 
 
—¡ Væntär, Faërö! ( ¡Levántate perro! )
 
 
Alce la vista hasta su rostro, la ira le había consumido, era la locura personificada entonces ¿Por qué no echar más leña al fuego y dejar que se consuma? Busqué con ansiedad oxígeno, trague saliva con dificultad y sonreí. 
 
 
 
 
M?læck  dæjäkär (silencio híbrido) 
(Inventar una mega lucha)
 
 
 
 
 
Fafnir sonrió en mi dirección hizo ademán de alejarse pero volvió levantando la pierna. El rodillazo de Fafnir impactó con gran fuerza en mi cara mandándome como una bola de cañón contra la pared la cual atravesé.
 
 
 
 
—¡Væntär! (¡Levanta!) 
 
 
 
 
Traté de ponerme de pie pero el dolor punzante en mis costilla me hizo clavar rodilla de nuevo y jadear en busca de aire.
 
 
 
 
—¡¿Sygg?ëid dë?g mælfäg Aësïr?! (¡¿Eso es todo lo que tienes Aesir?!)
 
 
Dræg  dæjäkär küörk? m?ïnæ m?læck (los híbridos deberían guardar silencio )  — me burle con una sonrisa sangrienta.
 
—¡Ahh! — gritó como el animal que era antes de echar a correr.
 
 
Conseguí ponerme de pie y traté de evitar su nuevo ataque pero lo que hizo no lo esperaba, me agarró por el cuello elevándome del suelo. Golpee su mano una y otra vez, invoque mi espada y la clave con fuerza en su pecho pero no se inmutó lo más mínimo.
 
 
 
 
—Los perros si deberían mantener el hocico cerrado ¡muere maldito renegado!
 
 
 
Con la mano que tenía libre se sacó mi espada y la clavó en mi a la altura del pecho, escupí sangre  en su cara en consecuencia. El sonrió de manera asesina y me lanzó contra una columna la cual rompí. Quede tendido en el suelo cubierto de mi propia sangre, ensartado por mi propia espada ¿acaso así iba a morir un guerrero? ¿lo fui alguna vez? 
 
Mientras yo tenía mi monólogo interior Fafnir volvió a cogerme por el cuello para apalearme un poco más por lo visto ensartarme como una salchicha con mi propia arma no era suficiente, sentía un dolor inmenso pero la inconsciencia fue haciendo mella aunque trataba de mantenerme consciente.
 
Se escucharon pasos apresurados cerca de las puertas, murmuros llegaron a mis oídos y rece en silencio para estar alucinando a causa del dolor. Las puertas se abrieron de par en par y maldije en silencio. Vete de aquí traté de decir pero la voz no abandonó mi cuerpo.
 
 
 
 
—¡Noo! — gritó Natt.
 
—¡Maldición llegamos tarde! — dijo Layla envainando su arco.
 
—Mira que oportuno Aesir han venido nuevos juguetes para mi.
 
 
 
 
Me lanzó con simpleza de nuevo al suelo, traté ser moverme pero mi cuerpo ya no respondía, abrí los labios pero ni una simple  sílaba salió de mis labios.
 
 
 
 
—¡Ve con el, deprisa! — dijo Layla mirándome a mi — ¡No te quedes hay parada sácalo de aquí!
 
 
 
<<como si eso fuese posible>> pensé.
 
 
 
Natt corrió hacia mi mientras que Layla hacia frente a Fafnir, cuando llegó  a mi lado cayó de rodillas y sostuvo mi cabeza en su regazo.
 
 
 
 
—No te puedes morir ¡¿me oyes?! — el nerviosismo escapaba por cada uno de sus gestos, sonreí y decidí decir lo que antes no pude.
 
—Recuerdo la primera vez que me diste una paliza en esta vida… — lo recordaba perfectamente.
 
—Durante nuestra primera clase de boxeo mixto.
 
 
 
 
 
Apenas era una niña de cinco años y ya era toda una guerrera, atacaba sin piedad y calculaba cada uno de los movimientos de su adversario. Pero había muchos más momentos, sonreí al percatarse de que uno asomaba la cabeza queriendo salir.
 
 
 
 
—Y la vez que sabotee tu cita con aquel chico en primero de secundaria — sonrió al borde de las lágrimas. 
 
 
 
 
La miré, trataba de controlarse pero por muy poco no se había derrumbado aún, la conocía demasiado, esa cabezonería de hacerse la fuerte cuando no es así nos había llevado siempre a una pelea en la que yo, acababa siempre perdiendo.
 
