La experiencia

Muerde o Muere

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Así pues, con todo esto que te acabo de explicar, ¿cómo superé yo mi depresión?
Cuando tienes depresión no piensas nunca en mejorar. Los problemas que te llevaron a acabar en depresión te rondan una y otra vez por la cabeza a modo de bucle. Nunca se van, nunca te dejan. Es una situación constante en la que como un pez que se muerde la cola, o como un remolino en medio del mar te succionan hacia lo más profundo. Parece que son incluso arenas movedizas, que a más te mueves, más te atrapan.
 
No parecía que hubiera nada que me fuera a hacer mejorar en aquella situación. Todo apuntaba a que iba a seguir así de manera permanente y que nada me iba a hacer mejorar.
 
Pero un día, me harté. Estaba harto de estar siempre en la misma situación. Quería mejorar pero era imposible lograrlo porque esos males internos me autoconvencían una y otra vez de lo mismo. “Todo el mundo me quiere ver muerto” pensaba. Cuando en realidad, quien único me quería ver muerto era la tóxica de Concepción y su grupo de sabandijas. Pero ella consiguió que yo me sintiera así.
 
Así que sin más, un día, me levanté, y salí a pasear por el río que había al lado de mi casa. Me tomé unas cuantas horas para dar vueltas por allá y reflexionar. Pensar en cómo podía estar mejor a la fuerza, en cómo podía mejorar sin pasar por un largo proceso sin mejora alguna.
 
Mucha gente te dirá que necesitas tiempo para superar la depresión. Que requerirás meses.
 
Años.
 
Siglos.
 
Pero recuerda: En el terreno de la mente, nada es imposible.
Yo necesité un día. Eso fue todo lo que necesité. Y si yo pude, tú también.
Y te aseguro que no fue algo temporal que luego no me sirvió de nada, porque ya hace más de 5 años que aquello sucedió, y créeme, he pasado por cosas peores (MUCHO peores) y nunca he vuelto a caer en aquel abismo, nunca más. Así que mi método funciona, que no te quepa duda alguna.
 
Obviamente ese día no dejé de tener depresión mágicamente, pero incluso todavía estando triste, la cosa había cambiado muy, muy drásticamente en comparación a como era antes.
 
Lo único que necesité decirme fue:
“Estoy bien, lo he superado, voy a volver y voy a ser mejor que antes.”
 
Tan sólo repetirme eso una y otra vez, me sirvió para comenzar a FINGIR que estaba bien como para volver de nuevo a hacer cosas con sentido. Primero, viene lo que tú consideras “la mentira”, y después, viene “fingir”. Hasta que al poco, la mentira se convirtió en la verdad, y fingir se convirtió en hacer las cosas que realmente me hacían feliz.

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