Paper Hearts

Géneros: Romance

Kate Kennedy llega a Omaha, Nebraska, por el trabajo de su padre, teniendo que comenzar una nueva vida obligatoriamente. Al llegar, comienza a recibir cartas de amor anónimas, pero después se entera que fue Clary Williams, la chica de su salón que tan mal la trataba. Eso no sería un problema, si sus padres no fueran homofóbicos y no tuviera novio.

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“Todo pasa por algo”, esa es una de mis frases favoritas, que la uso para casi todo. Un mal culposo. Pero, ¿qué tenía que pasar ahora?
Viví toda mi vida en Nueva York, tenía familia y amigos allí, hasta ya tenía pensada la universidad a la que iría para estar cerca, pero repentinamente a mi padre le ofrecieron un puesto de trabajo en Omaha, Nebraska. Casi a la otra punta del mundo.
No iba a negarlo, estaba enfadada. Había dejado todo por nada.
¿Qué iba a hacer aquí?
No tenía ni amigos, ni conocía el lugar.
—Agh —solté un quejido dejando caer las maletas en mi nueva habitación. Al menos esta era más grande que la de mi otra casa.
Mientras sacaba mis cosas de la maleta, sonó "Don't give up on me", dejándome claro de quién se trataba.
—¿Hola?
—Hola, corazón. —Sonó su voz a través del teléfono. Era Nathan, mi novio—. ¿Ya estás en tu nueva casa? ¿llegaste bien?
—Sí a todo —Rió—. ¿Qué haces despierto? son las 1 acá, supongo que allá son las 2.
—Sí, son las 2. Quería esperarte y darte las buenas noches. —Sonreí, a pesar de que no pudiera verme.
—No deberías haberlo hecho, mañana tienes clases.
—Pero quería hablar contigo. —Supuse que hacía un puchero, como siempre lo hacía. Todos decían que era una suertuda, pues mi novio era el capitán del equipo de fútbol americano y era catalogado como "el más guapo" de toda la escuela, y aparte, era tierno. Hasta yo me consideraba una suertuda.
—No hagas eso, aunque sea lindo. —Reí—. Ve a dormir, ¿sí?, mañana tienes que levantarte temprano.
—Sí, mamá.
—Buenas noches, te amo.
—Buenas noches, te amo más.
La llamada se cortó y tiré mi celular a la cama ya lista. Volteé y miré mi maleta, con la mitad de cosas dentro y las demás esparcidas por toda la habitación.
—¿Era Nathan? —Mi madre entró a la habitación junto un chocolate caliente.
—Sí, quería saber cómo llegué y desearme las buenas noches.
—Qué lindo —Mi mamá sonrió. Siempre le ha gustado Nathan, a todos les gusta Nathan—. Desempaca mañana y ve a dormir, mañana iré a inscribirte en la nueva escuela.
—Claro. —Tomé el chocolate caliente que me tendía y se fue de la habitación. ¿Qué sería de mí ahora?
Nunca había sido buena integrandome, por eso, cada vez que podía, agradecía estar siempre en un mismo lugar, en la misma escuela, con los mismos compañeros de salón.
Era tímida. No me gustaba hablar con las personas que no conozco, más bien.
Quizás todos eran amigos y yo llegaba de la nada. No me iban a aceptar.
Suspiré y tomé mi chocolate caliente, para luego lanzarme en la cama. Cerré los ojos mientras esperaba quedarme dormida. Iba a ser un largo año.
Me desperté por mi padre, quien entraba a mi habitación vigoroso.
—¿Cómo amaneció mi princesa? —Era hija única, siempre fui mimada por mis padres.
—Bien, ¿y tú?
—¡Feliz! Oh, tu madre ya fue a inscribirte, la escuela queda cerca, así que podrás ir caminando.
Perfecto, con suerte conocía la casa y ahora tendría que ir caminando a un paradero desconocido.
Como si pudiera leer mi mente, respondió:
«No te preocupes, no te perderás, queda en la primera esquina si vas a la izquierda después de salir.
Asentí, fingiendo entender.
Acto seguido, mi padre sonrió y salió de la habitación, en ese momento, sonó "Don't give up on me.". Sonreí y contesté.
—Hola, amor. —Sonreí al escuchar su pequeña risita, seguro estaba sonrojado. Le encantaba decirme así, pero enseguida se avergonzaba.