 
 
 
 
—Sabes que no tienes que fingir…se cual es mi estado…
 
—shh no hables — sus lágrimas caían sobre mi rostro mientras sus enormes ojos me miraban desde arriba.
 
—La primera vez que nos vimos en aquel parque… — preferí que sintiera ante aquel recuerdo. 
 
—¡Maldita sea no te puedes morir ahora! todavía no has escuchado nada… te amé tanto en aquella época, eras mi mundo… — su llanto se hizo más agudo — ¡Y ahora  te  odio y no puedes irte sin habérmelas pagado, ¿me oyes? tiene una deuda conmigo!
 
 
 
 
 
Alce mi mano  sin fuerzas hasta su rostro para acariciar su mejilla y limpiar sus lágrimas, una de las pocas cosas que no habían cambiado en estos seis mil años, yo siempre limpiaba sus lágrimas y ella siempre lloraba por mi… como odiaba ser el motivo de su llanto… pero era un egoísta y eso no cambiaría, ya lo había comprobado. 
 
 
 
—Ojalá pudieses recordarlo todo…
 
 
 
El mundo fue quedado en silencio y la oscuridad se fue llevando todo rastro de color, poco a poco deje de sentir, y supe que el momento había llegado.
 
 
 
 
***************************************
 
 
 
 
Sus ojos se cerraron lentamente, su cabeza cayó a un lado y su pulso se detuvo. El miedo me invadió por completo, todo rastro de color abandonó su rostro.
 
 
—¿Jay? — lo llame con voz asustadiza — Jay por favor… ¡no te vayas, no te vayas quédate conmigo! ¡maldita sea te quiero! 
 
 
 
Me derrumbe sobre su pecho y lloré, no podía ser cierto estaba muerto, acababa de morir frente a mis ojos. Levanté la visita y pude ver cómo Layla era superada con facilidad por Fafnir quien se reía regocijándose de su sufrimiento con cada golpe.
 
 
 
 
—Basta… — susurre con lágrimas agolpándose en mis ojos — parad… por favor que esto se detenga….  ¡basta! 
 
 
 
Uno de mis ya conocidos dolores de cabeza se hizo presente, destellos de imágenes aparecieron delante de mis ojos, Jay y Nébula de niños, ellos dos de nuevo años más tarde, Jay sacándola de una Iglesia,  entrenando, hablando, discutiendo, compartiendo un beso. Las lágrimas escocían mis ya de por si sensibles ojos, la siguiente ráfaga de imágenes eran de vidas pasadas, París, España, México, Cleveland, Michigan, Londres… tantas mujeres, y  todas eran yo. Me amo y nunca le dije nada y ya jamás podría volver hacerlo.
 
 
La rabia me inundó por completo, un aura negra me envolvió mientras yo andaba entre la locura y cordura, mis ojos azul oscuro brillaron en un azul tan claro que podría distinguirse en la más profunda oscuridad. Mi pelo se tornó rojizo ardiente, en mi piel aparecieron runas de color carmesí, mis labios de color carbón. 
 
Mi aspecto y mi aura cambiaron, la ira, la oscuridad lo envolvió todo y como solía pasar con Nébula pase a un segundo plano, antes de que el sueño me llevase por completo a pesar de que ese, era mi cuerpo. Caí en un profundo sueño mientras oía todavía los sonidos que emitía mi voz pero no era yo.
 
 
 
—¿Donde estoy? 
 
 
 
 
Dije desorientada en lo que parecía una habitación blanca. Camine de un lado a otro golpeando las paredes, hasta que. A mi espalda apareció un gran círculo negro semejante a un espejo.
 
 
 
 
—¡Ese es mi cuerpo! ¡Quiero salir, Jay! 
 
—No te esfuerces Nattalie.
 
 
 
Me giré en redondo para vislumbrar a Nébula quien me miraba con compasión, impotencia y tristeza.
 
 
 
—Nébula ¿que haces aquí? No espera ¿que hago yo aquí? ¿Que esta pasando?
 
—Tranquilízate, para escuchar lo que debo decirte necesitas estar en calma.
 
 
 
 
Di varias respiraciones profundas, los nervios devorándome por dentro. Miré sus tormentosos ojos azules.
 
 
 
 
 
—Has liberado el gran code cero — dijo con voz tranquila.
 
—Eso es bueno, puede darme una oportunidad, debo volver y derrotar a Fafnir — dije sonriendo.
 
—No puedes — dijo cerrando los ojos con fuerza — has teñido de odio y rabia tu Nafilice, has perdido el control de tu propio poder y has sucumbido a la desesperación.  al liberar el gran code por los motivos equivocados tu odio a tomado tu lugar en la batalla mientras tu, has sido desterrada aquí.
 
