13: Revancha

Las Crónicas de Ondine: El Reino de las Hadas

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Cualquiera que hubiera preguntado a Escai aquel día si tenía confianza en superar su prueba habría recibido la misma respuesta: "¡Por supuesto!". Mas estaría siendo su orgullo quien hablara por él, pues en realidad no se sentía preparado en absoluto. Su adversario volvía a ser el mismo elfo y, en las dos semanas que habían transcurrido, había averiguado que era uno de los jóvenes espadachines que más detestaba a los humanos, además de uno de los más habilidosos para su edad. Para vencerlo debía aprovechar sus cualidades y ventajas a su favor.
     —¿Estáis listos? —preguntó la reina cuando todos se reunieron en la plaza y los combatientes se posicionaron.
     —Aún estás a tiempo de irte llorando, humano.
     —Cállate, elfo.
     El general Mirra no podía estar más satisfecho. Ayudado por su cargo en la milicia y a la falta de evidencia contra él había salido impune a sus actos y, aunque en esta ocasión no había podido preparar ninguna artimaña, tampoco era necesario. No había forma de que ese humano que tanto detestaba ganara.
     —¡Comenzad!
     Tan pronto como la orden fue dada, los luchadores corrieron hacia delante observados por los temerosos ojos de Si, quien por más que lo intentaba no podía contener los nervios.
     Tras el primer choque de aceros, Escai estuvo a punto de caer al suelo a causa de la potencia del ataque de su adversario. Tal y como pensaba, en términos de fuerza no era rival para él, por lo que tras el impacto retrocedió algunos pasos.
     —¡Cobarde! —gritó el elfo lanzándose hacia delante y buscando el corazón del chico con una acometida directa.
     Aunque el joven ya había aprendido a ejecutar y defenderse de ataques básicos como el que iba a de recibir, los nervios hicieron que olvidara todo lo que había aprendido, por lo que por puro reflejo interpuso su acero por delante, desviando el de su enemigo. No obstante, un segundo ataque casi inmediato viajó hacia su cabeza, por lo que volvió a echarse hacia atrás.
     —¿¡Tanto miedo tienes!?
     Impaciente y enfurecido, el espadachín siguió avanzando y ejecutando golpes que Escai sólo podía rechazar con su arma y caminando hacia atrás. Cuando llegó a uno de los extremos de la plaza principal, se agachó para esquivar otro espadazo y pasó corriendo al lado de su adversario para ganar terreno y, aunque aprovechó la oportunidad para lanzar una estocada contra él, este la detuvo fácilmente valiéndose de su escudo, por lo que el chico no tuvo más opción que seguir echándose hacia atrás.
     Luthio había avistado ya varias ocasiones en las que ambos podrían haber acabado con el otro, mas eran aún principiantes.
     —¡Deja de huir! —gritó el elfo frustrado cuando su contrincante evadió otra acometida más echándose hacia atrás.
     Pero esta vez, tan pronto como esquivó el golpe, Escai se lanzó ferozmente hacia delante y le lanzó una acometida tan repentina que, aunque el espadachín logró rechazarla, tan poca fuerza pudo poner en su brazo que este fue violentamente repelido, dejando así su torno expuesto, mas la indecisión de su adversario de volver a atacar o alejarse le concedió tiempo suficiente para protegerse con su escudo. Así, cuando el chico finalmente se decidió a atacar, el elfo pudo rechazar el golpe y contraatacar, forzándole a volver a alejarse.
     —Ha sido muy lento. Si hubiera atacado rápidamente y sin dudas, le habría dado. Ahora, ese chico no volverá a confiarse, por lo que la misma estrategia no funcionará—observó Anime.
     Luthio asintió.
     Un par de minutos después, lo inevitable acabó sucediendo. Tras ser embestido por el escudo de su contrincante, Escai cayó al suelo. A la vez que todos se sobresaltaban, el elfo lanzó un mandoble con una sonrisa triunfal y despiadada, mas gracias al poco peso de su armadura el chico logró repelerle de una patada en la cota de malla y levantarse antes de que le atacase de nuevo. No obstante, sin dejar a su enemigo recuperarse, el espadachín se lanzó al ataque inmediatamente dispuesto a derribarle por segunda vez con su escudo, pero habiendo esperado eso el chico hizo una finta hacia la derecha y lanzó una rápida acometida que el elfo pudo haber rechazado de haber sido su cabeza o su pecho el objetivo, pero fue el brazo al que llevaba atado su rodela. Fue un profundo corte que aseguró que el muchacho no pudiera moverlo en días y, por tanto, no pudiera seguir defendiéndose con su escudo.
     —¡A por él, Escai! ¡Sin miedo! —le animó Anime. 
