Todo es instintivo

Muerde o Muere

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Una de las cosas que más me ayudó a mí a comprender la mente humana y su funcionamiento es el hecho de que en realidad, todo, absolutamente TODO es parte de una evolución biológica y sociocultural que se puede analizar y comprender fácilmente.
La mente humana y los comportamientos humanos no son precisamente “un misterio”, de hecho a día de hoy sabemos bastante bien por qué ocurren las cosas y de dónde surgen.
 
Si no “crees” en la evolución, déjame decirte que eres un ignorante y deberías informarte un poco. La evolución es un hecho científico constatado, no es “una simple teoría”.
 
Ahora bien, algo que mucha gente desconoce, es que la evolución también aplica a términos mentales. Todos saben que pequeñas mutaciones que dan ventaja a una nueva generación sobre la anterior provocan que al final seamos diferentes a lo que éramos hace cientos de miles de años, pero mucha gente no sabe que los instintos nunca se pierden, y se conservan.
 
El instinto más básico y el que provocó que a día de hoy seamos la cúspide de la pirámide alimenticia, es el de supervivencia.
 
Sin el instinto de supervivencia, toda nuestra especie habría muerto hace muchísimo tiempo atrás. Es el instinto de supervivencia el que nos dijo que debíamos escalar árboles para evitar a los leones que nos querían comer. Es ese mismo instinto el que nos permitió agruparnos en tribus y trabajar juntos para sobrevivir a las épocas duras. Es ese mismo instinto el que hoy te impide cruzar por en medio de una autopista: Porque no quieres morir.
 
Pero sin embargo, hay otros instintos, que evolucionan de cosas que en su día tenían mucho sentido, y a día de hoy no tienen utilidad alguna en la sociedad a día de hoy.
 
Uno de ellos, es la vergüenza.
¿Qué es la vergüenza?
 
Podríamos decir que es el miedo a ser rechazado, a no ser aceptado. Cada vez que te levantaste de tu pupitre para ir a la pizarra y estabas aterrorizado de fallar en la operación de matemáticas y quedar como un auténtico imbécil, la vergüenza te daba directamente en toda la cara.
 
¿Pero sabes qué? La cagaste. Y no una, sino muchísimas veces. Habrás hecho el absoluto ridículo un montonazo de veces a lo largo de tu vida, ¿y sabes qué pasó?
 
N A D A.

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