Capítulo 53: "¿Y la graduación?"

Soy un temerario mi amor ©

visibility

190.0

favorite

0

mode_comment

0


Ya ha pasado un mes y medio desde que empezamos ambos a entrenar, desde entonces, he avanzado de una forma considerable, aunque bueno, no tan rápido como quisiera. Sin embargo, mi hermosa flor no ha tenido los mismos resultados, pero debo felicitarla por su dedicación, ya que a pesar de no lograr avanzar demasiado, ella no parece rendirse.
 
Una mañana de otoño (sí, ya estábamos en esa época), Louis trajo consigo mi primer traje, el cual me hizo a medida, y que más tarde me dediqué a probarme. La corbata era azulina con rayas torcidas en un blanco brillante, debajo del sacó que tenía, se encontraba una ligeramente gruesa camisa turquesa, mientras que el resto de la etiqueta era azul marino. Y para darle un toque más elegante, tenía un broche alargado en el cuello en “V”. A pesar de que todo eso me parecía impresionante por sí mismo, no podía evitar querer darle algunos toques más a mi persona, así que me acomodé la corbata en el espejo para más tarde colocarme un arete en el cual colgaba una cruz negra.
 
—Perfecto —mencioné con diversión. Para ser sincero, esta era la primera vez que usaba etiqueta de alta calidad.
 
—¡Hey, Dalton! —apareció de repente Lili por la puerta que estaba ya abierta.
 
—Hola Lili. Buenos días —le saludé amablemente. Pero inesperadamente ella bajó la mirada con cierto nerviosismo, y con un claro rubor, quizás producto de los nervios, aun así, no tardó en dirigirme la palabra.
 
—¿Qué tal si vamos a comprar un helado? Está haciendo calor, y pues… pensé que sería una buena idea —luego de decir eso, ella puso una cara graciosa, es decir, infló sus mejillas y asomó un poco su lengua, e inevitablemente reí.
 
—¡Por supuesto! —le respondí una vez estuve más calmado, y obviamente no iba a negarme, además, estaba el tiempo muy cambiante últimamente, por lo que pasábamos del calor a un clima más frío, pero aún no se iban los días de verano, por lo que hoy era uno de esos en donde la temperatura azotaba a los poros para que sudaran.
 
Por un momento nos quedamos en silencio, y esperé una respuesta de su parte, pero como ella tardaba mucho, me acordé de lo bien vestido que estaba, y quise aprovecharme un poco de eso. En lo que ella permanecía aún sin decir nada, me acerqué con una sonrisa, pero mi bella dama reaccionó retrocediendo como una gatita asustada hasta chocar su espalda con la puerta de su propio cuarto.
 
—¿Qué haces Dalton? —preguntó con una voz ligeramente ahogada.
 
—¿Qué es lo que parece que hago? —posé una mano de repente junto a su cabeza, y me incliné para verla más de cerca.
 
—Pues… —ella se encogió en su lugar, y estaba tan roja, que parecía el foco de un semáforo.
 
—Vamos, estamos entre futuros prometidos, que no te dé pena decirlo —me acerqué hasta el punto de susurrar en su oído, y terminé por posar mi otra mano justo al otro lado de su cabeza para mantener el equilibrio; sin dudas mi linda presa no tenía escapatoria.
 
La bella rosa con la que me casaría, se cubrió el rostro con ambas manos, es por ello que no podía distinguir sus demás expresiones, y al mismo tiempo, me entregó palabras inentendibles. A pesar de su reacción tan vergonzosa, iba a seguir con mis elocuentes tácticas, pero contrariamente a lo que deseaba, su hermano hizo acto de presencia e interrumpió el tan agradable momento.
 
—Lamento derrumbar su interesante charla, pero me temo que están bloqueando el camino —anunció él. Aunque me molestaba lo que decía, él tenía razón. Su habitación estaba justo al lado de la de Lili, y bueno, no tuve otra opción más que alejarme de ella.
 
—En verdad… eres alguien muy inoportuno, ¿sabías? —me quejé acomodándome el traje con ambas manos.
 
—Es parte de mi trabajo —dijo sonriendo de lado—. Por cierto, ¿qué tal el traje?
 
—Es genial. Pensé que iba a sentirlo pesado debido a lo que me explicaste, pero es liviano —le informé.
 
—Es natural. Está hecho con la mejor tecnología, además, es para el combate —él miró a su hermana, y ésta desvió sus ojos algo cohibida, luego él volvió a dirigirse a mí—. Bien, tengo cosas que hacer, así que con permiso—pasó entre nosotros, y entró a su cuarto. Al estar nuevamente solos, me di cuenta de que el anterior ambiente ya había sido roto, así que no había mucho más que hacer, sólo ir a buscar los helados.
 
—Bien, ¿qué tal si nos movemos? —en cuando le hablé, ella pareció reaccionar, y asintió rápidamente.
 
—Sí, vamos. Pero espera, iré por mi bolso —con apuro, corrió hacia la habitación, y volvió en un abrir y cerrar de ojos—. ¡Listo, ahora sí! —mencionó ya preparada, pero luego al darme una mirada dijo—. ¿Estás seguro que vas a ir de traje? —preguntó curiosa—. Hace mucho calor a fuera.
 
—Bueno, según tu hermano, no debería haber problemas, además, tengo que acostumbrarme a esto —le mencioné en lo que hacía el gesto de inclinar mi cabeza a un lado, y abrir un poco el cuello de mi camisa con un dedo.
 
—Entiendo —Lili pareció pensarlo un poco, y luego más relajada agregó—. Entonces vamos, no está muy lejos la tienda —anunció, y empezamos a trasladarnos fuera de la casa.
 