—No puede ser.... — dije negando con la cabeza.
 
—Yo sucumbí una vez a la oscuridad — el dolor cruzó su rostro.
 
—Lo se, lo vi.. Lunafreya mató a tu padre — reconocí con amargura. 
 
—Entonces lo recordaste — di un asentimiento — Así es, estaba tan ciega, que el odio y las ansias de matar se apoderaron de mi por eso perdí aquel día, un error definió el resto de mi vida ¿lo entiendes?.
 
—¿Pero que puedo hacer? Dime ¿que hago para cambiar la situación? — dije con gran desesperación. 
 
—Solo hay una cosa... Pero no se si puedas soportar el peso que conlleva.
 
—Haré lo que sea — afirme sin vacilar. 
 
—Debemos unir de una vez nuestras almas, normalmente es un proceso lento, para que el alma y el cuerpo completen la reencarnación de forma segura pero... 
 
—¿Es la única solución ¿verdad? — dije comprensiva .
 
—Veo que lo entiendes, pero no es el único motivo, contra Fafnir necesitaras todo cuanto tienes. Pero no será sencillo tu cuerpo y mente podrían sufrir un shock. Al acumularse demasiado estrés físico y psicológico. Podrías incluso morir.
 
—No tenemos elección, si sigo aquí sin hacer nada... Todos podrían morir.
 
—Yo también quiero salvarles pero debes entender los riesgos .
 
—Los asumiré.
 
 —No habrá marcha atrás, una vez hecho toda la verdad, conocimiento, poder y fuerza llegarán a ti a la misma vez. Y deberás asumirlo todo aún si te provoca dolor ¿estas conforme con ello? 
 
—Estoy lista.
 
—Que así sea...
 
 
Nébula dio unos las hacia adelante y me indicó que me acercará, obedecí aunque las dudas asaltaban mi confundida mente ¿qué haría si no me gustaba mi pasado? ¿qué pasaría si lo que estuviese apunto de pasar me cambiase para siempre? 
 
 
—Tu eres o única  su decide quien quiere ser, Nattalie.
 
—¿Pero como, tu, como lo has sabido?
 
—Querida tu yo somos la misma, una distinta cara de una misma moneda.
 
—¿Entonces siempre lo has visto todo?
 
—Así es, pero no hay tiempo para esto. Dame tus manos.
 
 
Di un breve asentimiento y le tendi ambas manos, ella me miró comprensiva al ver que estaba temblando. Cerró los ojos y un gran círculo de luces color aguamarina se hizo presente.
 
 
 
—A los cielos convoco en esta hora, dos almas separadas, dos mitades perdidas desean volver a ser una.
 
 
Las luces cambiaron a un blanco plata, y se elevaban por el aire, casi parecían bailar, sentí calidez y pide relajarme un poco. Nébula estrechó nuestras manos aún más. 
 
 
 
—Lo que fue roto, sea restaurado, los lazos perdidos sean unidos,  aquello que se perdió sea devuelto, ahora repite conmigo pero a la inversa. Tu eres yo.
 
—Y yo soy tu — dije cerrando los ojos.
 
—El destino nos separó — dijo Nébula.
 
—El destino hoy nos une — contesté  yo.
 
—Yo soy el pasado — susurró.
 
—Yo soy el presente — dije yo.
 
—Mi corazón y el tuyo — dijo colocando una mano en mi pecho.
 
—Es uno mismo — terminé  yo.
 
 
La misma luz plateada nos envolvió, y poco a poco Nébula comenzó  a desaparecer, me asiste asusté  y aferre su mano pero ella gentilmente  negó  con la cabeza.
 
 
 
—Ya esta hecho, ahora dormiré  en tu corazón, ya somos una sola, Nattalie ahora podrás ver todo tu pasado ¿podrás superarlo para encarar el presente?.... 
 
 
 
 
Dijo terminando de desaparecer, la luz cesó y pude ver con claridad la habitación blanca nuevamente, pero traté  de centrarme en mi , no me sentía  para nada diferente. Di unos pasos recorriendo  la estancia algo distfaida pensando  a que se referiria Nébula con lo de hacer frente al pasado cuando aún no habia ocurrido nada, mas importantea aún tenía tenía salir de aquí.
 
Parpadee unas cuantas veces sintiendome terriblemente cansada, quise mantenerme en pie pero las fuerzas me fallaron y me di de bruces contra el suelo lo último que pude oír fue el sonido de mi cuerpo al impactar dont el frío suelo.

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