—¿Cómo amaneciste? —Me di la vuelta en la cama, apoyando mi celular en el almohada y poniendo mi oreja arriba.
—Triste. —Antes de que preguntara, respondió—. Porque te extraño, te extraño mucho.
—Yo también te extraño. ¿Dónde estás?
—Caminando hacia la escuela.
Seguimos hablando hasta que tocaron la campana para que él entrara a clase.
—Adiós, te amo. —Nos despedimos y cortó la llamada. Presentía que Nathan tendría una sonrisa.
Siempre terminabamos las llamadas igual, siempre estaba el "te amo" y el "te amo más". Ya era una tradición.
Me estiré en la cama y dejé escapar un suspiro. Abracé la almohada y escondí mi cara en ella.
Lo extrañaba tanto.
Extrañaba a mis amigas, especialmente a Milly.
Milly era mi amiga de la infancia, siempre estuvimos juntas, nunca peleabamos, solamente para ver qué Barbie se quedaba con el Ken.
Incluso a veces juntábamos a las dos Barbies, eso pasaba cuando no llegábamos a un acuerdo.
Ella era una linda chica, cabello largo y rubio, ojos maravillosos, cara y cuerpo fino. Como una muñeca. Sin exagerar.
Era difícil imaginarme estar sin ella en la escuela, en los tiempos libres, en mi casa cada tarde.
Sin darme cuenta, mis lágrimas llenaron mi rostro y mojaron la almohada.
Me limpié las lágrimas rápidamente cuando sentí a alguien subir las escaleras.
—Hola, Kate, ¿cómo estás? ¿estás preparada para tu nueva escuela? —Mi mamá se sentó en un costado de mi cama, acariciando mi espalda con cariño. Escondí aún más mi cara en la almohada para que no viera mis ojos rojizos.
—Sí, aunque no sé cómo llegar.
—Por eso venía, ¿quieres dar un recorrido al sector?
No tenía ganas de nada, me había deprimido totalmente. Pero, a pesar de eso, asentí.
—En un rato más.
—Bueno. —Se levantó de la cama y caminó hacia la puerta. La abrió, pero no salió, se quedó ahí en la entrada. Sentía su mirada puesta en mí, sabía que se había dado cuenta—. Todo estará bien, es sólo cuestión de tiempo, ¿sí?
—Lo sé —susurré lo suficientemente alto para que ella escuchara. Susurró un «bien» y salió de la habitación. Suspiré, como por sexta vez de lo que llevaba la mañana.
—¿Lista? —Mi mamá se abrochaba sus zapatillas cuando me vio bajar las escaleras.
—Sí.
—¡Perfecto! —Sonrió.
Salimos inmediatamente. Fuimos a un restaurante que estaba a unas cuadras, a un parque, a tiendas, y al final, fuimos a la que sería mi escuela.
—“Titanium” —murmuré.
—¿Será por la canción? —Di un salto, se me había olvidado por un momento que iba con mi mamá—. Ya sabes, esa de David Guetta.
Quizás. —En ese momento, vi a un grupo de chicas salir de la escuela.
—¿Serán tus nuevas compañeras? ¡vamos a hablarles!
—¿Qu...? ¡mamá! ¡no!
—¡Chicas! —Sin poder impedirlo, mi madre se lanzó a esas chicas—. ¿En qué grado van?
—Eeh... —Una de las chicas carraspeó y me miró. Sentí que podía morir de vergüenza—. Undécimo...
—¡Oh! ¡mi hija es nueva en la escuela y también va en ese grado! me gustaría que estuvieran con ella mañana... ¿Kate? ¡ven!
Si antes podía morir de vergüenza, ahora definitivamente lo iba a hacer. Las 6 chicas me miraron, 5 de ellas sonrieron, una solamente se quedó mirandome fijamente. Bajé un poco la mirada y me acerqué a paso lento.
—Hola, soy Ana Dixon. —Una linda chica de cabello marrón, corto y unos grandes ojos del mismo color se acercó a mí—. ¿Kate...?
—Kennedy. —Murmuré.
—¡Lindo nombre! —Una chica rubia con ojos verdes se acercó esta vez—. Soy Caroline Williams, y ella es mi hermana Clary.
Clary me miraba fijamente, ¿qué debía hacer? ¿sonreirle? no se veía amistosa.
Luego de ese incómodo encuentro, se fueron, al verlas lejos, suspiré.
—¿Tenías que hacer eso, mamá?
—¿Qué cosa?
—Agh, olvídalo. —Comencé a caminar hacia la casa, mientras mi madre gritaba por atrás.
Iban a ser unos largos días de ahora en adelante.

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