Al principio el corrido hacia el local fue un poco angustioso, más que nada porque ninguno de los dos decía palabra alguna, además, yo fijaba mi vista al frente para no incomodarla, aunque de una forma disimulada la miraba de reojo. Esperaba que ella dijera algo, que comenzara una pequeña charla conmigo, pero se veía otra vez tensa, y no podía explicarme el porqué, así que en cuanto estuvimos de regreso, decidí hacerlo yo.
 
—Lili, respecto a tu graduación, lamento no haber podido ir —le mencioné saboreando mi helado, y con la otra mano en el bolsillo. A decir verdad, el traje me estaba dando un poco de calor y ese helado me estaba cayendo de maravilla ahora.
 
—Ah, respecto a eso, olvidé decirte que retrasamos la graduación debido a todo lo que pasó —me hizo saber. Hasta hace un rato, creí verla un poco tensa desde que salimos de casa, pero en cuanto le dirigí la palabra, pareció salir de su estado, así quizás me lo imaginé.
 
—¿Qué? ¿Enserio? —pregunté impresionado, pues eso me daba esperanzas de ser el primero en felicitarla—. ¿Entonces para cuando lo han movido? —pregunté.
 
—Es para el mes próximo —dijo bajando un poco la voz, y entonces se detuvo—. ¿Vas a venir? —me preguntó con un poco de preocupación.
 
—¡Por supuesto! —luego me di cuenta de que quizás estaba siendo demasiado entusiasta, y me llevé una mano detrás de la nuca—. Pero si crees que no deba ir por todo lo que ha pasado, entonces lo entiendo.
 
—No es eso, te equivocas —me alegó—. ¡Me haría muy feliz que fueras! —yo la miré sorprendido, más que nada por el hecho de que no se había arrepentido de haberme invitado aquella vez, así que terminé sonriendo.
 
—Tú sí que sabes cómo ponerme feliz, Lili —le aseguré.
 
Ella se veía claramente muy a gusto con mi respuesta, pues sus mejillas se estaban llenando otra vez de un carismático carmín, y en el proceso, no noté que el resto de mi helado se estaba escurriendo por mis dedos.
 
—¡Tu helado, Dalton! —ella se apresuró a sacar su pañuelo y yo me disculpé por mi torpeza.
 
Sin embargo, antes de que pudiera hacerme con el paño de Lili, éste cayó al suelo debido a la terrible intervención de unos autos negros, pues éstos frenaron justo delante de nosotros de repente.
 
—¡Ustedes dos, quietos! —exclamó uno de los numerosos sujetos que empezaron a rodearnos apenas salieron de los vehículos.
 
—¿Qué está pasando? —dijo Lili muy asustada al ver que un grupo de aproximadamente diez o quince encapuchados.
 
—¡No lo sé! ¡Pero seguro que es obra de Gael! —exclamé.
 
—Creo que estás un poco equivocado —anunció una voz femenina que me resultaba claramente familiar.
 
—¿Acaso esa no es…? —la hermosa castaña que me acompañaba se deshizo del pánico en cuanto se dio cuenta de quién era la culpable—. ¿Lulubel? —preguntó ella. Enseguida, vimos salir de uno de los autos a esa rubia junto a un chico encapuchado, pero la diferencia es que la capucha de ese sujeto era de color rojo.
 
—Ese tipo… ¡es el mismo que intentó secuestrarte aquella vez! —señalé al hombre que la acompañaba.
 
—Es de mala educación señalar a la gente, Dalton. ¿Acaso no te lo enseño Louis con sus clases de modales? —el sujeto se bajó la capucha y mostró su rostro: cabello negro, un mechón rojo, y de la misma contextura de aquel al que alguna vez vimos en la alberca.
 
—¡Ah! ¡Eres Davis! —grité exaltado—. ¿Entonces fuiste tú el que trató de secuestrar aquel día a Lili? —lo interrogué.
 
—Por supuesto. Aunque todo hubiera salido bien si no fuera porque apareció el legendario Lobo Blanco a salvarte —mencionó él.
 
—Ese día… ¿por qué no te enfrentaste con él? Pensé que eras tu hermano —Davis se colocó las manos en sus bolsillos.
 
—Apenas había vuelto, y no quería tener un enfrentamiento a muerte con el amor de vida, y lo mejor para evitar que me descubrieran era hacerme pasar por él —informó como si fuera lo más evidente—. De no haberlo hecho, seguramente Louis me hubiera perseguido.
 
—¡No entiendo porque dices eso cuando le rompiste el corazón a mi hermano! —intervino Lili con una expresión de molestia.
 
—Eras muy joven para entender los problemas que había en aquella época entre nosotros, muchachita, y aún lo eres —él retiró sus manos de sus bolsillos y sacó dos navajas de debajo de sus mangas, lo cual hizo que nos sobre exaltáramos—. Hoy no tendrás que preocuparte por aquella chiquilla —mencionó él—. El trabajo que tengo es por parte de esta señorita, la cual es mi prima, así que… sé bueno y entra al auto muchacho.
 
—¿Y qué harás si no quiero? —entre cerré los ojos.
 
—Me temo… que tendré que implementar la fuerza —dijo él sonriendo.
 
Esto era malo, mi entrenamiento no estaba terminado, y para colmo, Lili apenas sabía pelear, ni que decir que la ausencia de Louis nos brindaba una gran desventaja; definitivamente esto será terrible.

Este sitio usa cookies para tu sesión de usuario y mostrarte publicidad.

De acuerdo