Alaridos del pasado

Géneros: Misterio, Suspense, Terror

Han pasado 50 años desde el caso de las "Ruinas rojas" y Yael, un Daemon con la habilidad de ver fantasmas se tiene que mudar a esa pequeña ciudad que aún recuerda el suceso con amargura... Allí le esperarán tanto sorpresas como problemas... con las que a lo mejor desearía no haber ido allí. (Se recomiendo leer antes Averno, ahí se relata lo que ocurrió en las Ruinas rojas pero no es realmente necesario para seguir la trama, solo ayudaría a comprender ciertas cosas.)

Cap 1

Alaridos del pasado

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El campo de batalla estaba sembrado de cadáveres y el inquietante silencio que se había manifestado solo anunciaba la inminente llegada de una nueva lluvia de balas. Los soldados del bando aliado se observaron intercambiando palabras de apoyo con solo una simple mirada antes de salir de detrás de los muros derruidos que los cubrían de la muerte... a la que ahora miraban a la cara sin pestañear. Corrieron por las calles llenas de tierra y polvo casi rezando que las balas del enemigo impactaran en el suelo y los edificios y así poder traspasar las líneas enemigas para lograr la más mínima oportunidad de victoria... era todo o nada.
Entre todos los soldados que aún no habían caído uno de ellos logró pasar la línea a punta de cuchillo, eliminando a todo aquel que encontraba en su camino... Al estar rodeado de los cadáveres de sus enemigos ya tenía el dulce sabor de la victoria rondándole el paladar... pero no contó con la presencia de un francotirador apostado en una torre más alejada que no dudó un segundo en atravesar la cabeza del soldado consiguiendo que sus compañeros cerraran la brecha que había causado poco después.
-¡Maldito camper!- Yael se sacó las gafas que llevaba con rabia a punto de lanzarlo contra el suelo.
-Eso te pasa por ir por ahí por tu cuenta... ¿cuántas veces tendré que decirte que tienes que aprender a trabajar en equipo?- Escuchaba la voz incriminatoria de su amigo desde el pequeño auricular que llevaba en la oreja.
-No es mi culpa que los otros sean unos incompetentes...- Se dejó caer en su silla del escritorio.- A demás, ya te tengo a ti para que me cubras las espaldas.- sonrió de medio lado.
-No soy tu niñera y lo sabes... por cosas como esta la comunidad del juego te odia tanto.- Se rió por la otra línea.
-Pero soy muy bueno y por eso me escogen en las partidas... si ganamos, ¿qué más da lo demás?- Se encogió de hombros.- Oye, tengo que colgar, mañana empezados la mudanza...
-Oh, es verdad... Pero mira el lado bueno, por fin nos veremos en la vida real.- Decía animado.
-Sí, realmente es la única razón por la que he accedido... Bueno, adiós Tomas.
Tomas, aquel era el nombre de su mejor amigo que había conocido casualmente algunos años atrás en un servidor online, desde que trabaron amistad habían pasado prácticamente todas sus partidas juntos y con ellos habían desarrollado una confianza abrumadora, hacían tan buen equipo que ya se les consideraba un pack en todos los juegos online y las comunidades.
Yael colgó alegremente y se quitó el auricular para dejarlo en el escritorio... Uno de los muebles de su habitación que iban a quedarse en la casa. Observó las cajas amontonadas a su alrededor y suspiró, esa sería su última noche en su hogar así que se metió en las sábanas que tan bien conocía para conciliar su último sueño allí.
El despertador digital que tantas veces había hecho el viaje de la mesita al suelo por razones que cualquiera entendería sonó para dar comienzo el día de Yael. Entreabrió los ojos. Era una mañana soleada, la rayita de luz que permitía pasar la persiana estaba peligrosamente cerca de sus ojos y le estaba calentando la cara de una forma desagradable haciendo que Yael se preguntara por qué no había cerrado la persiana del todo la noche anterior. Pero era un error que cometía prácticamente todos los días solo que no se notaba tanto por la naturaleza nubosa de la ciudad en la que vivía... hasta ahora. Se sentó en la cama mirando a la nada con sueño.
Sus padres, una pareja entrañable de las que ya no quedan llevaban hablando sobre mudarse desde hacía ya un par de años y aprovechando que su único hijo ya iba a dejar el instituto para pasar a estudios superiores decidieron hacerla. Su madre quería abrir una cafetería y un conocido de su ciudad natal pensaba venderle su viejo negocio a un buen precio... Y ya que tenían allí la casa donde su madre se había criado... ¿Qué más podían pedir?
Yael se levantó con mucha pereza. Miró a su alrededor pensando en que tendría que bajar todas las cajas que quedaban a la entrada. Habían optado por dejar los muebles para aminorar el coste de la mudanza así que sería un completo lavado de cara para la pequeña familia, cosa que a Yael no le hacía mucha gracia. Apagó el despertador mientras escuchaba la voz cantarina de su madre en el piso de abajo, al parecer habían madrugado más que él y ya se habían puesto manos a la obra. Yael sin embargo quiso atrasar todo lo posible la partida metiéndose en el baño, se dio una ducha fría para espabilarse un poco y salió para vestirse con la ropa que se había dejado preparada la noche anterior, el resto ya estaba guardada así que no podía demorarse eligiéndola. Se puso la camiseta negra de su grupo favorito de rock junto a unos vaqueros oscuros y unas zapatillas que tendría que haber jubilado hace tiempo pero que no creía que fuera a tirar hasta que se quedara sin suelas que pisar y con esto tomó un par de cajas para bajarlas para intercambiarlas por un delicioso desayuno de su madre.
Saltó los dos últimos peldaños de la escalera y dejó las cajas junto al resto en la entrada de camino a la cocina donde ya podía percibir el olor de los huevos en la sartén.
-Yael, ya te hemos dicho mil veces que no saltes en las escaleras, un día de estos te vas a partir el cuello.- Su padre entró en la cocina también para tomar otra caja.
-Cariño, déjalo pasar por esta vez que ya son sus últimos saltos.- Su madre sacó los huevos de la sartén y los sirvió en un plato.- Yael, ¿quieres bacon también?- Preguntó con el tenedor en la mano.
-No gracias.- Atacó en seguida su plato mientras veía como su madre recogía lo que había sacado para cocinar dejando la cocina extrañamente desnuda.- Mamá, ¿cuándo nos vamos?- Decía con la boca llena.
-En cuanto termines de comer y bajes todas esas cajas... ¿Acaso no te dije que lo hicieras ayer?
-Ahora lo hago...- Se hundió en su asiento mientras se terminaba el desayuno.
-Y de paso limpia el plato y mételo en la caja.- Terminó de guardar los cubiertos y llevó la caja fuera.- ¡Solo faltan tus cosas!
Yael se dio prisa en terminar de limpiar y corrió a su habitación para bajar todas las cajas viendo que ya estaba ahí el camión de mudanzas cargando metiendo todas sus cosas... Yael llevaba la última pero antes de salir de la casa miró un momento a aquellas paredes que lo habían visto crecer, suspiró y cerró para entregar la caja a uno de los hombres que lo esperaba listo para alistar el camión.
Yael subió al coche de sus padres observando la casa antes de que se pusieran en marcha a su nuevo hogar... Todo lo que sabía de aquel lugar era que su madre había pasado su infancia allí y que el lugar poseía una historia sangrienta que hacía muchos años había dado la vuelta al mundo, las "Ruinas rojas"... Esperaba que no fuera un problema para su pequeño talento.
 

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