     Esta vez, sin dudas, presionó a su enemigo con feroces y veloces ataques que el elfo, al no poder rechazarlos con su escudo, se vio forzado a pararlos con su arma mientras retrocedía, mas tal fuerza ponía el chico en cada golpe con su espada sostenida con las dos manos que uno de ellos le alcanzó en el abdomen, haciéndole gritar de dolor.
     Tras ese ataque, Escai dejó que su oponente se alejara, pues sin ánimo de subestimarlo y notando su propio cansancio, prefirió detenerse unos segundos para recuperar el aliento. Por su parte, el espadachín aprovechó la tregua para posar una rodilla en tierra. No era mucha la sangre que brotaba de su cuerpo, pero ahora su desventaja era clara.
     —No está mal para un humano, eh —se burló entre jadeos.
     A la vez que se desprendía de su escudo para ir más ligero, el elfo le dedicó una mirada de odio, mas al avistar a su oponente correr hacia él, no tardó en tornarse pálida. Ya que el chico contaba con dos heridas hechas en el lado derecho de su cuerpo, Escai pensó que sus ataques serían más efectivos si los dirigía hacia allí, mas siendo él un completo aficionado y esa una de las estrategias más típicas en el combate, el espadachín dedujo sus intenciones y le esperó tranquilamente.
     —¡Detente! ¡Es una trampa! —le advirtió Anime.
     Temiendo que su plan fallara, el elfo lanzó una acometida ignorando su dolor y, aunque Escai se protegió con su acero además de tratar de retroceder, tan veloz y potente fue el golpe que su guardia quedó rota, recibiendo así un segundo espadazo en el estómago que le produjo un sangriento corte.
     Emocionados gritos se escuchaban por parte de la multitud, la mayoría apoyando al espadachín. A la vez que Mirra y Luz sonreían, los ojos de la reina se mantenían serios y fijos en ambos combatientes. El golpe no fue tan grave como para que el muchacho cayera, pues gracias a la advertencia de su amiga pudo protegerse lo suficiente como para no ser mortalmente herido. Además, el capitán Luthio tenía razón: una armadura de cuero no protege tanto como una de hierro, pero compensaba en cuanto a movilidad. Mientras que su oponente jadeaba cansado y haciendo grandes esfuerzos por soportar el peso de su cota de malla, él aún podía aguantar un poco más. Tratando de soportar el dolor miró de reojo a las chicas. Mientras que su hermana le miraba preocupada, su amiga sonreía para animarlo intentando ocultar sus nervios. Conmovido, el chico tuvo la sensación de que recuperaba parte de sus fuerzas. Entonces posó una rodilla en tierra y escupió sangre para deleite de muchos y temor para otros. Sintiendo la victoria tan cerca que casi podía saborearla, el espadachín alzó su espada y ejecutó un ataque directo apuntando al corazón del joven. Mas habiendo esperado ese momento, Escai se levantó, evadió el ataque al mismo tiempo que se posicionaba en el lado derecho del asombrado elfo y con toda su furia lanzó un golpe con tal fuerza que su cansado oponente no logró repeler con su hoja, sufriendo así un ardiente corte que empezó en su hombro y se extendió hasta su pecho.
     Absoluto silencio reinó en la plaza. Nadie daba crédito a lo que había visto. La batalla había acabado. El elfo yacía consciente, pero tan malherido que no sólo no podía moverse, sino que un pequeño charco de sangre crecía en el suelo.
     Agotado y sintiendo cómo el dolor que había estado aguantando ahora se apoderaba de él, Escai se sentó en el suelo, momento en el que su hermana corrió hacia él mientras su amiga y su maestro le aplaudían. Una vez que la propia reina empezó a dar palmas, todos los demás les siguieron. Indignado, Mirra se marchó sin que nadie se diera cuenta.
     —No lo entiendo... Soy más fuerte... Más rápido... Tengo más experiencia... ¿Por qué...? —se lamentó el perdedor.
     —Te confiaste demasiado —le respondió Escai. El elfo le miró a duras penas—. Dejaste que tu odio te dominara y me subestimaste. Yo no lo hice —dicho eso, se volvió hacia Anime y le susurró—: también me valí de mi agilidad y estratagemas.
     Ella le sonrió.
     Sin tiempo para responder, el elfo perdió el conocimiento. Tras la orden de Jasmine, algunos hombres corrieron hacia los heridos para llevarlos rápidamente a casa de las curanderas. Antes de que se llevaran a Escai, la monarca se acercó a él.
     —Felicidades, Escai. Has superado la prueba.
     —¿Entonces... nos ayudarás...?
     El hada asintió.
     —Cuando te recuperes, venid a verme los tres y hablaremos.
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